Archive for the ‘Guiones’ Category

Finales de mundo


VOCERRANTE (41)

El fin del mundo

 

Apertura (Sobre “White ManSleeps II”, por KronosQuartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

 

Este es el cuadragésimo primer programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

 

Raúl

            Cuántas veces ocurrió el fin del mundo?

El fin del mundo es un suceso viejo, ajado y recorrido.

Cuántas veces hemos estado allí?

 

Daniel

En una tabla de la antigua Asiria, de alrededor del año 2800 antes de Cristo se puede leer: «En estos últimos tiempos nuestra tierra está degenerada. Hay señales que el mundo está llegando rápidamente a su fin. El cohecho y la corrupción son comunes».

 

Raúl

            En el año 1000, según una interpretación retroactiva que se realizó sobre el Evangelio de San Juan.

 

Daniel

En el año 1260 según el cálculo realizado por Joaquín De Fiore (42, número de generaciones desde Adán a Cristo, por 30, cantidad de años correspondiente a una generación)

 

Raúl

En el año 1284, según el Papa Inocencio III, por un mal cálculo efectuado con el número 666.

 

Daniel

Entre 1843 y 1844, según los estudios bíblicos supuestamente muy cuidadosos de William Miller, un agricultor de Nueva Inglaterra.

 

Raúl

En el año 1967, en el que            los Estados Unidos serían destruidos por un ataque soviético, de acuerdo al contactado por extraterrestres George Van Tasssel.

 

Daniel

            En el año 1984 de acuerdo a las supuestas “Crónicas de Akkakor”.

 

Raúl

En el año 1996, de acuerdo a los poderes psíquicos de Sheldan Nidle.

 

Daniel

En el año 1999 de acuerdo con Nostradamus y con una profecía apocalíptica de George Washington.

 

Raúl

En el año 2000, según los numerólogos que veían en la suma de los ceros la culminación del tiempo y del espacio; según los informáticos, que anunciaban como fatalidad lo que ellos mismos habían programado.

           

Daniel

En el año 2012, de acuerdo a una falseada profecía maya.

 

            Raúl

En el año 2014, de acuerdo a una supuesta profecía vikinga.

 

Daniel

O ahora mismo.

 

Raúl

Hubo una época, aunque incierta, en la cual la fantasía de los hombres indicaba que el mundo tenía límite. Un límite físico, a partir del cual te caías en el abismo. Entonces, el fin del mundo era un lugar. Un lugar adonde se podía llegar. Caminando.

 

Raúl

Cuando el límite del mundo era un lugar en el mundo, también el Paraíso estaba en él.

 

Daniel

Ya que era el final, pero el final de qué? El final de cuáles cosas?.

El final de lo conocido o de lo desconocido?

El límite de lo absurdamente incontestable, o de lo ansiado o de lo imposible?

 

Primer Tema: “Es la hora de los magos” de Jorge de La Vega, por Federico Manuel Peralta Ramos. (01:37)

 

Daniel

            A Giordano Bruno se lo ejecutó por afirmar que la Creación era infinita. Que no había límites ciertos en ningún lugar del Cosmos.

 

Raúl

            Más tarde, con la noción del tiempo acumulativo, lineal, ascendente, el fin del mundo ya no era un lugar al que llegar, sino un momento que se advenía. Más un corte que un límite, más un cese que un alcanzar.

 

Daniel            Así, el fin del mundo pasó a tener la característica de una profecía, más que la de una descripción. Algo así como una geografía del tiempo, que indicara los signos del advenimiento del final.

 

                        Raúl

            Más parecido al mar, entonces,

Más allá del punto en el que se abrupta el acantilado,

Como una energía inminente, incontrolable, impreciso, inasible, pero inexorable.

Límite como incertidumbre. Como no continuidad. Como sitio del verdadero e inmanejable, siempre rebelde, futuro.

 

Daniel

Cuántas veces ocurrió el fin del mundo?. Cada vez que alguien se lleva consigo una lengua, una voz, una mirada.

 

Raúl

Cuántas veces ocurrió el fin del mundo?. Cada vez que cerramos los ojos al pestañear.

 

Daniel

Por eso esa central melancolía que recorta las luces durante las lluvias.

 

Raúl

De allí la brutalidad de la esperanza.

La sagrada llama del deseo.

La boca abierta, más que los ojos.

 

Daniel

Nos apoyamos en nuestra caída.

Nos hace poderosos el bastón quebrado.

Nos obliga

A levantar la espalda.

 

Raúl

De allí la exasperación de la humildad,

Los exabruptos de misericordia,

Las manos que se introducen

como semillas en la tierra sorda

para sacarle un verbo como una flor,

para hacerla oír un grito como una fruta.

 

Segundo Tema: Eduardo Galeano lee “Qué tal si deliramos un ratito? (05:42)

Acabamos de escuchar…

 

Raúl

Jorge, estás ahí, en el lugar. Podés comentarnos lo que está sucediendo.

 

Daniel

            Sí, efectivamente, estamos en el fin del mundo. La teoría de la Tierra Plana era correcta, Jorge. Aquí si seguimos avanzando nos caeríamos en un vacío interminable.

 

Raúl

            Qué dice la gente del lugar? Cómo es que logran vivir en un sitio así, de esa naturaleza, tan riesgosa?

 

Daniel

            La gente está tranquila, Jorge. Aseguran que es así todo el tiempo. Que cada paso que damos en la vida es un nuevo abismo.

 

Raúl  

            Pero en ese caso ese abismo es literal, Jorge!

 

Daniel

            Así es, pero no acusan preocupación alguna por el hecho. Dicen que es como vivir a la vera del ferrocarril. Llega un momento en que ya no se escucha su paso. Lo mismo, aducen, ocurre con el abismo que se abre aquí nomás, a unos centímetros de donde estoy.

Raúl

            Te podés asomar, Jorge?

 

Daniel

Ahora está pasando la gente al lado mío, y algunos desprevenidos van cayendo en forma sucesiva uno tras otro, liviana y exitosamente.

 

Raúl

            ¿Cómo es eso? ¿Nadie evita la caída?

 

Daniel

            No. Algunos la orillean. Llegan hasta el punto del abismo, meten la pata y con una sonrisa de disculpa vuelven para atrás. Pero no hay carteles ni advertencias. Todo se maneja de una forma muy natural, casi al descuido.

 

Raúl

            Tenemos conexión con otra situación de fin del mundo. Adelante Jorge.

 

Daniel

            Así es, Jorge. Aquí también, se están viviendo momentos de fin de mundo. Estamos en Maravillas.

 

Raúl

            En exclusiva, y para todo el país estamos transmitiendo en directo, dos fines del mundo simultáneo. Son las cosas que nos permite la tecnología de la conexión digital.

¿Y cómo se vive ahí el fin del mundo, Jorge?.

 

Daniel

            Aquí todas las princesas se han casado con el príncipe, y el mundo acabó de golpe. Ninguna de ellas tiene ya nada que hacer.

Los príncipes por su parte, ya han liquidado a todos los malvados y por su parte, sólo engordan y mandan, apoltronados en sus tronos.

 

Raúl (de lejos)

            Atención atención, tenemos el fin del mundo en Brindstom!

 

Raúl

Otro fin del mundo que se reporta. Estamos en directo, señores.

¿Jorge? ¿Estás en Brindstom? Contame.

 

Daniel

Jorge acaba de desaparecer, Jorge. Te habla Jorge. Estamos en Brindstom cubriendo el fin del mundo local.

 

Raúl

Cómo lo están viviendo por allí, Jorge?

 

Daniel

Muy bien. Están todos con sus mejores galas, intentando dar la mejor imagen de sí mismos antes de desaparecer en una corriente espiralada que se los va chupando, Jorge. Vienen te digo de todas partes. Nadie quiere quedarse afuera.

 

Raúl

Qué notable lo que contás, Jorge. Qué bueno que podamos estar ahí brindando en exclusiva este testimonio del fin del mundo.

 

Daniel

Atención estudios. Atención. Pido salir al aire, por favor…

 

Raúl

Un mensaje desesperado de nuestro compañero Jorge. ¿Dónde te encontrás en este momento? ¿Qué está sucediendo allí?

 

Daniel

Estoy en el fin del mundo, Jorge.

 

Raúl

Pero dónde Jorge, aclaranos. Hemos estado recibiendo reportes del fin del mundo desde distintos puntos del Universo.

 

Daniel

Poco importa eso ahora, Jorge. Estamos en lo que era la intersección de las avenidas 93 y 94, en la ciudad de Kodak.

 

Raúl

Contanos, entonces, Jorge, cómo se está viviendo el fin del mundo en Kodak.

 

Daniel 

Bueno, aquí, todo está ocurriendo muy rápido. Casi en forma instantánea. Hemos tenido que refugiarnos con el equipo de transmisión en una garita, ya que la fuerza entrópica es aplastante. Efectiva y aplastante, Jorge.

 

Raúl

¿Cómo es eso de la fuerza entrópica, Jorge? Así le explicamos a nuestros oyentes.

 

Daniel

Tiene la forma de una altísima música tecno. Permanente y perniciosa, cuyo ritmo viene repitiéndose incesantemente desde hace ya más de tres días.

 

Raúl

¿Hay suicidios?

 

Daniel

Es que no se diferencian aquí los suicidios de la muerte por disipación, Jorge. Todo es uno. Pero llamativamente no hay quién controle esta situación.

 

Raúl (lejano)

¿Jorge, estás ahí?

¿Jorge estás ahí?

 

Daniel

Aquí estoy Jorge. Adelante, Jorge.

 

Raúl

Esto es terrible, Jorge. Estamos en el fin del mundo. Aparentemente en la oficina N° 444 del edificio Manhattan se resguarda la última taza de café del planeta.

 

Daniel

¡No es posible!…

 

Raúl

Así es, Jorge. La última taza de café, después de la incineración de todas las plantas de café del mundo debido a un virus piromaníaco, provocado por causas desconocidas, está siendo resguardada en una pequeña oficina, a cargo de cuatro ignotos empleados, que apenas atinaron a cerrar la puerta, frente a la amenaza de cientos y cientos de personas que ya se acercan a derribarla.

Los empleados no saben qué hacer. Si tomarse la taza, si publicarla en el mercado, pedir acciones, salvoconductos o hacerla operar en bolsa.

Mientras tanto, el mundo, tal como lo conocemos, Jorge, está por desaparecer.

 

Daniel

Lamentable lo que contás, Jorge. Muy lamentable. Completo la información que nos suminstrás, Jorge. Nos acaba de llegar un cable que indicaría que según fuentes altamente confiables, también estarían escaseando los clips metálicos, por una extraña alineación magnética que ha provocado su retraimiento hacia sectores rurales, donde no reciben uso alguno.

 

Raúl

Este es Jorge. Jorge, Jorge. Estoy en vivo. En el fin del mundo

 

Daniel

Contame Jorge. Ya son nueve los fines del mundo cubiertos en vivo y en directo para todo el país. Adelante. ¿Cómo va la cosa por allá?

 

Raúl

            El ambiente es de tensa calma, Jorge. Mucha expectativa porque acaban de cumplirse nueve de las diez señales del final que profetizara John Uri Fraudman: Lluvia con Sol, diez granos de arena negra, choque múltiple, hoja de roble con forma de sauce, el 13 a la cabeza por decimotercera vez consecutiva en la quiniela de la lotería oficial, un cospel antiguo que funciona en un teléfono celular, un mate frío abandonado, y un papel de regalo envuelto en papel de regalo en el interior de una caja de primeros auxilios.

 

                                                                                                          Daniel

Contame Jorge qué está haciendo la gente, la gente Jorge, en estos momentos.

 

Raúl

Espera, Jorge. Esa fue la indicación de su líder material y espiritual, el Comodoro 64. No se puede hacer otra cosa. No se tiene que hacer otra cosa, ya que todo está sucediendo conforme a lo esperado.

 

Daniel

¿Cuál es el signo que falta, Jorge? Para completar los diez que darían cuenta del fin del mundo…

 

Raúl

Se espera por un suspiro. El último suspiro. Todos están aquí en silencio y expectantes. Se espera por un suspiro que sería el último. Hasta ahora no, repito no ha tenido lugar. Pero puede estar ocurriendo de un momento a otro. Estaremos en contacto.

 

Tercer Tema: “Down by the muddy river”, de Laurie Anderson. (03:07)

Acabamos de escuchar:

 

Daniel

Te agradezco Jorge el completísimo informe.

Y bien… El planeta está de gala. Estamos recorriendo de punta a punta, de este a oeste, a medida que el Sol se va desplazando, todos los fines del mundo que se vienen reportando desde nuestros distintos puestos de corresponsalía. En vivo, en directo. Por este dial. El mismo por donde escuchaste el recital de Brandon Marfor y viviste la entrega de premios de la Academia de Oxford.

Nos atiborran de mensajes. Desde todas partes. Pero así como llegan, se desvanecen, por lo que no podemos darle lectura.

 

Raúl

Del mismo modo en que la palabra se disipa en el aire, se pierden los contornos de las formas en la noche, se disuelven los recuerdos en una memoria antigua, así estas voces sólo pueden ser recuperadas en tu boca. Ya no en las nuestras que van quedando atrás atrás atrás atrás… en una interminable lista que persiste al infinito.

Danos finitud. Danos límite. Danos entorno, figura, trazo, materia…

Las voces añoran estar ahí, donde te quedes

Escuchando.

Las voces que quieren transformar en verbos a todas las cosas del mundo.

Y los verbos como manos. Y los verbos todos como asuntos manuales. Marcados con las manos, dibujados con las manos, amasados por las manos, construidos con las manos.

Las manos que escuchan, porque han diseñado el oído.

Las manos que dictan, porque han aprendido a escribir.

 

Daniel

            El mundo vuelve a nacer, una y otra vez, merced al trabajo, en orden al trabajo, por compromiso, vocación y sentido del trabajo. Del trabajo necesario y constante.

Los pescadores hacen los peces, el río, y el mar y la rivera. Los vigías marineros trazan ahora la franja del horizonte. Los que escriben reciben las letras de las palabras y las palabras de las voces y las voces del trabajo de las bocas y los labios.

Las gargantas abren el espacio.

Y los párpados introducen el silencio.

 

Cuarto tema: “Escrito con un nictógrafo”, de Arturo Carrera, en la voz de Alejandra Pizarnik. (03:23)

Acabamos de escuchar…

 

Raúl

            Ya pueden volver a abrir los ojos. La oscuridad ahora sólo es un eco de la noche. La noche que nos dio el calor, el fuego, la cercanía y el trabajo de los signos.

 

Daniel

            Los signos que en la órbita de nuestra esfera celeste, y en el reflejo del agua de un límpido mar, inocentemente libran las estrellas.

Las estrellas, que creen iluminar solas y únicas un Universo oculto.

Pero que sólo son expresión de nuestra ávida locura, de nuestra terrible, absurda, manifiesta aversión al vacío.

 

Raúl

“Inventar el regreso del mundo

después de su desaparición.

E inventar un regreso a ese mundo

desde nuestra desaparición.

Y reunir las dos memorias,

para juntar todos los detalles.

 

“Hay que ponerle pruebas al infinito

para ver si resiste.”

 

Roberto Juarroz, 112.

 

Cierre           

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por Il Giardino Armonico): (Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

BABELIA


Emisión N° 40 de VOCERRANTE.

 

VOCERRANTE (40)

Babelia

 

Apertura (Sobre “White ManSleeps II”, por KronosQuartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

 

Este es el cuadragésimo programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

 

Sobre la Pieza N° 9 de las 10 Piezas fáciles para piano de Zbigniew Presiner

 

Raúl

            Como en una dicción desafinada…

 

Daniel            Mi voz

 

Raúl

            Tu voz

 

Daniel

Tu voz, la voz

 

Raúl

Mi voz, tus voces

 

Daniel

Esta…

 

Raúl

…y no otra…

 

Daniel

…voz…

                                                                                                                                 Raúl

Como en una dicción desafinada oímos nuestras voces en otros…

 

Daniel

… Oímos en otras voces las nuestras…

 

Raúl

…Oímos a los otros en nuestras voces…

 

Daniel

… Nuestras voces los oyen…

 

Raúl

… Las voces de los otros oyen nuestras voces…

 

Daniel

Podemos saber del crepitar de la palabra

Del mate de la palabra,

De mano en mano, de boca en boca, de noche a noche…

 

Raúl

La palabra como un río que nos atraviesa, desnudando, sorprendiendo, entrelazando todos los silencios.

Como en una dicción desafinada, otras palabras suenan a nuestras palabras, o dicen lo que en ellas queremos que se escuche.

Heredera de toda vibración, de todo ritmo, de todo grito, la articulación verbal es obra de las vértebras, tan manual como la confección del fuego, o la molienda de la harina o el amasado del pan.

 

Daniel

Cada voz tiene todos los significados del mundo. Pero sólo uno que se quiere decir.

La confusión ocurre cuando todos quieren decir LO MISMO. Y allí surge entonces el sentido amonedado.

 

Raúl

            La confusión ocurre cuando ya no hay voces. Sólo un friso.

 

                                                                                                                                 Daniel

            Cuando lo dicho se independiza del sonido, de la vibración, del cuerpo, de la boca.

            Cuando el decir ya no es un verbo, sino una etiqueta, un rótulo, o una marca.

 

Raúl

            Al principio fue el ritmo.

Luego el baile.

Luego las canciones.

… Y entonces la prosa.

Para recordarlos. Para retenerlos. Para fijarlos, transmitirlos, para llevarlos de un lado al otro.

Al principio fue la poesía. Llena de sentidos, gritos, mediasombras, apostillas, gestos y súplicas, luz, morada y calor.

Las voces desprendidas al mismo tiempo de la lengua y de las cosas.

 

Daniel

            Hasta que se impuso la Torre.

 

Raúl

Atención Jorge… Periodistas acreditados en el lugar informan de un inminente hallazgo arqueológico en Auvernia. Se han detectado varios túmulos superpuestos que corresponderían a las capas de una inmensa torre, ejecutada en forma escalonada como los tradicionales zigurats, pero en sucesivas épocas.

 

Daniel

Así es Jorge, testimonios indubitables señalan que aquí habría estado asentada la legendaria Torre de Babel. Escuchemos los relatos.

 

Raúl

Todo empezó con las piedras. El estrato inferior, o Primer Estrato, está completamente formado de piedras. Piedras de todo color, procedencia y textura. Piedras de bajo el mar, de la cima de la montaña, del fondo de las cuevas, del lecho de los ríos. Una piedra blanca, otra gris, otra verde, otra azul, otra amarilla… Sostenían y se sostenían agrupándose, amontonándose, ocupando los intersticios del espacio espalda con espalda.

Cada piedra de cada sitio, de cada lugar, de cada camino.

Era una fiesta la llegada de una nueva piedra. Todas distintas, todas llenas de rarezas, de impurezas, de delicadas junturas y complicado encastre.

Iban circulando de mano en mano y la última mano la colocaba. Toda piedra era dispuesta entre las otras, como otra piedra fundamental.

Luego, sobre las piedras fueron colocando ladrillos. Ladrillos que eran largamente trabajados con el barro modelado bajo todos los soles de los páramos.

 

Daniel

            En efecto, Jorge, de acuerdo a los arqueólogos, cada estrato marca una época en la construcción de la Torre, así como en las condiciones sociales de sus constructores.

 

Raúl

Así, por ejemplo, el Quinto Estrato está formado de maderas, coincidente con la etapa de colonización de los bosques colindantes.

El Décimo Estrato está formado de armas de hierro, yuxtapuestas y trabadas, coincidente con el final de la Edad del Bronce y el principio de los dominios unilaterales.

El Decimocuarto Estrado está formado de huesos. Sólo huesos, unos sobre otros, engarzados, unos contra otros, coincidentes con la época de las grandes masacres.

El Decimoquinto Estrato está formado de maíces. Diversos colores, tamaños y textura de maíces. Coincidentes con el Saqueo de América.

El Decimonoveno Estrato está formado de plomo. Grandes y pesadas capas de plomo, coincidentes con el aprovechamiento del combustible fósil.

 

Daniel

            A medida que se sucedían los estratos, llevaba menos tiempo su construcción. Menos personas. Y menos materiales.

Se buscaba alcanzar la lengua perfecta.

La lengua que no necesite desambiguación.

Aquella que resulte exacta, precisa, transparente.

Inexorable como la guadaña.

 

Raúl

            La lengua perfecta, logicizable, cuantificable, clasificante.

Que ponga a cada cosa en su lugar, sin salirse de sus márgenes.

Que prescinda de los caprichos de la sátira, los meandros del humor, los sigilos de la seducción, las extensiones de la polisemia.

Que prescinda de accidentes de la historia, de intenciones, de género, de número, de tiempo…

Que prescinda del verbo, a fin de desadmitir todas las transformaciones, cualquiera de los movimientos.

La lengua perfecta, inhumana, insensible. La lengua de azulejos blancos. Pura, inmaculada, sin voces ni lenguas, sólo datos.

 

                                                                                                                                 Daniel

El Vigésimo Tercer Estrato está formado de papeles. Papel, pulpa de papel, fibra de papel. Tan sólo y nada más que papeles. Coincidentes con el fetichismo de las normas.

El Vigésimo Séptimo Estrato está formado de pieles. Coincidente con el deshollamiento del silencio.

El Trigésimo Estrato, de alas de coleópteros y de mariposas. Coindicentes con la persecución de cualquier deseo.

El Trigésimo Cuarto Estrato, de vientos y llamas superpuestas y encadenadas. Coincidentes con la desaparición de las voces.

El Trigésimo Séptimo Estrato, de superficies pulidas hasta el extremo del espejo. Como una ilusión de la existencia.

 

Raúl

Los Estratos se están develando por primera vez al mundo desde las excavaciones de Auvernia, que comenzaron hace apenas unos meses. El sitio de emplazamiento de la Torre de Babel siempre había sido una incógnita no rebelada, que finalmente aparecería a la luz a raíz de esta llamativa estructura de Treinta y Nueve superficies, cada una de las cuales supone un punto de abstracción respecto de las anteriores. Y por consiguiente pérdida de significado.

 

Daniel

Cuando alcanzamos el último estrato, éramos apenas poleas y palancas. Te volví a buscar entre las multitudes que atravesaban muy rápidamente a través de los reflejos, los haces de luz, y las pulsiones de una belleza normada, recortada, única, correcta… Y buscaba tu nombre entre todas las tarjetas, los diarios, los letreros, los zócalos de televisión, los subtítulos, las redes sociales de internet, los registros policiales, judiciales, escolares, palaciegos…

Y sin embargo no, no podía dar contigo.

Hasta que dejé de buscar tu nombre, y escuché, allí, mezclada, compartida, precisa y sonoramente, tu voz. Tu voz volvía a encontrarse con toda la serie de mis recuerdos. Y allí estabas pronunciando, con esa voz, nada menos que el apelativo en el que entonces nos llamábamos.

 

                                                                                                                                 Daniel

De Alejandra Pizarnick:

“¿Cómo se llama el nombre?

Un color como un ataúd, una transparencia que no atravesarás.

¿Y cómo es posible no saber tanto?”

 

 

Raúl

Seguiremos en contacto, Jorge.

Mientras tanto, escuchemos, de Bobby McFerrin y Roger Treece, “Messages”, cuyo texto está escrito en latín, italiano, sánscrito, zulú, español, ruso, hebreo, portugués, mandarín, japonés, francés, árabe, alemán, inglés, gaélico y un idioma artificial ad-hoc inventado por el propio McFerrin.

 

Primer Tema: “Messages” (11:00)

Acabamos de escuchar, de Bobby McFerrin y Roger Treece, “Messages”, con las voces de sus creadores, más Lisa Fischer; Joey Blake; Kim Nazarian: LaTanya Hall: vocals; Luciana Souza: Albert Hera; Peter Eldridge; Alexandra Montano; Andrea Figallo: Katie Campbell; Kristina Boerger; Amelia Watkins; Aubrey Johnson; David Root; Fletcher Sheridan; Mark Johnson; Michele Eaton;  Michelle Mailhot Vines; Ryland Angel; Elizabeth Farnum; Gayla Morgan; Michael Steinburger; Michele Weir; Richard; Theo Bleckmann:; Thom Baker; más Alex Acuna en percusión; Donny McCaslin en saxophone; y Pedro Eustache en flautas.

 

                                                                                                         

Daniel

            La palabra es criatura viva, naciendo, ramificándose, multiplicándose, diversificándose, mezclándose, apareándose, aunándose, derramándose, fructificándose. Dentro y afuera de todas las bocas.

 

Raúl

En todo el mundo, de acuerdo a un informe de la Unesco, se encuentran en peligro de extinción más de seis mil lenguas. Más de seis mil modos de decir, de vivir, de narrar la vida. Más de seis mil modos de contar y de saber la historia. Más de seis mil modos de ser en el decir, de decirse y significar al Universo.

 

En Argentina, se han identificado dieciocho en peligro de extinción. Así, el kutza, el avá guaraní, el chaná, el chorote, el guaraní boliviano, el puelche, el manjui, el mapuche argentino, el guaraní mbyá, el mocoví, el ona, el pilagá, el quechua de Santiago, el tapieté, el tehuelche, el toba, el vilela y el wichí.

 

Daniel

“Verdad” en idioma kutza suena “Kéltchar”. Y “Vida” en kutza suena “Kausama”.

 

Raúl

En el idioma “avá guaraní” estar de pie es es sencillamente “A”.

 

Daniel

En el idioma chaná, “Yogüin” es el fuego. Al humo se lo llama “vanatí yogüin”, “el hijo del fuego que hacía llorar al que quemaba”

 

            Raúl

En idioma chorote “vida” se dice “Ji wasankiye”, y “verdad”, ”ijiatki”. “Si lijwas” quiere decir “los que hablan nuestro idioma”.

 

Daniel

En el idioma guaraní de Bolivia, al hombre blanco se le dice “karái”.

 

Raúl

            En idioma puelche hay una palabra para el viento del este: “ga’ na aiyu”. Y la expresión “voy a cantar” se dice de una sola vez: “tshikumüléuak”

 

Daniel

            En idioma manjui hay una palabra para la canción del amanecer: “Ilhumane”

 

Raúl

En el idioma mapuche de nuestro sur hay una palabra para “abrir los ojos”. Se dice “lelikelen”. Y nuestra Vía Láctea se llama “Repuapew”.

 

                                                                                                          Daniel

En el idioma mbya guaraní, la palabra “rojerovia” es “depositar la confianza”, “vida” y “costumbre” se llaman con la misma voz “teko”.

 

Raúl

En idioma mocoví, “verdad” es “ilic”; y “caoc” es el nombre de la mentira y de lo incorrecto. Y el viento del norte se llama   “huaquiaxaic”.

 

Daniel

En idioma selknam, u ona, el Sol es “Kre”, y la Luna, “Kren”.

 

Raúl

El verbo vilela presenta siete categorías flexionales: persona, modo, tiempo, aspecto, negación, número e interrogación”.

 

Daniel

Con la voz “Ujtais” se dan las gracias en idioma wichí. Y con la voz “chiwolla” se dan los buenos días.

 

Raúl

En la gramática pilagá, hay cuatro diferencias en orden al número: singular, dual, de varios, y colectivo. La palabra pilagá para nuestro mismo Sol, “katena”; y para nuestra misma Luna, “aworoik”, no poseen género gramatical. Sin embargo, al sol se lo personifica como a una mujer y a la luna como a un hombre.

Daniel

En el idioma quichua de Santiago del Estero, “Llantuyai” es el verbo de la sombra.

Ilusión en este idioma es “Llachi”. Pero esta expresión ha caído en desuso por sus hablantes.

 

Raúl 

“Shi-manino-re a-mbo’e  a-ï he(se) kwep”, en idioma tapieté es “A mis nietos les estoy enseñando siempre”

 

Daniel

En tehuelche “Shogel” es la palabra para “Verdad”. Y hay un nombre para la noche común, “ensken”, y otro para la noche oscura: “ktenon”.

 

Raúl

En idioma toba, “nakaltawek” alude a la persona viva. Al viviente. “Nowet”, en ese mismo idioma, son los “espíritus auxiliares”.

 

Daniel

Quienes guardan en ellos una lengua, una palabra, una cita, un sabor, un idioma, tienen un mundo dentro.

 

Raúl

“Habla también tú, aunque fueras el último que hablase” – Paul Celan.

 

Daniel

“Los chaná fueron un pueblo que habitó las costas de los ríos Uruguay y Paraná desde hace unos 2000 años (…) hasta la llegada de los españoles.

“Don Blas asegura ser heredero de la familia de los “hombres superiores” de los chaná, aquellos que por condición de nacimiento estaban habilitados para ejercer el cacicazgo de su pueblo, algo muy similar a los criterios de nobleza. Tan es así que, asegura, los españoles respetaron la vida de sus familiares, pero se produjo una fuerte censura hacia las costumbres chaná acuñadas durante miles de años. “A los chicos que hablaban chaná les cortaban la lengua o les pinchaban un ojo, así que en poco tiempo ya nadie escuchó hablar esta lengua”, dice. Sin embargo, las mujeres chaná establecieron durante cientos de años un pacto secreto: le enseñarían a sus hijas la lengua y las costumbres con el objetivo de que no se perdieran, pero debían mantenerlas en absoluto silencio. Jaime accedió a tal tesoro cultural porque todas sus hermanas murieron y durante casi 15 años su madre lo adiestró en esa cultura con lecciones y exámenes nocturnos.

Don Blas creía (…) que no era el único depositario de la lengua, y que en el momento de decidir hacerlo público, habría muchos descendientes que sacarían su conocimiento del letargo. Hace unos diez años –al cumplir 70, cuando decidió dar a conocer su secreto–, se encontró con que esa lengua estaba dada por perdida por antropólogos y lingüistas. (…) Hasta el momento, y pese a los enormes esfuerzos institucionales, no apareció otro hablante chaná.”

(Historia de Blas Jaime, “El último hablante de la lengua chaná”, nota de Roy Villani, publicada en Tiempo Argentino, el 20 de abril de 2014).

 

Raúl

“Cristina Calderón es de las pocas personas que en este mundo tienen el carácter de Tesoro Humano Vivo, denominación otorgada por la Unesco en el año 2003. Esto porque es la última habitante nacida y criada según las costumbres ancestrales y que tuvo contacto directo con sus antepasados antes de que desaparecieran y porque además habla el idioma de ellos, a la vez que se ha esmerado en trasmitirlo a sus descendientes.

“Cristina Calderón nació en 1928 en el sector denominado Bahía Róbalo, en la Isla Navarino, uno de los postreros bastiones en los que vivieron los yámanas o yaganes antes de su casi total extinción. Claro que hablar de yámanas puede ser un poco arbitrario porque actualmente, después de la depredación de la que fueron víctimas los aborígenes del extremo sur chileno y argentino, no queda nadie étnicamente puro. Nadie que pueda vanagloriarse de ser representante de esa raza que sobrevivió varios milenios en las condiciones más adversas que se pueda imaginar, hasta que llegó la “civilización”.

“Lo que hace diferente a Cristina es que tuvo contacto con antepasados que, de una u otra forma, fueron víctimas del holocausto y que sabe hablar el idioma, o uno de los idiomas o una mezcla de los idiomas que se hablaban en la zona antes de la aparición de los colonos, verdugos de su raza, y que ha intentado transmitir a sus siete hijos, catorce nietos e innumerables bisnietos, lo mismo que la historia de su pueblo y las costumbres.

“Con 87 años y junto a su nieta Cristina Zárraga, está trabajando en la confección de un diccionario que permita perpetuar su léxico que, entre sus curiosidades, contiene la palabra que figura en el Libro de Récords de Guinness como la más concisa del mundo, porque involucra en sí misma el más completo concepto: Mamihlapinatapai, que se traduce como “una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar”.

“También junto a su nieta publicó un libro llamado Hai Kur Mamašu Shis (Quiero contarte un cuento) con historias y leyendas de los yaganes.

“Los yaganes o yámanas poblaron la isla de Tierra del Fuego ─según la teoría más aceptada─ se calcula que desde el año 1.000 AC (otros hablan del 6.000 AC). Compartían este territorio con otras dos tribus, los selknam (onas) y los haush. La misma teoría sugiere que todos eran de origen tehuelche, que a su vez venían siendo empujados desde el norte por otras culturas descendientes de las que atravesaron a América por el Estrecho de Bering.

“Los yaganes ocupaban el extremo suroeste de ese inhóspito territorio, aledaño al Canal de Beagle, incluida la Isla Navarino y otros islotes cercanos. Los selknam, que aparentemente fueron los más numerosos, se asentaban en lo que se podría llamar la meseta central y el extremo norte, hasta el Estrecho de Magallanes, zona que en alguna época fue boscosa, mientras que los haush fueron acorralados por los selknam en el extremo oriental de la isla. Las tres tribus hablaban dialectos distintos, aunque con una raíz común. También compartían algunas costumbres, ciertas divinidades y ritos religiosos

”Lo concreto es que hasta el arribo de los invasores europeos estos aborígenes vivieron en relativa paz, adaptándose al clima endemoniado de la región y sobreviviendo de la pesca, de las ballenas que capturaban o que varaban en la costa y de los lobos marinos que proporcionaban alimento, ropaje y el calor de su grasa. Se supone que durante el primer período de poblamiento también cazaban guanacos que vivían entre los bosques, así como otros animales terrestres. Pero aparentemente la sobreexplotación pronto causó el exterminio de flora y fauna. Nunca supieron de agricultura y las embarcaciones de fibras vegetales entrelazadas que fabricaban no tenían la resistencia necesaria para largas travesías en los procelosos mares australes, aunque para desplazarse por distancias mayores y para la caza de la ballena utilizaban unas canoas construidas con cortezas de árboles. Cuando el tiempo lo permitía, familias completas se movían en esas embarcaciones alcanzando grandes distancias, pero en general eran presos de su entorno.

“Los intentos de colonizar el estratégico Estrecho de Magallanes por parte de españoles, británicos y holandeses, durante los siglos XVI, XVII y XVIII fracasaron porque los colonos jamás se pudieron aclimatar y porque los indígenas, sintiéndose agredidos, los atacaban con sus rústicas armas. Pero con la llegada del siglo XIX aparecieron armas mejores. Además, se descubrieron en Tierra del Fuego algunos yacimientos auríferos y los ingleses vieron que el territorio era muy apto para la ganadería ovina. Con todos estos elementos, la codicia pudo más y quedó servida la mesa para el exterminio. De los cuatro mil habitantes calculados hacia 1860, a fines de siglo no quedaban más de setecientos.

“Con el ánimo de parar la matanza, unos sacerdotes salesianos, los padres Fagnano y De Agostini, solicitaron al gobierno chileno que les cediera la Isla Dawson para establecer ahí una colonia con los aborígenes sobrevivientes, pero lo que no habían hecho las armas lo hicieron las enfermedades importadas por los colonos. La viruela y la tuberculosis terminaron con ellos en veinte años.
Por supuesto y como suele ocurrir cuando se enfrenta a un enemigo común, las tres tribus originarias de la isla se fusionaron para defenderse, por lo que poco a poco el mestizaje entre ellos fue haciendo desparecer a los más débiles. Hoy, para referirse a los habitantes de esas latitudes, se habla de los “onas” y ya en el siglo XIX se utilizaba esta denominación que abarcaba no sólo a los insulares, sino que también a los habitantes del norte cercano del Estrecho de Magallanes. O sea que de los primitivos habitantes de esas tierras no quedó ni siquiera su verdadero nombre, rescatado posteriormente por investigadores, antropólogos y arqueólogos.

“Mucho se ha escrito sobre la masacre de las tribus australes y no es el ánimo de esta crónica resaltar ese doloroso tema, pero se hace necesario mencionarlo para poder evaluar mejor la importancia del esfuerzo de Cristina Calderón para perpetuar la memoria de sus antepasados.

“Desde 1960 vive en Villa Ukika, una reservación ubicada a dos kilómetros de Puerto Williams, donde se dedica a la cestería. Ahí mora en una casa de madera, junto a una cincuentena de descendientes en mayor o menor grado de los primitivos habitantes de la zona. Cerca vive Lidia, una de sus hijas, monitora en una escuela del sector, donde enseña a los niños el idioma y las costumbres de sus ancestros, conocimientos que ella recibió de su madre.

“Gracias a doña Cristina Calderón y a su familia es muy posible que se conserven para la posteridad el lenguaje y los rasgos de esta cultura prácticamente desaparecida. Esta valerosa mujer ha recibido varios honores. Además de ser Tesoro Humano Vivo, es Hija Ilustre de la Región de Magallanes y Antártica Chilena y fue seleccionada como una de las 50 mujeres representativas del Bicentenario de la República de Chile.

-Publicado en “El oregiverde”, diario de los pueblos indígenas, el primero de abril de 2016, por Fernando Lizama-Murphy. Fecha: 1/4/2016.

 

Segundo Tema: “Chapie Zuichupa”, de Doménico Zípoli. (02:24). Acabamos de escuchar, de Doménico Zípoli, “Chapie Zuichupa”, por el Ensemble Louis Berger, dirigido por Ricardo Massum. En idioma chiquitano.

 

Daniel

DER ANDERE

Tiefere Wunden als mir

schlug dir das Schweigen,

grössere Sterne

spinnen dich ein in das Netz ihrer Blicke,

weissere Asche

liegt auf dem Wort, dem du glaubtest

  • Paul Celan.

Raúl

“EL OTRO”

Heridas más profundas que a mí

te causó el silencio,

mayores estrellas

te urden en la red de sus miradas,

más blanca ceniza

yace en la palabra que tu creíste”

  • Paul Celan

 

Cierre           

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por Il Giardino Armonico):

(Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

Semillas que crecen en el éter 12


“Vocerrante 12 – Voces como labios”

VOCERRANTE (12)

Voces como labios

 

Apertura (Sobre “White Man Sleeps II”, por Kronos Quartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

(Raúl)

Este es el duodécimo programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

            Las voces que alguna vez se exhalaron siguen ahí.

Las voces que alguna vez se agotaron siguen ahí.

Las voces que alguna vez se pulsaron siguen ahí.

Acompañan las secretas y constantes vibraciones.

Irrumpen, se disuelven, se desarman, se aguantan, se sostienen, se multiplican. En acordes de voces, en palabras vibradas.

Voces como labios. Labios como cuerdas. Cuerdas como el aire.

El aire, el agua, la materia fluida, aérea, viscosa o granular, las sostienen y transportan. Durante mucho, mucho tiempo más allá de cuando fueron pronunciadas.

Las voces se desprenden de sus emisores. Alcanzando lugares y momentos divergentes, convergentes, habitables o inhóspitos.

Un túmulo de arena, una tela de araña, una membrana, un manojo de granos, una corteza descascarada, una nuez, una veta de mármol. Todo puede ser depósito o reposo de esas voces acuciantes.

Las voces en el aire vuelan, se disipan y propagan, formando nuevas y generosas contorsiones, asociaciones y entrelazamientos.

Las voces se encuentran, independientes de sus rostros, sentidos y funciones. Funciones y pulsiones e intenciones desandadas, descargadas y perdidas. Sentidos olvidados o caídos. Las voces solas, levantadas como algas sueltas en un océano dormido.

En el programa de hoy, oiremos esas voces, esas palabras sueltas, desarmadas, alejadas de todo centro, fuente o emisor.

Voces que fueron rescatadas del sopor, del olvido, del hastío o de la indolencia. Voces que fueron revividas por el roce de una mano descuidada, el sonido de la rotura casual de un cristal, o por una melodía extraviada.

Voces arañadas de una roca, voces arrancadas de una pared. Voces adheridas a los huesos y a las sombras.

Voces que se despiertan entonces en un mundo extraño. Al que han sido lanzadas, sin embargo, a la sobrevida.

En el pequeño drama de volver a asirse.

Paola

Lejos, fuera, todo ajeno. No hay un sitio que nos levante, que nos pronuncie, que nos frecuente. Todo es un rodeo. Un inmenso rodeo en el que estar buscando.

Y el único objeto de ese movimiento persecutorio es el anhelo.

Objeto y distancia a la vez. Fui o soy la voz de alguien, sin el alguien a quien pertenecerle. Voz que recuerda un aire confuso, con mezcla de cirios y sangre, mezcladas en la materia del sonido.

Castigo y resistencia a la vez. Fui o soy la voz de alguien, afirmada contra todos los fuegos encendidos.

Alrededor, alrededor, como una sombra.

Sin sitio donde volver,

arrojada a la

sentencia.

Daniel

            Quisiera volver a la noche que me dio estas palabras. Aunque sea la noche sola, sí, sólo la noche. Aunque sea sin el cuerpo y sin la carne. Volver a compartir ese rocío que me dio la húmeda materialidad del sonido.

Volver a la noche, aunque sea sólo a la noche, si no es posible a la boca, o a los labios, o a la garganta.

Fernando

Recuerdo una mirada distraída sobre el mar. Y no recuerdo si la mirada o el mar era más inmensa o inmenso.

Recuerdo la sal del grito descalzándose en la bruma. Un grito que me dio la sed y la forma.

Raúl

            Es una trampa. No hay ya nada más que voces. Pronunciadas fuimos hace siglos, milenios, eones… Y las bocas antiguas ya no son nada.

Solamente voces sueltas. Voces sueltas como vientos, levantando la arena. Y lo que creemos son los cuerpos que nos pronuncian, no lo son, sino arena.

Paola

Recuerdo el viaje desde y hacia los pulmones. Un inmenso y violento llenarse de aire y de sabores, dulces, amargos, agrios y rupestres. Y luego el lanzamiento, tibio y feroz contra las cuerdas vocales. Para habitar la cuenca de la boca. Y rozar la trama áspera de los labios, en un mareo de lenguas y de dientes. Las palabras amorosas, temblorosas… y audaces.

Lanzadas como flechas sobre el orden del silencio.

 

Fernando

            Recuerdo más bien las nervaduras. Los cordeles firmes y sucios y ajados. Pero ninguno de sus extremos. No sé ya bien qué cosa ataban a qué cosa en los navíos por los que me criaron, fuerte, orgullosa, supersticiosa y paciente. Voces de babor a estribor, voces de furor y de espanto.

Voces abrazadas a una tormenta, y voces enfrentadas a un tifón.

Daniel

Un halo rodeaba la Luna esa precisa y perdida noche de otoño.

Un halo parecido al modo en que fui parida.

Una voz largamente trabajada, modelada, construida.

Esta voz que como una persignación aún sola peregrina.

La voz que partió de un sitio que no estaba en la boca de donde fui extraída.

No, una voz que formaba parte de algo que no era aquello que pulsaba por nombrarse, sino el pulso. El mismo pulso que hacía imposible retenerla.

Raúl

            Emisiones de radio que se cruzan en la atmósfera. Compartiendo el espacio de las alas y la lluvia.

De aquí y de allí, en este o en aquel idioma. En todos los idiomas. Voces sueltas, descarnadas, descastadas, desprovistas de emisor y de destinatario.

Voces como labios, labios como nervios, nervios como el aire.

Voces como verbos. Verbos sueltos reclamando órganos. Verbos sueltos entregando toda su montura por un soplo de piel.

Paola

Puedo recuperarme desde los costados de un dolor, que todavía persiste. O desde los límites de una alegría que no cesa.

Soy el texto desangrado y la voz genuina. Soy el tiempo desechado, pero la niebla disipada.

Fernando

El vigía en el extremo del mástil superior, no busca el dibujo de la costa recortado contra el mar.

Busca la palabra “Tierra”. Busca la frase “¡Tierra a la Vista!”.

Raúl

Soy en donde

Sueno.

Ni campana, ni badajo. Sólo el tono. El tono,

Y la tensión.

Paola

Buscar un cuerpo es buscar el sitio en el que la memoria.

Pero la memoria es ubicua.

No tiene centro, locación ni efeméride.

Aquello que recuerdo puede no haber pasado nunca.

Y sin embargo doler.

Fernando

El navío no habla. Pero mis sonidos tienen el chirrido de sus tablones sobre la brea.

Llegar a tierra es poder partir de nuevo.

Hay corrientes de sonido así como las hay de los océanos.

Corrientes de sonido que nos levantan y pronuncian y disipan.

Corrientes de sonido que a veces impactan contra los acantilados. O caen vencidas en los surcos del camino.

Daniel

Esa noche había un ruego. Un ruego que se estiraba y repetía.

Un ruego insistente que

llegaba

por los descuidados intersticios de las sombras.

Raúl

Buscan las palabras un dónde que es un quién que es un cuándo.

Pero las voces no pueden andar sin perseguirse, destejerse y enredarse.

Vuelo de labios sueltos de la cara.

Vuelo de lenguas sueltas de la boca.

Vuelo de raíces anudadas.

Primer Tema: de “Musica ricercatta”, de Gyorgy  ¨LIgety, el N° VII, “Cantabile molto legato”, por Pierre Laurent Aimard (03:50)

Acabamos de escuchar de “Musica ricercatta”, de Gyorgy  ¨LIgety, el N° VII, “Cantabile molto legato”, por Pierre Laurent Aimard

Paola

            Voy arrastrada en el eco de mi grito. Para hallar el origen del silencio.

Allí donde pueda no haber más.

Allí donde pueda no haber más llanto, golpe, pena y desconsuelo.

La memoria es lenta y abundante.

Como una lluvia de gotas pesadas y viscosas.

La memoria muerde, tiembla, late,

Tiene la mirada de una vértebra musgosa.

Daniel

Volver no es igual que haber estado.

Volver ahora es atravesarse.

Volver, dejar volver, es permitirse, arrancarse, confundir el ser con el deseo.

Hay una cadena de brazos que tienden hacia mí su súplica.

Tiro de ellos pero

nunca

sobreviene la cabeza.

Fernando

Ahora que el mar es parte de mí, puedo empujar hacia la costa mi navío.

Si alguien llama, desde cualquier sitio, si alguien requiere mi llegada a tiempo,  es que soy el héroe.

Raúl  

 

            Los principios trágico, épico y romántico, se buscan, se entrelazan, se pronuncian.

Uno tras otro tienden sus trampas, sus vicios, y agonías.

Baltazar

            Un origen retiene a estas voces.

Un origen que al mismo tiempo los atrae y los espanta.

Paola

            Fui (soy) seré arrojada a un saco en compañía de un gallo, un perro y una serpiente. Fui (soy) seré arrojada en una hoguera. Fui (soy) seré abandonada en las calles. Fui (soy) seré arrastrada por caballos. Fui (soy) seré lanzada al agua atada a una piedra. Fui (soy) seré encerrada en calabozos, marcada a fuego, lacerada, lapidada, forzada, escondida.

Porque dudé al momento de seguir al hombre y abandonarlo todo a una ira que castiga lo mismo que provoca, vuelvo mi cabeza hacia atrás, ofreciendo el cuello al descubierto…

…Fui (soy) seré la efigie de sal.

Daniel

Para esa Luna, trajeron ante mí a la condenada.

Luna y condena eran las dos una sola palidez.

Las dos tenían signos de ya haber sido castigadas.

Las dos tenían signos de una espera enorme.

Vi en sus ojos que, sin embargo, no esperaba nada de mí.

Así que levanté mi mano…

Fernando

            El héroe es la palabra a tiempo. El viento que tira de las velas en el segundo en el que el navío naufraga. La caída de una lluvia abrupta sobre el depósito de pólvora. El desplome de todos los muros sobre cada pelotón de fusilamiento.

Raúl

            La  lógica es lineal, y por lo mismo, ausente.

Las voces se procuran los caminos del hallazgo, más que los recorridos del espacio y el tiempo.

Sobre “Abbey of St. Peter´s…

Si el sueño de la razón engendra monstruos,

lo nuestro es la vigilia del deseo.

            La espuma del mar amanece.

Trae un sonido distinto, como el de un nuevo nacimiento.

Es el mar ahora el que mueve las campanas.

Paola

No lo agradezco.

No agradezco el perdón que nace de la ofensa,

de la sumisión,

o de la agonía.

No agradezco la indulgencia del que acompaña la culpa.

No agradezco la magnanimidad del que puede liquidarme.

Daniel

            ¿Cómo aceptamos que un gesto tan insignificante, como el de un trazo en un papel, un dedo en el aire, puedan decidir entre la vida y la muerte?.

¿Cómo aceptamos que un atavío confiera el poder de descorrer todos los cerrojos de una vida?

¿Cómo aceptamos que una palabra

transforme a una voz en un hato de imprecaciones?

Así que quité de mí los atavíos del cargo, la misión y los honores, aparté de mí los signos y los pliegos del proceso, y puse mis manos abiertas en el aire, expuestas a lo que ella pudiera sostener.

Fernando

Un acantilado recibió el desplome de las olas.

Las amarras del navío se desaferraron.

Sólo la espuma. Sólo la espuma ofrecía líneas, trazos, rasgos como venas en las que defenderse.

Una madera rota flotando, al costado del naufragio.

Ese es el héroe.

 

Raúl

            Ella, ante la mano levantada de él, al verlo allí, al verlos allí, cada uno de sus dedos flacos, nudosos, acicalados, perfectos, como diez verdugos desarmados, como diez raquíticos hambrientos, apuntó al que parecía estar ahogado, hinchado, padeciendo… Y le mordió el dedo del anillo.

Segundo Tema: Bagatela N° III, de las Seis Bagatelas para Quinteto de Cuerdas de György Ligeti., por el London Winds. (02:38)

Acabamos de escuchar la Bagatela N° III, de las Seis Bagatelas para Quinteto de Cuerdas de György Ligeti., por el London Winds.

 

Daniel

            No existe el mal, sino la vergüenza. Y a ésta hay que buscarla entre los trastos escondidos y apartados. Donde sea el mando un disimulo de la ignorancia, y el triunfo la desaparición de la víctima.

El poder es el ocultamiento del poder. El nervio de su látigo está en sus miserias. Nadie quiere exhibir sus basurales; hacer una vasta exposición de sus malos olores. Por eso una moral lava la otra, y las dos lavan el nombre. La vergüenza se violenta, porque no entiende el humor. No encierra, esconde. No entiende, aparta. No cura, justifica. No mejora, explica. Detrás de los muros, se encierra la mala consciencia de los que aún permanecen afuera.

La beneficencia nunca ha sido vista, ni puede serlo, como revolucionaria. Así que es la única dirección posible hacia el derrotado. La lástima es el gesto con que se arrinconan las culpas.

Conquistar los palacios y los templos no es el modo de apropiarse de los mandos de un gobierno. Sí acaso, tomar las cárceles, lazaretos, albergues para ancianos, cementerios, cotolengos, hospicios y reformatorios, sea poner al descubierto todas sus debilidades.

Quien amenaza con la risa de un monstruo, ejecuta ante el imperio un acto subversivo. Que no exige al poder, sino que lo pone en evidencia. Allí está el lodoso arsenal con que construye su hegemonía. Levantar las límpidas paredes y hallar debajo los gusanos que las sostienen.

Mostrar los basurales como un bastión, una conquista, un compromiso. Que la hipócrita inmovilidad disfrute de sus deshechos. Y se celebre el desprecio, y se organicen fanfarronas soledades.

Lo no-otro del poder. La quiebra de la voluntad. La decepción por abundancia.

Los restos de las comilonas como toda experiencia del dominio.

 

Paola

Haciendo un círculo en rededor de la mesa, nos tomamos las manos, pulgares contra meñiques, como alguien que sabe lo que hace, y comenzamos a realizar la invocación.

Oscura, paciente, medulosamente se van trazando y disponiendo los signos y fonemas. Las luces apagadas. El miedo descorriendo uno a uno los pesados telones de la noche. Largas vibraciones encogidas, fluctuaciones de lo agudo a lo grave, en las que poco a poco vamos coincidiendo. Una nítida, contusa tela cae sobre nosotros, reteniendo en su áspero tacto la tensión de los órganos. Un olor dulce y quemado interviene como un turbio resquemor de leños húmedos. Poco a poco el delicado azufre se perdiga entre junturas, goznes y bisagras. Vibra la mesa, se agitan las cortinas. Extrañas formaciones de sombras enmohecen sobre las paredes. Señales de un silencio cavernoso y tremulante.

Se dibuja, tenue, un contorno, apenas desteñido el aire de un rosa viejo. Continúan vahos y sentidos percibidos entre lodos deshilados. Tierra vieja, descubierta y carcomida. Todos buscamos retener esa forma que agoniza en las pupilas enfrentadas. En medio de la mesa, a unos veinte o treinta centímetros de la tabla, una figura acrece en remolinos zigzagueantes. Detenida, mas, como arrastrada a esa permanencia innatural.

Constreñida, de pie, perdida y desencajada.

Algunos minutos después cobra lugar la substanciación del

chancho.

 

Raúl

En una época que los ságiros llaman Elocuente, proliferaban los milagros.

Entonces era costumbre llegar al extremo del abismo para ser recogido en el aire. Quien padecía de un dolor de hombros, arrancábase el brazo, con la seguridad de su reintegro. Los sedientos golpeaban la roca. Los hambrientos mascaban la raíz de su propia lengua. Quienes iban a caerse se arrojaban. Quienes iban a injuriarse se mataban.

En salvaje soledad vivían los necios. Y en excitado devenir los penitentes. Quien no veía, se arrancaba el ojo. Quien dormía, confiaba despertar. Aquellos que se herían, sin más se desangraban. Por cualquier padecer se moría. Todo el aire te inundaba. Se reía perdiendo la razón, y encontrándola más calma a su término. Se reía perdiendo identidad, esparcidos los nervios y expandidas las entrañas.

Luego vinieron las especialidades, la representación, la medicina; y con ellas la morosidad, la distancia y el letargo.

 

Fernando

¿Un mundo antigramatical?. Poblaciones o geografías donde los adverbios modifiquen a los sustantivos, y los adjetivos a los verbos. Poblaciones o geografías donde no se acompañen el género y el número.

Sitios, excavaciones, profundidades, recodos, donde pueda comenzarse una oración con una coma. Descubrir en los estratos minerales un verbo inconjugable.

Hallar debajo de la corteza, artículos que designen modos o lugares, preposiciones errátiles, adjetivos neutros. Concebir un sistema donde cada sustantivo sólo pueda ser usado como objeto indirecto. Encontrar, con cuchara de espeleólogo, cadenas de tres o cuatro verbos, uno después del otro.

Que el predicado de un sujeto sea otro sujeto. Dar explicaciones con los paréntesis hacia afuera. Insertar guiones cuando nadie va a hablar. Una narración discontinua, sin otro sostén que la mirada. Descripciones donde nada pueda asirse. Diálogos donde nadie pueda culminar una oración. Movimientos que posean nombres propios. Cualidades que transformen la sustancia. Accidentes que definan la constancia. Enunciados que interroguen. Gestos que conformen el cuerpo.

La risa es contradicción. Forma en acto.

Acto en ser.

Es posible la antigramaticalidad, pero sólo en el decurso, no en el discurso.

Las reglas no alcanzan a los sucesos.

Y sólo lo impreciso resulta habitable.

 

Daniel

Así como se puede oír una hilvanada melodía a ciertas horas de la siesta o de la noche, en la conjunción y sucesión de los ruidos pasajeros… Una puerta, una ventana, un perro; una bocina, unos chicos corriendo, un silbato, un tren que pasa a lo lejos, un chirrido, una caída, el viento atravesando los intersticios de las ventanas…

Así también se puede construir una hilvanada historia, en la conjunción de gestos, impulsiones y miradas.

Paola

Alguien de pie sobre una pila de escombros, sonríe. Alguien, de pie frente a una puerta, ignora el timbre y golpea tres veces. Alguien cruza la calle en puntas de pie. Alguien revisa la página de un periódico tirada en el suelo.

Alguien da un paso de baile en la calle. Alguien se da vuelta para ver a alguien. Alguien repasa mentalmente una absurda melodía. Alguien atiende su teléfono.

Todo ocurre de manera improvisada, pero conexa.

Todo ocurre de un modo preciso y coreográfico.

Confluencia de contingencias.

Quien sonríe sonríe al que se da vuelta.

Quien golpea tres veces marca el ritmo de la melodía.

Quien cruza la calle arrojó el periódico que lo difamaba.

Quien atiende el llamado choca con el bailarín.

Fernando

Hojas sueltas de viejas agendas.

Fragmentos desasidos de citas nunca concretadas.

Datos vencidos de una revista de moda.

Fotos ajadas de antiguas y fugaces personalidades.

Labios sueltos. Desprendidos de sus voces.

Voces vagabundas. Desprendidas de sus textos.

Como recordar el aria de una ópera perdida.

Tercer Tema: Zefiretti, che susurrate, aria de una ópera desconocida, de Antonio Vivaldi, por Cecilia Bartoli (07:40)

Acabamos de escuchar Zefiretti, che susurrate, aria de una ópera desconocida, de Antonio Vivaldi, por Cecilia Bartoli

Raúl

Los sirevaines practican la disección del vacío. Cada época límite (cambio de las cosechas, renovación de Lunas), se dirigen al Pozo de Bir-Salaim, una depresión profunda a pocos kilómetros de la aldea, y colocando un hacha de ampuloso filo horizontal, al bisel de su diámetro, comienzan a trazar un corte del través, al que atribuyen propiedades epistemológicas:

A partir de allí se dan el permiso de pensar en blanco y negro, fin y principio, mal y bien.

Se cuenta que en cuanto el hacha quede suspendida sobre el vacío,

todo lo seguro desaparecerá

y sólo podrá apoyarse cada cual sobre la herida del otro.”

 

                                                                                                                                                                                                                                                                  Fernando

El viento desplaza el horizonte.

Su soplo deshace

la boca partida

en sus dos labios,

Desencarna las voces pronunciadas

Y las pone a temblar en los candiles,

A rodear los campanarios.

Terribles tenuidades

Tejiendo rastros en la calle

Adhiriéndose a las hojas

Y a los bordes de todas

las caídas.

Fibras susurrantes,

Niebla murmurada.

Una memoria difusa, distante, como

La memoria de haber muerto.

Una huida y un regreso al mismo instante.

Deslizándose por las entradas y salidas de un desierto.

Daniel

Sobre lo que quede de nosotros:

No ya la palabra, sino la voz.

La voz como sentido, verbo, vibración.

O sólo el timbre.

El timbre de una voz que dejara testimonio

De una presencia.

No ya el timbre, sino el temblor,

La raíz de tu sonido, el canto, la emoción.

O sólo el gesto.

El gesto de un silencio que pudiera

Pronunciarse.

No ya el temblor, sino la boca.

La boca como huella, herida o cicatriz

De los sonidos que creemos hacer con ella.

Un viento arcilloso nos moldea

Como el soplo vital.

 

Paola

El milagro de la voz dormida

El secreto del guijarro lleno de versos.

Esta lluvia estará llena de regresos.

Esta voz será habitada.

Fernando

Las palabras hallarán las voces, buceando entre los textos y los cantos y las llamas.

Las voces hallarán los labios.

Los rastrojos están llenos de miradas.

Esta voz será habitada.

 

Daniel

Esta colina llega hasta su roca más baja.

Paola

Este árbol trepa hasta su raíz.

Fernando

Este barco está hecho de espuma.

Raúl

Esta voz será habitada.

Fernando: En las voces habitan las voces.

Paola: Las voces son habitadas por las voces.

Raúl: Las voces son la habitación de las voces.

Paola: Esta

Daniel: Voz

Fernando: Será

Raúl: Habitada.

Cierre

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por IlGiardinoArmonico):

(Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

Semillas que crecen en el éter 11


“Vocerrante 11 – Humoralia”

VOCERRANTE (11)

Apertura (Sobre “White Man Sleeps II”, por Kronos Quartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

Raúl

Este es el undécimo programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

Al principio se reía sonora, crudamente, con un fuerte reluctar de las vocales. Se prodigaba la risa en eructos y en exultaciones. Sin embargo, no ofendía, ya que era un modo del sentirse junto, de ser con otros. Más tarde, los modales reservaron para las clases populares esa soberana demostración de contento; mientras que príncipes y caballeros, de puertas adentro en sus palacios, buscaron el estilo apropiado para herir sin ofender. Luego, la burocracia advino con su fardo de traición e histeria. Desde entonces se reiría a ocultas, disfrutándose de espaldas. Ya no habrían las bocas generosas, abiertas y genuinas. Nada más que un tembloroso amaneramiento. La voz cerrada, en secreta y cuidadosa complicidad. Veladas risillas del hipócrita, socarrones de la envidia; siempre la boca reservada, los labios replegados. Desde entonces se reiría para adentro, incapaces de formar un signo. Máscara comida. Conformidad que contamina las palabras y las obras. Lástima, desprecio y limosna, ocupando los sitiales que una vez correspondieran a la gracia. Y no resulta común el sacudimiento estentóreo, ni el frenesí grupal que conmovía en otros tiempos. Cada quien, ríe para sí, egoísmo en la célula del darse. Del estar presente. Del ser con alguien. Los humores, como espectros, atraviesan las ciudades con silencio respetuoso. Desapercibidos.

Llueve, por ejemplo, pero poco importa que en cada gota se reproduzca tu rostro, deformado, como en una botella. Arrojado al suelo que alimenta de verdes pastizales. Festivales de intrascendencias.

Daniel

¿Cuándo, quién fue el primer hombre que ante un mamut, un triceratops, un pterodáctilo, no lanzó un gemido lastimero, o un refucilo desafiante, sino la ferviente y animosa carcajada?.

¿Cuándo, quién fue el primer hombre que lidiando con el fuego, afilando las puntas de su pedernal, se lastimó, y en lugar de un sacudido postulado de improperios, liberó en el estallido de una franca risotada, la espina de su estupidez?.

Raúl

El Universo se mueve. Por eso su estructura no puede pensarse desde los elementos, estáticos y permanentes, sino desde los principios, dinámicos e impulsores.

Así, se puede pensar al Universo como empujado y guiado por el principio épico, arriesgado y violento; por el principio romántico, apasionado y noble; por el principio trágico, abrupto y lascerante; y por el principio cómico, fresco y espontáneo.

Daniel

Fragmentos de la Épica:

Prestas, viriles, recias, combativas, las tropas se dirigen hacia el campo de batalla. Se miden desde lejos. Se huelen, se anticipan. Cada uno elige a su enemigo próximo.

Entonces, extraen de sus faltriqueras una caja de fósforos. Se va cerrando la línea. Quedan frente a frente. Raspan las cabezas de los fósforos en sus cajas, y las blanden contra los cabellos y las telas inflamables de sus enemigos. Soplan a la vez, hacia uno y otro lado. Soplan con dureza.

Los rostros concentrados y la boca fruncida.

Raúl

Aquí la vanidad de la estrategia, los juegos descorridos de la metódica avaricia. La lucha abstracta, sin el peso de la tierra.

Daniel

Sibael será siempre recordado entre los mésuros. Cierta vez cuando el partido se encontraba aún cero a cero (entonces se jugaba hasta el primer gol, lo que podía llevar unos pocos minutos o también toda la tarde), detuvo la dura pelota (entonces se hacían de piedra porosa) con el pecho, y llevándola a los pies, la fue trasladando a lo largo de todo el campo de juego (que entonces se extendía hasta donde se pudiera perseguir al  adversario), escapándose uno a uno de los jugadores del contrario, alejándose, entre el agotamiento, la sed y la esperanza. Perdido para todos, ausente por exasperación, marcó un tanto en algún sitio, y perdió la vida.

Raúl

Aquí la burla y trascendencia de la victoria, comunicada a los hados inescrutables. Inhumanidad y sobrevida.

 

Daniel

Combatían duramente en la guerra de las dos murallas. Unos y otros arengados por los gritos de los generales y camaradas, y el olor penetrante del metal y de la sangre. Sin embargo, cuando ya la angustia superó a la indignación y el dolor a la bravura, hizo falta, que desde algún sitio de la lucha, alguien dijera:

¡Adelante!

Raúl

El lenguaje de la épica comienza con el cansancio.

Daniel

Fragmentos de lo Romántico:

Abmiel cambiaba de formas, así como Dogdena. Ambos eran la representación, en la mitología ganchení, de los modos del amanecer y los de la lluvia, del vuelo de las nubes y el de los océanos. Siempre distintos pero indubitables. Una categoría que nuestra civilización occidental aún no ha podido sintetizar en una sola palabra. Eran lo único y diverso, lo estático y cambiante. Se amaban todos los días, bajo diferentes formas, variándose, escondiéndose, entregándose. Así, los que a la mañana se amaban como un trozo de pan y un canario, a la tarde lo hacían como un guijarro deshaciéndose en arena, y a la noche como una estela que se marcha por el lodo.

Raúl

Aquí, la gracia de lo paradójico, sirviendo de sustento a lo constante. La danza  invariable mueve a la fuente que prodiga.

Daniel

Hymnis comienza a acariciarla, la besa suavemente. La diosa, áspera y nerviosa en un comienzo, más tarde cede, relajada. Hymnis la penetra, dulce, se hamaca en forma circular por sobre ella, de tal modo que roza alternativamente sus piernas y sus pechos.

Zamni queda adormecida, y en el sosegado transcurrir de su deseo, alcanza finalmente un sueño profundo. Allí los nervios alertados, la lengua viva, cada uno de los tendones insertos en el lento devaneo de Hymnis, humedece la arena de los cuerpos. Despéjanse las nubes alejadas, confórmanse planetas redondeados. Dispérsanse el sudor, las escamas, las estrellas, por la bóveda que forman con sus arcos. Hasta que Zamni despierta, a través de sus cabellos encarnados

Amanece: Así fueron la noche y el día.

Raúl

Aquí, la confusión, por amor, de contenido y continente, cerca y lejos, dentro y fuera.

Daniel

Está inclinado el Universo, cuentan los ueleiches. A través de inmensos atajos, desniveles, fallas y pasadizos, los tiempos se comunican. No son reales las cosas, sino lo  ue las anuda o encuentra. No es verdad la mano ni el rostro, sino la caricia. Así, las fiestas resultan atractores de acontecimientos. En la celebración del Trueno, todos vociferan y desbordan. Hasta que de los destrozos resulten unos hilos gestuales, desde los que reconstruirse.

Se hacen las casas y las riquezas hacia dentro, hacia el espacio en que se

escondan todas las miserias. Pero huyen los amantes donde se pueda estar desnudo y hacia afuera.

Raúl

El lenguaje de lo romántico comienza con el silencio.

 

Daniel

Fragmentos de lo Trágico:

Franz Brodes, era el único médico occidental que había llegado a la aldea de los protnies. Y fue él quien causó la epidemia de influenza que cobró decenas de vidas entre ellos. Un guerrero le lanzó una piedra, acusándolo de portador de un misterioso mal. La mujer de este guerrero precisó más tarde de sus antibióticos, pero nada pudo hacerse:  Desde aquella herida de piedra, Brodes había quedado inconsciente.

Raúl

Aquí la unión de cura y enfermedad, la trágica traición por concausa, consciente e inevitable.

Daniel

Los soberanos de los tridles debían, por ostentación del cargo y por definición de investidura, conocer toda la trama de sucesos hasta el fin de su mandato. Por ello eran tan firmes en hacer cumplir pequeñas decisiones: No jugar con palos largos, no beber agua turbia, no casarse entre parientes de hasta el quinto grado, lavar la comida, llevar las uñas limpias, acomodar los juguetes. Y había pena de descuartizamiento para los desobedientes, único modo de neutralizar el encadenamiento de causas que podían llevar a la catástrofe.

Raúl

Aquí, lo trágico pequeño. Lo trágico por proyección o peligro. El arrastre de una consciencia por los pantanos de la culpa inconcebible. La mínima responsabilidad, y todo el remordimiento.

Daniel

Los zabulares contaban que, antiguamente, sus ancestros se comunicaban por medio de señales mínimas y exactas. Con gestos simples, leves movimientos, rasgos claros, de acuerdo al horizonte y el paisaje, podían transmitirse las nociones más complejas. Sin embargo, un rayo descargado desde un cielo vengativo, apartó de golpe las miradas y atenciones, y desvió las impresiones de los gestos. Confundió los gritos y  arrumbó rostro contra piedra. Abierta una grieta vertical entre los hombres, los ritmos y las sincronías de su comunicación acabaron por romperse. Cada cual comenzó a buscar a los suyos y sus cosas. Nadie ni nada contestaba, ni parecía darse cuenta de los otros. Como vieran que era inútil entenderse francamente con los ojos y las manos, debieron intentar con la palabra: “¡Ayuda!”.

Raúl

Así, el lenguaje de lo trágico, proviene de la indiferencia.

Daniel

Fragmentos de lo cómico

            Los fajineros, de uniforme rojo, amarillo y verde, llevaban un abultado y extenso conflicto con los desovos, de uniforme verde, amarillo y rojo. Los enfrentamientos armados se remontaban a veinte o treinta siglos. Sus banderas, sus emblemas, escudos y estandartes, se habían enfrentado en las estepas, en el mar y en la campiña.

Al fin, el último de los comandantes de los fajineros fue cercado por los desovos, al término de una descomunal y sangrienta batalla.

Droblam era su nombre.

Y bien sabía Droblam que todo estaba perdido, cuando le fue requerida su presencia a fin de presentar su formal rendición, por el comandante desovo.

Con mucha parsimonia Droblam se encaminó a la puerta de su tienda y al asomarse sólo se dirigió hacia su par de las filas enemigas. A su alrededor, los signos de la derrota eran inapelables, minuciosos y horribles.

Una vez lo suficientemente cerca de él, para que pudiera escucharlo sin alzar demasiado su potente voz, le dijo:

“Sólo un uniforme separa la victoria de la derrota”.

Inmediatamente, arrancó de su chaqueta un botón con la insignia de su ejército y se lo ofreció al líder vencedor, diciendo:

“Por favor, colóquese este botón en su chaqueta. Aquí tiene hilo y aguja”.

Su par accedió, recibiéndolo con gesto adusto, colocándose el botón sobre el bolsillo superior izquierdo.

“Al menos ese botón habrá triunfado”.

Raúl

            Aquí, la reducción de un penoso triunfo a un mero dato de etiqueta. Lo cómico por exposición, la denostación por evidencia.

Daniel

Fue una de las más grandes explosiones que hubiéramos jamás escuchado. Una enorme confusión provocaron los gritos, las alarmas y las voces de apremio, sorpresa y alerta que recorrieron entonces la ciudad, desde el centro hasta el sitio más alejado de sus periferias.

Acababa de hacer erupción, una erupción brutal, violenta, rutilante el Volcán de la Comunicación.

Entonces ocurrió una enorme, generosa y triunfal distribución de palabras. Cada uno hizo un paquete con las que pudo ir recogiendo, y no se cansaba de mirarlas, pronunciarlas y repetirlas para sí y para todos.

Esas palabras graves, encerradas durante tanto tiempo en el magma del centro de la tierra; esas palabras con Mayúsculas, porque nadie las había visto fuera de sus dominios particulares, aparecían detrás de una manzana, o dándole pequeñas vueltas a un hilo.

Así, en la sopa de letras de Rosagrís, podías encontrarte a la Verdad, formada por cuatro fideos dedalitos. Y compartíamos el mate con algunas migas de Justicia en el pan.

Raúl

Aquí lo cómico por detalle y exactitud. Cuando el milagro encaja con lo necesario, por pura casualidad o coincidencia.

Daniel

La final tenía que jugarse.

El campeonato había durado todo el año, y finalmente, los hinchas, los periodistas, los dirigentes, los jugadores, los aficionados, los curiosos, y el público en general, estaban muy ansiosos por saber el resultado final, la definición de tantas mañanas, tardes y noches de azares, hazañas, esfuerzo y compromiso. ¿Por qué el hecho de haber estallado la guerra civil, por motivos ajenos, espúreos y egoístas, iba a impedir que el partido se llevara a cabo?. ¿Y por qué iba a ser un nuevo impedimento la entrada en guerra con la República de Gloston?.

Así, ya fuera por la inercia, ya por el entusiasmo, se jugó la gran final entre Deportivo Gardifusa y el Ornitorrinco Sports. Y el partido, que debió ser suspendido por bombardeos a poco de empezado el primer tiempo, por reclutamiento, apenas se puso el Sol, por ocupación, por fusilamientos, por uso del estadio como hospital de campaña y como sede de tres cuarteles generales, duró algo así como 297 días, batiendo todos los records de memoria, registro o paciencia.

El partido, denominado también “El partido de las dos guerras” tuvo importantes consecuencias para el Derecho Internacional. Así por ejemplo, cláusulas como “El rebote de  pelota en tanque enemigo  sólo es  gol si el arquero contrario o la defensa correspondiente la tocan con cualquier parte de su cuerpo, excepto con las manos”; o “el fusilamiento del arquero por crímenes de guerra no permite su renovación, excepto por un héroe nacional”; o “sustituida la pelota por una bomba gana el partido el equipo que menos la toque”; o “bombardeo en línea defensiva vale penal”, se originan en estos hechos. Así también la libertad e inmunidad del aguatero, el carácter de territorio no beligerante de la zona media de la cancha, el salvoconducto presunto de los delanteros y el permiso a portar armas de fuego para los defensores.

Aquí lo cómico por contraste entre lo calmo y lo violento, entre la parodia y el documento, en la perceptible continuidad de las urgencias.

Daniel

El humor se yergue sobre lo inevitable, sobre lo indiscutido, sobre lo necesario.

No aceptar lo dado como dado. Aún el muerto puede dar que hablar.

No aceptar lo natural como natural. Aún las luces mienten.

Ni la verdad como verdad. Aún los dioses se equivocan.

Raúl

El lenguaje de lo cómico comienza con la rebeldía.

Primer Tema: Monkeys´s paw, de y por Laurie Anderson (04:35)

Acabamos de escuchar “Monkey´s paw de y por Laurie Anderson.

Daniel

Imagínese un cambio radical de nuestro entorno:

  1. Suponga nada más que no hay debajo. Nos encontraríamos permanentemente en caída libre. Unos y otros, incluso las cosas. Encontrarse sería cuestión de décimas de segundo. Procurarse algo sería caérsele encima. El tiempo sería vertical y la sucesión, de los débiles a los pesados. Todo contacto sería fugaz, casi furtivo. Regalar una rosa sería arrojarla con fuerza.
  2. O imagine no haber detrás. Todo el tiempo, todos, mirándonos de frente. Intimidación inevitable. Como apoyados en paredes paralelas. Todo a la vista. Anulación de todas las presentaciones. Imposibilidad del abrazo. Se andaría como quien transporta consigo su silla, puerta, manzana, lecho, cobija, aparador. 3. O piense nomás las atroces consecuencias de un no haber arriba. Debería uno acostarse para que los brazos pudieran dirigirse a la cabeza.

Aplique el sistema lógico de cualquiera de estos desarrollos a su circunstancia real, y hará humor inevitable. De allí, el carácter metafísico de la gracia cómica.

Raúl

Recoger la risa, como el vestido desgastado de una mujer. Levantar del suelo la delicadeza. Armar con sus retazos una muñeca de trapo. Fijar las partes de su cuerpo de un modo insostenible. Que dance destartalada. Como los duendes preparados con arena y piel de goma, abriéndose las panzas reventando de alegría. Recoger la risa como perlas de un collar infinito. El vino derramado y todos los sudores. Recoger la risa con el vaso vacío y la piel efervescente. Como se levantan las flaquezas.

Gotas de la noche derramadas por el día.

Daniel

Hay algo en la risa que te desparrama, desordena, descuartiza. Una garra magnífica que te toma desde cada parte. Saltos pequeños, sueltas contorsiones. Entrega y egoísmo. Rompimiento que sea asimismo una amalgama. Nervadura desnuda e imposible que retiene, en sus extremos, a la hoja verde. Una grieta en la columna vertebral del hombre, que se abre rascando la planta del pié.

La épica, tornada hacia lo cómico, es la victoria absoluta del débil contra el indudable poderoso. Un ciempiés que derriba a un elefante. Un automóvil que choca contra una oruga. Un insecto contra un avión. Un gotero de agua contra el fuego.

Raúl

Un circo interpreta las cuatro representaciones de lo cómico:

Lo cómico equívoco. Incomodidad que se refiere a una confusión entre dos o más líneas de acciones. Alguien cree que está con quien no está. Alguien emprende la consecución de un resultado cuya causa ha puesto otro. Alguien inserta su devenir con el de otro, ignorante de éste.

Lo cómico yuxtapuesto: Los violentos contrastes entre una realidad y su forma, o entre dos realidades anulables entre sí, expresivos del ridículo de su alternativa.

Lo cómico por dislate: Una misma categoría que se subdivide en forma  anárquica. La lógica de lo ilógico y la razón de la ruptura. La afirmación imposible.

Lo cómico por asunción. Allí donde el absurdo es inserto en el rostro, mueca adherida, sana deformación. El ser ridículo riendo de su pacífica monstruosidad.

Finalmente, nadie se conmueve. Sólo quedan señalando con espanto el terrible hueco que abre la boca del festejante. Apenas dos o tres mueven sus labios, insinuando un pliegue parecido al asco.

Daniel

Extremófilos I.

¿Oyeron hablar de los extremófilos?. Son bichos que viven precisamente en condiciones extremas. En temperaturas por debajo de los cero grados centígrados, o por encima del punto de ebullición. En medio de las corrientes más violentas, o en el vacío más intenso e inmóvil. Sería bueno juntarlos para una serie de dibujos animados. Cada bichito con su medio a cuestas. Pequeñas tragedias caminantes. Pequeñas exageraciones. Y la exploración de las posibilidades de la convivencia.

 

Raúl

Adaptaciones.

Alguien contará la historia del “bicho moneda de dos guita”, un insecto que habitando en los ámbitos domésticos del “homo sapiens” desarrolló el fenotipo de una moneda de dos pesos para sobrevivir, mediante un proceso de “selección natural”. Y de cómo otras imitaciones con otras monedas o instituciones financieras o bancarias no tuvieron el mismo resultado.

Daniel

Rescate.

La terrible situación del “bicho pelotita”, al borde de la extinción, convoca a generar un programa de protección y rescate. Los principales peligros que enfrenta dicha especie son la patada y el lanzamiento. Por ello se realiza un llamamiento a los más grandes deportistas del mundo a fin de darle seguro cobijo, buena dirección y aterrizaje blando en cada una de las situaciones en que resultan víctimas de la agresión lúdica de los seres humanos.

Raúl

Búsqueda.

El hijo del rey colecciona hormigas. Y una hormiga se le escapó. El ejército real se moviliza para encontrarla, en helicópteros, teniendo especial cuidado la población en no pisar ninguna.

 

Daniel

Extremófilos II.

¿Qué tal un bicho que viva en la punta del cotonete cuando nos rascamos la oreja? ¿Y el que viva al borde de los desagotes, sólo el tiempo en que dura el breve remolino del agua? ¿Y el que se asiente en la pelusa de nuestro ombligo?. ¿Y el que sólo vive de la nostalgia?.

Raúl

Sátira e ironía

Existe en el humor distancia o cercanía, rechazo o encuentro, comodidad o esfuerzo.

El humor puede expulsar o reunir, asentir o romper, conservar o sacudir.

El humor, como todo gesto, se hace de uno a otro, de unos a otros, de un lugar a otro.

Y hay lugares de superioridad y lugares de horizontalidad. Desde un nivel superior, autocomplaciente, se despacha la ironía. Que no levanta, ni despierta, ni abre bocas a la risa, sino que apenas supone la exhibición de la sonrisa, como toda expresión de complicidad.

Desde un nivel horizontal, problemático, se esgrime la sátira.

En lugar de la sonrisita burlona de la desgracia ajena de la ironía, la sátira es la conciencia de la tragedia propia.

En lugar de la sonrisita satisfecha de la complicidad acomodada, la sátira es la conciencia de una lucha colectiva.

Cuando la sonrisita busca complacer, la sátira busca incomodar.

La ironía, administrada desde el poder, se arrastra allí donde la sátira se incorpora. Y se esconde allí donde la sátira se enseñorea.

La sátira, derramada desde el borde de las víctimas, se dispara victoriosa donde mugen las risillas. Y se enciende desafiante donde los silencios aprisionan.
La ironía se dicta desde el desengaño. La sátira se lanza desde la reivindicación.
La ironía en el lugar de la resignación, desestima cualquier deseo. La sátira, en el centro de la voluntad, levanta los senderos de la esperanza.

Cuando ante la vista de cualquier miseria alguien se ríe, el Comando del Humor se moviliza, para dejarlo solo. A fin de que la risa se ahueque y caiga sobre sí. A fin de que se doble y suplique por las migas de un gesto. Una risa que se alarme y que sea casi un grito. Un grito que rebuzne y se transmute en sátira.

Cuando no hay exclusión ni elite ni grupo de poder, la ironía es sólo un eco en la montaña.

Cuando no hay exclusión ni elite ni grupo de poder, la sátira danza por los bosques.

Segundo Tema: Beierblakk. Tradicional germano. Por Bären Gässlin (01:26).

Acabamos de escuchar “Beierblakk”. Tradicional germano. Por Bären Gässlin.

Daniel

Tres demostraciones

I Causa y Efecto.-

Habían logrado finalmente la paz en todos los aspectos. Habían agotado todas las pulsiones y ansiedades. Cada quien vivía con lo suyo y en lo suyo. El sistema cuadraba por todos sus costados. Sin posibilidades para errar, no había lamentos posteriores.

Poco a poco no hubo ya intereses, luego dejó de haber intenciones. Más tarde acabaron sin palabras y posteriormente, sin gestos. Sumidos en una profunda inacción, generando solamente el calor residual de la entropía, surgió el caos.

Hasta que alguien improvisó una risa.

II Omnicomprensión.-

Svolni había robado en nuestras calles. Una, dos, tres, millones de veces. Se aproximaba en silencio y lentamente te quitaba el tiempo de las manos. Con cualquier excusa, molestia, petición, te retenía y quedabas a expensas de su charla. Muchos se molestaban con él, y algunos hasta lo enfrentaban con un insidioso silencio.

Svolni no conocía de apuros. Ni de arrebatos.

Cierta vez detuvo al hombre que iba a desactivar una bomba en el Monumento Principal. O al que iba a aplicar un suero antiveneno al intendente. Las normas y previsiones teológicas lo condenaban indefectiblemente. Sin embargo, a pesar de todo ello, o precisamente a causa de ello, a causa de la acumulación del tiempo tan larga y pausadamente malhabido, la noche del tremendo maremoto recorrió casa por casa, cuadra por cuadra, habitación por habitación, rescatando a todos los que pudo. Por suerte, en Kuraskan, de donde era originario, teníamos un Dios ambiguo. Y una hermosa excepción, completamente ad-hoc, lo recogió en sus cielos.

III Situaciones de Equilibrio.-

Salaria llevaba los baldes hasta la orilla del río. Salaria vivía de llevar los baldes hasta la orilla del río. Salaria vivía llevando los baldes hasta la orilla del río. Llevar los baldes hasta la orilla del río era la habitación de Salaria.

Remune introducía los baldes en el agua. Remune vivía de introducir los baldes en el agua. Remune vivía introduciendo los baldes en el agua. Introducir los baldes en el agua era la habitación de Remune.

Sueldo y Peculio llevaban los baldes con agua hasta el sitio indicado en la colina. Sueldo y Peculio vivían de llevar los baldes con agua hasta el sitio indicado en la colina. Sueldo y Peculio vivían llevando los baldes con agua hasta el sitio indicado en la colina. Llevar los baldes con agua hasta el sitio indicado en la colina era la habitación de Sueldo y Peculio.

Estipendio colocaba en fila los baldes con agua. Estipendio vivía de colocar en fila los baldes con agua. Estipendio vivía colocando en fila los baldes con agua. Colocar en fila los baldes con agua era la habitación de Estipendio.

Beco y Viatico descargaban el agua de los baldes en la canaleta. Beco y Viatico vivían de descargar el agua de los baldes en la canaleta. Beco y Viatico vivían descargando el agua de los baldes en la canaleta. Descargar el agua de los baldes en la canaleta era la habitación de Beco y Viatico.

Plusval tenía su habitación. Cuando se levantaba iba al baño, y haciendo girar las manivelas, el agua acumulada en las canaletas se deslizaba hasta su grifo, y podía ducharse: La organización vence al tiempo.

Pero entonces ocurrió que el río se secaba. Y el camino hacia el río era más largo. Cada vez entraban mayores proporciones de limo y arena en los baldes. Los baldes cada vez pesaban más. Cada vez más las canaletas se taponaban y corroían. Y Plusval salía cada vez más sucio del baño. Y cada vez Plusval se enojaba más con todos. Hasta que Salaria levantó a Plusval en sus manos y lo tiró en el río, para que pudiera lavarse:

La improvisación vence al caos.

Raúl

Del “Cuaderno de Estratagemas” del General Trapisondae.

El General Trapisondae no tuvo a su cargo, que se conozca, ninguna misión militar. Sin embargo, dejó una serie de anotaciones sobre posibles formas de vencer al enemigo, que llegaron a ser muy famosas en el siglo XVI, reunidas bajo el rótulo común de “Cuaderno de Estratagemas”, serie de consejos, ideas y apuntes para obtener la “pérdida o consternación de los ejércitos”, algunos de cuyos apuntes se reproducen aquí: 30 Estratagemas del General Trapisondae.

Daniel

  • Cambiar de lugar los brazos de los soldados para desorientar al enemigo respecto de la izquierda y la derecha, y hasta respecto de su propia ubicación en el campo de batalla.

Raúl

  • Arrojar decolorantes sobre los blasones y banderas enemigas, echarles tintes blancos y salir a negociar la así declarada rendición.

Daniel

  • Construir una réplica en ruinas de la ciudad principal a la entrada de la ciudad, a fin de disuadir respecto de la utilidad de cualquier saqueo, despojo o dominación.

Raul

  • Disfrazar a nuestros soldados de piezas blancas de ajedrez y dejarlos inmovilizados en perfecto orden de juego. El enemigo no podrá avanzar si no damos el primer paso cada vez.

Daniel

  • Dibujar en el campo de batalla una reproducción de la aldea del enemigo, para que no puedan pisotearla ni despreciarla ni hacer derramar la sangre sobre él.

Raul

  • Poner a nuestros soldados a desayunar a toda hora, a fin de que el enemigo pierda de vista el momento del día en que se encuentra y no pueda proyectar estrategias en su transcurso.

Daniel

  • Hacer circular anuncios, leyendas e historias acerca de quienes atravesaron cierta llanura, se atrevieron a cierto valle, atacaron por cierta colina, todos los cuales pertenecen o llevan a la ciudad que se pretende defender, a fin de inhibir el paso por dicha llanura, dicho valle o dicha colina, quedándoles sólo la alternativa de atacar por un desfiladero.

Raul

  • Obligar al enemigo a la realización de tareas inacabables, como contar los granos de arena de una vasija, o establecer la cantidad de nudos de un tejido, como claves secretas de sus instalaciones y disposiciones.

Daniel

  • Pintar los árboles, las piedras y montañas de negro a fin de que durante las noches choquen contra ellos y no puedan avanzar.

Raul

  • Utilizar espadas que posean un repicador, a fin de que por cada golpe se escuchen dos.

Daniel

  • Afinar las campanas en el mismo tono en que estén afinados los cascos de los enemigos, a fin de hacerles vibrar sus cabezas cada vez con mayor violencia a medida que se acerquen a la fortaleza.

Raul

  • Multiplicar los pretendientes al trono enemigo mediante falsas genealogías, oráculos y predestinaciones, a fin de que no puedan saber de quién deben recibir órdenes.

Daniel

  • Colocar un enorme espejo en las murallas, de forma tal de que a larga distancia puedan ver que la defensa se prepara al menos con una cantidad igual de efectivos. Colocar en los extremos otros espejos que redoblen los reflejos, a fin de hacer ver aún mayor cantidad de efectivos.

Raul

  • Ubicar un soldado de uniforme amarillo cada diez de uniforme rojo, a fin de hacer perder la cuenta a los adversarios, simplemente cambiando de lugar a los amarillos.

Daniel

  • Colocar arcos de triunfo en las salidas de la ciudad, a fin de que las tropas enemigas se lancen a través de ellos y se vayan.

Raul

  • Utilizar uniformes extraños y fingir que se está atacando la misma ciudad al mismo tiempo en que se espera que el enemigo la acometa, a fin de confundirlo y hacerlo desistir de avanzar sobre una ciudad parcial o totalmente saqueada.

Daniel

  • Aguardar el ataque con un comité de recepción y fiestas de despedida, consternando los ímpetus bélicos, y obligándolos moralmente a retirarse.

Raul

  • Desarmar todos los accesos, puentes, puertas, rutas y caminos hacia la ciudad, en piezas de difíciles rompecabezas, a fin de retardar el avance de las filas enemigas.

Daniel

  • En el campo de batalla poner un estadio. Y llenarlos de público al momento de la acometida, a fin de convertir a la guerra en una justa, y someter al enemigo al pánico escénico.

Raul

  • Llevar bolsas con sangre de vaca en lugares expuestos de las armaduras, con el fin de hacer creer que el golpe de espada ha sido certero, y dar la posibilidad al golpeado de contraatacar con mayor dureza.

Daniel

  • Llevar la pelea al cementerio, de forma tal de confundir los cadáveres preexistentes con las víctimas de propios y extraños, agudizando la necesidad de terminar con el ataque por evidencia de desmesura.

Raul

  • Esparcir por el campo de batalla hierbas, frutos y granos tan deliciosos, frescos y delicados que inhiban a los soldados enemigos a violentarlas, midiendo por ello cada uno de sus movimientos, haciéndolos pesados y previsibles.

Daniel

  • Colocar exactamente el mismo diseño de cúpula en varios edificios de la ciudad, a lo largo de todo su perímetro, de forma tal de hacer creer al que se guía por ellas, que se encuentra caminando en círculos, obligándolo a cambiar la marcha.

Raul

  • En todas las entradas de la ciudad, colocar números de baile y músicos depresivos, a fin de minar la moral de quienes tengan intenciones contra ella.

Daniel

  • Llevar la batalla a la sala de baile, obligando a los soldados a mantener el ritmo y seguir el paso de acuerdo a lo que toque la orquesta, formada por los mejores estrategas del reino.

Raul

  • Llevar monedas en lugar de botones en las chaquetas militares, de modo que se tenga más interés en su preservación que en la muerte de quien los porta, y ante la eventual caída de una de ellas en un choque frontal, obligar a los enemigos a recorgerlas, perdiendo en ello un tiempo valioso y bajando la guardia durante el tiempo necesario para ser contraatacados.

Daniel

  • Antes que nada, instruir a los soldados para que corten la lengua, no los brazos de sus enemigos, a fin de que cese su bravura al no poder contársela a nadie.
  • Montar un ejércitos de zapadores / enterradores, armados sólo con sus palas, a fin de infundir terror en las filas enemigas.

Daniel

  • Dejar grandes claros vacíos en el campo de batalla, con el terreno marcado suficientemente bien, y sobre los que luego arrojar una pelota.
  • Llegar al campo de batalla una vez terminada la pelea, para saber quién ganó.

“Lo cómico no es efecto, reacción o respuesta. Hay también lo cómico en la causa. Por lo que ciertas contorsiones de una rama nos provocan la sonrisa, o el sonido de las voces ahuecadas o disformes nos resultan hilarantes. Como ciertas hojas, piedras, hebras, nubes, nos despejan. Formas puras que en su mismidad guardan el gesto de lo cómico. Sin consulta a los pasajes de la asociación o el recuerdo.

Lo cómico no es sólo compuesto por construcción, sino también dado por evidencia. No es mero artificio que prepara su desborde. Hay también lo cómico en bruto, desnudo, vital, inmanente. ¿De qué se ríen, sino, los bebés?. De allí que ciertas plantas, urticantes, provoquen compulsivamente a la risa. De allí que la naturaleza, en su principio cómico, ha modelado los hocicos y los rabos, más aquellas líneas inasibles en que se disipa una letancia. O el vuelo de una mosca, dibujando un perfecto disparate. De allí las cosquillas, en nuestras partes veladas. O la deformidad de las sombras. Y el mismo gesto propio, inscripto en nuestros labios, del rictus. Acompañado con la libre contorsión, involuntaria, que lo incordia.

El Universo, eminentemente cambiante y sorprendente, como decíamos, no está conformado por elementos, sino por principios, que le dan su impulsión, su cuerpo y su carácter. Esa gota de lluvia sobre tu espalda tiene su raíz en el principio cómico. Como esa vaquita de San Antonio caminando en las narices del muerto.”

Cierre

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por IlGiardinoArmonico):

(Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

Semillas que crecen en el éter 10


“Vocerrante 10 – Los secretos”

VOCERRANTE (10)

Apertura (Sobre “White Man Sleeps II”, por Kronos Quartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

(Raúl)

Este es el décimo programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

Daniel:

En el reportaje que Francois Truffaut le hiciera a Alfred Hitchcock, que tuvo forma de libro bajo el título “El cine según Hitchcock”, se hace referencia al McGuffin. Así lo explica el propio Alfred en dichas líneas:

“Evoca un nombre escocés y es posible imaginarse una conversación entre dos hombres que viajan en un tren. Uno le dice al otro: «¿Qué es ese paquete que ha colocado en la red?» Y el otro contesta: «Oh, es un ‘Mc Guffin’». Entonces el primero vuelve a preguntar: «¿Qué es un ‘Mc Guffin’?» Y el otro: «Pues un aparato para atrapar a los leones en las montañas Adirondak». El primero exclama entonces: «¡Pero si no hay leones en las Adirondaks!»” A lo que contesta el segundo: «En ese caso, no es un ‘Mc Guffin’».”

De donde el Mc Guffin es aquello que permite el discurrir de las palabras, el llamamiento a la curiosidad, la apertura de la intriga. La excusa de la acción.

No importa qué sea, unos papeles, unos documentos, una pista, un pendrive, una base de datos, una fórmula, un nombre, un recuerdo, un pijama o una cajita de fósforos de los tres patitos… Lo importante es que tenga el don de atraer a los personajes, de hacerlos confluir e interactuar. De ponerlos a todos en movimiento. De celebrar las peripecias.

Raúl

            Un secreto no es lo que se tiene, ni lo que se oculta, ni lo que se guarda. Un secreto es lo que se busca.

Y casi diríamos que la búsqueda no tiene otro cometido que el de constituir, crear o declarar un secreto.

Daniel

Cada estrella es un secreto en la inmensidad de la noche. Un secreto a cielo abierto, expuesto y luminoso.

Cada persona es un secreto en la intimidad de su cuerpo. Un secreto que puede desnudarse, generoso.

De allì el pudor común en señalar tanto a una estrella como a otro ser humano.

Es como haberlos descubierto sin estar autorizados.

El secreto sólo se devela por invitación.

El secreto más preciado es transparente.

Raúl

Ansiedad.

Cada vez que alguien compra esas pequeñas cajitas adornadas, lo que espera es poder guardar en ellas un secreto.

Daniel

Sutiles desaveniencias.

¿Qué objeto tiene un diario íntimo más que la generación de secretos?. Más allá del interés de sus palabras, el diario íntimo es intenso simplemente porque nos es vedada su consulta, porque se escribe en soledad y en el silencio, mayormente nocturno. Y luego sus palabras apenas murmurarían, como la suave brisa que sopla por la ventana. Tan sutiles y frágiles, que apenas pronunciadas se disiparían. ¿Y si alguna vez hollamos el secreto, abrimos el candado, abrimos  el diario de Ella, y encontramos nuestro nombre?. Correríamos el riesgo de desvanecernos apenas lo hubiéramos leído.

Raúl

Mutuo.

Un secreto dentro de otro, y otro dentro de éste. Pero que el secreto sea cada vez más grande, más presente, más a flor de piel. Hasta que se confunda con el abrazo.

Daniel

Comparativo.

El secreto, si está escondido, es meramente un tesoro. En cambio, a la vista de todos, en pie, mirándonos, es una invitación.

(La historia de un excavador que tras años de pelear con las entrañas de la tierra, a fuerza de cavar y cavar, cada vez más profundamente,  llega a su propia casa, fulgurantemente iluminada a ras del Sol.)

 

Raúl

Desarrollo.

No hay secreto si no es para alguien.

El secreto es la cara interior de un deseo.

Un secreto abandonado es un desprecio por la condición humana.

Daniel

Sal

Un secreto tenía ella.

Un secreto tenía él.

Para averiguarlo se persiguieron, uno a la otra, una al otro, durante nueve noches.

Ni él ni ella pretendían arrancarlo. Tan sólo avizorarlo. Tan sólo arrimarse un poco más a esos secretos que uno a la otra, una al otro, conmovían.

¿Pero dónde?

¿En la boca, en los ojos, en el ruido del aire tras su paso? ¿Dónde estaba ese secreto que los seducía?

A medida que se acercaban a él, se volvía más oculto.

Ambos pedían la sed, no el agua,

Ambos pedían el desierto, no el destino.

Ambos se buscaban en el otro y por el otro.

A cada cual más sal adivinada en las harinas.

A cada cual más vientos de la piel, agua de la carne, algas como huesos.

Y en mar del mar, del mar sobre el mar, del mar en el mar, se convirtieron.

 

Raúl

Duda sistémica

A cuenta un mismo secreto a B y a C.

B se lo olvida.

Si C se lo cuenta, ¿rompe entonces el secreto confiado?

Daniel

Entre piratas.

Dónde está el tesoro, es un dato.

Quiénes lo obtuvieron, es una información.

Para quién es el anillo de rubíes es un secreto.

Raúl

Tradición.

Otra vez, A cuenta un mismo secreto a B y a C.

Pero B y C no se ponen de acuerdo acerca de si el secreto era rojo o amarillo.

A nadie se le ocurre preguntarle a A.

El secreto, una vez confiado, le pertenece al otro.

 

Raúl

Inmanencia

Cada cosa que ves

guarda un secreto

que no puedes develar

sin descubrirte.

Primer tema: “Um indio”, de y por Caetano Veloso. (03:20)

Acabamos de escuchar “Um indio”, de y por Caetano Veloso, en vivo.

Daniel

Seducción

El secreto es volver.

Siempre volver

a estar contigo.

Sin que apenas te des cuenta

que no me fui.

Raúl

Tenían que entrar a la fortaleza.

Tenían que entrar a la fortaleza y alcanzar la puerta blanca.

Tenían que entrar a la fortaleza, alcanzar la puerta blanca y abrirla.

Daniel

            Tenían que abrir la puerta blanca.

Tenían que abrir la puerta blanca y alcanzar la sala de las orillas.

Tenían que abrir la puerta blanca, alcanzar la sala de las orillas y en ella ubicar la tercer ventana a la izquierda de sus ojos.

Raúl

            Tenían que ubicar la tercer ventana a la izquierda de sus ojos.

Pero no podían ver sus ojos. Tenían que contar hasta tres sin el punto cero. Sin el uno, sin el dos.

Tenían que contar desde lejos.

Daniel

La ventana sólo se veía desde afuera. Desde afuera sus ojos podían vislumbrarse.

Tenía que llevar esa presencia hasta la sala y entonces abrir la hoja oeste.

Tenía que abrir la hoja oeste para dejar entrar la brisa.

Raúl

Tenía que dejar entrar la brisa que apagara todos los candelabros.

Para encontrar la llave

Que te permita

Salir al desierto

En donde sobre una montaña de arena y ladrillo,

Se yergue, inmune, la fortaleza.

Daniel

El secreto es un lugar, en el que nadie ha estado.

El secreto es un molino que se mueve con un soplo imperceptible.

El secreto es un refugio que se erige a la intemperie.

El secreto es un abismo inaccesible, pero en el que hay marcadas unas pocas huellas.

El secreto es el aire.

Daniel

Meditaciones sobre el secreto de Sedusa.

Sedusa tenía un secreto lento, tan lento, que cansaba perseguirlo. Perseguirlo era una forma de

esperarlo.

Pero se estiraba, se estiraba, se arrancaba lánguido, rendido y silencioso.

Cualquier mirada directa lo alejaba más, pero en ese tipo de lejanía que sólo supone una mayor tardanza. Como si alguien demorara siglos en un solo pestañear.

Así, Sedusa resguardaba su secreto… Secretándolo en una dosis de tiempo interminable. Como esa arenisca al interior de los relojes, que nunca acaba de bajar y ya se le tiene que dar la vuelta.

Una posibilidad sería llegar al final, pero no hay manera. El final no ocurre nunca, y de ocurrir, anularía el secreto.

El secreto, entonces, es ese mismo estiramiento, esa misma delgadez del silencio por la que se pueda vislumbrar un arco.

Una decantación que, poco a poco, vaya enrareciendo el aire, densificándolo, hasta que no puedas dar un paso sin chocarte con él.

Secreto por saturación, de reiteración, de ceniza extensa y melindrosa.

Sedusa es una arruga que se limpia, se cura, se plancha.

Una vejez a tiempo de alcanzarte.

Una puerta cerrada a lo largo de toda la pared.

O un párpado que ocupe toda la cara.

En fin, Sedusa tenía un secreto que anulaba todos los secretos, arrollados en la rueca de un sopor indemne.

La eternidad por extensión, o el revés de la esperanza.

Raúl

            Hay voces secretas, que sólo algunos pueden escuchar.

Hay rostros adivinados, en la ignota distancia de la oscuridad.

Hay sonrisas descubiertas, debajo de las piedras demoradas por el camino.

Lo que se esconde es vergüenza o tesoro.

Lo que se oculta es amenaza o vulnerabilidad.

El secreto, en cambio, vuela en la latencia, sueña en la letancia.

El secreto es una pieza separada de la intimidad.

El secreto del vuelo de los pájaros

Está en el vuelo de los pájaros.

El secreto del armado de una obra

Está en el armado de una obra.

El secreto de una rosa

Está en la rosa.

El secreto de un sabor

Está en el sabor.

El secreto está abierto,

presente,

expuesto,

disponible.

No está oculto, pero puede descubrirse.

No está encerrado, pero puede liberarse.

Tan débil, delicada, fina es su cubierta,

Que un solo soplo puede develarlo.

Daniel

Los sintagmos tenían un dios secreto.

Un dios del que no podía decirse nombre, costumbre, forma o referencia.

Un dios que no podía ser representado, ni aludido, ni traído ni venido, ni invocado o descuidado.

Un dios del que no podía indicarse atributo alguno, más que ese secreto que sabían compartido, y que constituía toda la mística de los sintagmos.

Al que no podía orarse, ni enaltecerse, ni congraciarse, ni someterse.

Un dios al que sólo podía descubrirse al interior de un abrazo.

Un dios respecto del que todos debían guardar un hierático silencio, pero

del que estaban todos consciente y recíprocamente orgullosos.

Raúl  

            Los simposios guardaban en secreto su evidente vulnerabilidad: No contaban a nadie que sus casas, sus templos, sus palacios, sus mercados, sus calles, sus cultivos, sus caminos, sus paseos, estaban construidos sobre la ladera de un volcán activo.

 

Daniel

            Los púlgares hacían una ceremonia de los secretos, en el centro de la plaza principal de su aldea.

En esa ceremonia había una gran suelta de secretos, para la que se preparaban durante todo el año, revelándolo o preanunciándolo ya en signos, conversaciones, datos sueltos, miradas comprensivas y desveladas complicidades.

Para cambiar de secretos, para el año siguiente.

Raúl

En Síneser, frontera de Duaimbia, se guardaba el secreto de la inmortalidad. Riskold Fergusen y Richard Pollioux, dedicaron una vida de investigación a su hallazgo.

Finalmente, dieron con un arcón que guardaba un papiro que contenía las palabras pronunciadas por el angel.

Pero el arcón corroído guardaba un papiro deshilachado, con una tinta borrosa, de lectura imposible por la frecuentación de los dedos.

Sin embargo, el secreto estaba allí. Siempre a la vista. Siempre a mano.

Daniel

            Los gangsis, que no sabían leer, sostenían que los libros guardaban secretos, que sólo se revelaban a aquel que abría sus páginas con el don necesario.

Raúl

Si el silencio no existe, ya que todo vibra,

El secreto sólo es posible en alta voz.

Una caricia es una siembra de secretos

En la piel secreta y desnuda.

Daniel

“Sé que me desperté en la madrugada del lunes. Yolanda dormía. Fui al baño y me planté frente al espejo del botiquín. Voy a dejar aquí, pensé, mi cara. Y cuando otro tipo como yo se pare en este lugar va a encontrar, en el último círculo del cristal, su rostro, el verdadero, no el que lleva puesto.” (Andrés Rivera, del cuento “Trasbordo”.)

Raúl

Cuando se habían vaciado de secretos, sus cuerpos se recordaron uno en el otro. Uno a partir del otro.

Sus cuerpos se recordaron sin palabras, transparentes.

 

Daniel

La soledad sonora tiene rituales que fundan secretos. Por eso nos resulta verosímil que el destino esté a la vista en nuestras palmas, en unas cartas marcadas, o en unos versos milenarios, o en una taza de café, en la que cabe toda la noche.

Segundo Tema: “Black cofee”, de Sonny Burke y Paul Francis Webster, por Ella Fitzgerald y Paul Smith al piano (3:27)

Acabamos de escuchar “Black cofee”, de Sonny Burke y Paul Francis Webster, por Ella Fitzgerald en la voz y Paul Smith en el piano.

Daniel

Los galupis, un pequeño reino del archipiélago de las mónadas, decían tener un gobierno secreto, con planes secretos, con secretos operadores, con secreta disciplina, con secretas normas.

Se levantaban temprano, salían a pescar y volvían a su aldea para cantar esos secretos, colectivos, abundantes, generosos y apropiados.

Raúl

            Los cogorns tenían el secreto de la lluvia.

Y consistía en una danza.

Cuya melodía sonaban a viva voz, cantando fuerte y claro,

Y cuya representación se hacía en público, a plena luz del día.

En el día más abierto y despejado.

Daniel

Aperitivo.

Jaime había salido al balcón, con su vasito de jerez en la mano derecha. Como hacía todos los domingos. Como había hecho todos los domingos, a escondidas de su madre primero, de su esposa después, y ahora, de sus hijos.

Un vasito de jerez ni lo dormía ni lo emborrachaba. Era su pequeño secreto, que lo mantenía fiel a cierta resistencia, a cierta independencia, a cierto exclusivismo.

Pero esa tarde, pudo ver al presidente subirse a un taxi, y llamativamente recordará la patente del taxi, que el presidente mismo se puso a conducir.

El hecho podía pasar desapercibido, si no fuera porque esa misma mañana, se había anunciado la estancia del presidente en Sumarka, desde muy temprano.

Y podría haberse olvidado fácilmente si las noticias del día siguiente no hubieran vociferado que el presidente había sido intervenido quirúrgicamente debido a una fuerte indisposición, dando cuenta de su deceso en la ciudad de Tirole, capital de Sumarka.

El deceso del presidente lógicamente derivó en el nombramiento de Ostrángelo, un oscuro magnate de la prensa sensacionalista, el que a fuerza de extorsiones y calumnias, había llegado a la vicepresidencia.

Ostrángelo inmediatamente, fiel a su estilo, declaró la guerra a Sumarka, atrayendo un sinnúmero de consecuencias internacionales catastróficas.

Se quemaron todas las reservas mundiales de petróleo, y las cuencas de agua dulce de todo el planeta comenzaban a verse contaminadas.

Jaime se calló. Se mantuvo en silencio. No dijo nada.

No sea cosa que todo el mundo descubriera que cada tarde salía al balcón a tomarse un vasito de jerez.

Raúl

            Alguien deja un secreto tirado por la calle.

Un secreto a gritos.

Todo secreto olvidado vuelve como una hondonada  de gritos.

 

Daniel

            Trosnoy escribía en secreto. Cajas y cajas de poemas y de cartas.

Hasta que dejó vacía su casa, nadie las vio, nadie las leyó.

Habían permanecido en silencio durante largos años, algunas hasta décadas.

Raúl

Encontré esta mirada tuya en el cine. Y era una mirada perdida.

En ella, aunque te parezca extraño, se veían mis ojos reflejados.

¿Secreteaban mis ojos en tu mirada tu mirada en mis ojos?

Daniel

            Una herida es un secreto, pero sólo cuando deja cicatriz.

Un tesoro es un secreto, pero sólo cuando alguien te dio el mapa.

Un hallazgo es un secreto, pero sólo cuando antes ya estuviera allí.

Un secreto es todo cuanto se haga

destinado a descubrirse.

Raúl

Rubba Buenaventura sabía que ese barco estaba maldito. Pero era su secreto. Él se había subido pero sólo con afán de desafiarlo.

De todas formas, nada podía hacerse. Indefectiblemente encallarían al cruzarse en el camino con las sirenas.

Alexia, la sirena, sabía que ese barco estaba bendito. Pero era su secreto. Ella se había quedado a esperarlo, pero sólo con afán de descubrirlo.

Indefectiblemente traería las medicinas que necesitaban.

Daniel

            Prometeo o la Previsión (del griego Prometheus), había robado de los dioses el secreto del fuego.

Y cuenta el mito que en represalia por ello, Pandora fue llevada a Epimeteo o la Improvisación (del griego Epimetheus), a la sazón, hermano de Prometeo, con un ánfora, que en su representación renacentista con la que ha llegado más popularmente a nosotros, es una caja. Una caja o un ánfora portados por una bella y graciosa mujer, no puede contener otra cosa que secretos.

El ánfora o la caja se abrieron. Según una versión dejó escapar así todos los males, para castigar a los mortales que gozaban ilícita e inmerecidamente del fuego, y la cerró a tiempo para resguardar en su interior a la esperanza.

Según otra versión, dejó escapar así todos los bienes, los que volvieron al Olimpo, dejando sólo en su interior a la esperanza.

En cualquier caso, un secreto siempre supone un riesgo u oportunidad.

Y en los dos casos, el secreto se envía para ser abierto.

Prometeo quiere evitarlo, a fin de preservar la distinción entre cielo y el infierno. Epimeteo lo enfrenta, asumiendo la diversidad de cielo e infierno en el vuelo de la vida. No es por ansiedad que la caja se abre, sino que esa es la necesidad de los secretos. La de prodigarse y exhibirse. El secreto no es otra cosa que la semilla de un deseo

Previsión advierte del orden del castigo. Pero la improvisación vence al caos.

Raúl

Desde el año 1638, sólo el miércoles de ceniza o el viernes santo, y sólo en la capilla Sixtina, se interpretaba el “Miserere” de Gregorio Allegri, a medida que se iban apagando las únicas trece velas, una a una y hasta la oscuridad absoluta.

La obra había sido encargada a Gregorio Allegri por el entonces Papa Urbano VIII, el mismo del juicio a Galileo.

Daniel

El “Miserere” de Gregorio Allegri, compuesto para dos coros a capella, uno de cuatro voces y otro de cinco, no podía ser transcripto, escuchado ni ejecutado fuera de los días previstos para ello (Miércoles de Ceniza – Viernes Santo) en la Capilla Sixtina, bajo pena de excomunión.

Raúl

            Era tal la fama de dicha obra, y de sus efectos místicos y gloriosos sobre quienes la escuchaban, que el Emperador Leopoldo I de Austria solicitó una copia. El Vaticano accedió, luego de muchísimas cautelas, y le facilitó la versión que aún puede verse en la Biblioteca Nacional de Viena.

Los músicos del emperador intrepretaron la partitura tal como había sido conseguida. Pero el emperador notó para su desilusión, un franco demérito en su ejecución, llegando a despedir a su maestro de capilla.

 

                                                                                                                                 Daniel

            Lo cierto es que esa partitura no contenía los “abbellimenti”, embellecimientos y adornos que los cantantes aportaban a la composición, y que originalmente improvisados, eran transmitidos por la tradición de unos a otros coreutas.

Raúl

            El 11 de abril de 1770, era miércoles de ceniza. Leopold fue con su hijo a la ceremonia litúrgica en la Capilla Sixtina.

Escucharon la obra.

Leopold escribiría a su familia en Salszburgo, unos días después:

Daniel

“Habrás oído hablar del famoso Miserere en Roma, qe es tan apreciado que hasta los intérpretes tienen prohibido bajo pena de excomunión el llevarse aunque sólo sea una parte de él, copiarla o dejársela a nadie. ¡Pero nosotros ya lo tenemos!. Wolfgang lo ha transcripto (le había bastado una sola escucha para trasladar la obra completa al papel, y luego una segunda para efectuar las correcciones) y lo enviaríamos a Salszburgo con esta carta si no fuera porque es absolutamente imprescindible que nosotros estemos allí para la representación. La forma de interpretarlo contribuye mucho al efecto que produce la música más que la pieza en sí. En cualquier caso, siendo uno de los secretos de Roma, no queremos dejarlos caer en otras manos.”

Poco tiempo después, los Mozart, padre e hijo, se encontrarían con un musicólogo inglés, Lord Burney, quien llevó la partitura a Londres, en donde fue impresa en 1771.

A continuación, y como cierre del programa de hoy acerca de los secretos, el “Miserere”, de Gregorio Allegri, por The Tallis Schollars, dirigidos por Peter Phillips, con Deborah Warren como soprano solista.

Tercer Tema: Miserere de Allegri, por The Tallis Schollars, dirigidos por Peter Phillips, con Deborah Warren como soprano solista. (12:55)

Cierre

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por IlGiardinoArmonico):

(Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

Semillas que crecen en el éter 9


Vocerrante – Novena emisión.

“Soledades”

VOCERRANTE (9)

 

Apertura (Sobre “White Man Sleeps II”, por Kronos Quartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

(Raúl)

Este es el noveno programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

Alguien sale disparado desde una montaña rusa.

Mientras se afirma en el aire, está solo.

Pero soledad

no es

estar solo.

Soledad es desasimiento.

El yo ensimismado, como burda redundancia.

El yo, que de ficción de los verbos

pasa a ser

objeto

sustantivo y acabado.

            Un significante significado.

Espejo tapado.

Lluvia seca.

            El agotamiento de un cansancio. O el aletargamiento de la renuncia.

La pared en la pared. El canario en el canario. El rostro en la cara.

Soledad es desasimiento.

Cuando cada cosa sólo quiere decir esa cosa. Límite en el límite de la sombra. Reflejo exacto.

Certeza

Perpleja.

Soledad es desasimiento, no olvido.

Es cortedad de la distancia. Lejanía en el centro de las manos.

Horizonte vertical.

Camino cumplido.

Exacto contorno.

Estar solo es conservar los rostros que te dieron rostro,

Las voces que te dieron boca,

Los abrazos que te dieron cuerpo,

Los sonidos que te dieron aire,

Los oídos que te dieron voz,

Las voces que te dieron huellas,

Las huellas que te dieron piernas,

Las heridas que te dieron sangre

Las bocas que te dieron lengua,

Los gestos que te dieron el habla.

Las palabras que te dieron nombre,

Las miradas que te dieron forma,

Las manos que te dieron manos.

Estar solo es escuchar el silencio múltiple.

Ya que la apartada y verdadera soledad, es ruptura de la polisemia.

Fernando

            La soledad habitada o la soledad desierta.

La soledad sonora o la soledad reseca.

Raúl

Pero hay una vasta soledad en la que nada se encuentra.

Soledad en el extremo de las brisas y los gritos.

Una soledad en la que nada suena.

Y el yo, el puro y absoluto y ficcionado

yo,

se levanta, mayestático.

 

Daniel

            Había vuelto Sieno a ese exacto lugar, a esa misma mañana. Quería reconstruir con todas sus señas, el momento en que había sido por fin aquel que ahora buscaba.

Había sido muy penosa la búsqueda, muy ardua la preparación, muy dificultosa la llegada. Pero, al fin, él estaba allí. Ahora se veía tomar ese café nuevamente, dejar la taza sobre la mesa y mirar hacia la ventana, por la que venía ella.

Los deseos y los milagros no se repiten.

Sieno ahora miraba a través de la misma ventana, a la misma chica, pero con ojos de recuerdo.

Las llegadas y las partidas son similares. Sieno movió el brazo de él en un saludo modesto, que ella retribuyó con una sonrisa extrañada.

Para  estar solo hace falta mucho trabajo. Hace falta, por ejemplo, haberla conocido primero.

Raúl

            Soledad compartida de la radio, una y múltiple.

Sola y acompañada.

Divergente y convergente, del decurso de los pensamientos.

Aquí y allá.

Lejos y cerca.

Central y periférica.

Dicha y oída y vuelta a decir o a generar en el aire sus palabras.

La voz errante que encuentra un lugar

Para continuar su vocación vagabunda.

Primer Tema: “Soledad”, de Gardel y Lepera, por Adrián Iaies en piano (07:04).

Acabamos de escuchar “Soledad”, de Gardel y Lepera, por Adrián Iaies en piano.

Estar solo es una construcción. La soledad sonora es una construcción habitable. Hecha de detalles, de recortes, de miradas, de gestos y de equívocos, de pasajes e inconstancias. Cualquier cosita la desarma. Cualquier ruidito la deshace. Pende a veces de un aroma, de una frase, de un sabor… Y se disipa tan sencillamente como vino. O brindar cobijo por unas cuantas noches.

La soledad sonora, es el anverso de la intimidad.

La soledad distante, en cambio, es deshabitada. Donde las propias paredes, de tan sólidas y firmes, están tapiadas.

La soledad distante, de tanta fijación, carece de soltura.

La soledad completa es lo contrario del verbo.

Fernando

Una gotera, una gotera puede ser el único vínculo con la soledad sonora.

Una gotera que anuncie, que perturbe, que llame, que despierte al aire que agoniza.

Una gotera que sustraiga al yo de sus mismidades y a la lógica de sus retruécanos.

Allí donde esa gota persiste, no estoy. Está la gota. Soy al menos el alma que gotea, la atención cansada en esa pausa de secreto tedio. La calma regularidad de una presencia.

¿Pero por qué aludo a UNA gota que cae?. ¿Es que acaso su rigurosidad, su rutina, su pertinacia, la hacen ser una sola?.

Y sin embargo, si se pudiera detectar, entre una y otra caída hay mumerosas divergencias. Como en las composiciones minimalistas, en las que el cambio imperceptible es el que produce la música.

Raúl

Encontró la soledad de otro, y sólo le apetecía regresarla. Tenía la forma de gorrión dormido, así que la acunó en su mano, y tibiamente le preguntó de dónde venía.

De aquí, le señaló, sin mirar a ningún lado.

De aquí. De un rato antes de soltarme y retenerme.

Daniel

Está por escribirse la historia de los cuerpos. De la lucha, no de la conquista. En la que sudar, temblar, amar, rugir, sean los verbos de la proeza.

En la que el héroe huela. En la que el héroe sepa y pueda estar solo.

Claudio había acogido a la diosa en su casa. Le había dado sustento, comida, descanso y distracción. Largamente pasaban las horas, compartiendo la sobrevivencia.

En el sótano, revuelto de memorias, una noche, Claudio no volvió. Sencillamente no volvió. Cuando ella despertó de uno de sus sopores del atardecer, ya no estaba.

La diosa lo esperó hasta el día siguiente.

No existe la ausencia hasta que alguien no te espera. De forma tal que Claudio se ausentó, Ella se sintió usurpando la vida de otro. Su cáscara, su caparazón, sus intimidades. Estaba en su casa, había sido invitada a su casa, y él ya no estaba allí.

Ahora era la dueña de otro. De los olores y rincones de otro. Por lo que acomodó las cosas, como él lo hubiera hecho, y salió de allí, mareada, confundida.

No existe la soledad hasta que aparece algún otro. Hasta que somos algún otro. Y se desdobla en nosotros la otredad, dejándonos el espejo de una mirada.

Adentro, más adentro, a través de la rotura, ella se sentía cada vez más dentro de sí misma.

No existe el cuerpo antes que el desgarro.

Fernando

“Necesita tiempo” – indicó una pequeña raíz lastimada.

“Dejar las luces encendidas de una esquina” – aseguró otra voz, más femenina y

ausente

“Para que se detenga,” – una puerta se cerraba sobre esta afirmación.

“Sembrar una memoria para cuando calle”. – el aullido de un perro ocultó estas palabras.

“La luz que derrame los colores…” – un viento débil derritió estos sonidos sobre la pared rajada.

De un lugar abandonado a otro. Como parte de otro mundo, de otro círculo, estaban más cómodos en el vacío, que les recordara al menos por su íntima vastedad, las sombras de lo eterno.

Los dioses van poblando los intersticios y despojos de la civilización. Personas perdidas o cuyos dolores habían arrastrado fuera de sí. Sótanos, hoteles abandonados, lugares con apenas la memoria de albergar a alguien.

Raúl

Hay voces, gestos, verbos, sensaciones, que buscan cuerpos de los que arrancarse. Esos cuerpos habitados son los vocerrantes.

Que atraviesan la noche buscando en dónde

vibrar

Fernando

Las notas, por ejemplo, cualquiera de las notas, las salidas del piano, de la cítara, del laúd o de la garganta, no suenan solas.

Toda nota reverbera. Y hace sonar en ella, por ella y a través de ella, otras notas que se le arriman y le acercan. Se conocen con el nombre de armónicos todas las notas que ya están allí, alrededor de la que sola parece que suena.

Así, si una nota suena por aquí o por allí, todo lo que esté afinado en alguno de sus armónicos, suena también. Reverbera con ella.

Estar solo es habitar las resonancias.

Soledad es la insistencia en la unidad, el énfasis en su certeza.

Poblar la garganta de tonos. Poblar las secuencias de sonidos. Ser la voz, no el cuerpo ni el cerebro que la dice. Y dejar que pueblen gota a gota los silencios.

Raúl

Que el tiempo no se detenga, puede decirse. ¿Realmente puede decirse algo que no puede hacerse?. En la soledad sonora, una voz puede describir aquello que ve en el instante en que lo ve, a pesar de moverse en el tiempo, a pesar de que aquello que ve también se desplaza. En la soledad habitada de una simple descripción, se está en un orden suspenso. Todo se dice y se cuenta. Todo se relata, mientras permanece quieto.

El ejercicio reiterado de esta habilidad, permite concentrar una presencia en una serie de haces. Permite concentrar en un nombre los reiterados ecos del llamado.

Permite concentrar en un cuerpo el regreso de las soledades.

El regreso a la discontinuidad de una serie de soledades.

Daniel

Numerosas normas regulan la permanencia de los leprosos, en la Casa Religiosa de Cuidados. Como si fueran responsables de su mal, se les constriñe a una confesión perpetua. Llevan cencerros, grillos, campanas, colgando de sus carnes laceradas, que anuncian sus dolencias.

El encierro configura una soledad desierta. Requiera para ella una extrema identidad unívoca. No debe quedar duda de que el leproso sea el leproso, el maldito el maldito, el descastado el descastado. La única prueba que se le exige superar es la de no ser otro que él mismo.

Ellos deben tomar los alimentos que les entregan por medio de un palito. No pueden tener contacto físico con ninguno de los trabajadores. Deben hablar en dirección contraria a la del viento. Plegar sus sábanas bajo una piedra. No sonarse la nariz con la manga. No hacer bolitas con el pan. Masticar con la boca cerrada. Beber sin hacer burbujas. Secar sus ropas en lo oscuro. No sangrar en compañía. La mano, estrecharla a través de un tronco acomodado a tal fin tras de la puerta. Pueden salir, pero haciéndose preceder de un tamborilero, o cantando a viva voz un salmo penitencial, al tiempo que hacen sonar una matraca escandalosa. Algarabía de lo incurable.

Ismael padece de lepra, en los tiempos en que lepra era un concepto moral, una condena a despojarse de todos sus vínculos, atributos y funciones, para retirarse a una rutina de cuidados y de repulsiones.

Fernando

El bufón de palacio, Sarlack, decide retirarse al silencio. A su silencio, que recoja el llamado de las cosas. Y así oír (asir) los ruidos puros. Escuchar largamente los ecos de una mirada. Comprender los gritos de un gesto. Las voces de los brazos. Se marcha solo, de noche. Recuerda a su abuela tirada en el jardín, señalándole las sombras como suaves campanadas. Ella escuchaba los sonidos de las flores. Nada está callado ni quieto. Ahora él, convocado por una especial santidad, desea hallar el rezo estático. La adoración inmóvil. Centrar en sí toda la espiral de lo creado. Para hacerse inteligibles los azares y las rocas.

Llega hasta la ermita con una esperanza que lo sosiega. Un deseo que lo calma. Ansiedad que da cobijo.

En las paredes de la gruta ve crecer los extremos de su risa. Sobre dos oscuros filamentos. Abriéndose entre las grietas, por el musgo contenido y el atento líquen.

Ha llegado. Una lluvia portentosa lo invita a entrar, súbitamente empujado. Entonces obedece a esa tierra abierta en boca pedregosa, e ingresa. Las gotas de agua penetran en la caverna, haciendo sonar como chicharras los cristales.

Daniel

Se aparta Ismael del resto de los leprosos, animado por un viaje. Esperanza a lo largo. Peregrino hacia su muerte, preso de su propia condición, rinde el peso de sus piernas al cansado devenir. Nunca su camino queda más cercano de la carne, de la que se separa, violentamente, a grandes trozos, entre llagas y letargos. Nunca una huella tan explícita, un despojo tan desarrollado. Un desprendimiento que considera cada aspecto de sí a medida que derrota su desgarbo. Avanza desandando. Tiene los brazos lánguidos y secos. Las fuerzas apretadas. Las vendas estiradas, sueltas. Las piernas en vibrantes estropicios, los labios nacarados. Anda hacia delante, aunque toda su figura tire para abajo. Notarán su partida en el hospicio cuando su ausencia se demuestre radical, más abierta y elocuente que la mesura de la lepra.

Desliza su mirada, la deriva. Avanza con la soledad y la soberanía del destierro.

Se interna en una agreste letanía. Ha perdido ya toda referencia a la Casa de Cuidados, de la que se marchara, hace ya unos siete o nueve días. Bebe del agua acumulada entre las hojas, come de las raíces rojas y oscuras. Tallos turbulentos. Traga, más bien, ya que el masticar le produce cortes y sangrías en la boca. Un dolor agradecido en la garganta lo alimenta. Sin embargo, Ismael sigue repitiendo sus rutinas aprendidas hasta la exasperación.

Fernando

A partir del retiro del bufón, ahora eremita, en el palacio que ocupara sólo se retiene el humor perverso. Grandes torturas, vejaciones y sucios enfrentamientos. Ver a los débiles peleando. Un cojo contra un ciego. Un sordo contra un mudo. Un manco contra un descerebrado. Escenas de una enajenante saciedad, en la que sólo se ríe por vacío. Simples ecos de un brutal alejamiento. Así nace el público, lacerado de lo cómico. Contemplativo de su soledad. La risa entonces ocurre realmente en otro sitio, respecto del que son extraños los espectadores.

Mera lástima. Dádiva del privilegio. El cínico recogimiento de la invulnerabilidad. Una falsa protección, que sirve apenas de consuelo.

 

Daniel

Ismael alcanza la mirada del eremita. Ismael se esconde para no intimidarle. Concentrado en sus rezos, sus plegarias y oraciones, tiene ese hombre los ojos cerrados. Mas, en un momento, prueba una semilla que toma desde el aire, y le invita a acercarse. El leproso desconfía de la amabilidad. Como toda víctima de la lástima. Pero poco a poco toma confianza y estrecha la distancia entre los dos, hasta quedar a un palmo de una suerte de pelusa, muy difuminada, que teje un semicírculo en derredor de aquel hombre. Algo así como suaves filamentos de algodón diseminado. Toma unas cenizas de la tierra, y haciéndolas frotar con dos peñascos, las asperja de un polvillo reluciente.

Húmedo, fresco, suave y dulcemente agradecido.

Es entonces cuando Ismael percibe una molesta suavidad, un sosiego desgarrante. Tranquilidad rotunda. Como en un ruego definitivo, lleva las manos al rostro. Asustadamente, lo halla terso, compuesto y mejorado. Una cura raudal. Sanidad con el hacha. Abrupta. La angustia de lo serenio descargado con violencia. Y una bendición terrible. Un grito agudo en el que encuentra su voz articulada.

Las manos perfectas no entienden el abismo. Confuso, Ismael asume la gracia. De la que fuera inconsistente, ajeno, desentendido. Pasivo a la trascendencia. El milagro en la resignación. La salud recobrada en el tiempo de renuncia. El milagro involuntario, sin deseo. Un don cansado, incomprendido. Habilidad disipada, como de descarte. Lujo, en el sentido de suntuario y de derroche.

Se siente firme, suave, lindo. Como si lo hubieran untado con crema de leche. No puede volver a la caverna, sucia, maloliente, y sigue viaje, hacia no sabe dónde. Ahora que tiene tiempo para partir.

Raúl

Ismael, dueño de un milagro incidental, peregrina, incomprendido. No puede encontrar su lugar en el mundo. Antes perdía sus partes, ahora él es el perdido.

Las hierbas suspendidas alimentan a la imagen de un demonio femenino deslizante. Así, el eremita brinda de comer a su tentación. Milagro que distiende. Cálida utilidad, precioso sosiego. Semillas entregadas al acaso. Errático signo de divinidad.

Belleza dedicada. Salmo humilde. Beso de tierra. Manos de barro. El ermitaño es feliz cuando la escucha masticar sus jugos crepitantes. Aguarda la hora en que se acerque como un secreto sostenido. Pecado bendito. Mies de carne. Gracia pecadora. Devoción de la necesidad.

Suave, la tentación, que no vuela, camina con sus pies desnudos sobre el musgo de la cueva.

Extasiado el peregrino de su contemplación, fiel a su ayuno persistente, no toca una sola de las plantas comestibles que crecen a su alrededor. Las deja florecer y romperse en otros aromas, más carnales y sensibles. Puede ver cómo una mano femenina levanta la fruta frente a sí y la destroza, apretándola sobre la palma dulce.

 

Sobre “O antiqui sancti”, de Hildegard von Bingen, por Anna Maria Hefele en canto polifónico (02:33). https://www.youtube.com/watch?v=letfkSJ92Js

Fernando

El canto polifónico, o diafónico o de garganta, en el que el cantante o la cantante emiten más de una nota a la vez, es una técnica desarrollada milenariamente en el Asia Central.

Frecuentemente utilizada por los monjes tibetanos (“monje” literalmente quiere decir “solo”, proveniente del griego “monachos”) para la pronunciación de mantras sagrados, y por el folklore tradicional de toda la zona de influencia de Mongolia.

El sonido se produce directamente en la faringe, produciendo resonancias que la frecuencia de las cuerdas vocales va seleccionando, o filtrando, dejando intelegir sólo aquellas que sean necesarias para la producción de la melodía y el contrapunto.

Sobre una nota fundamental, se destacan las reverberaciones que a la manera por encima o por debajo de ella (sobretonos o infratonos) le permitan a la misma voz emitirlos en consonancia.

La garganta canta, sin necesidad de articulación de palabras. Y produce un sonido equidistante a la armónica de cristal, y al aullido.

Estamos escuchando, “O antiqui sancti”, de Hildegard von Bingen, por Anna Maria Hefele en canto polifónico.

 

Daniel

            Soledad silvestre, buscando un quién como a un dónde.

Un racimo de soledades compone un secreto.

Una lluvia de soledades recupera la voz

Un recuerdo de soledades no puede asir el viento.

Un sendero de soledades compone una roca.

El árbol de la soledad crece hacia las raíces.

Los huicholes usan la soledad para reír. Sólo permiten dejarse ver riendo a personas de su más cercana intimidad, ya que les parece amenazante la boca abierta llena de dientes, y grosero el estallido de la risa.

Los levines usan la soledad para tomar decisiones. De acuerdo con la importancia o trascendencia de la decisión es el lapso de tiempo durante el cual permanecen solos, en cámaras públicas dispuestas a ese sólo efecto.

Los samudis usan la soledad para agradecer. Retribuyen cualquier acción, dación o gesto generoso con un retiro allí mismo donde esa acción, esa dación, ese gesto los conmuevan, permaneciendo en silencio y como fuera del mundo, en homenaje a quien le deban el agradecimiento.

Los gumandris usan la soledad para protestar. Usan una suerte de pequeños modulares, armados con unos biombos que cierran a su alrededor, y con los que se presentan a la puerta o al interior del domicilio de la persona o institución contra la que se encuentran en disconformidad, y allí se quedan, hasta que alguien consiga hablar con ellos.

Los jinates usan la soledad para la batalla. Conscientes de que la guerra insume demasiadas vidas y recursos, los generales se retiran a una fortificación en las afueras de sus ciudades y allí no sólo planean sino que desarrollan cada uno de los detalles de cualquier pelea, y luego, vuelven a palacio y anuncian los resultados de la contienda. Ha habido casos de batallas que duraron más de siete años de soledad. Y de generales vencidos que nunca más regresaron de aquellas fortificaciones.

Cada pueblo, historia, civilización, tiene su forma de obtener la soledad, de retenerla y de cobijarla. Cada uno su forma de habitarla y desprenderla. A fin de que la soledad tome el lugar del fuego en el silencio, de la canción en el olvido, del relato en la distracción.

Raúl

Abrir la soledad es el modo infrecuente de ser sincero.

Abrir la soledad es el modo de atravesar cada uno de los hilos que sostienen el vuelo. Hilos en tensión, frágiles y evanescentes. De los que asirse y deslizarse, sin jalar ni eludir.

Danza de hilos en la fragua de los labios.

Asaltado de voces o de tonos o de giros.

Que pugnan por hacerte eco de sus vuelos.

Por hacerte palabra de sus manos.

Daniel

            Se hicieron estudios en la soledad, que permiten afirmar la existencia indudable de una comunicación.

Excepto en el caso de la abominable soledad del poder, que es constitutivamente arrasada por el yo, y la norma que lo usurpa todo, se han podido hacer llegar desde una soledad a otra mensajes cada vez más complejos y a distancias cada vez más alejadas.

Como en las moradas de Santa Teresa, en la que al mismo tiempo se avanza hacia adentro y hacia afuera, tocando en lo profundo la piel de cada cosa; o como en la metafísica de Macedonio, en el que un “almismo ayoico”, una hermosa y diversa y siempre renovada alma sin un yo que la recorte, representa el Universo; o como en la sentencia de Lacan, de ser en donde no se piensa… Se ha detectado la posibilidad de un recorrido entre las ajenas soledades.

Un recorrido que tiene la forma de una raíz, pero cuyo recorrido reproduce exacta aunque suavemente el tendido de las proyecciones de lava en el momento de mayor erupción.

Comenzamos, como en muchos de estos juegos, con una carta. A diferentes personas, en diferentes lugares del mundo, sin conocimiento entre ellas, se les pidió que eligieran una carta al azar, de todas las disponibles en el mazo completo de poker, una vez que se sintieran completamente y absolutamente solos. Todo lo que tenían que hacer era separarla del montón y destacarla de cualquier manera, a fin de que a la mañana siguiente pudiera conocerse su elección.

Por algún motivo, la primera noche fue el tres de corazones. Al día siguiente el 9 de trébol, y al siguiente el as de diamante.

No importa en sí la secuencia ni siquiera el valor de las cartas elegidas. Esa será tarea de supersticiosos y numerólogos. Nosotros nos quedamos con la coincidencia. ¿Por qué la misma carta, en la misma noche?.

Sin embargo, al mediodía, cuanto más afirmada está la actividad centrada en las habilidades de la vigilia, la misma experiencia no  resulta sino muy contados casos.

Raúl

            La civilización productiva repugna de la soledad habitada. Sólo entiende la desierta. Y esconde en la desierta, o manda a esconder y a encerrar todo lo que pueda liberarla.

Entonces el aturdimiento. La programación. La clasificación. El esto y aquello. Para no escapar, te sigue. Te sigue con la ilusión de una absurda actualidad. Te cerca. Te cerca con la mentida constatación de un individuo, una naturaleza, y consecuentemente, una propiedad, una razón y un interés.

Ni te suelta ni te tiene. Te entretiene. Te entretiene del mismo y constante modo en el que te

Vacía.
Daniel

            La soledad desierta está llena de seguridades. Es completa, integrada, precisa; sólida pura y orgullosa.

Se yergue soberana con su mañana vertical.

Se yergue amurallada con un derredor lleno de ausencias.

Segundo tema: “Memories of Green”, de la banda de sonido de Blade Runner, por Fernando Ilucik en piano. (05:10)

Acabamos de escuchar “Memories of Green”, de la banda de sonido de la película de Ridley Scott, basada en la novela de Phillip Dick, “Blade Runner”, por Fernando Ilucik en piano.

 

Fernando

            La soledad habitada es pródiga en extrañamientos. Cuanto más lejos del sí mismo, más intensa, plena y vasta es la soledad.

Así, somos seres reconstituidos. Armados con las mismas piezas que desarman nuestros pasos.

Son esas piezas las que nos llaman. Desde cada silencio, olvido o desconcierto. Nos llaman y estiran, a fin de que hagamos un lugar, un lugar que nos permita saber del otro, estando solos.

Desde cada una de las desesperanzas, desde cada uno de los abandonos. Desde cada precipicio, margen o intemperie. Notas sueltas de un acorde roto, esparcido y arrancado.

Sonidos iniciales, vocales liberadas, hebras destejidas, colores desteñidos, huellas disipadas, cuerdas derruidas. Tiran de nosotros, dándonos los nervios.

Voces descarriadas claman por nosotros, dándonos la boca.

Gritos descuidados piden por nosotros, dándonos el tono de los brazos.

            ¿Sueñan los otros con nosotros?

            ¿Hay esquirlas de nosotros en ellos?

¿Hay esquirlas de nosotros en sus sueños?

Daniel

Somos las semillas, no los árboles.

Somos las semillas. Aéreas, busconas, dudosas e incipientes; esparcidas, derivadas, flojas; volátiles, inhábiles, ansiosas y pacientes.

En el aire, por el agua, a ras de tierra, en el pico de un pájaro, sobre el abdomen de la abeja, en la boca del murciélago, en el cuero

de la madera.

Somos las semillas, no los árboles.

Ignotas, corrientes, dispersas.

Nuestra raíz llevamos, expuesta y vulnerable.

Somos las semillas, no los árboles.

Preciosas, secretas, celosas e inconstantes.

Nuestra raíz expuesta reclama la sed.

Nuestras raíces expuestas son nuestra piel.

 

Raúl

            Lo real comienza con la diseminación. Todo lo que puede desprenderse, luego es verdadero.

Esta voz que construye su silencio, que entra y sale de un huidizo pensamiento.

Es todo cuanto de mí no es mío.

Es todo cuanto sé de mí.

 

Cierre

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por IlGiardinoArmonico):

(Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

En el próximo programa de “Vocerrante”,

Tocaremos el secreto.

Abriremos el secreto.

El secreto como una de las formas objetivas de la soledad

El secreto como uno de los modos de suspender el curso del tiempo.

El secreto como intriga, como indagación, como castigo y como regalo.

Semillas que crecen en el éter VIII


VOCERRANTE (8)

 

Apertura (Sobre “White Man Sleeps II”, por Kronos Quartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

(Raúl)

Este es el octavo programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

Un devenir es un hilo.

Dos hilos hacen un nudo.

Tres desarrollan la trama.

Tres hilos son el principio del cuento.

Impar es el devenir, impar es el Universo. Nada que esté vivo puede guardar el equilibrio, la compostura o la simetría. Sólo el número impar permite un brazo extendido, una mirada atenta, un puente, una tensión o un deseo.

Impar es el modo de pedir algo más que lo puesto, que lo sostenido, que lo dado.

Cortando una de las patas de la silla, comienza a nacer la idea del movimiento.

Trama de hilos abiertos, entonces, la nuestra. Trama de tramas posibles.

Una trama, que es un modo de entendimiento en el que confluyen al menos tres historias. Una estructura en el tiempo, en el andar, en el transcurrir.

LA VOZ ES PLURAL, ya que viene de silencios espaciados.

Daniel es la voz de Roberto. Fernando es la voz del viejo.

Cartas

Roberto anduvo un par de cuadras más y al fin, se sentó en un café, mirando hacia la calle. No hay mejor modo de perderse. Había pedido un café con medialunas.

“Desde que me despidieran sólo me alimento con café” – pensó, recordando no haber cenado la noche anterior.

Adentro no había casi nadie. Horario de trabajo, claro. Solamente un jubilado, apartado, escribiendo en unas hojas amarillas, y él.

Un acto de arrojo sería sentarse a conversar con ese anciano.

Ver qué escribe.

Un poco más cerca de él, le advirtió un aire familiar. Un pelado con boina. Todos tenemos un pelado con boina conocido.

“¿Puedo?” – Señaló la silla, un poco tímido. El hombre mayor miró a su alrededor, todas las mesas vacías, y con una entonación sorpresiva y molesta le dijo:

“Haga lo que quiera” – señalándole el asiento como si lo hubiera dejado caer desde la palma de su mano.

“Gracias… ¿Escribe usted?” – ansiosas e infantiles le sonaron a Roberto sus propias palabras.

“Así es. Escribo cartas, ¿sabe?. Una carta es un anzuelo, una búsqueda, una promesa.” – el viejo hablaba para él, mirando un punto fijo, más allá de la ventana.

“¿Y a quién le escribe?”.

“Ah, en realidad, escribo a quien responda”.

“¿Cómo es eso?”. – Con las piernas inquietas hacía temblar las patas de la mesa. El hombre hizo un silencio, detuvo un instante la mesa con la mirada, y volviendo a levantar los ojos continuó:

“Usted puede partir, irse de golpe hacia cualquier sitio. Entonces manda cartas para que le aguarden al regreso. Pero si uno se queda quieto, como yo, sin apenas poder andar tres cuadras sin cansarse, escribe para que alguien lo visite”.

“¿Amigos?, ¿recuerdos?, ¿parientes?” – quiso precisar Roberto.

“No hay personas ni lugares. Nada más nudos, o mejor aún, encuentros.” – Se mantuvo un rato suspendido afirmando con la cabeza lo que acababa de decir y continuó:

“Mire: Una vez recibí una carta, devuelta al remitente, con mi nombre, apellido y dirección. Una carta que, créame, yo no había mandado nunca. Hice una copia de su texto, y la envié realmente a quien figuraba como destinatario. Como destinataria, mejor, ya que era, o es, mejor dicho, una mujer. Palabra dura, definitiva: “Destinataria”. Pero volvió a regresar. Entonces mandé una nueva, y sin suerte; y otras más, que siguen regresando ‘al remitente’.”

“¿Y por qué insiste? Por qué las sigue enviando?” – preguntó Roberto, apenas interesado en conocer la respuesta.

“Porque de esa forma he fundado un rito. Un rito del que soy el supremo sacerdote. Y nadie ni nada impedirá que en algún momento el círculo se abra, por ejemplo, dando lugar a otras cartas que se crucen con estas, con el contenido de estas. Con la destinataria y el remitente de estas. Explicando su origen por su deriva. Una metáfora de viaje para lo mismo, sería contar con el mapa de un sitio al que nunca retornaremos, pero al que habremos de ir”

En definitiva, el futuro es el sitio del “no retorno”.

 

La noche y el día.

F         “Es cursi, infantil, inútil. Mejor me comprás los anillos que vimos en la vidriera” – le había dicho Adela, cuando Jorge comenzó a tallar en la corteza del árbol más alto del parque sus nombres, rodeados por el signo con el que convencionalmente se representa el corazón, una suerte de círculo con dos puntas: Una salida hacia abajo y otra punta volcada hacia adentro.

D         “Es hoy” – se dijo Hidalgo, partiendo de su casa con una soga pesada a la que cambiaba de mano nerviosamente. La luz de la Luna lo ayudaba a encontrar el camino en medio del parque poco iluminado.

R         Jaime llevaba una bolsa con regalos culposos. Llegaría tarde una vez más al cumpleaños de la hija, así que decidió cortar camino por el parque. Apuraba el paso y no se cuidaba de las sombras o los restos del día, que aún podían anudarse por allí.

Carlos lo vio, candidato posible para el robo que le salvara la noche. Tenía deudas, pero sobre todo, promesas que cumplir. Y para todas hacía falta dinero. Ese tipo caminaba lento, miraba distraído, con un aire de apuro preocupado, con aires de ocultar algo, y además llevaba una bolsa que no era del mercadito.

F         Jorge no durmió, así que fue el primero en la madrugada en abrir y poner el horno a calentar. Aprovechó para amasar anillos, collares y muñecas de pan de trigo.

Adela sonreía recordando sus nombres en el árbol. ¿Dolerá? – se preguntó. Después de todo, es un ultraje que el árbol podrá cubrir con más corteza. ¿O ya no vuelve a crecer allí donde fue tajeada? ¿O de crecer lo haría capa tras capa, siempre dejando la inscripción abierta?.

D         Hidalgo se subió trepando al árbol y colgó la soga de una de sus ramas. Sosteniéndose con ambas manos se hamacó con ella, comprobando que sus pies no tocaban el piso. Realizó el nudo que ya tenía practicado muchas veces y se colocó la horca alrededor del cuello.

R         Jaime recorrió el aire, que traía un aroma a pan recién horneado, y giró su cabeza hacia la panadería. Entonces vio que Carlos venía hacia él. Corrió, desparramó las cosas que llevaba, y sin proferir grito alguno, ganó finalmente la calle iluminada.

Carlos dejó de perseguirlo cuando vio que se descartaba de toda la mercadería.

Se agachó para verla. Pero todo estaba envuelto para regalo. Con papeles delicados y brillantes.

F         Jorge sacaba los primeros anillos del horno. Con un pincel de una única cerda escribió el nombre de ellas en el interior de diez de ellos, y el de él en el de otros tantos. Luego, le dio un barniz de caramelo y glassé, y los dejó sobre la bandeja, a secar. También tomó los muñecos, y dándoles forma de novia y caballero, los colocó uno al lado del otro, como mirándose.

A Adela le pareció buena idea sacarse una foto junto a la corteza, a la luz de la hermosa Luna llena de esa noche, de modo que se levantó de su cama y salió a buscar al árbol. A buscarlo, como si no estuviera quieto.

D         El aroma del pan recién horneado avivó los movimientos de Hidalgo, que se sabía incapaz de suicidarse a la luz de la mañana. De forma tal que se soltó apuradamente, impactando con la cabeza en la corteza, donde se halló frente al corazón con los nombres de “Jorge y Adela”.

R         Carlos frente a los regalos se sintió impotente: No podía robar regalos. ¿Cómo robar algo que ya estaba destinado a regalarse?. ¿Cómo robarle a alguien aquellas cosas que ese alguien ya había dispuesto para otro?.

Jaime llegó hasta la puerta de la panadería, donde sabía que hallaría a alguien a esa hora. Y tocó.

F         Salió a la puerta Jorge, un tanto asombrado, y Jaime le contó su pequeña aventura. Jorge no podía dejar el horno así nomás. Tenía que apagarlo si quería acompañarlo. Le dijo que seguramente ya había perdido todo, que lo mejor era calmarse y que llevara a su hija los muñecos que acababa de hacer, para el desayuno.

D         Sorprendido, no menos que sorprendido, se halló Hidalgo frente a esa dichosa y reciente inscripción, y le pareció un sacrilegio lo que iba a hacer, precisamente en ese árbol.

R         Carlos se atrevió a levantar los paquetes, pero no a abrirlos. Sólo los fue colocando uno a uno en las tamañas bolsas donde Jaime las llevaba. Fue cuando vio del otro lado del parque, a una chica dirigiéndose hacia él con una cámara de fotos. En el aturdimiento, se puso a leer las etiquetas de algunos regalos.

F         Jorge le habla al pan. Jaime es el que contesta: “Gracias” – le dice – “por abrir”.

“No le abrí a usted sino a las niñas. Todas las mañanas, muy temprano, vienen a buscar el pan. Se llevan el mejor, el primero de todos. El primer pan del día. Cuando sentí los golpes creí que eran ellas.

D         Hidalgo se desesperó y buscó asirse con las piernas en el tronco. La soga comenzaba a tironearle y lanzó un grito de esfuerzo.

F         Adela se paralizó frente al árbol, pero como había ido preparada para eso, puso su cámara delante de él y sacó sus fotos.

R         Puesto en evidencia por los flashes, Carlos corrió, mirando hacia atrás y llevándose puesto el cuerpo colgado de Hidalgo, que ahora sí, gritó “ayuda” intentando abrazarlo con sus piernas, lanzando desesperadamente patadas al aire, una de las cuales lo volteó. Adela soltó la cámara y corrió a socorrerlos.

F         Jaime le muestra una foto de su hija a Jorge. La hija, en la foto, de hacía muchos años, tenía la ropa embarrada.

R         Adela tiene ahora la ropa embarrada. Le viene a la memoria una lenta melodía que el viento y el suave aroma de la sal y de la levadura, hacen más dulcemente triste.

 

            Una voz sonámbula anduvo recorriendo el parque. Como una raíz adherida a la tierra, de la que pudiera jalarse. Como jalaba Hidalgo a medida que levantaba la soga y volvía a enrollarla alrededor de su brazo.

Un murmullo de gritos enterrados, un resuello de lluvias anteriores, de pisadas de regreso y de miradas de siembra.

 

            Los pájaros comenzaron a romper los envoltorios y algunos regalos quedaron desenvueltos. Dos niñas detuvieron su camino de costumbre a la panadería para curiosearlos.

Hidalgo queda quieto al pie del árbol, con los brazos aferrados a las rodillas.

Al amanecer, se descubrieron, como develados en sus secretos, Iluminados en su intimidad, y ahora devueltos a la intemperie del día, al desarrollo del tiempo.

Una soga de ahorque, unos muñecos de pan y unos papeles de regalo fueron los objetos con que se encontraron los indiferentes transeúntes del parque.

 

Primer Tema: “La Nochera”, de Cabeza y Dávalos, por Roxana Amed. (05:18)

Acabamos de escuchar “La Nochera”, de Cabera y Dávalos, en la voz de Roxana Amed.

           

Son tres las parcas, las moiras, o nornas: Cloto, Láquesis y Atropos (en griego); y Nona, Décima y Morta (en romano).

Una es la tejedora, una es la tensadora y una es la cortadora.

Literalmente, Cloto en griego es “hiladora”, a la que se invocaba en el noveno mes de embarazo, para que el ovillo de la vida fuera amplio, robusto y generoso; literalmente Láquesis en griego es “la que echa suertes”, y era responsable de la longitud del hilo de la vida; Atropos en griego es “la que no gira”,  y era la encargada de cortarlo.

En la mitología nórdica se las conoce con los respectivos nombres de “Urd”, o lo que ha ocurrido; “Verdandi” o lo que ocurre ahora; y “Skuld”, lo que debe suceder o es necesario que ocurra. Nótense la resonancia de este último nombre con el vocablo “should” en inglés, asociado al deber moral.

Occidente hizo abuso de Atropos, Morta o “Skuld”, al sostener en todos los aspectos de su cultura, el arquetipo binario. Antes y después, afuera y adentro, entonces y ahora, cerca o lejos, humano e inhumano, natural y artificial, causa y efecto.

Sustituyendo el relato, el curso del tiempo, la narrativa, por el silogismo, el orden de las cosas, la imputación.

Como si desde uno solo de sus hilos pudiera deshacerse la trama.

Como si no hubiera un tejido ramificado y múltiple.

Como si la vida fuera en algo parecida a un esquema de decisiones. Como si todas las decisiones fueran pares. Por una o por otra. Por sí o por no. Por uno o por cero.

Se quiere asemejar la voluntad a un denominado “árbol decisional”, como si siempre nos enfrentáramos a una disyuntiva. Como si no crecieran nuevas ramas de las anteriores. Como si no crecieran nuevos árboles. Como si todas las preguntas fueran hechas. Como si las voluntades fueran inconexas y aisladas. Como si todas las decisiones fueran tomadas. Como si todas las acciones tuvieran fundamento. Como si todos los fundamentos fueran rastreros de la razón.

Daniel

El carácter binario de un sistema excluye al verbo como motor de su poder significativo, y con él a todos los procesos semióticos, remitiéndose solamente al contexto de interpretación.

Si las acciones propias no tienen punto de descanso, generando constante e infinitamente consecuencias y derivaciones, y si las acciones de los otros, y de los factores naturales u objetivos son invariablemente impredecibles e infinitas en sus posibilidades,  resulta necesaria, a los efectos de su manipulación e incorporación al cálculo, su reducción a términos de acción y reacción.

Esta reducción de las relaciones humanas a dos exclusivos términos de acción y reacción sólo resulta posible mediante la neutralización y transparencia de los catalizadores, que operan entre uno y otro, y de nuevo mediante la abstracción y separación del “tiempo” (verbo, historia, cambio, alternativa) en su consideración.

La estructura binaria busca hacer previsible lo incontrolable, mecánico lo imprevisible, causal lo voluntario, y necesario lo decisional. Se configura bajo el aspecto de una promesa de efectivo cumplimiento, pero cuyas condiciones de realidad dependen de factores de poder, que quedan solapados por su operatividad, ocultos en la medida de su eficacia.

De la mano con un tipo de juicio por oposición, que sigue la estructura lógica del “tercero excluido” (libre/esclavo; dueño/usurpador; inocente/culpable), la estructura legal o normativa es eminentemente binaria. Está formulada bajo la idea de la “Imputación”, como análoga a la de “causalidad” característica de la estructura del modelo decimonónico de las ciencias físicas.

El sujeto en el relato, en la narrativa, es aquel respecto del que se dice algo en el predicado. Es el protagonista del predicado. En cambio, el sujeto en la norma es objeto en el predicado. De allí la necesidad de contar con otra norma que refiera al sujeto que construye ese objeto y que realiza ese predicado (sociedad, Nación, instituciones). Sólo que estas normas subyacentes quedan ocultas e irrevisables, bajo la forma de axiomas inconscientes o presupuestos, que deben sin embargo acudir al momento de la investigación, elaboración, aplicación y ejecución de las normas.

Ninguno de los sujetos normativos, en este juego de oraciones dobles deviene el protagonista de su descripción o determinación. En cambio de ello, al modo del cruce de dos ejes cartesianos, postula un encuentro, una oposición, un enfrentamiento. Establece la hipótesis de lo que “debiera ser”. En tal sentido, debe advertirse que cualquier prescindencia del cauce de la temporalidad, deviene en dogma o en ficción.

Esta intersección de predicados importa la duplicación de la estructura binaria de la norma hacia el interior de su significado y de su significante. En primer lugar, supone la construcción de las instituciones sociales como “realidad” acreditada en su accionar presuntamente previsible, ordenado y continuo; y en segundo lugar, supone la recepción de las complejidades sociales también como “realidad” sólo en tanto se corresponda con dicha previsión, orden y continuidad (un supuesto proyectado y una derivación introyectada). Aquel, proveniente de una aspiración interior, y materializado en un rito reproducible; y la última proveniente de una materialidad exterior, e internalizada en un mito argumentable.

Raúl

La cuadrícula preparada por la intersección de normas, espera. Su acción principal, su rol, por su absoluto carácter de anticipación, es la espera. Aguarda el momento de reunión de la experiencia y la institución, y de la presunción en operatoria, como modo de actuar, de exhibirse, de permanecer. En ambos casos, se identifica el “ser” con el “deber”, sustituyendo uno con el otro, sustrayéndolos de los procesos implicados en su dialéctica.

Daniel

Por el lado de la institución, se niega o prescinde de la habitabilidad, ya que su realización no se corresponde con las necesidades vitales, sino con las pretensiones de su eterna juventud; y por el lado del sujeto, se niega o prescinde de la sinceridad, ya que su recepción no se corresponde con los atributos del deseo, sino con los de la desconfianza. Desborde donde debiera haber control, y contracción donde debiera haber impulso.

La dinámica binaria en esta sistematización de cruce de normas, deja fuera de consideración a las posibilidades del encuentro entre personas.

 

Raúl

Y sin embargo, el inmediato, el inmediato está allí, negado por las abstracciones de identidad, por los grupos, tradiciones y estructuras. El inmediato. El gesto, la ayuda, la mano del inmediato, con el que no nos ligue ninguna institución familiar, social, religiosa o política, es la célula de lo social, el principio del cosmos.

LA VOZ ES PLURAL, ya que viene del grito y de la seña.

 

Fernando

Ir y venir del baño a horarios regulares. Posar los platos sobre la mesa. Limpiar la mesada. Hacer la cama. Son todas ilusiones de constancia. Que logra que las cosas continúen allí. Se afirmen allí. No puedan escaparse.

En la Eternidad no hay rituales.

En la Eternidad todo es un continuo. En el que tampoco hay avances ni retrocesos.

Sólo continuo. Desde todas partes hacia todas partes.

Donde sea imposible saberse solo.

Daniel

Sustituir la lógica del antecedente / consecuente, propia de la imputación o de la mecánica, por una estructura narrativa de los acontecimientos, es no sólo incorporar humanidad, sino precisamente, certeza, a las hipótesis del conocer.

 

Fernando

Tramos de tramas.

Cuando el adelantado César Carracedo fue designado para hacerse cargo de la gobernación de la Colonia de Meretrices, por un error didáctico en la carta de navegación, llegó con sus galeotes a otra costa, donde sólo hallaron las ruinas de un anterior asentamiento. Entonces, al no hallar nada en pie, mandó informar a la corona que la ciudad había sido diezmada por los indígenas del país, solicitando nueva tropa y mueblario. Éstos llegaron mucho más tarde, pero dadas las ya conocidas y deficientes condiciones de la cartografía, siguiendo el rastro minucioso de los mapas de Mirceades, arribaron también ellos a otra playa. Durante una expedición de reconocimiento, Carracedo halló a buena parte de la soldadesca, sentada en el ámbito selvático, a la intemperie, sobre los muebles de palacio.

Los pobladores de la Colonia original, los merétricos, declararon su independencia tres semanas después.

Raúl

Dos amigos, uno desde China y otro desde Buenos Aires, deciden conducir en común un programa de radio. Uno en las antípodas del otro. A la audición la bautizan con el nombre de “El otro extremo”. Los extremos también se multiplican.

En Pterodoxia, planeta múltiple, una acción llevada a cabo en una tierra repercutía en otra. Por alguna razón, era imposible predecir en cuál.

Daniel

Los soluka, de Sotronom, isla al oeste de Madagascar, realizan todos los años la reparación o rearmado de la soledad. Consiste en el encuentro de todos quienes conozcan a alguien, sin la intervención de este alguien, y en la que se designará el modo en que éste deberá comportarse cuando esté solo.

 

Fernando

            Entre los tromon, de Abi Nari, los hechos no son identificados con sus causas, sino con sus entornos. Esto es, si alguien apoya un vaso sobre la repisa y se escucha un trueno, el trueno es el vaso en la repisa.

Raúl

            Los sequérenon del norte de Suabia, se reúnen periódicamente en congresos multitudinarios para determinar los por qué no de su realidad habitual. Analizan uno a uno los por qué no, intentando dar razón de ello, ya que de lo habitual, nadie intenta dar razones.

 

Daniel

Entre los cangshi, de Sobrevuela, no existe el concepto de completitud. Toda afirmación, hecho, acción o circunstancia es entendido como parte de un relato, tramo de una trama, línea de una red, razón por la cual nadie deja este mundo, sino que se reparte. De hecho, sólo una vez se condenó a alguien, y fue cuando ese alguien puso término final a una historia. El término final se lo pusieron a él.

Fernando

Los makkunom, de Radimia, tienen un término propio para indicar que ese término ocupa el lugar de un suceso que o no ha ocurrido aún, o se postula como ocurrido, o que ocurrido aún no se conoce. Para ello usan la voz “Psalaj”. De modo tal que en sus relatos hay amplias zonas identificadas como o ”psalaj”, con lo que lejos de evitar la fantasía, se multiplica en tantas como relatores haya, según el modo en que la integren o completen a título de tal, sin distinción entre ficción o realidad. Descontaminados del documento, la estadística y la crónica.

Daniel           

Puede hacerse el relato de una acción diseccionándola hasta el infinito. Esto es, por ejemplo: Carlos cruza la calle hacia la calle por la que Esteban avanza. Primera disección: Antes de llegar a la vereda, Carlos levanta la vista para controlar que no venga ningún auto por la izquierda. Antes que al auto, ve a Esteban que le hace un gesto rápido con la vista. Confunde el gesto con un saludo, y se lo retribuye. Segunda disección: Carlos se extrañó del gesto de Esteban, buscando en su memoria la imagen de algún rostro familiar o conocido que acuda en reemplazo de ese rostro real. Nunca ha sido descortés y en situaciones como esa, de rápida decisión, se vio obligado a redirigirle el saludo, sin importar de quién se trata. Tercera disección: Carlos abre levemente su boca en una sonrisa sugerida, alzando apenas las cejas y levantando la mano derecha en señal de saludo y reconocimiento. Los ojos abiertos, más abiertos, y las piernas retenidas a poco de haber traspasado la mitad de la calle. Se da cuenta de haber malinterpretado el gesto de Esteban cuando la luz de un automotor le da de lleno en la pupila.

Segundo tema: “Chominciamiento di gioia”, anónimo italiano del siglo catorce, por el Ensemble Unicorn, (07:27)

Acabamos de escuchar “Chominciamiento di gioia”, anónimo italiano del siglo catorce, por el Ensemble Unicorn.

Separador: Estamos en Vocerrante (01:00)

Raúl

Año 1566. Cósimo de Médici, duque de Siena y Florencia, encarga a Alessandro Striggio, músico, diplomático y, cosa significativa para nosotros, aunque no tanto para sus contemporáneos, amigo de Vincenzo Galilei, el padre de Galileo… le encarga, decíamos, una misa, para ser entregada al señor emperador Maximiliano II de Austria, ansiando obtener de él un título nobiliario que en realidad le llegará algo así como diez años después y por otro motivo. Dicha misa fue conocida con el nombre de “Missa supra ecco si beato giorno”, escrita para 40 voces (10 coros, con 4 partes cada uno). Striggio llevará después su música a Inglaterra, durante una misión diplomática. Esa misa posteriormente, estará perdida durante tres siglos.

Daniel

El edificio característico del arte gótico es la Catedral. En la catedral convergen los nervios interiores formados en el cruce de los arcos, en bóvedas que se elevan cada vez más complejas y diversificadas. Afuera, los arbotantes se afirman como raíces, que empujan hacia arriba, rematando en pináculos. Y hasta la luz se distribuye en ejercicios aritméticos sobre cada una de las naves, que se multiplican hasta el número de siete, a través de rosetones, gabletes, tracerías caladas en las ventanas,  y multitud de detalles, líneas, series y materiales.

LA VOZ ES PLURAL

Fernando

Thomas Wateridge, un ignoto estudiante de Derecho, llevaba un cuaderno con observaciones sobre la sociedad de la época. A través de ellas sabemos que Thomas Tallis escuchó las obras de Alessandro Striggio, quedando muy impactado de ellas.

Raúl

Año 1570. La reina Elizabeth iba a cumplir 40 años, y encargaron a Thomas Tallis la realización de una pieza musical para su celebración.

Para dicha ocasión, Thomas Tallis concibió un motete, para cuarenta voces (8 coros divididos en 5 partes cada uno), con el texto del “Spem in allium”, inspirada en la música de Alessandro Striggio, que había escuchado en Londres.

Fernando

Notas desprendidas, notas recuperadas, notas vueltas sobre sí, atravesadas por el viento o la caricia o el desgarro de la melodía; por la densidad, el carácter o la materia del timbre; por la tenacidad, la sorpresa o el pulso del ritmo.

Una estructura gótica, una vastedad sonora. Un espacio recorrido de gestos, giros y medidas. La danza y el rezo entreverados. Aperturas, sombras, huellas y caminos, arenas y apuntes, ensayos y convicciones.

LA VOZ ES PLURAL ya que viene de siglos de palabras.

Raul

En algún momento, en 1726, un empleado de la Biblioteca Real de Francia, cataloga una obra desconocida como “Misa a cuatro partes de un desconocido A. Strusco”.

Dicha obra se mantuvo allí, en silencio, hasta su redescubrimiento por el musicólogo inglés David Moroney, que la identifica como la “Missa supra ecco si beato giorno”, de Alessandro Striggio, en la que detecta con particular sorpresa, una última sección, el “Agnus Dei”, compuesto para 60 voces.  Esa obra, completa, recién volvió a escucharse el 17 de julio de 2007, dirigida por el propio Moroney.

 

Los tres

Las notas se hilvanan, desgranan, cultivan,

Comienza cada una en su momento, comienza cada una, comienza cada, comienza.

                                               Comienza cada una en su momento

Comienza cada una en su momento.

Y se extiende en distintas velocidades, distintas velocidades, distintas velocidades

Y                       se                       extiende                      en                           distintas

Y                                                                                      se

Velocidades

Ex…

Formando acordes

Ar

            Pe

Gia

Dos

O en conjunto.

Se buscan, se entrelazan se despiertan y renuevan, habitantes y habitadas

Se buscan se entrelazan, se despiertan y renuevan, habitantes y habitadas.

Se buscan se entrelazan, se despiertan y renuevan, habitantes y habitadas.

Habitantes y habitadas en nosotros.

Habitantes y habitadas en nosotros.

Habitantes y habitadas en nosotros.

LA

VOZ

ES

PLURAL

 

Raúl

Del mismo modo que la música

Se construye el verbo.

 

Tercer tema: “Agnus Dei”, de Alessandro Striggio, por Le Concert Espirituel, dirigido por Herve Niquet (05:03) https://www.youtube.com/watch?v=LQ8WmDVTGyY – Allessandro Striggio Agnus Dei

Acabamos de escuchar, el “Agnus Dei”, de Alessandro Striggio, en la versión de Le Concert Espirituel, dirigido por Herve Niquet (05:03)

 

Cierre

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por IlGiardinoArmonico):

(Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

Semillas que crecen en el éter VII


Escuchado en el Séptimo Programa de “VOCERRANTE”.

“En la noche, suelen soltarse esas palabras que en el ecosistema diurno no encuentran lugar, destino o significado. Palabras que se dicen al oído, con los ojos cerrados o ante el fuego aglutinante.

“Gestos y palabras que sólo se conocen en la intimidad.

“Gestos y palabras que sólo pueden ser en la noche recuperados.

En la noche,

Ya que por la noche

trasuntan todas las

criaturas inasibles.

Con el nombre de bichito fosforado, se conoce en algunos territorios selváticos del norte a un pequeño grillo que canta por las noches hasta arder en el calor de su propia canción, generada por la frotación de sus patitas.

Con el nombre de arena rigurosa, se conoce en las playas de Trevisonda, un fenómeno climático que arrastra capa tras capa los granos de arena, dejando ver antiguas formaciones, castillos, montañas, corazones y leyendas. Y de vez en cuando algunas huellas que quedaran enclavadas de vista al mar.

Con el nombre de flor de la vergüenza, existen en Rimamba una suerte de hongo que se tiñe de rojo durante la noche, y para quien se acerque lo suficiente, menciona los pecados de cada uno.

Los hongos crecen de a miles y pronuncian el listado de menor a mayor, de izquierda a derecha, y por orden alfabético. Pero nunca es posible escuchar los pecados de otro.

Con el nombre de calenda nivia, se conoce en el desierto de Saragüi, a las reliquias del agua de Santa Nicena, que sólo en forma de gotas espontáneas se presentan al sediento peregrino al que encontrara la noche. Quienes las probaron, afirman no haber en el mundo otro sabor tan dulce, tibio y reparador.

Con el nombre de verbo alado, se conoce entre ciertos beodos del sur de la ciudad, a un ave profética que sólo se aparece en las ventanas que no se cierran, y que en lugar de cantar, pronuncia una palabra sola, que es exactamente la que se busca para abrir un poema, pero que inmediatamente escuchada, se olvida para siempre, pero que deja en ellos la sensación de absoluta certeza.

Con el nombre de jaranalea, se conoce en Valut, provincia de Avicena, un revuelo de plumas que no caen, y que sólo suben y suben en círculos concéntricos hacia una constelación inespecífica.

Con el nombre de piedra cala, se conoce en la ciudad vieja de San Pedro, una formación lítica que por las noches se dibuja en los adoquines, sólo los días de Luna llena, se dibuja con la reconocible imagen de una flor blancuzca, con pistilo sobresaliente, y los pétalos abiertos. La disposición tan particular de los adoquines y sus tonalidades, que permiten esa estupenda realización, se deshace a primera hora del día, antes de que surja el primer transeúnte, o que lo atraviese el primer automotor.

Con el nombre de Perecito Montes, se conoce en algunas localidades de Córdoba, a la aparición de un ser bajito y de traje escarlata, sonrisa ignorante y gorro de pescador, que circula por las sierras, que sólo puede verse a altas horas de la noche, y sólo por quienes se encuentren perdidos, a los que sirve de guía desapareciendo en cuanto ellos retoman el camino. Y casi siempre, silvándoles durante todo el trayecto, el que por lo general, resulta casi siempre ser el modo más largo de hacerlos regresar.

Finalmente, en esta corta lista de criaturas evanescentes con la noche, mencionemos al algondino, una hierba blanca que se aparece en los bosques de Dubresia, y que señala en la noche, el lugar en que al día siguiente, alguien con seguridad dejará caer un beso.

Notas, cantos, melodías, coros y cristales que sólo pueden ser hechos sonar, o notados, o hallados, o transmitidos, por la noche.

Existe también entre los jorutos, de Yoruba, Tucumán, una serie de instrumentos que sólo pueden ser interpretados en la noche. Instrumentos que durante el día no sería posible atenderlos, entenderlos o ejecutarlos, de tan sutiles, de tan acomodados al silencio, de tan celosos de sus sonidos.

En algún cuento de los saraguo, se dice de un señor que quedó extraviado en el bosque, al que un árbol, en medio de una intensísima noche, le habló. Extrañado, el hombre pegó un grito de sorpresa. “No se altere” – le previno el árbol. “Todos hablamos. Lo único que ha cambiado es que usted ha querido escuchar.”

Hay culturas que atribuyeron personalidad a la noche, antropomorfizándola. Y así, la noche sería la reina de la polisemia, de la diversidad, de la divergencia. Y también de la serenidad, de la profundidad y de la música.

Si el silencio no existe, ya que todo vibra, entonces la noche vibra de un modo más amplio y lejano. La noche, como un animal que siempre estuviera lejos. O cuya sombra se estirara más y más sin lograr arrancarse de sí ni de su cuerpo.

El día sólo se agita. Pero está latiendo la noche.

El día sólo avanza sobre ti. Pero a la noche, nos internamos en ella.

El día es luz, sustantivo, materia, pero la noche verbo.

Todo lo secreto está ahora abierto.

Nocturnemos.

Semillas que crecen en el éter VI


Escuchado en el sexto programa de “Vocerrante”, el 9 de julio de 2015.

Todos los jueves, a las 23:00

por Arinfoplay (http://www.arinfo.com.ar/notix/sociedad.htm)

I

Es a partir de la intimidad que cobramos un cuerpo; a partir de la concordia que devenimos personas; y a partir de la comunidad que constituimos sujetos.

Cuerpo, con el límite de la lágrima; persona, con el límite del abrazo, y sujeto con el límite del acompañamiento.

Verbos abismales.

Verbos abisales.

Ángeles como verbos. Por eso alados. Por eso sin nombre y efímeros.

Ligeros y difusos, frágiles y tiernos, como brotes en la orilla.

II

Sin embargo, estabas allí cuando coincidimos.

Aunque en verdad allí estaba el beso que los dos encontramos.

El beso llama a los labios, no los labios al beso.

La voz llama a la garganta, no la garganta a la voz.

La mirada llama a los ojos, no los ojos a la mirada.

La caricia llama a las manos, no las manos a la caricia.

El trueno llama a la luz, no la luz al trueno.

El agua llama a la sed, no la sed al agua.

El encuentro llama a los caminos, no los caminos al encuentro.

III

Las aves

Atemorizado por los rumores acerca de la batalla, las seguridades en orden a la preparación del enemigo, el indignantes pueblo de Coz, y las inconveniencias del terreno en donde se debían llevar a cabo las acciones, Arsenutconvocó a todos sus augures.

Los augures son personas muy inseguras. En tanto interpretan señales en la forma o dirección de las piedras, el canto o el vuelo de los pájaros, el viento, la espiga, la forma de los granos, el orden de los granos, el ruido de la lluvia, el modo de la lluvia, la disposición de las cucharas, la puntería del orín, el musgo en las paredes, el corte en las entrañas, los dolores, las roturas y las cicatrices, casi no pueden moverse, sin alterar el curso de los siglos.

Hallaron el día y la hora propicias, por la que discutieron y disintieron largamente, y se presentaron todos ellos en el salón del palacio que tiene tres ventanas, eliminada u oscurecida la que daba al norte, punto cardinal en el que se encontraba el enemigo.

A primerísima hora del día, con el Sol apenas asomando, los tres augures declararon que no debía tener lugar el ataque sino hasta que de las entrañas de un zargal, un ave característica de los pantanos de un vistoso plumaje azul, se distinguiera un hígado dorado.

Fue el día y la noche más larga para el zargal. Todos fueron atrapados por los soldados del reino, abiertos y desentrañados para su examinación.

Ninguno. Ningún zargal, como es de suponer, exhibía su hígado dorado.

Ante la decepción de Arsenut, y los corrillos y noticias de que los augures promovían la paz con el pueblo de Coz, uno de sus más fieles soldados pintó el hígado de un ave.

El ataque se realizó y Arsenut se alzó con la victoria. Una victoria apenas cubierta con tintes de sedería, y sobre la que cualquier tizne de rocío o humedad se cernía sombría e inminentemente amenazante.

Una vez impuesta la ley, hay que amurallarla, ya que todo lo que esté fuera de la ley se transforma en enemigo.

El futuro confunde por su fuero incontrolable. Por eso siempre la ciencia ha querido acabarlo.

Así las cosas, y alertado el emperador, todos los ejemplares de zargal fueron fundidos en oro con el oro de sus conquistas.

A partir de allí, el zargal pasó a llamarse “águila romana”, sólo había de oro macizo, y ninguno volaba, de lo que tomaron debida nota todos los ornitólogos del reino.

Y en cuanto desde una remota aldea, en un remoto pueblo, de una remota provincia del territorio conquistado se indicó la remota posibilidad de que pudiera haberse avistado un viejo zargal, se negaron absolutamente los testimonios, la morfología y la existencia de esa ave, atribuyéndola a alguna fantasía local.

Era evidentemente imposible, decían, acudiendo a sus registros y clasificaciones, que existieran aves, de plumaje azul y no dorado, de carne y hueso, y para colmo ¡voladoras!.

Una vez amurallada la ley, corresponde naturalizar el muro que la protege y desconoce.

El futuro irrumpe por su deseo. Por eso siempre el mercado ha querido consumirlo.

Las águilas doradas nuevamente se fundieron para dar lugar a las monedas de oro, con la efigie de Arsenut como toda seña y aval.

Todos pugnaban por ellas, todos las atesoraban, todos las sostenían como cosa propia.

Ahora las aves ni volaban, ni siquiera tenían plumas azules o alas doradas. Poseían sólo la imagen del conquistador, un número acuñado y una forma circular. Para ir y venir, pero sobre todo, perderse, en las tierras de la conquista.

Entonces los augures, los científicos y hasta los ornitólogos las defendían como a pequeños e indefensos pichones, necesarios para tasar con ellos el agua y el aire, el pan y la vida.

Las monedas para las semillas que daban de comer en una remota aldea, de un remoto pueblo de una remota provincia del territorio conquistado, al zargal, esas aves misteriosas, fugitivas y clandestinas.

Semillas que crecen en el éter V


Escuchado en “Vocerrante” N° 5, el 2 de julio de 2015,

Todos los jueves.

a las 23:00 hs., por “Arinfoplay” (http://www.arinfo.com.ar/notix/sociedad.htm)

I

“No hay terror más grande que el de la lógica.

No hay palabra más cruel que la que no se grita.

El mal, el verdadero mal, es la naturalidad de la impotencia.”

II

“Hay vestigios, rasgos, huellas, vestes,

Desbordados ecos de las cosas idas,

En el aire leve, en la gota nimia,

En cada fina y gruesa arruga de la frente.

Hay dudares extraviados por los muros,

Estampada en las aceras la agonía de un desgarro.

Hay retazos de llorar vertidos en los arbustos,

Y en los tiznes de una hoja los de un nombre pronunciado.

Hay una palabra estancada en el viento,

Pincelada una ronda en el patio de una casa.

Ruegos de cenizas atraviesan la enramada

Y de un risco se distiende el manto de un consuelo.

Hay un rastro de sangre por la vía,

Una huella de dolor aferrada a los portales.

Hay un grito sordo atrapado en las esquinas.

Y andan, laten, ruedan verbos desgranados por las calles.”

III

“Todo tiene tu nombre ahora. Desde el granizo que cae sobre las calles, hasta la escoba que barre las esquinas. Desde el silencio hasta el grito. Desde el diluvio hasta el desierto. Y todo tiene tu nombre porque todo te está llamando. Todo te nombra desde el instante que das cuenta de tu absoluta pluralidad.”