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BABELIA


Emisión N° 40 de VOCERRANTE.

 

VOCERRANTE (40)

Babelia

 

Apertura (Sobre “White ManSleeps II”, por KronosQuartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

 

Este es el cuadragésimo programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

 

Sobre la Pieza N° 9 de las 10 Piezas fáciles para piano de Zbigniew Presiner

 

Raúl

            Como en una dicción desafinada…

 

Daniel            Mi voz

 

Raúl

            Tu voz

 

Daniel

Tu voz, la voz

 

Raúl

Mi voz, tus voces

 

Daniel

Esta…

 

Raúl

…y no otra…

 

Daniel

…voz…

                                                                                                                                 Raúl

Como en una dicción desafinada oímos nuestras voces en otros…

 

Daniel

… Oímos en otras voces las nuestras…

 

Raúl

…Oímos a los otros en nuestras voces…

 

Daniel

… Nuestras voces los oyen…

 

Raúl

… Las voces de los otros oyen nuestras voces…

 

Daniel

Podemos saber del crepitar de la palabra

Del mate de la palabra,

De mano en mano, de boca en boca, de noche a noche…

 

Raúl

La palabra como un río que nos atraviesa, desnudando, sorprendiendo, entrelazando todos los silencios.

Como en una dicción desafinada, otras palabras suenan a nuestras palabras, o dicen lo que en ellas queremos que se escuche.

Heredera de toda vibración, de todo ritmo, de todo grito, la articulación verbal es obra de las vértebras, tan manual como la confección del fuego, o la molienda de la harina o el amasado del pan.

 

Daniel

Cada voz tiene todos los significados del mundo. Pero sólo uno que se quiere decir.

La confusión ocurre cuando todos quieren decir LO MISMO. Y allí surge entonces el sentido amonedado.

 

Raúl

            La confusión ocurre cuando ya no hay voces. Sólo un friso.

 

                                                                                                                                 Daniel

            Cuando lo dicho se independiza del sonido, de la vibración, del cuerpo, de la boca.

            Cuando el decir ya no es un verbo, sino una etiqueta, un rótulo, o una marca.

 

Raúl

            Al principio fue el ritmo.

Luego el baile.

Luego las canciones.

… Y entonces la prosa.

Para recordarlos. Para retenerlos. Para fijarlos, transmitirlos, para llevarlos de un lado al otro.

Al principio fue la poesía. Llena de sentidos, gritos, mediasombras, apostillas, gestos y súplicas, luz, morada y calor.

Las voces desprendidas al mismo tiempo de la lengua y de las cosas.

 

Daniel

            Hasta que se impuso la Torre.

 

Raúl

Atención Jorge… Periodistas acreditados en el lugar informan de un inminente hallazgo arqueológico en Auvernia. Se han detectado varios túmulos superpuestos que corresponderían a las capas de una inmensa torre, ejecutada en forma escalonada como los tradicionales zigurats, pero en sucesivas épocas.

 

Daniel

Así es Jorge, testimonios indubitables señalan que aquí habría estado asentada la legendaria Torre de Babel. Escuchemos los relatos.

 

Raúl

Todo empezó con las piedras. El estrato inferior, o Primer Estrato, está completamente formado de piedras. Piedras de todo color, procedencia y textura. Piedras de bajo el mar, de la cima de la montaña, del fondo de las cuevas, del lecho de los ríos. Una piedra blanca, otra gris, otra verde, otra azul, otra amarilla… Sostenían y se sostenían agrupándose, amontonándose, ocupando los intersticios del espacio espalda con espalda.

Cada piedra de cada sitio, de cada lugar, de cada camino.

Era una fiesta la llegada de una nueva piedra. Todas distintas, todas llenas de rarezas, de impurezas, de delicadas junturas y complicado encastre.

Iban circulando de mano en mano y la última mano la colocaba. Toda piedra era dispuesta entre las otras, como otra piedra fundamental.

Luego, sobre las piedras fueron colocando ladrillos. Ladrillos que eran largamente trabajados con el barro modelado bajo todos los soles de los páramos.

 

Daniel

            En efecto, Jorge, de acuerdo a los arqueólogos, cada estrato marca una época en la construcción de la Torre, así como en las condiciones sociales de sus constructores.

 

Raúl

Así, por ejemplo, el Quinto Estrato está formado de maderas, coincidente con la etapa de colonización de los bosques colindantes.

El Décimo Estrato está formado de armas de hierro, yuxtapuestas y trabadas, coincidente con el final de la Edad del Bronce y el principio de los dominios unilaterales.

El Decimocuarto Estrado está formado de huesos. Sólo huesos, unos sobre otros, engarzados, unos contra otros, coincidentes con la época de las grandes masacres.

El Decimoquinto Estrato está formado de maíces. Diversos colores, tamaños y textura de maíces. Coincidentes con el Saqueo de América.

El Decimonoveno Estrato está formado de plomo. Grandes y pesadas capas de plomo, coincidentes con el aprovechamiento del combustible fósil.

 

Daniel

            A medida que se sucedían los estratos, llevaba menos tiempo su construcción. Menos personas. Y menos materiales.

Se buscaba alcanzar la lengua perfecta.

La lengua que no necesite desambiguación.

Aquella que resulte exacta, precisa, transparente.

Inexorable como la guadaña.

 

Raúl

            La lengua perfecta, logicizable, cuantificable, clasificante.

Que ponga a cada cosa en su lugar, sin salirse de sus márgenes.

Que prescinda de los caprichos de la sátira, los meandros del humor, los sigilos de la seducción, las extensiones de la polisemia.

Que prescinda de accidentes de la historia, de intenciones, de género, de número, de tiempo…

Que prescinda del verbo, a fin de desadmitir todas las transformaciones, cualquiera de los movimientos.

La lengua perfecta, inhumana, insensible. La lengua de azulejos blancos. Pura, inmaculada, sin voces ni lenguas, sólo datos.

 

                                                                                                                                 Daniel

El Vigésimo Tercer Estrato está formado de papeles. Papel, pulpa de papel, fibra de papel. Tan sólo y nada más que papeles. Coincidentes con el fetichismo de las normas.

El Vigésimo Séptimo Estrato está formado de pieles. Coincidente con el deshollamiento del silencio.

El Trigésimo Estrato, de alas de coleópteros y de mariposas. Coindicentes con la persecución de cualquier deseo.

El Trigésimo Cuarto Estrato, de vientos y llamas superpuestas y encadenadas. Coincidentes con la desaparición de las voces.

El Trigésimo Séptimo Estrato, de superficies pulidas hasta el extremo del espejo. Como una ilusión de la existencia.

 

Raúl

Los Estratos se están develando por primera vez al mundo desde las excavaciones de Auvernia, que comenzaron hace apenas unos meses. El sitio de emplazamiento de la Torre de Babel siempre había sido una incógnita no rebelada, que finalmente aparecería a la luz a raíz de esta llamativa estructura de Treinta y Nueve superficies, cada una de las cuales supone un punto de abstracción respecto de las anteriores. Y por consiguiente pérdida de significado.

 

Daniel

Cuando alcanzamos el último estrato, éramos apenas poleas y palancas. Te volví a buscar entre las multitudes que atravesaban muy rápidamente a través de los reflejos, los haces de luz, y las pulsiones de una belleza normada, recortada, única, correcta… Y buscaba tu nombre entre todas las tarjetas, los diarios, los letreros, los zócalos de televisión, los subtítulos, las redes sociales de internet, los registros policiales, judiciales, escolares, palaciegos…

Y sin embargo no, no podía dar contigo.

Hasta que dejé de buscar tu nombre, y escuché, allí, mezclada, compartida, precisa y sonoramente, tu voz. Tu voz volvía a encontrarse con toda la serie de mis recuerdos. Y allí estabas pronunciando, con esa voz, nada menos que el apelativo en el que entonces nos llamábamos.

 

                                                                                                                                 Daniel

De Alejandra Pizarnick:

“¿Cómo se llama el nombre?

Un color como un ataúd, una transparencia que no atravesarás.

¿Y cómo es posible no saber tanto?”

 

 

Raúl

Seguiremos en contacto, Jorge.

Mientras tanto, escuchemos, de Bobby McFerrin y Roger Treece, “Messages”, cuyo texto está escrito en latín, italiano, sánscrito, zulú, español, ruso, hebreo, portugués, mandarín, japonés, francés, árabe, alemán, inglés, gaélico y un idioma artificial ad-hoc inventado por el propio McFerrin.

 

Primer Tema: “Messages” (11:00)

Acabamos de escuchar, de Bobby McFerrin y Roger Treece, “Messages”, con las voces de sus creadores, más Lisa Fischer; Joey Blake; Kim Nazarian: LaTanya Hall: vocals; Luciana Souza: Albert Hera; Peter Eldridge; Alexandra Montano; Andrea Figallo: Katie Campbell; Kristina Boerger; Amelia Watkins; Aubrey Johnson; David Root; Fletcher Sheridan; Mark Johnson; Michele Eaton;  Michelle Mailhot Vines; Ryland Angel; Elizabeth Farnum; Gayla Morgan; Michael Steinburger; Michele Weir; Richard; Theo Bleckmann:; Thom Baker; más Alex Acuna en percusión; Donny McCaslin en saxophone; y Pedro Eustache en flautas.

 

                                                                                                         

Daniel

            La palabra es criatura viva, naciendo, ramificándose, multiplicándose, diversificándose, mezclándose, apareándose, aunándose, derramándose, fructificándose. Dentro y afuera de todas las bocas.

 

Raúl

En todo el mundo, de acuerdo a un informe de la Unesco, se encuentran en peligro de extinción más de seis mil lenguas. Más de seis mil modos de decir, de vivir, de narrar la vida. Más de seis mil modos de contar y de saber la historia. Más de seis mil modos de ser en el decir, de decirse y significar al Universo.

 

En Argentina, se han identificado dieciocho en peligro de extinción. Así, el kutza, el avá guaraní, el chaná, el chorote, el guaraní boliviano, el puelche, el manjui, el mapuche argentino, el guaraní mbyá, el mocoví, el ona, el pilagá, el quechua de Santiago, el tapieté, el tehuelche, el toba, el vilela y el wichí.

 

Daniel

“Verdad” en idioma kutza suena “Kéltchar”. Y “Vida” en kutza suena “Kausama”.

 

Raúl

En el idioma “avá guaraní” estar de pie es es sencillamente “A”.

 

Daniel

En el idioma chaná, “Yogüin” es el fuego. Al humo se lo llama “vanatí yogüin”, “el hijo del fuego que hacía llorar al que quemaba”

 

            Raúl

En idioma chorote “vida” se dice “Ji wasankiye”, y “verdad”, ”ijiatki”. “Si lijwas” quiere decir “los que hablan nuestro idioma”.

 

Daniel

En el idioma guaraní de Bolivia, al hombre blanco se le dice “karái”.

 

Raúl

            En idioma puelche hay una palabra para el viento del este: “ga’ na aiyu”. Y la expresión “voy a cantar” se dice de una sola vez: “tshikumüléuak”

 

Daniel

            En idioma manjui hay una palabra para la canción del amanecer: “Ilhumane”

 

Raúl

En el idioma mapuche de nuestro sur hay una palabra para “abrir los ojos”. Se dice “lelikelen”. Y nuestra Vía Láctea se llama “Repuapew”.

 

                                                                                                          Daniel

En el idioma mbya guaraní, la palabra “rojerovia” es “depositar la confianza”, “vida” y “costumbre” se llaman con la misma voz “teko”.

 

Raúl

En idioma mocoví, “verdad” es “ilic”; y “caoc” es el nombre de la mentira y de lo incorrecto. Y el viento del norte se llama   “huaquiaxaic”.

 

Daniel

En idioma selknam, u ona, el Sol es “Kre”, y la Luna, “Kren”.

 

Raúl

El verbo vilela presenta siete categorías flexionales: persona, modo, tiempo, aspecto, negación, número e interrogación”.

 

Daniel

Con la voz “Ujtais” se dan las gracias en idioma wichí. Y con la voz “chiwolla” se dan los buenos días.

 

Raúl

En la gramática pilagá, hay cuatro diferencias en orden al número: singular, dual, de varios, y colectivo. La palabra pilagá para nuestro mismo Sol, “katena”; y para nuestra misma Luna, “aworoik”, no poseen género gramatical. Sin embargo, al sol se lo personifica como a una mujer y a la luna como a un hombre.

Daniel

En el idioma quichua de Santiago del Estero, “Llantuyai” es el verbo de la sombra.

Ilusión en este idioma es “Llachi”. Pero esta expresión ha caído en desuso por sus hablantes.

 

Raúl 

“Shi-manino-re a-mbo’e  a-ï he(se) kwep”, en idioma tapieté es “A mis nietos les estoy enseñando siempre”

 

Daniel

En tehuelche “Shogel” es la palabra para “Verdad”. Y hay un nombre para la noche común, “ensken”, y otro para la noche oscura: “ktenon”.

 

Raúl

En idioma toba, “nakaltawek” alude a la persona viva. Al viviente. “Nowet”, en ese mismo idioma, son los “espíritus auxiliares”.

 

Daniel

Quienes guardan en ellos una lengua, una palabra, una cita, un sabor, un idioma, tienen un mundo dentro.

 

Raúl

“Habla también tú, aunque fueras el último que hablase” – Paul Celan.

 

Daniel

“Los chaná fueron un pueblo que habitó las costas de los ríos Uruguay y Paraná desde hace unos 2000 años (…) hasta la llegada de los españoles.

“Don Blas asegura ser heredero de la familia de los “hombres superiores” de los chaná, aquellos que por condición de nacimiento estaban habilitados para ejercer el cacicazgo de su pueblo, algo muy similar a los criterios de nobleza. Tan es así que, asegura, los españoles respetaron la vida de sus familiares, pero se produjo una fuerte censura hacia las costumbres chaná acuñadas durante miles de años. “A los chicos que hablaban chaná les cortaban la lengua o les pinchaban un ojo, así que en poco tiempo ya nadie escuchó hablar esta lengua”, dice. Sin embargo, las mujeres chaná establecieron durante cientos de años un pacto secreto: le enseñarían a sus hijas la lengua y las costumbres con el objetivo de que no se perdieran, pero debían mantenerlas en absoluto silencio. Jaime accedió a tal tesoro cultural porque todas sus hermanas murieron y durante casi 15 años su madre lo adiestró en esa cultura con lecciones y exámenes nocturnos.

Don Blas creía (…) que no era el único depositario de la lengua, y que en el momento de decidir hacerlo público, habría muchos descendientes que sacarían su conocimiento del letargo. Hace unos diez años –al cumplir 70, cuando decidió dar a conocer su secreto–, se encontró con que esa lengua estaba dada por perdida por antropólogos y lingüistas. (…) Hasta el momento, y pese a los enormes esfuerzos institucionales, no apareció otro hablante chaná.”

(Historia de Blas Jaime, “El último hablante de la lengua chaná”, nota de Roy Villani, publicada en Tiempo Argentino, el 20 de abril de 2014).

 

Raúl

“Cristina Calderón es de las pocas personas que en este mundo tienen el carácter de Tesoro Humano Vivo, denominación otorgada por la Unesco en el año 2003. Esto porque es la última habitante nacida y criada según las costumbres ancestrales y que tuvo contacto directo con sus antepasados antes de que desaparecieran y porque además habla el idioma de ellos, a la vez que se ha esmerado en trasmitirlo a sus descendientes.

“Cristina Calderón nació en 1928 en el sector denominado Bahía Róbalo, en la Isla Navarino, uno de los postreros bastiones en los que vivieron los yámanas o yaganes antes de su casi total extinción. Claro que hablar de yámanas puede ser un poco arbitrario porque actualmente, después de la depredación de la que fueron víctimas los aborígenes del extremo sur chileno y argentino, no queda nadie étnicamente puro. Nadie que pueda vanagloriarse de ser representante de esa raza que sobrevivió varios milenios en las condiciones más adversas que se pueda imaginar, hasta que llegó la “civilización”.

“Lo que hace diferente a Cristina es que tuvo contacto con antepasados que, de una u otra forma, fueron víctimas del holocausto y que sabe hablar el idioma, o uno de los idiomas o una mezcla de los idiomas que se hablaban en la zona antes de la aparición de los colonos, verdugos de su raza, y que ha intentado transmitir a sus siete hijos, catorce nietos e innumerables bisnietos, lo mismo que la historia de su pueblo y las costumbres.

“Con 87 años y junto a su nieta Cristina Zárraga, está trabajando en la confección de un diccionario que permita perpetuar su léxico que, entre sus curiosidades, contiene la palabra que figura en el Libro de Récords de Guinness como la más concisa del mundo, porque involucra en sí misma el más completo concepto: Mamihlapinatapai, que se traduce como “una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar”.

“También junto a su nieta publicó un libro llamado Hai Kur Mamašu Shis (Quiero contarte un cuento) con historias y leyendas de los yaganes.

“Los yaganes o yámanas poblaron la isla de Tierra del Fuego ─según la teoría más aceptada─ se calcula que desde el año 1.000 AC (otros hablan del 6.000 AC). Compartían este territorio con otras dos tribus, los selknam (onas) y los haush. La misma teoría sugiere que todos eran de origen tehuelche, que a su vez venían siendo empujados desde el norte por otras culturas descendientes de las que atravesaron a América por el Estrecho de Bering.

“Los yaganes ocupaban el extremo suroeste de ese inhóspito territorio, aledaño al Canal de Beagle, incluida la Isla Navarino y otros islotes cercanos. Los selknam, que aparentemente fueron los más numerosos, se asentaban en lo que se podría llamar la meseta central y el extremo norte, hasta el Estrecho de Magallanes, zona que en alguna época fue boscosa, mientras que los haush fueron acorralados por los selknam en el extremo oriental de la isla. Las tres tribus hablaban dialectos distintos, aunque con una raíz común. También compartían algunas costumbres, ciertas divinidades y ritos religiosos

”Lo concreto es que hasta el arribo de los invasores europeos estos aborígenes vivieron en relativa paz, adaptándose al clima endemoniado de la región y sobreviviendo de la pesca, de las ballenas que capturaban o que varaban en la costa y de los lobos marinos que proporcionaban alimento, ropaje y el calor de su grasa. Se supone que durante el primer período de poblamiento también cazaban guanacos que vivían entre los bosques, así como otros animales terrestres. Pero aparentemente la sobreexplotación pronto causó el exterminio de flora y fauna. Nunca supieron de agricultura y las embarcaciones de fibras vegetales entrelazadas que fabricaban no tenían la resistencia necesaria para largas travesías en los procelosos mares australes, aunque para desplazarse por distancias mayores y para la caza de la ballena utilizaban unas canoas construidas con cortezas de árboles. Cuando el tiempo lo permitía, familias completas se movían en esas embarcaciones alcanzando grandes distancias, pero en general eran presos de su entorno.

“Los intentos de colonizar el estratégico Estrecho de Magallanes por parte de españoles, británicos y holandeses, durante los siglos XVI, XVII y XVIII fracasaron porque los colonos jamás se pudieron aclimatar y porque los indígenas, sintiéndose agredidos, los atacaban con sus rústicas armas. Pero con la llegada del siglo XIX aparecieron armas mejores. Además, se descubrieron en Tierra del Fuego algunos yacimientos auríferos y los ingleses vieron que el territorio era muy apto para la ganadería ovina. Con todos estos elementos, la codicia pudo más y quedó servida la mesa para el exterminio. De los cuatro mil habitantes calculados hacia 1860, a fines de siglo no quedaban más de setecientos.

“Con el ánimo de parar la matanza, unos sacerdotes salesianos, los padres Fagnano y De Agostini, solicitaron al gobierno chileno que les cediera la Isla Dawson para establecer ahí una colonia con los aborígenes sobrevivientes, pero lo que no habían hecho las armas lo hicieron las enfermedades importadas por los colonos. La viruela y la tuberculosis terminaron con ellos en veinte años.
Por supuesto y como suele ocurrir cuando se enfrenta a un enemigo común, las tres tribus originarias de la isla se fusionaron para defenderse, por lo que poco a poco el mestizaje entre ellos fue haciendo desparecer a los más débiles. Hoy, para referirse a los habitantes de esas latitudes, se habla de los “onas” y ya en el siglo XIX se utilizaba esta denominación que abarcaba no sólo a los insulares, sino que también a los habitantes del norte cercano del Estrecho de Magallanes. O sea que de los primitivos habitantes de esas tierras no quedó ni siquiera su verdadero nombre, rescatado posteriormente por investigadores, antropólogos y arqueólogos.

“Mucho se ha escrito sobre la masacre de las tribus australes y no es el ánimo de esta crónica resaltar ese doloroso tema, pero se hace necesario mencionarlo para poder evaluar mejor la importancia del esfuerzo de Cristina Calderón para perpetuar la memoria de sus antepasados.

“Desde 1960 vive en Villa Ukika, una reservación ubicada a dos kilómetros de Puerto Williams, donde se dedica a la cestería. Ahí mora en una casa de madera, junto a una cincuentena de descendientes en mayor o menor grado de los primitivos habitantes de la zona. Cerca vive Lidia, una de sus hijas, monitora en una escuela del sector, donde enseña a los niños el idioma y las costumbres de sus ancestros, conocimientos que ella recibió de su madre.

“Gracias a doña Cristina Calderón y a su familia es muy posible que se conserven para la posteridad el lenguaje y los rasgos de esta cultura prácticamente desaparecida. Esta valerosa mujer ha recibido varios honores. Además de ser Tesoro Humano Vivo, es Hija Ilustre de la Región de Magallanes y Antártica Chilena y fue seleccionada como una de las 50 mujeres representativas del Bicentenario de la República de Chile.

-Publicado en “El oregiverde”, diario de los pueblos indígenas, el primero de abril de 2016, por Fernando Lizama-Murphy. Fecha: 1/4/2016.

 

Segundo Tema: “Chapie Zuichupa”, de Doménico Zípoli. (02:24). Acabamos de escuchar, de Doménico Zípoli, “Chapie Zuichupa”, por el Ensemble Louis Berger, dirigido por Ricardo Massum. En idioma chiquitano.

 

Daniel

DER ANDERE

Tiefere Wunden als mir

schlug dir das Schweigen,

grössere Sterne

spinnen dich ein in das Netz ihrer Blicke,

weissere Asche

liegt auf dem Wort, dem du glaubtest

  • Paul Celan.

Raúl

“EL OTRO”

Heridas más profundas que a mí

te causó el silencio,

mayores estrellas

te urden en la red de sus miradas,

más blanca ceniza

yace en la palabra que tu creíste”

  • Paul Celan

 

Cierre           

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por Il Giardino Armonico):

(Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

Semillas que crecen en el éter VIII


VOCERRANTE (8)

 

Apertura (Sobre “White Man Sleeps II”, por Kronos Quartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

(Raúl)

Este es el octavo programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

Un devenir es un hilo.

Dos hilos hacen un nudo.

Tres desarrollan la trama.

Tres hilos son el principio del cuento.

Impar es el devenir, impar es el Universo. Nada que esté vivo puede guardar el equilibrio, la compostura o la simetría. Sólo el número impar permite un brazo extendido, una mirada atenta, un puente, una tensión o un deseo.

Impar es el modo de pedir algo más que lo puesto, que lo sostenido, que lo dado.

Cortando una de las patas de la silla, comienza a nacer la idea del movimiento.

Trama de hilos abiertos, entonces, la nuestra. Trama de tramas posibles.

Una trama, que es un modo de entendimiento en el que confluyen al menos tres historias. Una estructura en el tiempo, en el andar, en el transcurrir.

LA VOZ ES PLURAL, ya que viene de silencios espaciados.

Daniel es la voz de Roberto. Fernando es la voz del viejo.

Cartas

Roberto anduvo un par de cuadras más y al fin, se sentó en un café, mirando hacia la calle. No hay mejor modo de perderse. Había pedido un café con medialunas.

“Desde que me despidieran sólo me alimento con café” – pensó, recordando no haber cenado la noche anterior.

Adentro no había casi nadie. Horario de trabajo, claro. Solamente un jubilado, apartado, escribiendo en unas hojas amarillas, y él.

Un acto de arrojo sería sentarse a conversar con ese anciano.

Ver qué escribe.

Un poco más cerca de él, le advirtió un aire familiar. Un pelado con boina. Todos tenemos un pelado con boina conocido.

“¿Puedo?” – Señaló la silla, un poco tímido. El hombre mayor miró a su alrededor, todas las mesas vacías, y con una entonación sorpresiva y molesta le dijo:

“Haga lo que quiera” – señalándole el asiento como si lo hubiera dejado caer desde la palma de su mano.

“Gracias… ¿Escribe usted?” – ansiosas e infantiles le sonaron a Roberto sus propias palabras.

“Así es. Escribo cartas, ¿sabe?. Una carta es un anzuelo, una búsqueda, una promesa.” – el viejo hablaba para él, mirando un punto fijo, más allá de la ventana.

“¿Y a quién le escribe?”.

“Ah, en realidad, escribo a quien responda”.

“¿Cómo es eso?”. – Con las piernas inquietas hacía temblar las patas de la mesa. El hombre hizo un silencio, detuvo un instante la mesa con la mirada, y volviendo a levantar los ojos continuó:

“Usted puede partir, irse de golpe hacia cualquier sitio. Entonces manda cartas para que le aguarden al regreso. Pero si uno se queda quieto, como yo, sin apenas poder andar tres cuadras sin cansarse, escribe para que alguien lo visite”.

“¿Amigos?, ¿recuerdos?, ¿parientes?” – quiso precisar Roberto.

“No hay personas ni lugares. Nada más nudos, o mejor aún, encuentros.” – Se mantuvo un rato suspendido afirmando con la cabeza lo que acababa de decir y continuó:

“Mire: Una vez recibí una carta, devuelta al remitente, con mi nombre, apellido y dirección. Una carta que, créame, yo no había mandado nunca. Hice una copia de su texto, y la envié realmente a quien figuraba como destinatario. Como destinataria, mejor, ya que era, o es, mejor dicho, una mujer. Palabra dura, definitiva: “Destinataria”. Pero volvió a regresar. Entonces mandé una nueva, y sin suerte; y otras más, que siguen regresando ‘al remitente’.”

“¿Y por qué insiste? Por qué las sigue enviando?” – preguntó Roberto, apenas interesado en conocer la respuesta.

“Porque de esa forma he fundado un rito. Un rito del que soy el supremo sacerdote. Y nadie ni nada impedirá que en algún momento el círculo se abra, por ejemplo, dando lugar a otras cartas que se crucen con estas, con el contenido de estas. Con la destinataria y el remitente de estas. Explicando su origen por su deriva. Una metáfora de viaje para lo mismo, sería contar con el mapa de un sitio al que nunca retornaremos, pero al que habremos de ir”

En definitiva, el futuro es el sitio del “no retorno”.

 

La noche y el día.

F         “Es cursi, infantil, inútil. Mejor me comprás los anillos que vimos en la vidriera” – le había dicho Adela, cuando Jorge comenzó a tallar en la corteza del árbol más alto del parque sus nombres, rodeados por el signo con el que convencionalmente se representa el corazón, una suerte de círculo con dos puntas: Una salida hacia abajo y otra punta volcada hacia adentro.

D         “Es hoy” – se dijo Hidalgo, partiendo de su casa con una soga pesada a la que cambiaba de mano nerviosamente. La luz de la Luna lo ayudaba a encontrar el camino en medio del parque poco iluminado.

R         Jaime llevaba una bolsa con regalos culposos. Llegaría tarde una vez más al cumpleaños de la hija, así que decidió cortar camino por el parque. Apuraba el paso y no se cuidaba de las sombras o los restos del día, que aún podían anudarse por allí.

Carlos lo vio, candidato posible para el robo que le salvara la noche. Tenía deudas, pero sobre todo, promesas que cumplir. Y para todas hacía falta dinero. Ese tipo caminaba lento, miraba distraído, con un aire de apuro preocupado, con aires de ocultar algo, y además llevaba una bolsa que no era del mercadito.

F         Jorge no durmió, así que fue el primero en la madrugada en abrir y poner el horno a calentar. Aprovechó para amasar anillos, collares y muñecas de pan de trigo.

Adela sonreía recordando sus nombres en el árbol. ¿Dolerá? – se preguntó. Después de todo, es un ultraje que el árbol podrá cubrir con más corteza. ¿O ya no vuelve a crecer allí donde fue tajeada? ¿O de crecer lo haría capa tras capa, siempre dejando la inscripción abierta?.

D         Hidalgo se subió trepando al árbol y colgó la soga de una de sus ramas. Sosteniéndose con ambas manos se hamacó con ella, comprobando que sus pies no tocaban el piso. Realizó el nudo que ya tenía practicado muchas veces y se colocó la horca alrededor del cuello.

R         Jaime recorrió el aire, que traía un aroma a pan recién horneado, y giró su cabeza hacia la panadería. Entonces vio que Carlos venía hacia él. Corrió, desparramó las cosas que llevaba, y sin proferir grito alguno, ganó finalmente la calle iluminada.

Carlos dejó de perseguirlo cuando vio que se descartaba de toda la mercadería.

Se agachó para verla. Pero todo estaba envuelto para regalo. Con papeles delicados y brillantes.

F         Jorge sacaba los primeros anillos del horno. Con un pincel de una única cerda escribió el nombre de ellas en el interior de diez de ellos, y el de él en el de otros tantos. Luego, le dio un barniz de caramelo y glassé, y los dejó sobre la bandeja, a secar. También tomó los muñecos, y dándoles forma de novia y caballero, los colocó uno al lado del otro, como mirándose.

A Adela le pareció buena idea sacarse una foto junto a la corteza, a la luz de la hermosa Luna llena de esa noche, de modo que se levantó de su cama y salió a buscar al árbol. A buscarlo, como si no estuviera quieto.

D         El aroma del pan recién horneado avivó los movimientos de Hidalgo, que se sabía incapaz de suicidarse a la luz de la mañana. De forma tal que se soltó apuradamente, impactando con la cabeza en la corteza, donde se halló frente al corazón con los nombres de “Jorge y Adela”.

R         Carlos frente a los regalos se sintió impotente: No podía robar regalos. ¿Cómo robar algo que ya estaba destinado a regalarse?. ¿Cómo robarle a alguien aquellas cosas que ese alguien ya había dispuesto para otro?.

Jaime llegó hasta la puerta de la panadería, donde sabía que hallaría a alguien a esa hora. Y tocó.

F         Salió a la puerta Jorge, un tanto asombrado, y Jaime le contó su pequeña aventura. Jorge no podía dejar el horno así nomás. Tenía que apagarlo si quería acompañarlo. Le dijo que seguramente ya había perdido todo, que lo mejor era calmarse y que llevara a su hija los muñecos que acababa de hacer, para el desayuno.

D         Sorprendido, no menos que sorprendido, se halló Hidalgo frente a esa dichosa y reciente inscripción, y le pareció un sacrilegio lo que iba a hacer, precisamente en ese árbol.

R         Carlos se atrevió a levantar los paquetes, pero no a abrirlos. Sólo los fue colocando uno a uno en las tamañas bolsas donde Jaime las llevaba. Fue cuando vio del otro lado del parque, a una chica dirigiéndose hacia él con una cámara de fotos. En el aturdimiento, se puso a leer las etiquetas de algunos regalos.

F         Jorge le habla al pan. Jaime es el que contesta: “Gracias” – le dice – “por abrir”.

“No le abrí a usted sino a las niñas. Todas las mañanas, muy temprano, vienen a buscar el pan. Se llevan el mejor, el primero de todos. El primer pan del día. Cuando sentí los golpes creí que eran ellas.

D         Hidalgo se desesperó y buscó asirse con las piernas en el tronco. La soga comenzaba a tironearle y lanzó un grito de esfuerzo.

F         Adela se paralizó frente al árbol, pero como había ido preparada para eso, puso su cámara delante de él y sacó sus fotos.

R         Puesto en evidencia por los flashes, Carlos corrió, mirando hacia atrás y llevándose puesto el cuerpo colgado de Hidalgo, que ahora sí, gritó “ayuda” intentando abrazarlo con sus piernas, lanzando desesperadamente patadas al aire, una de las cuales lo volteó. Adela soltó la cámara y corrió a socorrerlos.

F         Jaime le muestra una foto de su hija a Jorge. La hija, en la foto, de hacía muchos años, tenía la ropa embarrada.

R         Adela tiene ahora la ropa embarrada. Le viene a la memoria una lenta melodía que el viento y el suave aroma de la sal y de la levadura, hacen más dulcemente triste.

 

            Una voz sonámbula anduvo recorriendo el parque. Como una raíz adherida a la tierra, de la que pudiera jalarse. Como jalaba Hidalgo a medida que levantaba la soga y volvía a enrollarla alrededor de su brazo.

Un murmullo de gritos enterrados, un resuello de lluvias anteriores, de pisadas de regreso y de miradas de siembra.

 

            Los pájaros comenzaron a romper los envoltorios y algunos regalos quedaron desenvueltos. Dos niñas detuvieron su camino de costumbre a la panadería para curiosearlos.

Hidalgo queda quieto al pie del árbol, con los brazos aferrados a las rodillas.

Al amanecer, se descubrieron, como develados en sus secretos, Iluminados en su intimidad, y ahora devueltos a la intemperie del día, al desarrollo del tiempo.

Una soga de ahorque, unos muñecos de pan y unos papeles de regalo fueron los objetos con que se encontraron los indiferentes transeúntes del parque.

 

Primer Tema: “La Nochera”, de Cabeza y Dávalos, por Roxana Amed. (05:18)

Acabamos de escuchar “La Nochera”, de Cabera y Dávalos, en la voz de Roxana Amed.

           

Son tres las parcas, las moiras, o nornas: Cloto, Láquesis y Atropos (en griego); y Nona, Décima y Morta (en romano).

Una es la tejedora, una es la tensadora y una es la cortadora.

Literalmente, Cloto en griego es “hiladora”, a la que se invocaba en el noveno mes de embarazo, para que el ovillo de la vida fuera amplio, robusto y generoso; literalmente Láquesis en griego es “la que echa suertes”, y era responsable de la longitud del hilo de la vida; Atropos en griego es “la que no gira”,  y era la encargada de cortarlo.

En la mitología nórdica se las conoce con los respectivos nombres de “Urd”, o lo que ha ocurrido; “Verdandi” o lo que ocurre ahora; y “Skuld”, lo que debe suceder o es necesario que ocurra. Nótense la resonancia de este último nombre con el vocablo “should” en inglés, asociado al deber moral.

Occidente hizo abuso de Atropos, Morta o “Skuld”, al sostener en todos los aspectos de su cultura, el arquetipo binario. Antes y después, afuera y adentro, entonces y ahora, cerca o lejos, humano e inhumano, natural y artificial, causa y efecto.

Sustituyendo el relato, el curso del tiempo, la narrativa, por el silogismo, el orden de las cosas, la imputación.

Como si desde uno solo de sus hilos pudiera deshacerse la trama.

Como si no hubiera un tejido ramificado y múltiple.

Como si la vida fuera en algo parecida a un esquema de decisiones. Como si todas las decisiones fueran pares. Por una o por otra. Por sí o por no. Por uno o por cero.

Se quiere asemejar la voluntad a un denominado “árbol decisional”, como si siempre nos enfrentáramos a una disyuntiva. Como si no crecieran nuevas ramas de las anteriores. Como si no crecieran nuevos árboles. Como si todas las preguntas fueran hechas. Como si las voluntades fueran inconexas y aisladas. Como si todas las decisiones fueran tomadas. Como si todas las acciones tuvieran fundamento. Como si todos los fundamentos fueran rastreros de la razón.

Daniel

El carácter binario de un sistema excluye al verbo como motor de su poder significativo, y con él a todos los procesos semióticos, remitiéndose solamente al contexto de interpretación.

Si las acciones propias no tienen punto de descanso, generando constante e infinitamente consecuencias y derivaciones, y si las acciones de los otros, y de los factores naturales u objetivos son invariablemente impredecibles e infinitas en sus posibilidades,  resulta necesaria, a los efectos de su manipulación e incorporación al cálculo, su reducción a términos de acción y reacción.

Esta reducción de las relaciones humanas a dos exclusivos términos de acción y reacción sólo resulta posible mediante la neutralización y transparencia de los catalizadores, que operan entre uno y otro, y de nuevo mediante la abstracción y separación del “tiempo” (verbo, historia, cambio, alternativa) en su consideración.

La estructura binaria busca hacer previsible lo incontrolable, mecánico lo imprevisible, causal lo voluntario, y necesario lo decisional. Se configura bajo el aspecto de una promesa de efectivo cumplimiento, pero cuyas condiciones de realidad dependen de factores de poder, que quedan solapados por su operatividad, ocultos en la medida de su eficacia.

De la mano con un tipo de juicio por oposición, que sigue la estructura lógica del “tercero excluido” (libre/esclavo; dueño/usurpador; inocente/culpable), la estructura legal o normativa es eminentemente binaria. Está formulada bajo la idea de la “Imputación”, como análoga a la de “causalidad” característica de la estructura del modelo decimonónico de las ciencias físicas.

El sujeto en el relato, en la narrativa, es aquel respecto del que se dice algo en el predicado. Es el protagonista del predicado. En cambio, el sujeto en la norma es objeto en el predicado. De allí la necesidad de contar con otra norma que refiera al sujeto que construye ese objeto y que realiza ese predicado (sociedad, Nación, instituciones). Sólo que estas normas subyacentes quedan ocultas e irrevisables, bajo la forma de axiomas inconscientes o presupuestos, que deben sin embargo acudir al momento de la investigación, elaboración, aplicación y ejecución de las normas.

Ninguno de los sujetos normativos, en este juego de oraciones dobles deviene el protagonista de su descripción o determinación. En cambio de ello, al modo del cruce de dos ejes cartesianos, postula un encuentro, una oposición, un enfrentamiento. Establece la hipótesis de lo que “debiera ser”. En tal sentido, debe advertirse que cualquier prescindencia del cauce de la temporalidad, deviene en dogma o en ficción.

Esta intersección de predicados importa la duplicación de la estructura binaria de la norma hacia el interior de su significado y de su significante. En primer lugar, supone la construcción de las instituciones sociales como “realidad” acreditada en su accionar presuntamente previsible, ordenado y continuo; y en segundo lugar, supone la recepción de las complejidades sociales también como “realidad” sólo en tanto se corresponda con dicha previsión, orden y continuidad (un supuesto proyectado y una derivación introyectada). Aquel, proveniente de una aspiración interior, y materializado en un rito reproducible; y la última proveniente de una materialidad exterior, e internalizada en un mito argumentable.

Raúl

La cuadrícula preparada por la intersección de normas, espera. Su acción principal, su rol, por su absoluto carácter de anticipación, es la espera. Aguarda el momento de reunión de la experiencia y la institución, y de la presunción en operatoria, como modo de actuar, de exhibirse, de permanecer. En ambos casos, se identifica el “ser” con el “deber”, sustituyendo uno con el otro, sustrayéndolos de los procesos implicados en su dialéctica.

Daniel

Por el lado de la institución, se niega o prescinde de la habitabilidad, ya que su realización no se corresponde con las necesidades vitales, sino con las pretensiones de su eterna juventud; y por el lado del sujeto, se niega o prescinde de la sinceridad, ya que su recepción no se corresponde con los atributos del deseo, sino con los de la desconfianza. Desborde donde debiera haber control, y contracción donde debiera haber impulso.

La dinámica binaria en esta sistematización de cruce de normas, deja fuera de consideración a las posibilidades del encuentro entre personas.

 

Raúl

Y sin embargo, el inmediato, el inmediato está allí, negado por las abstracciones de identidad, por los grupos, tradiciones y estructuras. El inmediato. El gesto, la ayuda, la mano del inmediato, con el que no nos ligue ninguna institución familiar, social, religiosa o política, es la célula de lo social, el principio del cosmos.

LA VOZ ES PLURAL, ya que viene del grito y de la seña.

 

Fernando

Ir y venir del baño a horarios regulares. Posar los platos sobre la mesa. Limpiar la mesada. Hacer la cama. Son todas ilusiones de constancia. Que logra que las cosas continúen allí. Se afirmen allí. No puedan escaparse.

En la Eternidad no hay rituales.

En la Eternidad todo es un continuo. En el que tampoco hay avances ni retrocesos.

Sólo continuo. Desde todas partes hacia todas partes.

Donde sea imposible saberse solo.

Daniel

Sustituir la lógica del antecedente / consecuente, propia de la imputación o de la mecánica, por una estructura narrativa de los acontecimientos, es no sólo incorporar humanidad, sino precisamente, certeza, a las hipótesis del conocer.

 

Fernando

Tramos de tramas.

Cuando el adelantado César Carracedo fue designado para hacerse cargo de la gobernación de la Colonia de Meretrices, por un error didáctico en la carta de navegación, llegó con sus galeotes a otra costa, donde sólo hallaron las ruinas de un anterior asentamiento. Entonces, al no hallar nada en pie, mandó informar a la corona que la ciudad había sido diezmada por los indígenas del país, solicitando nueva tropa y mueblario. Éstos llegaron mucho más tarde, pero dadas las ya conocidas y deficientes condiciones de la cartografía, siguiendo el rastro minucioso de los mapas de Mirceades, arribaron también ellos a otra playa. Durante una expedición de reconocimiento, Carracedo halló a buena parte de la soldadesca, sentada en el ámbito selvático, a la intemperie, sobre los muebles de palacio.

Los pobladores de la Colonia original, los merétricos, declararon su independencia tres semanas después.

Raúl

Dos amigos, uno desde China y otro desde Buenos Aires, deciden conducir en común un programa de radio. Uno en las antípodas del otro. A la audición la bautizan con el nombre de “El otro extremo”. Los extremos también se multiplican.

En Pterodoxia, planeta múltiple, una acción llevada a cabo en una tierra repercutía en otra. Por alguna razón, era imposible predecir en cuál.

Daniel

Los soluka, de Sotronom, isla al oeste de Madagascar, realizan todos los años la reparación o rearmado de la soledad. Consiste en el encuentro de todos quienes conozcan a alguien, sin la intervención de este alguien, y en la que se designará el modo en que éste deberá comportarse cuando esté solo.

 

Fernando

            Entre los tromon, de Abi Nari, los hechos no son identificados con sus causas, sino con sus entornos. Esto es, si alguien apoya un vaso sobre la repisa y se escucha un trueno, el trueno es el vaso en la repisa.

Raúl

            Los sequérenon del norte de Suabia, se reúnen periódicamente en congresos multitudinarios para determinar los por qué no de su realidad habitual. Analizan uno a uno los por qué no, intentando dar razón de ello, ya que de lo habitual, nadie intenta dar razones.

 

Daniel

Entre los cangshi, de Sobrevuela, no existe el concepto de completitud. Toda afirmación, hecho, acción o circunstancia es entendido como parte de un relato, tramo de una trama, línea de una red, razón por la cual nadie deja este mundo, sino que se reparte. De hecho, sólo una vez se condenó a alguien, y fue cuando ese alguien puso término final a una historia. El término final se lo pusieron a él.

Fernando

Los makkunom, de Radimia, tienen un término propio para indicar que ese término ocupa el lugar de un suceso que o no ha ocurrido aún, o se postula como ocurrido, o que ocurrido aún no se conoce. Para ello usan la voz “Psalaj”. De modo tal que en sus relatos hay amplias zonas identificadas como o ”psalaj”, con lo que lejos de evitar la fantasía, se multiplica en tantas como relatores haya, según el modo en que la integren o completen a título de tal, sin distinción entre ficción o realidad. Descontaminados del documento, la estadística y la crónica.

Daniel           

Puede hacerse el relato de una acción diseccionándola hasta el infinito. Esto es, por ejemplo: Carlos cruza la calle hacia la calle por la que Esteban avanza. Primera disección: Antes de llegar a la vereda, Carlos levanta la vista para controlar que no venga ningún auto por la izquierda. Antes que al auto, ve a Esteban que le hace un gesto rápido con la vista. Confunde el gesto con un saludo, y se lo retribuye. Segunda disección: Carlos se extrañó del gesto de Esteban, buscando en su memoria la imagen de algún rostro familiar o conocido que acuda en reemplazo de ese rostro real. Nunca ha sido descortés y en situaciones como esa, de rápida decisión, se vio obligado a redirigirle el saludo, sin importar de quién se trata. Tercera disección: Carlos abre levemente su boca en una sonrisa sugerida, alzando apenas las cejas y levantando la mano derecha en señal de saludo y reconocimiento. Los ojos abiertos, más abiertos, y las piernas retenidas a poco de haber traspasado la mitad de la calle. Se da cuenta de haber malinterpretado el gesto de Esteban cuando la luz de un automotor le da de lleno en la pupila.

Segundo tema: “Chominciamiento di gioia”, anónimo italiano del siglo catorce, por el Ensemble Unicorn, (07:27)

Acabamos de escuchar “Chominciamiento di gioia”, anónimo italiano del siglo catorce, por el Ensemble Unicorn.

Separador: Estamos en Vocerrante (01:00)

Raúl

Año 1566. Cósimo de Médici, duque de Siena y Florencia, encarga a Alessandro Striggio, músico, diplomático y, cosa significativa para nosotros, aunque no tanto para sus contemporáneos, amigo de Vincenzo Galilei, el padre de Galileo… le encarga, decíamos, una misa, para ser entregada al señor emperador Maximiliano II de Austria, ansiando obtener de él un título nobiliario que en realidad le llegará algo así como diez años después y por otro motivo. Dicha misa fue conocida con el nombre de “Missa supra ecco si beato giorno”, escrita para 40 voces (10 coros, con 4 partes cada uno). Striggio llevará después su música a Inglaterra, durante una misión diplomática. Esa misa posteriormente, estará perdida durante tres siglos.

Daniel

El edificio característico del arte gótico es la Catedral. En la catedral convergen los nervios interiores formados en el cruce de los arcos, en bóvedas que se elevan cada vez más complejas y diversificadas. Afuera, los arbotantes se afirman como raíces, que empujan hacia arriba, rematando en pináculos. Y hasta la luz se distribuye en ejercicios aritméticos sobre cada una de las naves, que se multiplican hasta el número de siete, a través de rosetones, gabletes, tracerías caladas en las ventanas,  y multitud de detalles, líneas, series y materiales.

LA VOZ ES PLURAL

Fernando

Thomas Wateridge, un ignoto estudiante de Derecho, llevaba un cuaderno con observaciones sobre la sociedad de la época. A través de ellas sabemos que Thomas Tallis escuchó las obras de Alessandro Striggio, quedando muy impactado de ellas.

Raúl

Año 1570. La reina Elizabeth iba a cumplir 40 años, y encargaron a Thomas Tallis la realización de una pieza musical para su celebración.

Para dicha ocasión, Thomas Tallis concibió un motete, para cuarenta voces (8 coros divididos en 5 partes cada uno), con el texto del “Spem in allium”, inspirada en la música de Alessandro Striggio, que había escuchado en Londres.

Fernando

Notas desprendidas, notas recuperadas, notas vueltas sobre sí, atravesadas por el viento o la caricia o el desgarro de la melodía; por la densidad, el carácter o la materia del timbre; por la tenacidad, la sorpresa o el pulso del ritmo.

Una estructura gótica, una vastedad sonora. Un espacio recorrido de gestos, giros y medidas. La danza y el rezo entreverados. Aperturas, sombras, huellas y caminos, arenas y apuntes, ensayos y convicciones.

LA VOZ ES PLURAL ya que viene de siglos de palabras.

Raul

En algún momento, en 1726, un empleado de la Biblioteca Real de Francia, cataloga una obra desconocida como “Misa a cuatro partes de un desconocido A. Strusco”.

Dicha obra se mantuvo allí, en silencio, hasta su redescubrimiento por el musicólogo inglés David Moroney, que la identifica como la “Missa supra ecco si beato giorno”, de Alessandro Striggio, en la que detecta con particular sorpresa, una última sección, el “Agnus Dei”, compuesto para 60 voces.  Esa obra, completa, recién volvió a escucharse el 17 de julio de 2007, dirigida por el propio Moroney.

 

Los tres

Las notas se hilvanan, desgranan, cultivan,

Comienza cada una en su momento, comienza cada una, comienza cada, comienza.

                                               Comienza cada una en su momento

Comienza cada una en su momento.

Y se extiende en distintas velocidades, distintas velocidades, distintas velocidades

Y                       se                       extiende                      en                           distintas

Y                                                                                      se

Velocidades

Ex…

Formando acordes

Ar

            Pe

Gia

Dos

O en conjunto.

Se buscan, se entrelazan se despiertan y renuevan, habitantes y habitadas

Se buscan se entrelazan, se despiertan y renuevan, habitantes y habitadas.

Se buscan se entrelazan, se despiertan y renuevan, habitantes y habitadas.

Habitantes y habitadas en nosotros.

Habitantes y habitadas en nosotros.

Habitantes y habitadas en nosotros.

LA

VOZ

ES

PLURAL

 

Raúl

Del mismo modo que la música

Se construye el verbo.

 

Tercer tema: “Agnus Dei”, de Alessandro Striggio, por Le Concert Espirituel, dirigido por Herve Niquet (05:03) https://www.youtube.com/watch?v=LQ8WmDVTGyY – Allessandro Striggio Agnus Dei

Acabamos de escuchar, el “Agnus Dei”, de Alessandro Striggio, en la versión de Le Concert Espirituel, dirigido por Herve Niquet (05:03)

 

Cierre

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por IlGiardinoArmonico):

(Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

Semillas que crecen en el éter III


Semillas que crecen en el éter III
Escuchado en “Vocerrante” el 18 de junio de 2015.

Refugio                                                                                                                  

Se dice de un pueblo de la costa del Piruá, los nochewem, que a la llegada del colonizador, protegieron sus palabras como criaturas.

Así, las cambiaban de lugar, las escondían, las negaban, a fin de que no fueran apoderadas ellas también por la prepotencia de las armas o de los artefactos.

De modo que “lenguaje” y “secreto” pasaron a ser sinónimos en su lengua nochewa.

Para afuera, se vieron obligados a construir otra lengua, otras palabras, que sólo funcionaban a modo de traducción del idioma del poderoso.

Así que se manejaban con dos idiomas. Uno mentiroso y otro verdadero.

Las mujeres del pueblo se reunían cada año bajo la copa de determinados árboles, a fin de repasar uno a uno cada término. Los repasaban como quien cuenta la lista de los soldados que aún quedan en pie. Como quien hace el registro de los sobrevivientes.

Luego, esas palabras eran tomadas por los hombres, para nutrir los relatos, para alcanzar a todos los relatos, en los que la sangre de esos términos fluía.

Entonces, las mujeres nuevamente las tomaban, directamente de ese fluido que sabía deslizarse sobre el fuego, y tejían sus canciones, las que llenaban el aire y el agua y hacían que la tierra se llenara de horizontes.

Y quedaba luego el silbido, el ritmo, el timbre, la pulsión, la melodía, que mantenían el secreto libre y verdadero, desnudado, en libertad, en cada arrullo, en cada arbusto, en cada huella.

Al alcance de todos lo que

supieran

Escuchar.

“Vocerrante”, todos los jueves, de 23 a 0, el único lapso horario que avanza hacia el principio. Por arinfoplay (http://www.arinfo.com.ar/notix/sociedad.htm).

Pueden descargar los programas ya emitidos en http://www.arinfo.com.ar/notix/Programas/programacion.php?id=VOCERRANTE

Semillas que crecen en las tablas III


Semillas que crecen en las tablas III

 … Ya que las obras de teatro siempre son semillas hasta que crecen con los actores, diseñadores, utileros, escenógrafos, iluminadores, músicos, pintores, carpinteros, apuntadores y tantos y tantos laburantes sobre un escenario.

DERROTEROS DE PORFÍAS,

REPARADOR DE MUNDOS PERFECTOS.

Raúl Alberto Ceruti

PRELUDIO

Un camino de hierbas y una ventana con ruedas, con las hojas cerradas en el medio.

(Forjas camina lentamente pisando con mucho cuidado las hierbas. Se escucha el sonido de cada pisada. Queda a un costado de la ventana)

FORJAS: Buenas tardes, buenos días, buenas noches. Como todos sabéis ya, en muy pocos segundos la princesa Belleza se casará con el príncipe Virtud. Ahora, con ustedes, y con carácter promocional, antes de que comience nuestra obra…

(Forjas abre la ventana y toma en su mano un cartel que dice “Allá”) ¿por qué no echar una mirada a los espectáculos que se llevan a cabo en el palacio y que engalana la fiesta de estos novios principescos: Vamos para allá. ¡El desafío del maaaago Callahaaaan!…

(La ventana después de abierta, llega hasta el borde del escenario y se retira por la derecha. Aparece el Mago Callahan, apresurado, por la izquierda. Puede que tire o arruine un par de hierbas.)

FORJAS: ¡Fuerte el aplauso!.

(Callahan y Forjas se saludan, aplaudiendo ellos mismos uno sobre la mano del otro. Callahan toma el centro de la escena y despliega su gran capa. Forjas se ubica expectante a la derecha)

FORJAS (didáctico, tratando de no molestar a la concentración del mago): En el día de hoy, Callahaaaaaan aceptó cumplir el desafío de la mariposa.

(Aparece una mariposa de papel revoloteando)

FORJAS: La mariposa desafió al Maaaago Callahaaaaan a imitar al silencio, que todos sabemos que no existe. Veamos cómo lo hace. El Maaago Callahaaaaan ¡imita al silencioooo!…

(Callahan en medio del escenario levanta su varita y se escucha un timbal y un redoble. Luego, coloca su dedo índice sobre sus labios y se escuchan tres acordes triunfales. Luego, asume la posición del “Pensador” y se escuchan tres acordes triunfales más fuertes y agudos que los anteriores. Luego, muy ampulosamente se tapa la boca y se escuchan tres acordes más fuertes y agudos, con reverberaciones de truenos y centellas)

FORJAS: Una vez más el maaaago Callahaaaan ha resuelto el desafío…

CALLAHAN (escucha voces y gritos a su izquierda, avanzando hacia él): Quédate aquí, ya regreso.

(Siete apurados corren hacia la derecha. Atropellan a Forjas y lo dan vuelta)

FORJAS: Ahora es el momento, ahora es el momento. Se casan!… Se casan!… (detiene a uno de los apurados) ¿Para dónde es?

APURADO: Para allá, para allá (y sigue corriendo)

FORJAS (no ha soltado nunca el cartel de “Allá”): ¿Pero para dónde es acá?

Se oscurece la escena. Fin del Preludio.

ACTO ÚNICO

En los alrededores del Palacio. La ventana sin hojas en el medio.

ESCENA 1               .

NOBLES – SOLDADOS – CAMPESINOS – ESTRAGO.

Una campana.

Gritos de júbilo.

Siete nobles arrojan violentamente sus sombreros de plumas al aire.

 

SIETE NOBLES: ¡Viva!… ¡Viva!… Ya han contraído matrimonio.

 

Trompetas.

Siete soldados arrojan con rudeza sus cascos al aire.

 

SIETE SOLDADOS: ¡Viva!… ¡Viva!… Ya se han casado.

 

Comienza música de final feliz.

Siete campesinos arrojan con resignación piedras al aire.

SIETE CAMPESINOS: ¡Viva!… ¡Viva!… Ya se han besado

 

Sobre la cabeza de Estrago caen sombreros, cascos y piedras.

 

ESTRAGO: Soy feliz para siempre!… Una ayuda por favor!… Soy feliz para siempre!… Una ayuda por favor!…

 

La música de final feliz disminuye lentamente. Se apagan las luces.

 

ESCENA 2               .

PORFÍAS – ESTRAGO.

Un cartel muy cerca del público indicará: “Lejos”. Se descorre la cortina de una ventana y se ve un punto dibujado, con una boca de cartón que se mueve.

 

PORFÍAS: Ahora me véis de muy lejos. Tan lejos que sólo parezco un punto que habla. Aún así de lejos porfío en hablarles. Ya que mi nombre es Porfías…

Una línea sustituye al punto.

 

PORFÍAS: Porfías, como mis padres me pusieron. Ya que ansiaba beber la leche apenas se había acabado. Deseaba leer cuando la luz no iluminaba. Quería comenzar la fiesta cuando todos se habían ido. Quería dormir cuando ya amanecía. Quería despertar cuando todos dormían. Quería desayunar cuando era hora de la cena. Quería salir cuando se largaba la tormenta. Porfías. Así me pusieron. Porque todo lo quería cuando no era posible.

Una silueta sustituye a la línea

PORFÍAS: Y así fui creciendo. Eligiendo contestar cuando no me preguntaban, preguntar cuando no me atendían, caminar cuando me daban un caballo, andar a caballo cuando no me lo daban. Buscar de nuevo cruzarme con los ojos que no ví… Y enamorarme de quien sólo recuerdo una mirada.

La sombra de Porfías sustituye a la silueta.

PORFÍAS: Tengo un ojo que no ve, pero no siempre es el mismo. Tengo un brazo que no se mueve, pero a veces cambia de lugar…

Porfías desgarra la tela de la ventana y se muestra de frente.

Un cartel detrás de todo dice: “Cerca”.

PORFÍAS: … Y tengo una espada con filo de un solo lado, pero a veces del otro. Por eso sólo uso media capa. De este lado, o de este otro. Para que al sacar la espada no la corte.

Ser así, un completo incompleto, un todo por la mitad, me permite estar a caballo entre dos lugares, en los puentes de uno a otro lado, y poder pasar sin obstáculos por entre las historias.

Porfías y encuentra a Estrago sentado contra la pared.

ESTRAGO: Soy feliz para siempre!… Una ayuda por favor!… Soy feliz para siempre!… Una ayuda por favor!…

PORFÍAS: ¿Tendrá un pedazo de pan, buen hombre?

ESTRAGO (buscándolo con los ojos que casi no ven): No, pan no. Sólo tengo crema y espárragos, una selección de quesos, una fondue de chocolate… y la mesa de postres.

PORFÍAS: ¿Y un vaso de agua al menos para este gentil caminante?

ESTRAGO (se pone a llorar): Me va a tener que disculpar. Sólo tengo licores y ambrosía… Jugo de frutas del Paraíso e infusiones primaverales… Es que ¡soy tan inmensamente feliz!. Sólo poseo cosas excelentes.

ESCENA 3               .

PORFÍAS – ESTRAGO – NECIA

 

(Mientras Porfías y Estrago mantienen su conversación, Necia sigilosamente levanta los objetos tirados al piso y los examina uno por uno con detenimiento. Los toma los da vuelta, coloca su mano dentro de ellos, mete sus ojos, sus narices dentro, los prueba con la boca, y los vuelve a dejar en donde los encontró)

PORFÍAS: ¿Pero cómo ha ocurrido semejante cosa?

ESTRAGO (lamentándose): Hace un instante, cuando el príncipe besó a la princesa, todos fuimos felices para siempre. En la situación en la que nos encontráramos. No le contaré quienes se hicieron felices al borde del precipicio, o a punto de ser comidos por un tiburón, o perseguidos por un lobo, quienes la felicidad los encontró en una situación incómoda, poniéndose los calzoncillos, por ejemplo, o caídos en el barro de los chanchos, o durmiendo, o golpeándose el dedo con un palo, o simplemente estornudando… A mí me agarró pidiendo limosna.

PORFÍAS: Eso explicaría la mirada, allí entre la gente que caminaba, lejos del palacio. Esa mirada. Esa dulce, misteriosa y bellísima mirada. ¿Cuál es tu nombre?.

ESTRAGO: Estrago. Me lo pusieron de niño, porque causaba muchos problemas.

PORFÍAS: Estrago, pues. Escúchame: Hoy ha sido un día perfecto, pues esa mirada me ha tocado. Podría quedarme con ello, ya que también es inmensa mi felicidad. Pero en verdad, quiero volver a verla…

ESTRAGO: Para eso necesitarás una aventura. Y en el mundo perfecto, no podrás hallarla.

PORFÍAS: Uno de mis títulos, Estrago, es “Porfías, el reparador de mundos perfectos”.

ESTRAGO: No creo poder serte de ayuda. Tengo todo lo que quiero pero nada de lo que necesito.

Necia pasa por delante de ellos, haciendo bastante ruido con los cascos, las armas y las piedras, que acomoda detrás y alrededor de la ventana.

PORFÍAS: ¡Eh, mujer!… ¿Qué estás haciendo?

NECIA: Recojo (recoge un casco del piso), reviso (lo examina con los dedos y la vista), dejo (coloca el casco sobre las piedras al costado de la ventana)…

ESTRAGO: Pero ¿por qué lo haces? ¿Qué buscas?

NECIA: Alguna hendidura en los cascos, una marca en las espadas, una grieta en las piedras.

PORFÍAS: ¿Para qué?

NECIA (sopla de fastidio): Para encontrar la salida.

PORFÍAS: ¿Salida?

NECIA: (arroja un objeto más al piso y se sienta): Nunca quise casarme con él. Nunca lo quise. Por eso me tenía prisionera. Necia me llamaron por eso. La felicidad me alcanzó entonces, cuando ya había decidido irme.

(Porfías le toma la mano con la suya).

PORFÍAS: Feliz para siempre, con tu enemigo… Una verdadera tragedia.

NECIA (mira al suelo): Nunca sentí con él ninguna magia, ninguna mística, ninguna música

Empieza a sonar música suave, de arrobo y encantamiento.

NECIA: Ese murmullo que juega en nosotros para sabernos parte del otro. Algo así como un lago subterráneo que compartieran dos torres, y vibraran cada vez que cualquiera de sus aguas entrara en movimiento… Tu mano…

(Necia trata de sacarse la mano de Porfías de encima, ya que quiere incorporarse, pero no lo logra. Es el momento de cambio de mano útil)

PORFÍAS: Perdón. Tengo una mano que no funciona. Pero no siempre es la misma. Es la hora en que cambian la guardia.

(Porfías retira su mano con la otra con cierta dificultad).

NECIA: (a medida que habla va levantando la vista hasta encontrarse con los ojos de Porfías): Hasta encontrarnos de nuevo con aquel que nos reconozca. Que haya bebido de nuestra agua. Que tenga este pecho herido y esos ojos… ¿Me ves?.

PORFÍAS (se cambia el parche de ojo): La verdad que no. Es la hora de cambio de guardia de ojo. Perdón de nuevo.

La música se interrumpe. Necia vuelve su mirada hacia abajo. Encuentra algo. Se levanta, señalándolo.

NECIA: Finalmente, aquí, una grieta. Si pudiéramos seguirle el rastro…

PORFÍAS: Ahora sí. ¿Qué me muestras?. Es una línea quebradiza, pero constante. La veo, La veo. Por aquí se desvía…

NECIA: Sigue por aquí.

ESTRAGO: ¿Una grieta?. Es posible que en la grieta se guarde el mundo tal como era antes de ser perfecto. Y podamos recordar o recoger algo de allí.

(Necia y Porfías señalan marcas en las paredes y avanzan de acuerdo con ellas, dando una vuelta al escenario, colocando piedras alrededor de la ventana por la que ingresó Porfías. Estrago se levanta y moviliza con ellos, arrastrando con él un enormísimo fardo, un saco enorme lleno de cosas que no termina de recoger, muy parecido a un gusano relleno de objetos, que hacen un ruido metálico terrible cuando avanza).

PORFÍAS: Encenderé esta vela (enciende una vela).

Se oscurece el escenario.

 

ESCENA 4               .

FORJAS – PORFÍAS – ESTRAGO – NECIA.

(Vuelve la luz de a poco al escenario, como si estuviera amaneciendo. La ventana está a la izquierda)

FORJAS (al principio casi ni lo vemos, es sólo una incomodidad): ¿Es usted señor? ¿Es usted?

PORFÍAS: No podría. De ninguna manera. En este momento, para mí, “usted” sólo puede ser usted.

FORJAS: No se burle de mí, señor, lo estuve esperando desde que ordenó que me quedara aquí, en la retaguardia. Usted conoce mi problema señor… Me pierdo. Me es inevitable. Aún quedándome en un mismo lugar, termino perdiéndome. Entonces sonó aquella campana, y todos fuimos felices para siempre. Pero yo de esta forma, esperando su regreso. Soy su escudero, ¿me recuerda?

PORFÍAS: No sé de qué noble caballero es escudero, pero no soy yo, se lo aseguro.

FORJAS: ¿Puedo ir con usted?.

ESTRAGO: (se acerca a Porfías, en confidencia): Lo conozco. Es el escudero del mago Gallahad. Probablemente la felicidad lo encontró borracho en la taberna. Es confiable, siempre que no lo deje guiarnos por ningún camino.

PORFÍAS: Llevamos un destino incierto. ¿Quiere venir igual?

FORJAS: ¡Cuánto daría yo por algo más que esta furiosa espera!…

PORFÍAS (Coloca su media capa dejando ver su lado interior, que recuerda una gruta de piedras, en la ventana): La grieta nos ha alcanzado hasta la boca de esta gruta. Dentro, se percibe un silencio aterrador.

NECIA: Vamos. No puede ser peor que mi marido.

FORJAS: Los sigo. De todos modos ya no sabía dónde estaba.

PORFÍAS: Entremos.

(Entran los cuatro por la gruta. Sólo queda iluminada la ventana, en donde se ven cuatro puntos, y debajo un cartel que dice: “Arriba”. Las voces resuenan con un eco. El saco de Estrago ralentiza sus ruidos metálicos)

PORFÍAS: Por aquí, escudero… ¿Cuál es tu nombre? ¡Por aquí!…

FORJAS: Perdón. Ya le dije que me pierdo fácilmente. A veces no distingo el aquí del allí, o del acá, o del éste, del aquello y de lo otro.

(Los cuatro puntos son reemplazados por cuatro líneas)

PORFÍAS: ¿Cuál es tu nombre?

FORJAS: (realmente conmovido) Me emociona que me lo pregunte señor. El señor a quien sirvo nunca supo que me llamo Forjas.

NECIA (lo acaricia): Forjas… Si se puede correr un poco… Esta gruta tiene una entrada estrecha.

PORFÍAS: Aquí parece que termina el pasadizo. Hay que saltar… ¿Listos?

NECIA: Lista.

ESTRAGO: Listo.

(Luego del “listo” de Estrago se escucha por un largo tiempo el ruido de su saco cayendo).

FORJAS: Listo.

(Porfías recupera su media capa y atraviesa la ventana. Inmediatamente después la atraviesan Necia, el fardo de Estrago y Estrago. El cartel, ahora en la parte superior indica: “Abajo”)

PORFÍAS: ¡Forjas!… ¡Forjas!… Estamos abajo. ¡Salte!.

FORJAS (en off): No sé dónde estoy.

NECIA: ¡Salte!, ¡vamos, salte!…

FORJAS: Pero es que ya salté. Y no sé si estoy ahora arriba o abajo.

(El saco de Estrago continúa sonando)

ESTRAGO: ¿Escuchas mi saco con cosas?

FORJAS: Sí.

ESTRAGO: Acércate a él y abrázalo. Caerás con nosotros.

(El ruido disminuye lentamente hasta que de un golpe seco cesa. Se escucha el grito de Forjas)

FORJAS: ¡Llegué!…

PORFÍAS: Avancemos por este corredor.

NECIA: Yo iré delante contigo.

(Se ilumina sólo con un haz de luz horizontal el camino de los cuatro, pero la luz es cada vez más cerrada. Unos paneles-paredes les cierran el camino de a poco – los actores, por medio de unas manijas, irán tirando de los paneles para sí).

PORFÍAS: Las paredes son cada vez más angostas.

NECIA: Apenas si se ven.

FORJAS: Es bueno que la pared esté tan cerca. Así no puedo perderme.

PORFÍAS: No veo nada. ¡Estrago!

ESTRAGO: Señor.

PORFÍAS: ¿Tienes una antorcha en esa ruidosa bolsa?

ESTRAGO: ¿Se refiere a mi saco, Señor?. No lo creo.

(Estrago mete la cabeza y sus dos manos dentro del saco).

PORFÍAS: Esperemos a ver qué encuentra.

ESTRAGO (saca del saco un aparatoso candelabro): …Tengo esto (entrega el candelabro a NECIA ).

 

(Necia frota un fósforo contra la pared de la gruta y con él enciende uno a uno los candiles. Porta el candelabro con dificultad, ya que apenas si entra entre las paredes. Cuando las luces se encienden, se ve a Forjas yéndose hacia otro lado. Porfías lo rescata).

PORFÍAS: Por aquí.

(Porfías se pone al lado de Necia. Se sonríen. Los cuatro caminan algunos pasos. Las paredes se estrechan. Porfías lucha con el candelabro para abrirse camino, intentando que no le estorbe, dándole vueltas y vueltas hasta que el candelabro queda colgado del techo).

ESCENA 5               .

OGRO – PORFÍAS – NECIA – FORJAS – ESTRAGO – PRINCESA.

(El ogro aparece con el grito. Los actores separan las paredes que quedarán casi perpendiculares al público. El ogro queda frente a los cuatro personajes).

OGRO: Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!!… ¡¿Quién se atreve a entrar a la gruta del ogro?

FORJAS: (da vueltas entrando y saliendo de una pared a otra) En verdad, yo me perdí.

ESTRAGO: Quizás en el saco haya algo que…

NECIA: Nos escapamos de algo mucho mejor.

PORFÍAS: ¿Quién eres?.

OGRO: El ogro Rupletzcornusopa.

NECIA: ¿Rupletzcornusopa?. Me han contado historias acerca de ti.

OGRO: ¿Ah sí?, ¿de veras?

PORFÍAS: Sí, yo también las he escuchado.

ESTRAGO (mientras saca una botella y un vaso del saco): Tú raptaste a la Princesa De Perfil.

OGRO: Así es. Hace ya 300 años. Desde entonces vivo aquí, cuidándola. Ya ni recordaba cómo era asustar.

(Estrago abre la botella y echa un poco de su jugo en el vaso)

NECIA: ¿Ella vive aún?

ESTRAGO (extiende el vaso con el licor al Ogro): Es jugo de manzanas doradas.

FORJAS: (va por su segunda o tercera vuelta): No sé dónde estoy…

OGRO (se sienta, toma el vaso y sorbe con la mirada baja): Así es. A poco tiempo de traerla para acá, unos diez o veinte años, ella… ella empezó a sufrir cambios. Era… era… Ella “envejecía”, como le llaman ustedes. No podía soportarlo. Así que detuve el tiempo dentro de esta cueva.

ESTRAGO: Un ogro triste.

OGRO: Triste no, melancólico. Me gustaba ver llover, así que cristalicé algunas gotas sobre el techo, y otras en el piso.

PORFÍAS: ¿Y la princesa?

OGRO: Oh… Ella está por allí, mirando los fuegos puntuales.

(Abre uno de los goznes de la pared-panel sobre el sector derecho, donde está la Princesa De Perfil mirando una serie de luces de colores que empiezan a borronearse).

PRINCESA: Algo pasa con las luces.

NECIA (se levanta y va hacia la Princesa): Princesa De Perfil…

PRINCESA: ¿Quién me llama?

PORFÍAS (se levanta y se acerca a la Princesa): Hemos venido a liberarla.

PRINCESA (se mantiene de perfil, por lo que en lugar de darse vuelta debe caminar hacia atrás para ver a sus interpeladores): ¿Por qué habrían de liberarme? ¿De qué tendrían que liberarme?. Aquí hago de todo. Menos lo que quisiera. Pero no quiero. De todo. Incluso soy inmortal y no envejezco nunca. Tengo los fuegos… La mariposa… Ah!… (saca de su vestido una mariposa con las alas quietas) Tengo una mariposa que no dura sólo un día, como las otras. Esta dura para siempre.

FORJAS (da su cuarta o quinta vuelta, descubre unos flecos que sobresalen del panel pared y tira de ellos): Aquí hay algo.

OGRO: Yo le regalé esa mariposa.

PORFÍAS (se dirige a la Princesa y al Ogro): ¿Podemos verla?

FORJAS (tira de los flecos hasta alcanzar un pequeño cofre al extremo de uno de ellos): Un cofre. Cerrado. ¿Tendrá una llave… Estrago?

PRINCESA (se adelanta siempre de perfil y mira a su mariposa tiesa): ¡Mi mariposa!… Tantos años juntas.

ESTRAGO (saca del saco un pesado llamador de puerta de bronce): ¿Servirá esto?

FORJAS (tira de los flecos hasta alcanzar otro pequeño cofre en uno de sus extremos): Otro cofre.

OGRO (a Forjas): No debes abrirlos.

(La Princesa De Perfil avanza manteniendo el perfil hacia los cofres, como llamada por ellos).

FORJAS (golpea con el llamador el cofre): No sabría cómo.

OGRO: Princesa. Tenga cuidado. No se acerque.

PRINCESA: Había olvidado esos cofres. ¡Tan pequeños!…

FORJAS (acercándole los cofres a la Princesa): ¿Son suyos?

OGRO (visiblemente enojado):  ¡Míos! ¡Los cofres son míos!.

PRINCESA (conservando su perfil camina hasta el Ogro): Pero lo que contienen me pertenece.

OGRO (apuradamente): Volverás a envejecer. Tu mariposa. Tu mariposa no podrá vivir sino un solo día más.

PRINCESA: Pero vivirá al fin.

ESTRAGO (describe el contenido de su saco): Oro, oropeles, oropéndolas, piedras adamantinas, perlas, esmeraldas…

(La Princesa retrocede hasta el cofre de la izquierda. Intenta moverse con visible esfuerzo. Se escucha un “crick ” cuando logra doblar el cuello y quedar frente al cofre.)

ESTRAGO (Muestra el saco abierto al ogro): Fíjese todo lo que hay aquí. Todo lo que nadie jamás deseó o imaginó.

(Princesa De Perfil sopla la cerradura. El cofre, en la mano de Forjas, se abre, dejando escapar un fuerte grito, al mismo tiempo que se abre una grieta de luz en la pared-panel de la izquierda. Todos se quedan perplejos. El ogro corre hacia Forjas y es detenido por Porfías).

PORFÍAS: ¿Qué ocurre Rupletzcornusopa?. ¿Tiene miedo de algo?

OGRO: Va a dejar escapar…

PRINCESA: …Mis secretos. Mis secretos están guardados en un grito. Y ese grito está guardado en tres cofres.

(La Princesa puede mover el cuello más libremente. Se escucha al hacerlo “crick-crick” y se acerca al segundo cofre. Lo sopla. Se escucha un grito suyo. Se abre una grieta de luz en la pared-panel de la derecha. El ogro lucha con Porfías. Princesa Tira de un tercer fleco, aparece un tercer cofre. Princesa sopla sobre él y se libera un tercer grito suyo. Se abre una grieta de luz en la pared de atrás. Perplejidad).

OGRO: No te empeñes en retenerme, Porfías. Sé tu nombre y tus miedos. Conozco tus puntos fuertes y los débiles. No tienes fuerza en el brazo izquierdo.

(Ogro trata de zafarse por la izquierda pero es retenido por Porfías. Ogro se sorprende).

PORFÍAS (cambiando de lugar el parche del ojo): Momento del cambio de guardia. De un brazo hacia el otro.

(La lucha entre Porfías y el Ogro continúa. Ogro cambia de lugar el punto de su esfuerzo cuando Porfías cambia también).

PRINCESA (a la mariposa): Hemos estado mucho tiempo juntas. Es hora que entren de nuevo los vientos.

OGRO (sacando sus brazos del fragor de la lucha): No lo hagas.

PRINCESA (al ogro): Tus luces de colores me mantuvieron hipnotizada.

(Princesa recoge el primer cofre y lo arroja contra la grieta de luz de la izquierda. Se levanta un fuerte viento desde el agujero. Todos, menos Princesa De Perfil que se mueve muy lentamente en la misma dirección, son arrastrados hacia la derecha, cuyas paredes-paneles vibran y deben tomarse de sus manijas para no ser arrojados en esa dirección).

PRINCESA (con los brazos estirados hacia donde sopla el viento): El viento de la esperanza.

(Ogro pelea con Porfías intentando golpearlo de forma alternativa al cruce de su parche. Porfías cruza el parche. Ogro dispara su trompada contra el lado contrario. Porfías lo retiene con su brazo presuntamente débil).

PORFÏAS: A veces también puedo engañarte. Veo un poco menos, pero resulta efectivo.

(Princesa arroja el segundo cofre contra la grieta de luz de atrás. Se levanta un fuerte viento desde allí. El resto son arrastrados hacia adelante. Se aferran de las paredes – paneles y éstos se sacuden. Princesa sonríe y levanta los brazos)

PRINCESA (levanta los brazos): El viento de la memoria.

FORJAS (A Necia): Ahora que ninguno de nosotros sabe dónde está…

NECIA (a Forjas): ¿Dónde habremos de ir ahora?

(Princesa arroja el tercer cofre, contra la grieta de luz de la derecha. Todos menos ella, son arrastrados a la izquierda, luego hacia adelante, luego hacia la derecha, en círculos persistentes)

PRINCESA (alegre y completamente de frente): El viento del mar.

(mutis de Princesa)

.

ESCENA 6               ..

PORFÍAS – ESTRAGO – NECIA – FORJAS – OGRO

(Estrago, Porfías y el Ogro se aferran de las paredes paneles. Forjas y Necia siguen dando vueltas. Las paredes tiemblan mucho más fuerte)

FORJAS (sigue girando compelido por el empuje de los vientos): Ahora no estoy perdido. Ahora sé que no habito en un lugar, sino en el tiempo.

NECIA (sigue girando compelida por el empuje de los vientos, pero a destiempo de Forjas): No tengo casa. Ya no tengo dónde ir.

FORJAS (Va armonizando sus vueltas con las de Necia): Si tuviera casa, de todos modos ya no sé dónde se encuentra. También mi casa fue un momento.

NECIA: (Intenta coincidir en algún momento con Forjas) Vayamos a un momento, entonces.

(Forjas y Necia coinciden finalmente en su ir y venir, tomándose del brazo. Cesa el ruido del viento, las paredes – paneles se desploman).

(Mutis de Necia y Forjas).

 

ESCENA 7               .

PORFÍAS – ESTRAGO – OGRO.

 

ESTRAGO (Abre el saco, saca unos artículos de lujo, grandes monedas, collares, brazaletes y mira hacia adentro): Nada por aquí. Y nada por allá. Mi tesoro sigue intacto.

OGRO (Abre aún más con sus manos la boca del saco y se mete dentro de él): No he podido conservar ninguna de las joyas de mi oscura cueva. Si no puedo retener nada de lo que hube conquistado, yo mismo me atesoraré.

(Mutis del Ogro dentro del saco)

ESTRAGO (a Porfías): De nuevo hemos quedado solos. Pero a mi regreso podré llevar algo que no deba arrastrar: Mi propia historia.

PORFÍAS: Amigo, entre la bruma y el viento, la brisa y las vueltas que hemos dado hasta este punto, siguiendo la grieta, la delgada y generosa grieta que repara mundos, me ha parecido ver su mirada.

ESTRAGO: ¿Está usted seguro?

PORFÍAS: Por supuesto que no, pero ya es suficiente para moverme.

ESTRAGO: ¿No habrá estado en escena?

PORFÍAS: Es probable. A veces es una de las doncellas de la reina, otras veces, la que vende el pan. Otras, la que atiende en la caballeriza. Ninguna es protagonista, sino sólo de mis ojos.

ESTRAGO: En ese caso…

PORFÍAS: Luego de que las paredes de esta gruta se vinieran abajo, y luego que todos los vientos significativos se levantaron…

ESTRAGO; ¿Sí?

PORFÍAS: De nuevo se ha puesto en movimiento.

ESTRAGO: Es verdad. Se mueve.

PORFÍAS: La felicidad se mueve. Ahora vuelve a estar en movimiento.

ESTRAGO: ¿Dónde? ¿Dónde?

(Un cartel desde el público pone “Adentro”)

PORFÍAS (señalando varios puntos en el público): Allí, allí, allí…

ESTRAGO: Hazlo. Así tendré más cosas que contar.

(Mutis de Estrago. La luz se queda sólo con Porfías en mitad del escenario. Él recorre el público con su mirada. Busca la ventana y la lleva hasta el centro del escenario)
PORFÍAS: (Se escuchan campanadas) La felicidad se mueve. Ahora está en movimiento. Y puede que llegue a ti, a ti, a ti…

(Porfías se detiene en dos o tres puntos del público y dice cada vez en un tono más alto y entusiasta); La mirada de ella. Es la mirada. La mirada de ella…

(Siguen las campanas, ahora más fuertes. Se ilumina sólo la ventana sola. Al lado de ella, un cartel pone “Afuera”. Porfías se coloca detrás de la ventana y salta hacia el público, de forma tal que el corte de luz ocurra cuando aún está en el aire).

TELÓN

Semillas que crecen en las tablas II


Semillas que crecen en las tablas II

ARENA EN LA CLEPSIDRA.

Teatro en Un Acto.

Raúl Alberto Ceruti

ARENA EN LA CLEPSIDRA

ESCENARIO: Un gran manto azul que debe poder cubrir algunas sillas y mesas.

De todos los ADRON o ADRUM, deberá hacerse creer que se trata de la misma persona. Todos visten igual y con una suerte de capucha que deje a sus rostros en penumbra.

Los ADRON están dispersos aquí y allá, generalmente arriba, y los ADRUM están dispersos aquí y allá, generalmente  abajo. Pueden ser uno o unos cuantos. Hablan por turnos, pero no se contestan. Al principio debe haber bastante tiempo entre un parlamento y el otro, y luego todo irá fluyendo como en una continuidad.

ACTO ÚNICO.

 

Escena 1.(Se escucha el sonido de los granos de arena cayendo, amontonándose y dispersándose).

Personajes: ADRON – ADRUM

ADRON(Como sobre la quilla de un barco): Hacia babor!… Más a babor!… Siempre a babor, aunque no nos movamos. Tensen las velas!… Alisten las cuerdas!… Azucen al viento!…

ADRUM(Como saliendo al exterior de una cueva y aspirando el aire): El aire está propicio. Las paredes de la gruta por fin están secas. El rescoldo prenderá nuevamente.

ADRON (Como acechando tras de una pared): Sólo unos minutos. Antes no. Antes no, aunque nunca sepamos cuándo. Apenas después.

ADRUM(Como desenganchando un pez de la caña y arrojándolo al mar): Tantas veces capturado… Tantas veces devuelto.Un lazo cómico y siniestro nos une. El de esta repetida agonía tuya. El de esta violenta desazón mía.

ADRON (Agachándose como levantando algo de la playa): El mismo guijarro. Otra vez levantado. Dos veces vuelto a poner. Creo que fue ayer que le realicé esta marca. Pero ayer no estaba en el mismo lugar. Quizás lo haya puesto más adelante.

ADRUM (Como arengando, inestable en un bote): Levanten los remos. ¿Ven esas algas?.Es sólo una. Una muy delgada y pequeña. Pero asida y levantada una y otra vez, va formando esa red que los aprisiona.

ADRON(Como sobre la quilla de un barco): ¿La ven? ¿Pueden verla?. Ya debería estar en la playa. ¡Vigía!… ¡Vigía!… ¿Las ves?. No sé por dónde saldrá. Una mujer no es una isla. Perfora la costa con la mirada. Tiene que estar.

ADRUM(Como agrupando leña en una fogata): Espero que el fuego vuelva a adherirse a los leños quemados. Que del humo tome su oxígeno vital.

ADRON: Que no se agite. Que no se tense la superficie del agua. Que sea dócil. Despacio. Despacio. Ya habrá tenido que llegar. Como otras veces. Temo que ya haya ocurrido de nuevo.

ADRUM: ¿Y si acaso lo lanzara?. En poco tiempo volvería a recogerlo. No porque venga él a mí, sino porque en vano me repito.

ADRON: Esa mirada perpleja acaso tenga memoria, porque cada vez que lo atrapo, menos se resiste.

ADRUM: Encallado. El remo encallado en una red de algas. Fuerza, fuerza!…

ADRON: Hay una línea imaginaria que es la línea de sus ojos. ¿No la ven?. Allí se marca en el agua, como el trazo de un nuevo horizonte. Quietos ahora!… Esperadla!…

ADRUM: Esa chispa se demora. ¿Cómo puede el fuego guardarse?. Solamente el secreto de un leño que crepite.

ADRON: Cómo asir el silencio en el tiempo, si el silencio es el tiempo caído a nuestros pies. Vencido a nuestro lado.

ADRUM: La memoria busca al guijarro, que ha aprendido a parecerse.

ADRON: ¿Habrá peces del aire?. ¿Peces que sean tentados sin carnada alguna?. Es mejor que una falsa carnada.

ADRUM: Recogiendo una y otra vez la misma fronda de algas. Anudándolo en el remo, a fin de que se ahogue la madera.

ADRON: Miradla!… De pie sobre la playa. ¿Es ella?. ¿Ha venido finalmente?. Ah, certeza trágica!… Ah, mapa de los sones!… Quisiera oírla, pero ni siquiera abre su boca.

ADRUM: Rojo, amarillo, negro. Rojo, negro, amarillo. Amarillo, negro, gris. El rojo está en tu camino. Lava de huellas. Río de pasos. Aquí hay calor. Si por lo menos ya fuera de noche, te habría salvado.

ADRON: La angustia de no saber si ya ha ocurrido lo inevitable. Las condiciones para que ocurra, son al mismo tiempo, las señales de que ocurrió.

ADRUM: Aquí está, otra vez. Feliz bajo el brillo de la sal. Y me pide que vuelva a levantarlo, como para seguir un rito. Poco a poco el guijarro va tomando la forma de mi mano.

ADRON: Por la boca?. Sí. Es por tu boca que te he traído. Y tu palabra en el aire es sólo unas cuantas bocanadas. Pero ya no hay impaciencia ni corcoveo. De algún modo ya estás resignado a volver.

ADRUM: Apretadas las algas contra el remo. Que se estrangule en las aguas, que se estanque. Y que las algas luego no se conviertan en barro y lo liberen, y el tiempo continúe.

ADRON: Ya se ve el fuego en la gruta, el guijarro en la playa, el pez en la línea, la espera en su término… Ahora!… Rasgad las velas!… Que el barco se detenga ahora!…

ADRUM: En el momento en que el leño comienza a quemarse, a teñirse de blanco en su corteza, el rojo es más intenso, y la llama se  independiza.

ADRON: He perdido la secuencia. El guijarro o el bote varado en la costa. El barco que traspasaba aquella línea. El camino de la mirada. El fuego sabrá extenderse a su tiempo.

ADRUM: Pequeño guijarro bajo mis pies. Tropezar contigo sería no encontrarte.

ADRON: Nadas en una corriente que siempre te devuelve. Como si este anzuelo fuera tu elemento.

ADRUM: Las algas nunca alcanzan a quebrar los remos. Sólo a exigirlos.

ADRON: ¿La ves? ¿Podemos verla?. ¿Alguno de nosotros la ve?. Sólo una de treinta y nueve veces, ella no vino.

ADRUM: Estas llamas hieren. Hieren con frenética languidez. Lazos de espada. Apenas notamos su presencia ya se desvanecen buscando más arriba, más arriba, por encima y por delante de tus ojos.

ADRON: El barco en el horizonte, para dirigirle la mirada. El fuego en la gruta para indicar la marcha. El guijarro en la arena, para trazar el sitio. El bote encallado para retener la maraña. Todo debe suceder a la vez. Pero cada seña es causa de la otra.

ADRUM: Si toda esta arena alguna vez fue piedra, que se fue desmenuzando, desmoronando, despellejando… Que estemos aquí es que aún estamos en el tamiz del tiempo. Un guijarro en la eternidad de granos.

ADRON: ¿Por qué te empecinas en mi anzuelo?. ¿Acaso es más seguro que el mar?. Reconocer un punto, un solo punto en lo inmenso, transmite cierta sensación de seguridad.

ADRUM: Usar los remos como armas. Pero golpear contra las algas no produce ni siquiera el sonido de un golpe.

ADRON: La seña. La seña… Ha seguido involuntariamente el curso de nuestra embarcación. Ahora sólo falta que te encuentre. La seña!…

ADRUM: Mis sombras impactan contra la pared. Estallan en ella. Y se proyectan interminables hasta la playa. Otro oleaje. Un oleaje vertical que en su propia agitación descansa.

ADRON: Primero fue el barco. Para guiarle la mirada. Luego la llama para guiar el barco. Luego el guijarro para detener el punto. Entonces, el pez para sacudir tu sorpresa. Y las algas que no te dejen continuar. Pero si no estás, si no seguís… Si no se para tu cuerpo. Si no se sacude tu calma. Si no se enredan tus piernas… Todo es errado, si tu mirada no me encuentra.

ADRUM: Aquí tiene que pasar. Brazos en alto, guijarro en el aire. Salpicadura del agua a pocos centímetros de ella. Y las ondas circulares con centro en la piedra, que se abren silenciosas para alcanzarla.

ADRON: Es el pez el que levanta mi línea. Como si a su línea me arrancara, acercándome a ella en un solo tironeo.

ADRUM: La suave presión de las algas nos anuda. Es un nudo en suave desenvolvimiento. Una caricia que abraza.

ADRON: Treinta y nueve veces tendí y arrié las velas. Treinta y nueve veces, y sólo en una seguiste mi periplo. Pero en esa dirección el reflejo de la luz te perturbaba.

ADRUM: Treinta y nueve veces invoqué el espíritu de la llama. Treinta y nueve veces, pero sólo una su sombra pudo protegerte.

ADRON: Treinta y nueve veces me quedé parado, frente a tu espalda. Treinta y nueve veces, y sólo en una acerté tu mirada. Pero estabas abstraída en tu reflejo.

ADRUM: Treinta y nueve veces lancé el guijarro hacia el reflejo de tus ojos. Treinta y nueve veces, y sólo una logré desdibujarlos. Sorprendidos, tus ojos, comenzaron a nadar debajo del agua.

ADRON: Treinta y nueve veces levanté tus ojos, como peces distraídos, de este mar. Treinta y nueve veces, pero ya te alejabas.

ADRUM: Treinta y nueve veces tejí un amasijo de algas. Treinta y nueve veces, pero sólo una pudieron contenerte.

ADRON: Cuando las algas pudieron contenerte, no me mirabas.

ADRUM: Cuando pude alzar tus ojos, no sabías dónde hallarme.

ADRON: Cuando mi guijarro dispersó tu pensamiento, cayeron tus ojos al agua.

ADRUM: Cuando pude refugiarte en mi sombra, no atravesaste las algas

ADRON: Cuando pude esperarte, el viento no impulsaba las velas.

ADRUM: Cuando pude remolcar tu mirada, no estabas ahí.

(Los actores forman una ronda y se dispersan, descubriendo bajo el manto azul algún banco o alguna silla en la que se sientan.)

——————————

Escena 2.(Se escucha el agua, fluyendo, danzando, encontrándose)

ADRON – ADRUM – ADRAN.

-(Entra ADRAN que avanza como perdida por el centro de la escena. Durante esta escena, ADRAN será la única que pueda moverse a la vista del público.)-

ADRON:   Hay un momento en que…

ADRUM: …ola tras ola…

ADRON: … viento tras viento…

ADRUM: …naufragio tras naufragio,…

ADRON: …el mar…

ADRUM:…se desconoce.

ADRUM: Un momento en el que él mismo ya…

ADRON: …no sabe quién es.

ADRUM: Nosotros…

ADRON: …procuramos…

ADRUM: …¡dar! con ese…

ADRON: …momento.

ADRUM:   Desde el primer viaje en el tiempo…

ADRON:… me volví adicto a ellos.

ADRON: Volver a la misma playa, besar de nuevo el mismo mar.

ADRUM: Hacia adelante…

ADRON: …hacia atrás…

ADRUM: Dos maneras de extenderme o estirarme.

ADRON: Dos maneras de estar donde te espere.

ADRAN: ¿Estás ahí?

ADRON: Una vez que se hace frecuente, o, como en…

ADRUM: …mi caso…

ADRON: …compulsivo, el viajar…

ADRUM: …en el tiempo…,

ADRON:…esa es una pregunta

ADRUM: …difícil de contestar.

ADRAN: Te necesito ahora.

-(A partir de aquí, empieza a escucharse el viento, con un suave oleaje)-

ADRON: Vine una vez aquí…

ADRUM: Es por eso que estoy adonde me escuchás. Pero…

ADRON: … “Ahora”…

ADRUM: …es un sitio impreciso.

ADRAN: Vienes?

ADRON: Es fácil estar, sin ser.

ADRUM: Estar aquí…

ADRON: …o allá…

ADRUM:…trazando el mapa de todas

ADRON: …las ansiedades.

ADRON: He tardado mucho para estar…

ADRUM: …entonces…

ADRON: … y después, antes…

ADRUM: … y durante, luego y otra vez…

ADRON: …que he repetido tantas escenas de mi…

ADRUM: …vida hasta agotar sus variaciones.

ADRAN: Te perdés. Me pierdo en tantasveces.

ADRON(Golpea el suelo:)No tengo una señal, un signo, una llave que me pertenezca.

ADRUM: No recuerdo cuál de nosotros es el viajero o el viaje, el comienzo o el final,

ADRON: Quien decide…

ADRUM: … o quien ha sido decidido.

ADRON: Recuerdo cuando iremos juntos por esa playa de por allá. Te veo llegar y volverte.

ADRUM: Te veo cerca y lejos. Pero no…

ADRON: …te veo

ADRUM:…verme.

ADRAN: Fue esa ventisca. Esa ventisca que te impedía llegar a tiempo la que provocó tu obsesión. Tu apetencia insaciable de tiempo.

ADRUM: Un poco de arena en los ojos, nada más.

ADRON: Y un gesto tuyo que perdí en el aire, cuando apenas…

ADRUM: …te diste vuelta.

ADRON: ¿Cuándo fue o será?, ¿cuándo?

ADRAN: Ahora ya ha sido. El pasado será para siempre.

ADRUM: El parasiempre lo entiendo. Habito estainquietaconstancia.

ADRON: Constancia, no eternidad. Ya que en algún momento uno de nosotros morirá, y esehabrá sido el verdadero.

ADRAN: Ahí estás. Ahora sí te veo. Pero venís de espaldas.

ADRON: Es que volver a un momento  no repara lo perdido. Sólo se ensaña en repetirse.

ADRAN: Allí estás también. Ahora te volteás para mirarme…

ADRUM: Así es, pero esta arenisca, en este preciso segundo…

ADRAN: No cierres tus ojos. No lo hagas.

ADRON: No puedo no hacerlo. En su lugar tengo abierta mi mano.

ADRAN: Ya me dí vuelta. Ahora es el mar el que reclama mis ojos.

ADRUM: ¿Y si hubiéramos coincidido?.Mirame.

ADRON: Aquí vengo.

ADRUM: Allí, hacia donde acabará rompiendo esa ola. O antes de la ventisca, con el reflejo del Sol.

ADRON: ¿Es que hay finalmente un destino?.

ADRUM: He visto cambiar muchas cosas en esa misma tarde…

ADRON: …Por ejemplo:

ADRUM: Ese barco de allá, de las treinta y nueve veces que estuve aquí, a esta misma hora, veintisiete no estaba y otras once estaba un poco más a babor o un poco más a estribor.

ADRON: En esa gruta de más lejos, sobre la montaña del oeste, de esas treinta y nueve veces, sólo cuatro resguardaba unas personas. Y de las cuatro, sólo una incluía una mujer.

ADRUM: Conesas piedras, sólo unavezví tropezar a alguien. Pero no siempre se trataba de la misma persona.

ADRON: Ese pescador, allá… No tiene línea. Sólo espera.

ADRUM: Lo mismo que esta botella, treinta y nueve veces sin mensaje.

ADRON: ¿Y las algas? ¿Recuerdas las algas?

ADRUM: Colgadas del remo. Unasnueve veces.

ADRAN: ¿Podrás seguirme? ¿Sabrás cuándo encontrarme?

-(Adran camina por el centro del escenario hacia arriba, donde habrá un telón azul)-

ADRON: Demasiados desvíos.

ADRUM: Demasiados.

ADRAN: ¿Estarás allí cuando pregunte?

ADRON: Las combinaciones son esquivas y no tienen otra lógica que la de una mera enumeración.

-(ADRON y ADRUM se levantan de sus asientos con dolorosa dificultad. ADRAN llega hasta arriba y desaparece tras el telón. Al mismo tiempo, deja de escucharse el viento)-

——————————

Escena 3. (Se oye un crepitar de fuego).

TRAMET, ADRON, ADRUM

(Trametagachado, rompe unas copas de cristal sobre una mesa. Toma de cada una de las copas un pedacito de cristal y se lo guarda en un bolsillo de su sobretodo)

TRAMET: traemndragascar, atrólijempatrólijem sonora…

 

(Tramet pronuncia otras palabras en oración, formuladas en susurro. Abre los ojos, mira al trasluz a las copas y las colocalascopas sobre la mesa)

 

TRAMET: Copas de cristal autofundente. Qué maravilla. La memoria del cristal, guarda el trazado de las trizas. Los viajes en el tiempo descubrieron que una copa de estas características siempre se romperá de la misma forma.

(Tramet saca de su sobretodo una botella llena, y la coloca en una esquina de la mesa.)

 

TRAMET: Jugo de ligostro. Amargo, pero reconfortante después de un viaje errado.

(Tramet saca del sobretodo un mapa enrollado que desenrolla sobre la mesa. Se acercan Adron y Adrum)

TRAMET: Acérquense. Vengan. Vengan. Vengan a ver esto.

ADRON: Esos puntos, que se acercan a ese punto, ¿somos nosotros?

TRAMET: Así es. Y ese  punto al que se acercan es adonde está tendido el mapa.

ADRUM (Señalando el mapa): ¿Y esos que aquí vienen?

ADRON: Somos…

ADRUM: Nosotros.

ADRON: Es un mapa del ahora?

TRAMET: Es un mapa del mientrastanto. Es lo que ocurre en tanto se lo dibuje.

ADRON: Y para qué sirve, si lo que ocurre es precisamente lo que se dibuja?

TRAMET: Sirve para no quedarse. Hay un atolladero en este sector del mientrastanto por saturación. Un encallamiento. Un ritual. Una institución. Por eso vine a este cruce de ahoras. Vine a despejarlo.

DRON: Nos retrasás.

TRAMET: Se retrasan. Si continúan buscando el centro, nunca hallarán el verbo. El verbo es el ritmo de cada paso.

ADRON: Lento…

ADRUM: Pero seguro.

TRAMET: Seguro es tiempo perdido. Sin cambios, no hay avance.

ADRON: Por eso nos acercamos. Demasiadas veces volvimos a este lugar.

ADRUM: Hemos venido aquí desde tantos ámbitos.

ADRON: Desde tantas posibilidades.

ADRUM: Menos la que tanto ansiábamos.

ADRON: Aquella que…

ADRUM: Nos evite la muerte de ella.

-(TRAMET cierra el mapa y se pone a caminar entre ellos.)-

ADRON: En todos los regresos…

ADRUM: Los recuerdos…

ADRON: Los intentos…

ADRUM: Las revueltas…

TRAMET: Siempre es igual, ¿no es así?

ADRON: No del todo, pero en todos los casos, ella mira hacia un costado, al otro, y termina internándose en el mar, lentamente.

ADRUM: Por eso terminamos…

ADRON: Encontrándonos en esta playa.

ADRUM: Sin otro cometido que acercarnos.

ADRON: Con una rabia que…

ADRUM: Con una rabia que podría golpearlos hasta…

ADRON: …dejar de saber que

ADRUM: …los golpeo.

ADRON: Qué te detiene, entonces?

ADRUM: No resistiremos.

ADRON: Eso nos eliminaría.

ADRUM: Y luego estaríamos como ahora.

ADRON: Debemos mantenernos atentos.

ADRUM: Así es. Tomar nota de todo.

ADRON: Cada cosa que pudiera trastornar el…

ADRUM: … equilibrio.

(Adron y Adrum estiran la mano hacia las frutas, temerosamente.Tramet se detiene y sirve jugo en las copas. Una copa para cada uno)

TRAMET: El equilibrio no pondrá las cosas en movimiento.Tomen. Lo traje para ustedes. Es del fruto del ligostro, de carne amarga pero dulce carozo comestible. Los árboles de donde provienen serán sembrados dentro de siete años.

ADRON: (toma lacopa y huele su contenido con desconfianza):¿Qué hacer, entonces?

ADRUM: (toma lacopa y sorbe un trago, no sin cierta dificultad): ¿Cómo escapar de este círculo, en el que…

ADRON: …una y otra vez…

ADRUM: …volvemos…

ADRON: … a la misma impotencia?

TRAMET: Somos criaturas de tiempo. Somos de tiempo, ahora que podemos ir de un sitio al otro entre todas las edades.

ADRON: Esa es mi maldición…

ADRUM: …y mi destino.

-(Tramet vuelve a caminar entre ellos)-

TRAMET: En otro tiempo, se dudó mucho de que los viajes en el tiempo fueran posibles.

ADRON: Se tenía en menos la capacidad tecnológica.

TRAMET: No. No era por eso. Siempre se confió en la generación y el perfeccionamiento de las máquinas. Aunque finalmente no hubo máquinas en medio, sino un encantamiento.

ADRON: El poema de Lorren.

ADRUM: Apenas lo recuerdo, no puedo evitar pronunciarlo…

ADRON: Ahora no.

ADRUM: Volver es bueno. Siempre es bueno.

ADRON: Sí, pero luego lo atraviesas y te quedas como ¿antes?.

ADRUM: Ya ni recuerdo cómo era el “antes”.

ADRON (recitando): “traemndragascar, atrólijempatrólijem sonora…”

TRAMET (interrumpe): “Los granos de arena, formados por las olas…”

ADRUM: “…son también las olas.”

TRAMET: Evitemos los versos siguientes. Sólo complicaríamos las cosas.

ADRON: ¿Decías entonces?

TRAMET: Decía que antiguamente se desconfiaba de la posibilidad de realizar viajes en el tiempo. No por ignorancia, ni por desconfianza, ni por resentimiento. Se decía que los viajes en el tiempo, sobre todo al pasado, podían generar…

ADRUM: Paradojas, sí, he leído algo de eso.

TRAMET: Paradojas. Exactamente. Se decía que si por ejemplo, alguien llegaba al pasado y mataba a su padre, antes de que él se acercara a tu madre, entonces no habrías existido. Pero de no haber existido, entonces nadie hubiera matado a tu padre. En conclusión, ese alguien, de existir, no existía, y de no existir, alcanzaba su existencia.

ADRON: Pero eso no sucede.

ADRUM: Ni una cosa, ni la otra.

ADRON: Sabemos que pueden existir ambas cosas.

ADRUM: Pueden existir ambas cosas. Sin paradojas.

TRAMET: Exacto. Y eso es porque no hay un Yo. No hay sustancia en el yo que se contraponga con otra. Sólo oleajes.

-(Adron avanza con el cuchillo y abre una pequeña herida en el brazo de Tramet.)-

ADRON: Viaje en el tiempo ahora, Señor.

TRAMET: ¿Qué demostrarías?

ADRUM: Hagámoslo. Viaje hacia atrás. Al momento en que él le provocó la herida.

ADRON: Hagámoslo. Viaje hacia atrás y luego volvamos a este momento. Despliegue su mapa si lo necesita.

TRAMET: No entiendo el punto.

ADRUM: Hagámoslo.

TRAMET: Muy bien (entorna los ojos y comienza a recitar en voz baja):   “traemndragascar, atrólijempatrólijem sonora…”

Adrum avanza contra Tramet, pero Adron lo detiene.

ADRON (forcejeando con ADRUM): Ahora, de nuevo a cuando estábamos.

TRAMET (de nuevo entorna los ojos y pronuncia en voz baja):“traemndragascar, atrólijempatrólijem sonora…”

ADRUM (se zafa de los brazos de ADRON): Muy bien, Señor. ¿Cómo está su brazo?

TRAMET (se abre las mangas y exhibe su brazo, ocultando cierto malestar): Sin heridas.

ADRON: Pero no sin dolor, ¿no es así?.

-(Tramet asiente con la cabeza y toma asiento delante de ellos, sobre el suelo)-

TRAMET: Un lazo. Un pequeño lazo. Flujos y lazos. Pero no hay Yo. Antes, ya no eres; después no lo serás. No hay manera que te encuentres con vos mismo.

ADRON: (comienza a morder del ligostro): Sabemos de lo que habla, Señor.

ADRUM: (comienza a morder el ligostro): Lo sabemos muy bien, Señor… Todos…

ADRON: Todos nosotros aquí…

ADRUM: …Alguna vez tuvimos un mismo nombre.

ADRON: Alguna vez tuvimos un solo cuerpo.

ADRUM: Alguna vez tuvimos una sola consciencia.

ADRON: Alguna vez tuvimos una sola historia.

ADRUM: No sé cómo nos represente ese mapa tuyo, pero aún somos más de los que estamos aquí.

ADRON: Todos viajamos en el tiempo. Todos tenemos origen en el mismo viajero.

ADRUM: Pero con el tiempo suficiente para tejer nuestros propios lazos. Y separarnos fatalmente.

ADRON: Con el tiempo suficiente entre ola y ola, como canta el poema.

ADRUM: Regresar hacia atrás como acabamos de hacerlo, no permite ninguna fuga, ningún punto de fuga de otro desde ti, al menos inmediata.

ADRON: Al menos inmediata, ya que no sabemos si luego te hallarán con otro que vos mismo, surgido de la herida de esta tarde.

TRAMET (se sienta): Somos de tiempo, como les decía. Y ya he conocido a aquel cuyo brazo desangra. Tenemos en común ese punto de dolor, esa punzada.

ADRUM: Como nosotros el propósito de evitar…

ADRON: …Que ella lo haga.

ADRUM: Que ella se interne lentamente en las olas y se pierda entonces para el mundo.

ADRON: Pero cada vez que fracasa un nuevo intento, otro de nosotros vuelve aquí…

ADRUM: … Y así la agonía se transmite y se prolonga.

ADRON: Probablemente, incluso lleguen más aún. Ahora que sabemos que el poema funciona en todos los casos. ¿Qué es esta fruta?.

ADRUM: Uno tras otro, como abejas a la miel. Todos alrededor de ese punto que aún no logramos resolver…

ADRON: … Y que por eso nos atrae aún más y más, como una condena…

ADRUM …autoinfligida…

ADRON: … por fracasar todas las veces.

ADRUM: ¿Puede usted dibujar un destino en ese… mapa?. Por cierto, es un jugo muy amargo.

TRAMET (se pone de pie): Somos de tiempo, y no hay centro, como les marcaba. Cada lazo es un punto de atracción. Por eso no es posible dibujar ni tan siquiera prever un futuro posible, cuando todos están dados y resultan modificables. No hay sino reflejos en el mapa. Reflejos de pequeñas contingencias.

ADRUM: ¿Contingencias? No nos podemos quedar así. Tenemos que hacer algo.

TRAMET: Como ola tras ola, el mar no se repite.

ADRON: Nosotros… Intentamos…

ADRUM: … Intentamos que un solo hecho no se repita.

TRAMET: No hay centros, ni repeticiones.

TRAMET (quita las copas a todos): Permítanme. Es el turno de mí demostración.

TRAMET (de un solo manotazo arroja todas las copas al piso, rompiéndolas en sus bordes ante el estupor de Adron y Adrum): En la física de los viajes en el tiempo, no hay manera de que un hecho pueda provocarse por el régimen de las causalidades.

TRAMET (recoge del suelo las copas rotas, que coloca sobre la mesa, y arroja al mar los pedazos sueltos): Precisamente, la causa y el efecto, como pudimos demostrarlo hace un rato, en definitiva son casi la misma cosa.

TRAMET (sirve jugo de ligostro en las copas y se las entrega de nuevo a todos los presentes): Pudiendo manipular una y la otra, quedan ambas fuera de consideración.

ADRON (observa la copa): ¿Qué hacemos entonces?.

(ADRUM mira la copa en silencio y hace girar el jugo en su interior).

ADRON(posa sus labios sobre la copa y el filo le produce un corte): Ah!…

ADRUM (bebe de la copa y se corta): Ya está consiguiendo usted desangrarnos. ¿Por qué arrojó los pedazos? ¡Es cristal autofundente!…

 

(Tramet rebusca en su sobretodo los pedazos retenidos a las primeras copas y coloca cada uno en un encastre perfecto con el borde de cada copa.)

TRAMET:En la física de los viajes en el tiempo, no causamos un suceso.Vamos a su encuentro.

ADRON (reacciona después de quedarse un rato quieto y callado): No entendí.

ADRUM: Es sencillo. Hay que buscarla donde no esté.

ADRON: ¿Cómo sabemos que no está?

ADRUM: Porque la buscamos.

(Adron se queda quieto y callado)

ADRON: He perdido de vista la costa. ¿La ves?

ADRUM: Tampoco por aquí. Ni siquiera el borde de la playa.

ADRON: No hay costas.

ADRUM: ¡No hay costas!… ¿Cómo podremos avistar tierra?

TRAMET: No hay costas. Todos los encuentros suceden en medio del mar o del desierto.

(Tramet se sienta frente a la mesa. Adron y Adrum, comen como si comulgaran y se dirigen a los puntos que ocupaban en la Escena 2)

——————————

Escena 4.

(Se escucha el agua, fluyendo, danzando, encontrándose)

ADRON – ADRUM – ADRAN

(Durante toda la escena, los personajes estarán siempre iluminados un segundo después de que se los escuche hablar, sólo será tangencial, de forma tal que sólo puedan verse partes del cuerpo o del rostro y nunca el cuerpo completo, o el rostro completo o integrado).

 

ADRUM: No entendí.

ADRON: Buscar a alguien en donde no está. Como en el teatro.

ADRUM: Donde un actor es alguien que…

ADRON: …interpreta a alguien…

ADRUM: …que no existe.

ADRON: Allí, donde no esté, debemos…Buscarla.

ADRUM: …Salir a su encuentro.

ADRON: Si no hay costas, solamente si no hay costas puede una ola…

ADRUM: …chocar con otra.

ADRON: ¿Cómo se forman los abrazos?. No hay causa y efecto en el abrazo. Lo que ocurre es así: Alguien llega alguien desde sitios distintos. Los dos están por caerse. Y se sostienen al borde del abismo.

ADRUM: Hay que caerse, compañero.

ADRON: ¡Aquí!, ¡aquí!…

ADRUM: ¿Viste algo?

ADRUM(feliz): Absolutamente nada. Es aquí.

ADRON: ¿Habrá muchos vacíos. o sólo uno?

ADRUM: Ya veo… Estarás celoso.

ADRON: Para nada… ¿Hay algo?

ADRUM: No ahora.

ADRON: Descubrir un atisbo, una brisa, un apenas luego…

ADRUM: …Seguir el rastro de una fuga permanente.

ADRON: Despertar inmediatamente después de que se hayas despertado.

ADRUM: …Alcanzar la esquina inmediatamente después de que ella la doble.

ADRON: Se trata de despojar al silencio, o desnudar la oscuridad. Hasta alcanzar el último velo, solo, desnudo, frágil y desamparado.

ADRUM: Abrazarseal sonido y caminar a través de las voces.

ADRON: Antes que el sentido, la voz, y antes que la voz, el sonido.

ADRUM: Antes del sonido el aire, y antes del aire, la garganta.

ADRON: Buscar a alguien donde no está…

ADRUM: …Es tener la llave de un arcón abierto.

(Cada verso dará lugar a un grupo de notas salpicadas, siempre a destiempo)

 

ADRON: Una sola sombra tiene el laberinto…

ADRUM: …Una sola mirada el grano de sal…

ADRON:…Del desiertoparten todos los caminos…

ADRUM: …y al desierto vuelven láminas de mar.

ADRON: Huellas en el agua, vendas en la herida…

ADRON: … Piedras en la playa, peces en la guía…

ADRUM: …Algas en el remo, grito en la ventisca.

ADRAN: El verbo de la lluvia es multiplicarse.

(Las notas se agrupan dando lugar a un contrapunto, aún a destiempo).

ADRON: Escucho el desgranar de la arena en la clepsidra

ADRUM: Variedades de silencio que trae la bruma,

ADRON: Reflejos de otros cielos tiene el agua cristalina

ADRUM: Y la misma noche se dispersa en varias lunas.

(Las notas comienzan a formar frases musicales)

ADRON: Son las 5 y media. O las 6. O las 7 y cuarto. Cualquier hora en la que acabas de despertarte. Hora de los  pies descalzos.

ADRAN: Descorro el cerrojo de la ventana dejando penetrar un viento tibio. Podría ser cualquiera de ellas esta tarde… Esto aún no es la soledad.Mis mejillas dan la bienvenida a los aromas del amanecer.

ADRUM: Miro por la ventana abierta. Por ahora se demora la madrugada. Esto aún no es la soledad. Las voces del rocío huelen a nervios de un cerrojo. Huesos de un lugar que espera el movimiento.

ADRAN: Se yergue allí, orgulloso, un puente sobre la playa. Puente que no atraviesa ningún obstáculo. Que no sortea un curso de agua ni sobrepasa un promontorio, ni evita ningún abismo o elude ningún riesgo.

ADRON: Se puede subir a un puente con la seguridad de no extraviarse. Siempre estarás saliendo o llegando de alguna parte. Las primeras gotas sólo las detectan quienes están en lo alto.

ADRAN: No importa donde llueva. En un puente siempre estarás a la intemperie. Cualquiera de las que seré hoy, deberá atravesar la lluvia.

ADRUM: La arena se apelmaza bajo el agua. Tiende entonces el manto de las huellas. Será fácil entonces saber por dónde acaba de pasar, hasta que borre otra vez la el agua el contorno de su peso. Así es, llegar con el agua que borre el paso.

ADRON: O sentir la suave tensión de la arena que ya se presiente bajo sus pies.

ADRUM: Llegar apenas luego.

ADRON: Llegar apenas después.

ADRUM: Cualquier camino es una línea recta.

ADRAN: Salgo ahora, con este aroma de piel tendida. Piso la arena lisa y tensa. Bebo de los pies el agua que vino desde el cielo.

ADRON: Por donde acabe de pasar, por donde algún índice refleje aún el contacto con ella, no buscarla. Ir aún más cerca, en cambio. Encontrar a alguien es sustituirlo en donde aún no estuvo. Donde se aflojen todas las inmediateces.

ADRUM: Ahora salir, cambiando sus pies por los míos. Como su estela o su sombra. Mientras ella camine, seguiré caminando.

ADRON: Huir. Fugar. Apartarse del camino. Hasta alcanzar esa línea en que ya no es posible volver y comience la otra mitad del infinito.

ADRUM: Caminando inmediatamente detrás de ella, hasta que pueda perderla. Extenderme en una sola línea, Esa línea en la que buscamos un punto, que una los extremos.

ADRON: Pero si estamos en los extremos, ¿dónde está ella?

ADRUM: Hay extremos en los extremos….

ADRON: Los nudos.

ADRAN: Hace unos meses hallé un caracol hundido bajo mi pie derecho. No cualquier caracol, sino éste caracol. Es la cuarta, quinta vez que doy con él, aunque nunca de la misma forma. Aparecía en mis zapatos, o mezclado entre la arena de la ropa, o en el interior del bolso, o metido en el pelo. Minúsculo, pero íntegro. Con un poco de arena dentro. Arena tibia y pegajosa. Resabio del tiempo. Los caracoles hallados son una especie en peligro.

ADRON: Un aire nocturno tienen todas tus pertenencias. Como el cansancio de una vieja ansiedad, en una pieza. Cáscaras de mar.

ADRUM: Los bolsillos llenos de caracoles. Hacen ese ruido de cascabel derruido. Me gusta llevarlos. Trasladarlos de un lugar a otro, extrañarlos. Que no sepan dónde ni cuándo. Que no sepan de ninguna consistencia.

ADRON: Aún más lejos, más inestable. Perderse para encontrar a la perdida. Sin rumbo, sin huella. Sólo el devenir.

ADRAN: Aquí las algas. Flácidas y frescas. Francamente insostenibles. Esto no es aún la desnudez. No pertenecen a ningún lugar. Sólo a algún momento en que sean arrastradas o delicadamente sostenidas.

ADRUM: Su aroma es aún más difuso y oscuro, porque se confunde con el del océano. Pero no puedo quedarme quieto, y subirme a cualquier barco sería renunciar a la marcha.

ADRON: Azules, estilizadas, con sus cuellos curvos a la Modigliani. Las algas danzan como si fueran agua. Dentro del agua. Huesos del agua. Esto todavía no es la desnudez. Sólo una supina transparencia.

ADRUM: Rodearse, después de la lluvia, de una red de algas sobre el contorno de la playa. Como si fueran las llamas tibias, recostadas, de un fuego azul y claro.

ADRAN: Tienen un aspecto suave y triste, cuando las alzás en la mano.Lánguidas, sensuales, sinuosas y prensiles. Como raíces sueltas. Que no tienen sostén fuera del agua. Fibras arrancadas a paredes firmes. Vértebras gráciles, que se abandonan en el barro. Debiéramos tener huesos de algas, que apenas pudieran levantarse. Toda insolidez y derramamiento. Necesidad del abrazo para andar erguido.

ADRON: ¿Algas comestibles?. Tengo algas alrededor de los labios. Algas anegadas en un bollo de harina y arroz. Reunidos el mar, el pantano y la llanura, que nunca se han visto. Provocando gastronómicamente un encuentro imposible.

ADRUM: El agua en el agua, ¿se sabe parte de ella?.Si fuera uno todo venas, arteras, nervios, lazos, partes que se atan, anudándonos y desanudándonos… Pero esto aún no es la fragilidad.

ADRAN: Llevo aún el aroma de las algas. La calle reblandece. El aire es denso y comestible. Atraviesa las narices, pero se adhiere también al cuerpo. El agua en la cara, cuando llega a la boca, tiene un gusto salado. Somos solubles. Todos nuestros nervios son solubles en agua. Tarde o temprano, hasta un viento húmedo nos puede diluir. Pero esto no es todavía la fragilidad.

ADRON: El agua cae ya desmesurada. Largos cabellos, trenzados y dichosos, dejándose caer extensamente. Se me empapa la camisa, devolviéndome una voz de la adolescencia. Es mi garganta la que se desnuda, y el pecho parece más generoso. Empiezo a sentir frío, ya que el viento golpea en mi esternón. Esto no es todavía la necesidad.

ADRUM: Ahora soy un animal de la lluvia. En algún lugar se corta la luz.

ADRAN: Habrá quienes rescaten sus cosas de la humedad. Levantando suavemente aquello que parecía tan sólido. Dan ganas de comer el aire. Harina húmeda en barro cocido. Esto no es todavía el desamparo. Comienzo a cantar, pero en voz muy baja, por el eco que deja la lluvia ahuecado.

ADRON: Escucho una voz de mujer que canta, pero en ráfagas del viento que la trae. Esa voz no viene de ningún lado. Verbo del aire. Las voces son cuerpos. Desolladas en el murmullo que queda de la lluvia que pasó. Esa imagen voz se extiende en mi memoria, largamente. El gesto prolongado, con ecos de distancia.Esto aún no es el desamparo.

ADRUM: Allí están, anulando los signos y los pasos. Anulando toda referencia, insinuación o destino. Sólo la presencia. Yo seré él en la próxima oleada de presencias. Cuando ella venga encima de la noche. Y ya seamos otros nosotros encontrándonos.

(Adrum hace mutis. Por primera vez se iluminan los rostros de ellos)

ADRAN: Sus pies, esos peces que se aproximan, me escuchan. Sé que me están escuchando. El hombre por encima de ellos se agacha a dejar en la arena una piedrita.

ADRON: He dado contigo. Vamos. Que ya esta tarde no te espero.

ADRAN: He dado contigo. Como el mar que se abandona.

ADRON: Dejar de encontrarnos es dejar de ser.

ADRAN: Dejar de ser es sólo continuarse.

ADRON: Ahora que estás ahí, conmigo. Esto ya es la soledad, la desnudez…

ADRAN:… la fragilidad y el desamparo.

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Escena 5. (Una pantalla proyecta el teatro desde afuera – Se escucha el sonido de los granos de arena cayendo, amontonándose y dispersándose).

ADRON – ADRUM – ADRAN – TRAMET.

TRAMET:¿Quieren regresar?

ADRON: (Como sobre la quilla de un barco):Detened el barco. Voy a saltar. Los barcos se hicieron para bajarse.

ADRUM: (Como apisonando el rescoldo): No prenderá. Esta vez habrá calor en las piedras, sin que el fuego las reseque. El fuego se hizo para refrescarse.

ADRON (Como saliendo de detrás de una pared): Ok. Es el momento. La espera se hizo para para salir.

ADRUM (Como arrojando la caña al mar): Ahora te libero, pequeño pez. Aún antes de tener que capturarte. Atraparte es la negación del hallazgo. La caña se hizo para no encontrarte.

ADRON (Agachándose como yendo a levantar algo de la playa): El mismo guijarro. Pero no te levantaré. La coincidencia está hecha para que nadie la note.

ADRUM (Como utilizando los remos como lanzas): Corten las algas. Así. Usen los remos como lanzas. Las algas están hechas para morder.

ADRON: El cuerpo está hecho para no repetirse.

ADRAN: De todas las que puedo ser, alguna quizás se encuentre contigo.

ADRUM: Pero estás conmigo.

ADRAN: La pregunta es cuándo, no dónde.

ADRON: Pero estás ahora.

ADRAN: El ahora es el más esquivo de los tiempos.

(Aparece Tramet con unas alforjas.)

TRAMET: ¿Alguno quiere regresar?. Sólo tiene que tomar una de estas.

ADRON: No hay regreso posible.

ADRUM: No hay dónde ni cuándo volver.

ADRAN: No hay volver si no hay uno mismo.

TRAMET: Sólo al camino.    Sólo al camino se puede regresar.

ADRON:                                Sólo al camino se puede regresar.

ADRUM:                               Somos criaturas de tiempo.

TRAMET:                              No hay un punto fijo, no hay lugar central.

ADRAN:                                Y todos los caminos parten del desierto

ADRON:                               Nadie es yo ni lo será.

ADRUM:                               Sólo la secuencia de oleadas en el cuerpo.

TRAMET:                              Somos criaturas formadas de encuentros.

ADRAN:                                Y sólo hay encuentros en medio del mar.

TELÓN

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Semillas que crecen en el círculo I


Semillas que crecen en el círculo I

Raúl Alberto Ceruti

Ensayo para escribir una historia que pueda leerse a partir de cualquier episodio, y en cualquier dirección.

TRAZAS

(Relato Circular)

 

Raúl Ceruti

El silencio no sucede.

El silencio ha sucedido.

El silencio es la víspera, la latencia.

La huella que disipa el camino transitado.

 

La penumbra o la antepuerta.

 

El silencio no es presente

Es lo presentido.

Es el signo anterior a su significado.

 

Todos llevaban linternas en sus manos, para abrirse camino en la madrugada.

Stefan Koldon, bajito y encorvado, hilvanaba palabras ya que todos marchaban sin producir sonido. El suyo era un murmullo inagotable, inflexiones del viento entre los dientes y la lengua. Un sonido tan lejano e imperceptible que se hacía transparente con todos sus sentidos.

La marcha imponía el ritmo de la letanía. Pero su pensamiento y sus palabras podían derivarse a cualquier parte, tiempo o concepto, ya que al avanzar en la fila de soldados se había vuelto mecánico, despreocupado e indolente. A nadie, más allá de aquellos dos o tres que iban por delante, parecía importarles demasiado su destino.

Bruno, que iba atrás, lo veía sembrar palabras que sonaban antiguas en medio de esa agobiante actualidad de la inminencia. Le dijo:

“Algo abierto. Por allá” y señaló la espesura inextinguible. Ambos detuvieron el paso, sin acuerdo ni motivo previo. Observando sencillamente cómo el resto de sus compañeros se perdía en la oscuridad de todas las monotonías y cansancios, apagaron sus linternas, dirigiéndose a un punto de luz difusa y temblorosa.

No cruzaron mirada entre ellos, y quedaron inmóviles por un segundo: Habían escuchado de consuno un silencio que provenía del bosque.

Se separaron del resto de la tropa.

Sabían que los silencios llevaban mucho trabajo: Siglos de paciencia alrededor de un brote o de un camino. Una marca en la corteza de los árboles, una imperceptible torsión de las hojas… Una capa tras otra, para protegerlos y abrirlos, para honrarlos y contenerlos.

Doblaron sus capas, sostuvieron sus espadas, y se metieron al bosque con el máximo sigilo. A medida que se adentraban, la hojarasca que pisaban con sus botas crujían cada vez más lejos.

Lejos, los gritos de los soldados, las risas incrédulas y los cantos lentos y fogosos.

———————–

Bruno Rústinov era joven. Había partido junto con su destacamento de la ciudad de Hóspites hacía ya veinticuatro jornadas. No sabían dónde, o más bien cuándo, iban a cruzarse al enemigo, del que no atisbaban rastro. A él le tocaba marchar junto a los últimos, por lo que era el eco de los ecos de los pasos, bártulos y forjas que lo precedían y que acompañaba. Allí, entre los rezagados, se sentía como una repetición, una añadidura, una redundancia.

Bruno retrasaba su camino sin seguir el ritmo cansado pero atento de los otros. Cada paso de la soldadesca era retenido en sus piernas, que sólo se movían un poco después, imperceptiblemente, pero siempre después. Hacía comenzar su movimiento dejando pasar un miserable instante desde el comienzo de los otros. Así se aseguraba cierta reserva, cierta soledad, cierto apartamiento.

Era de noche, y en poco tiempo se detendrían para intentar comer algo y descansar.

Detenía su mirada en el interior del bosque, donde ramas y raíces se perdían sin moverse. Su lentitud desacompasada le permitía atisbar sucesos propios del recuerdo, mezclados con los de la premonición. Así pudo vislumbrar entre las ramas, a un costado de la capilla del bosque, el lento movimiento de la hoja de la ventana de Isana abriéndose hacia él.

———————–

Isana, envuelta y abrigada en los vapores de su cocina, agregaba sabores a la olla. Tomillo, pimienta, salvia, laurel. Los vapores defendían su pequeña cabaña del frío. Un frío metálico que por las noches tomaba formas puntiagudas.

Isana se mareaba entre las volutas de color, sabor y hervor que aspiraba entre dichosa y cansada. La bruma interior tejía telas intangibles, calores inmanentes, lugares que la recorrían y la penetraban. Cebollas, ajíes, tomates, papas, algo de hierbas de abundante aroma, un poco de semillas, y algunos huesos de carnero. Llenaban toda la cocina, la empapaban, la habitaban, la hacían dar vueltas alrededor de las ollas.

Mas, cuando los aromas comenzaron a marearla y los jugos, de volátiles tomaban formas anudadas y daban vueltas a su alrededor del mismo modo en que ella los hacía revolverse en la cocción que preparaba, abrió brevemente una ventana. Las hierbas se arremolinaron, y los cabellos de Isana, lánguidos y lacios, fueron enredados por un hilo de viento.

Por las hendijas de la ventana de Isana se introdujo un haz de luna, frío, que se asestó sobre los vahos deliciosos. Un reflejo cálido de nieve en la noche más cerrada del invierno, que extendió hasta su casa la alargada sombra del perfil de Ignacio en oración.

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Ignacio entró al templo como un penitente. Parecía estar por concluir un servicio. Se apartó del grupo de fieles que se amontonaba en la fila para comulgar y con la cabeza avanzó por la galería lateral a la que sólo llegaba el eco de los cánticos. Levantó los brazos y avanzó hasta la pequeña capilla mal iluminada.

Entonces cayó de rodillas y cerrando los ojos, recordó suavamente una plegaria. Con los brazos en alto y las rodillas en el suelo, se sentía desnudo y vulnerable.

El recuerdo era idéntico a las palabras, y el susurro ocupaba todos los rincones como un grito.

Sólo el sonido de su rezo era real. La única señal de que allí, presente, había alguien, aunque ningún otro pudiera escucharlo.

Olió el aroma de una vela encendida, sintió cómo rozaba su rostro antes de posarse ante la imagen religiosa y retuvo el calor de su llama en las sienes.

Un suave viento se coló por alguna hendija, haciendo temblar la débil llama y creando la ilusión del movimiento en su rostro.

La oración era lenta y repetitiva. Uno tras otro los verbos aprendidos y tradicionales, se iban desprendiendo y enredando, como en un tejido. Entraban y salían de su conciencia, con la misma rapidez con la que entraban y salían de su boca.

Fue entonces que la Luna lo delató, iluminándolo de una sola pincelada, cuando su mente divagaba sobre el cuerpo de ella.

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Del mismo punto desde donde emerge la Luna, una mujer hacía su recorrido matinal hacia el arroyo. Erbert Krabis debía fijar el sitio indicado donde iban a fijarse las aberturas. Todas las mañanas se afirmaba entre las rocas para verla llegar. Siempre desde un punto distinto. Levemente, muy levemente distinto.

Erbert Krabis fue moldeando el marco de la ventana de forma tal de poder seguirla. Día a día iba curvando la horizontal a fin de no dejar de verla. Esa ventana sería un modo de esperarla, de predecirla, de continuarla. Aunque hubiera que recalcular los materiales, los ángulos y las apoyaturas, fue  desviando el arco como un eco de ese trazo que ella dibujaba con su cuerpo.

Cada vez que ella iba hacia el cántaro con su vasija vacía, cada vez que ella volvía con su vasija llena, Erbert la acechaba. Conocía sus puestas y salidas, conocía sus elipsis y cansancios. Hacía tres paradas a la ida y cuatro a la vuelta. De allí la cantidad de bisagras entre las hojas de cristal.

Ella se llamaba Celan. Celan, sonaba como una hermosa campanada. Cada vez que ella se detenía, él agudizaba sus oídos para escucharla. De allí que esa nave lateral tuviera forma de gruta, y la gruta forma de conducto auditivo.

Primero fue la ventana, luego la catedral, cuyas piedras se fueron colocando a su alrededor. Primero la ventana, que dejaba proyectar la sombra de ella en su interior, iluminada por la tibia luz de una vela.

Un cántico entrecortado lo atravesó entonces, haciéndole perder la línea de sus cálculos. Sobre la que luego sería la nave principal, una fila de penitentes avanzaba, desacompasados por Teruk, y empujados por una antífona rota.

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Teruk había sido el Maestro del Coro durante nueve años en el Convento. Hasta que fuera descubierto en amoríos con la abadesa, la querida del senescal. Desde entonces, sin perder sus dotes musicales, ha vivido encantando palacios, templos, plazas y catedrales con un coro de las sombras, conformado por mendigos y malvivientes.

El coro entonaba a un pulso no secuenciado. Algunos comenzaban donde otros aún no terminaban, y otros detenían su canción abruptamente. Daba la impresión de una multiplicidad de ecos, resonando por las esquinas de las paredes. Pero ecos que eran recogidos y por los cantantes en sus gargantas.

Teruk, aparentemente, era el único que tenía conciencia intelegible de esa madeja de antífonas. Iba adelante y miraba notoriamente a todos, como intentando no ser descubierto. Arrastrando los pies a medida que la fila avanzaba, iba murmurando en extraño trabalenguas inaudible, una secuencia de exhalaciones muy llenas de consonantes, algo que quería parecerse a la versión en prosa desbrozada del cántico  que el resto de los caminantes aletargaba.

Los que se acercaban a él, apenas podían escucharlo. Pero de lejos, o entre el tumulto de la marcha, estaba claro que su voz pronunciaba el ruido de la hierba y la hojarasca, del viento entre las hojas, los grillos y los pasos al andar. Su voz era un mapa, que permitía a ciegos y videntes encontrar el camino a cualquier parte. Decía enseñar a mirar del mismo modo en que se escucha, sin párpados, oscuridades ni obstáculos.

Pero esa noche, mientras hilaban las notas, una tras otra en el camino abierto por entre esa enorme oscuridad, Salina bailó. Bailaba sus crudas y estáticas inflexiones y cadencias. Cada una de sus palabras, siseos y murmullos era interpretada como una parte de su cuerpo, que hacía una pequeña y grácil pirueta y se enlazaba a un nuevo movimiento. Teruk se vio obligado a sostener una lánguida nota cuando quedó largamente estirada sobre el suelo.

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Había sido tan herida por las palabras, que Salina sólo se expresaba con el cuerpo. Se defendía con el cuerpo. Hería con el cuerpo. Soñaba, exaltaba y quería con el cuerpo. Como si el aire fuera un fluido denso, sus movimientos eran pequeños y suaves. Iba y venía con el viento, con la bruma, con el ritmo de los versos. Danzaba las misas, las antífonas, los salmos.  Lógicamente fue expulsada de todos los templos, de forma tal que sólo iba tras Teruk y su cohorte de desafinados.

Ella detenía una nube en cielo, recostándose debajo de ella. Esa tarde levantó sus piernas, su torso, sus brazos, su mirada. Y en ese orden pudo vislumbrar la silueta de Genor abandonar el camino en la ladera de la montaña, metiéndose dentro de una nube allá en lo alto.

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Genor y sus compañeros de marcha, debían seguir por ese sendero durante toda la noche. A pesar de que la lluvia prometía descargarse a la mitad del camino. Una lluvia tan gruesa y vertical como una gruta de agua y viento, a través de la cual no se podría ver nada. De modo tal que procuraron marcar el recorrido para no extraviarse. Marcas en los árboles, en las piedras, en la tierra. Marcas que pudieran asirse, tocarse, contenerse. Marcas que pudieran navegarse, o a la que pudieran adherirse.

Iban cantando y golpeando con sus brazos el temblor de la montaña. Cada inflexión, cada golpe, cada nota, cada ritmo, coincidía con un sitio determinado. La melodía se desgranaba en filas, columnas y timbres. Comenzaba en el frente y al centro y continuaba por detrás y a los costados. Ola tras ola de sonidos se armonizaban, hasta llegar al centro, desde donde se empujaba hacia delante.

Cruzaron la nube, atravesándola, metiéndose dentro de ella. Una inmensa desnudez se tejió en el espacio. Troncos descortezados, rocas abiertas, sombras removidas… Todo estaba expuesto, la esperanza, la vergüenza y la derrota. Y un suave aroma de algas inundó el aire, al mismo tiempo que Bordan dibujaba las estrellas para la noche.

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Hasta allí sólo llegaban peregrinos. Lloraban junto a la roca, oraban junto a la roca, cantaban junto a la roca, pero luego se iban, dejando lugar a otros. Bordan, sin embargo, eligió quedarse.

De esa roca, de la que aún brotaba agua, se decía que era sobre la que había golpeado Moisés durante su éxodo interminable. Tanto fieles, como dudosos, infieles y extraños, abrían sus bocas o alzaban sus manos para recibir el contacto de esa agua inverosímil.

Bordan, sin embargo, no deseaba beberla. Prefería quedarse hasta que pudiera navegarla.

Bordan Nugris, el hombre del desierto, el que habitaba en medio de la huida, no veía signos en el agua, sino el agua, por lo que no tenía sed. No veía signos en el cielo, sino el cielo, por lo que no tenía distancia. No veía signos en los pasos, sino pasos, por lo que no tenía dirección. Se recogía en el silencio de las raíces, pero no tenía arraigo. No veía signos en su voz o en su conciencia, por lo que no tenía un yo, sino una lejana transparencia.

Quienes hablaban con él se convertían en él, con el paso de  los recuerdos. Del mismo modo en que las olas del mar conforman el mar.

Cuando Bordan vio el velero, allí debajo, abriéndose camino por el agua, comenzó a dibujar las estrellas, para no perderlo. El capitán Drobecz, que dirigía el timón, ni siquiera levantó la vista.

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Un día más en ese navío. Desde hacía ya dos años que sólo deambulaba en alta mar, una vez desembarcados los soldados. Sólo el alta mar, en cada sitio de sus ojos, como otra forma de la noche.

Todas las costas se hallaban lejos, por lo que sólo  podían orientarse con el recuerdo.

Drobecz no soportaba esa inasible continuidad de hallarse siempre en medio de todo, como un destino ebrio e insomne. En esa terrible inmensidad nada tenía sombra, forma ni contorno.

El paso indiferente de las noches y los días fue dando lugar a un sopor manifiesto, por lo que las rutinas habían comenzado a resentirse, a desarreglarse, a desprogramarse.

No el Sol, ni las estrellas, sino un camino abierto con linternas de dudoso pulso le daban descanso a su mirada horizontal.

Sólo si huyes de ti, puedes hallarte a ti mismo. Hallarte a ti mismo es no repetirte, sino aparecerte. Volver a hacer, a decir, a estar, apoltrona los movimientos, las palabras, los paisajes. Sólo en la huida alguien aparece. Por lo tanto, puedes aparecerte. Sólo en el desvío, el tiempo, del que realmente están hechas las amalgamas, sucede.

Drobecz se maravillaba siguiendo las suaves luminarias  consteladas en el agua temblorosa. En el reflejo del agua, que se había tragado todas las costas y dejado a la vista nada más el horizonte. Donde la vista y el tacto tenían el mismo alcance, ni siquiera.

Cuando Stefan Koldon apagó su linterna, Drobecz pudo recuperar una línea en el agua, que lo llevó a las venas en sus brazos, que le hicieron recuperar sus manos, otra vez afirmadas a la cuerda del navío.

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Semillas que crecen en el principio II


Raúl Ceruti

La idea es generar nuevas cosmogonías, vibrantes, sensibles, a la mano. Que puedan generar el mundo desde la habitación en la que se lo cuenta. Y que se meta cada una en el principio, paradójico principio de las cosas, derivado de la narración.   Va, como segundo ensayo, el siguiente:

 

Luz aparece.

 

Detrás de una grieta en la gruta, Arbuz el eremita implora porque cese el viento. Con inocultable sufrimiento, puede ver la copa del árbol tironear del tronco, como si el mundo se hubiera subvertido.

Dios es poderoso en su misericordia. ¿Por qué entonces esa ansiedad revuelta sobre las hojas?. Para hacernos poderosos a su vez. Y perdonar el grito, y la ferocidad y el desarraigo.

Unos campesinos corren para protegerse. Detrás de ellos avanza Ralia, tironeando de su asno completamente cargado de enseres. En el rostro de ella se ve brillar la desesperación.

El eremita ve agrietarse la tierra alrededor del sauce, como si la misma raíz quisiera desprenderse. El asno de Ralia se encabrita. Clava sus patas en el suelo y gira el pescuezo para quitarse los fardos de encima. Ella se afirma en la soga y tironea con todas sus fuerzas. Quizás el trabajo de un año dependa de ese tironeo. Pero la soga, pesada por la lluvia, no le permite afirmarse. Cae de la grupa del asno un pesado envoltorio, haciendo un ruido seco y áspero al golpear contra la tierra.

Perdonar, sí. Pero no quedarse quieto. Arbuz corre hacia la escena con un cuchillo en la mano. Al llegar junto al asno, coloca el cuchillo entre las sogas y deja que el animal tironee. Al poco tiempo, la soga se rasga y toda la carga, liberada, exhala una suerte de suspiro, quedando suspensa en el aire por un momento, que el asno aprovecha para quitárselos de encima y escaparse, trotando desagraviado hacia los bordes del bosque.

Ralia se acerca a los bártulos, y levanta algunos sobre su espalda. El eremita hace lo mismo con otros tantos. El suelo está muy embarrado y la lluvia persiste. Ella resbala. Él toma los paquetes que todavía puede sostener entre sus brazos. Es entonces que Arduz desearía ser un asno.

No hay vida ni creación que no sea perfecta. Y a veces lo mejor es ser un asno. O un viento desatado. Una lluvia impaciente. Un barro resbaloso. O una gruta seca y retirada.

Ella y él llegan a la gruta y se sientan a mirar. Ella llora y se confiesa:

“Ha sido mi culpa, generoso Santo. Todo, el peso, el viento, la lluvia, el barro, la soga imposible… Todo mi culpa. Perdóneme, señor.”

“¿Por qué eres tan cruel contigo?” – le recriminó Arbuz.

“Yo robé todo lo que llevaba ese asno encima… Hasta el asno era robado. Por eso se fue apenas se sintió aliviado.”

“Ya veo. Deben conocerte. Por eso nadie, excepto yo, bajó a darte una mano, y ahora míralos, corriendo bajo esta tormenta, a fin de llevarse los enseres que cargabas.

“En lugar del oro, que lastima la piedra, te dejaré robar el agua, que siempre fluirá en este arroyo para ti. Y todos esperarán tu regreso y serás dueña de la sed y de la calma.

“Nadie podrá quitarte tu carga, sólo la tierra. De ti dependerán los ciclos, las cosechas y mareas. Serás la Luna.”

Así explican en Liria, la aparición de la Luna en el horizonte.

Semillas que crecen en el calendario


I.

COMPLETAR LA HISTORIA

El paso del calendario juliano al gregoriano significó:

a) En los países de influencia católica, el salto del día jueves 4 de octubre de 1582 al día 15 de octubre de 1582;

b) En Francia y en el valle del Misisipi (en el actual territorio de los Estados Unidos), el salto del día jueves 4 de diciembre de 1582 al día viernes 15 de diciembre de 1582;

c) En ciertos territorios de los Países Bajos (Brabante, Zelanda y el Staten Generaal), el salto del día lunes 17 de diciembre de 1582 al día martes 28 de diciembre de 1582;

d) En el territorio actual de Bélgica, el salto del día jueves 20 de diciembre de 1582 al día viernes 31 de diciembre de 1582;

e) En ciertos otros territorios de los Países Bajos (Holanda, Flandes, Hanegan y algunas provincias del sur) el salto del viernes 21 de diciembre de 1582 al sábado 1° de enero de 1583;

f) En la zona de la actual Alemania, y en ciertos territorios de la actual Austria (Tirol, Salszburgo y Brescia) el salto del día sábado 5 de octubre de 1583 al día domingo 16 de octubre de 1583;

g) En ciertos otros territorios de la actual Austria (Carintia-Kärnten y Estiria-Steiermark), el salto del sábado 14 de diciembre de 1583 al domingo 25 de diciembre de 1583;

h) En ciertos otros territorios de los Países Bajos (Groninga) el salto del domingo 10 de febrero de 1583 al lunes 21 de febrero de 1583; y posteriormente, el salto del martes 31 de diciembre de 1700 al miércoles 12 de enero de 1701;

i) En los territorios de Bohemia, Moravia y Lusacia, el salto del  lunes 6 de enero de 1584 al martes 17 de enero de 1584.

j) En los cantones católicos de Suiza, el salto del sábado 11 de enero de 1584 al domingo 22 de enero de 1584;

k) En Slask, Silesia, el salto del domingo 12 de enero de 1584 al lunes 23 de enero de 1584;

l) En las posesiones españolas en América del Sur y Central, y en las Filipinas, el salto del viernes 4 de octubre  de 1583 al sábado 15 de octubre de 1583;

ll) En el territorio de la actual Hungría, el salto del sábado 21 de octubre de 1587 al domingo 1° de noviembre de 1587;

m) En la zona transilvana de Siebenbürgen-Ardeal-Erdély, el salto del lunes 14 de diciembre de 1590 al martes 25 de diciembre de 1590;

n) En la zona de Nueva Escocia (actual Canadá), el salto del miércoles 2 de septiembre de 1752 al jueves 14 de septiembre;

ñ) En la Prusia alemana, el salto del miércoles 22 de agosto de 1610 al jueves 2 de septiembre de 1610.

o) En la zona de Alemania protestante, Dinamarca y Noruega, el salto del domingo 18 de febrero de 1700 al lunes 1° de marzo de 1700;

p) En la zona de Güeldes-Delderland y la zona protestante holandesa, en los Países Bajos, el salto del domingo 30 de junio de 1700, al lunes 12 de julio de 1700;

q) En las zonas de Utrecht y Overijssel, también en los Países Bajos, el salto del sábado 30 de noviembre de 1700 al domingo 12 de diciembre de 1700;

r) En las zonas de Frisia y Groninga nuevamente (Países Bajos) de Berna, Basilea, Schaffhausen, Gent, Mühlhausen y Biel (Suiza), el salto del martes 31 de diciembre de 1700 al miércoles el miércoles 12 de enero de 1701;

s) En Drenthe (Países Bajos): el salto del miércoles 30 de abril de 1701 al jueves 12 de mayo de 1701;

t) En Inglaterra y sus colonias, el salto del miércoles 2 de septiembre de 1752 al jueves 14 de septiembre de 1752;

u) En Suecia y Finlandia, el salto del día miércoles 17 de febrero de 1753 al día jueves 1° de marzo de 1753;

v) En Bulgaria, el salto del día jueves 31 de marzo de 1916 al día viernes 14 de abril de 1916;

w) En Rusia y Estonia, el salto del miércoles 31 de enero de 1918 al 14 de febrero de 1918;

x) En Rumania, el salto del día domingo 31 de marzo de 1919 al día lunes 14 de abril de 1919;

y) En Grecia, el salto del día miércoles 15 de febrero de 1923, al jueves 1° de marzo de 1923

En consecuencia, la historia no tiene nada que contarnos de lo sucedido durante los días que fueron saltados. Es por tanto un deber de la literatura llenar ese espacio con sendos cuentos o novelas históricas que den cuenta de los hechos acaecidos en esos días. Para ello, resulta necesario convocar a escritores, historiadores, cronistas y narradores de cada uno de dichos territorios a llevar a cabo el trabajo de indagación, investigación, rescate e invención de los posibles relatos que hubieran tenido lugar en tales fechas imposibles.

Semillas que crecen en los senderos


I.

Alcanzar el horizonte es fácil. Basta con alejarse indefinidamente.

 

II.

Los trebejos construían caminos en la arena. Caminos que sólo duraban una tarde, en el mejor de los casos. Pero suficientes como para no perderse de vista.

 

III.

Hay una relación entre el camino y el tiempo tal que a más largo el camino, más aguda la espera.

 

IV.

En el agua o en el aire, las distancias se miden con sonidos. Pero esta burbuja tuya no sé si es de antes o de ahora.

 

V.

Si un animal pudiera correr más rápidamente que su grito, amanecería destrozado de desesperación.

 

VI.

El emperador de Broskov diseñó los caminos para que sus jardines no fueran nunca pisoteados. Él mismo era un blanco demasiado fácil en su jardín.

 

VII.

Todo marca un camino. El hilo de risa, la curva del ritmo, las venas de los brazos. Todos esos trazos, sones, vetas, signos, reconstruyen un mapa que sólo el deseo puede desenredar.

 

VIII.

Paso

tras

paso

siempre estás al borde.

 

IX.

Pero, si ya estuve aquí, por qué no me quedé a esperarme.

 

X.

Estás perdido cuando el paisaje comienza a repetirse.

 

XI.

El sendero que llega hasta cada uno de nosotros, es el único para el que estamos ciegos. Si no llegan a nosotros, desde otros, no podríamos nunca desandarlo.

 

XII.

Ir y volver

da la ilusión de inmortalidad.

Semillas que crecen en las tablas


Semillas que crecen en las tablas.

Raúl Alberto Ceruti 

I

Desde y hasta todas partes.

Apenas se abre el telón, aparecen allí los personajes.

El escenario es un animal rendido, que aguarda paciente los movimientos. El escenario es la marioneta, cuyos hilos maneja cada uno de los actores.

El cine permite ver como si se fuera uno solo. Permite seguir la mirada de uno solo. Permite enfocarse en la mirada de uno solo.

En teatro, en cambio, puede apostarse a la multiplicación inmediata.

Cuando el telón se abra, los personajes deben estar allí.

Que cada uno de ellos disperse y multiplique el yo. Cada uno de ellos es un sentido, una orientación, un pedido.

Hasta que el yo quede aniquilado. Y sólo pueda darse realidad a los encuentros.

Los personajes, cuando están separados, pueden hablar en un idioma extraño, más o menos intelegible en virtud de una, dos o tres palabras disparadas por azar (encuentros también con nuestro propio código idiomático).

Sólo cuando se acerquen los personajes, sus palabras tendrán sentido. Podrán tejer una historia, una sucesión, un compromiso.

La promesa fundadora del género humano es la de volver a encontrarse. Lo demás es espera.

II

Forma del saludo.

Sobre el escenario habrá cinco mesas, con dos sillas a cada lado, cada una de ellas. En una mesa, una pareja se estará despidiendo. En otra mesa, la más inestable, una pareja estará conversando. En otra mesa, una mujer sola hace un soliloquio. En otra mesa, un hombre solo intenta retener al mozo. Y habrá una última mesa, vacía, en el centro de la luz. De a uno por vez, se invitará al público a ocupar esa mesa, y se le dará un menú cuyo contenido no podrá revelar.

Una vez que haya pasado una buena cantidad de personas, uno de los personajes solitarios finalmente se sentará junto al que se encuentre en la mesa central. Lo mirará a los ojos y le dirá:

“Usted no existe. Hasta que hable conmigo”.

III

Pasados apresurados y venturosos

No hay recuerdos sin encuentros.

Melancolía es la esperanza de un recuerdo. El ruego de un recuerdo.

Los recuerdos son intransferibles. Y aguardan en secretas habitaciones ser despertados o descubiertos. Habitaciones de mil puertas, con cerrojos de extrañas combinaciones.

El cine, la poesía, el teatro, son intentos de forjar sus llaves. De allí que las mejores obras no sólo nos devuelven a lugares, sensaciones o momentos ya vividos; sino que preparan los nombres, las palabras, los pasillos y las luces y ventanas, que aún no habremos dicho, recorrido, asomado o abierto.

Generar un recuerdo, como si nunca hubiera estado allí.

IV

Entonces Tres Diálogos

“¿Qué haces aquí y ahora, enfrente mío?

“Aquí y ahora, solamente te recuerdo.”

“Pero aquí estoy, nunca me he ido.

“Que las puertas no se cierren detrás tuyo no quiere decir que no las hayas atravesado.”

“¿Cómo supiste que estaría aquí?

“No lo sabía. Sólo arriesgué mi beso hacia donde estaba tu boca. Y ella aún seguía allí”