Semillas que crecen en la cartomagia


SEIS DIOSES A LA MESA DE UN BAR 

Micronovela cartomágica.

Raúl Alberto Ceruti

 

Todos los miércoles de lluvia, los seis dioses se avienen a reunirse en el bar de la esquina de Bernoulli y Fonseca. Son tres dioses, dos diosas y un dios hermafrodita.

 

Todos los miércoles de lluvia, los seis dioses, con sus mazos de naipes en donde bailan y se pierden planetas enteros, siglos de esperanza, constelaciones completas.

 

Todos los miércoles de lluvia, sin aviso, ni arreglo ni concierto. Coinciden, sin más, para probarse que aún existen.

 

Kantonio no era un dios, era meramente un inmortal. Y a Kantonio le habían otorgado el inconveniente de la exactitud. Kantonio padecía de recuerdos acabados. Los recuerdos acabados no cambian más. Se quedan así de claros y eficientes, como un documento, más que una huella, una herida o una sensación.

Y uno de los recuerdos acabados y recurrentes del inmortal Kantonio, lo dejaba todos los miércoles de lluvia en la esquina de Bernoulli y Fonseca, donde estaba el Bar, adonde acudían los seis dioses a probar fortuna.

 

Kantonio era exacto, preciso y certero para todo: Era insoportable en cualquier conversación. Por eso los dioses lo tenían sólo para servir, y atenderlos puntualmente en cada uno de sus pedidos: Que un café descafeinado con agua del Lago Náscar, levemente hervida con fuego de la caravana de Lóstar, que un licor de menta con hojas maceradas sobre la piedra de Tóluk, que un salero de ciento treinta y siete granos… Ningún otro mozo hubiera funcionado. Ningún otro mozo lo haría mejor.

 

Uno de los dioses que se sentaba a la mesa, Murabio, uno de los más antiguos, que parecía formar parte del mobiliario del salón del bar, no había creado nada nunca. Nada. Ni un pedazo de lombriz, ni un grano de lenteja. Murabio regula la espera, la incertidumbre, el orden arbitrario y las cuentas. Es el dios rector de los mazos cerrados y de las barajas de publicidad.

 

Otro, Javierio, el más espigado y quebradizo, el que siempre consumía la misma taza del mismo té (de hojas, por supuesto), era extremadamente omnisciente. Javierio lo sabía todo, por lo que nunca entendía qué acción era causa de cuál otra. Siempre se perdía ante la multiplicidad de referencias espaciales o temporales. En el primer caso, porque el espacio es un compuesto complejo de ausencias y presencias, fondos, formas, detalles y adherencias; y en el segundo porque el tiempo es un compuesto complejo de procesos adunados, interconectados y superpuestos. Javierio regula las inadecuaciones y diferencias. Es el dios rector de los cortes y de los ases de picas.

 

Solden, el más gordo y estentóreo, el que siempre acudía con una sonrisa y pedía una picada “de la casa”, había descuidado tantos mundos, que poco ya le importaba de ellos. No era capaz de seguir el hilo de una historia, más allá de sus primeros tres milenios. Prefería hablar tanto de grandes fenómenos como de anécdotas curiosas. Episodios graciosos, burdos o espectaculares. Excepciones al trámite de la eternidad. Solden regula las extensiones y las mezclas. Es el dios rector de los Jacks y de los ases de tréboles.

 

Nurma, la diosa vislumbrada, se acercaba en el mismo movimiento en que la veías partir. Y en su lugar, se instalaba una desazón, un suspiro, una remembranza. Una suerte de melancolía hacia adelante, que avizoraba volverla a encontrar, en la vereda de enfrente, detrás de algún balcón, o reflejada en alguna ventana, con la sola condición de no abrir las cortinas voluntariamente. Nurma regula los atisbos, las cartas invertidas y los dieces de diamante.

 

Lemia, desbordante y suavemente furiosa, se acompañaba con un cognac mientras al mismo tiempo que las narraba, iba creando situaciones como seres vivos. Situaciones que nacían, se desarrollaban y a veces también morían o  metamorfoseaban en otras. Lemia regula los encuentros y las distancias; los cambios de color, y todas las transiciones. Es la diosa regente de las cuatro reinas.

 

Diallias era el dios o la diosa hermafrodita, siempre preparado/a para sentarse en un lugar distinto, purgar las contradicciones, tejer vínculos. Diallias regula lo inesperado. Lo que no iba a estar ahí, lo que no puede llegar a tiempo. Es la diosa regente de los ases rojos y de todas las impares.

 

Los dioses prefieren hablar sin relación de causalidad. Sobre todo sin la causalidad mecánica, que siempre es un fastidio en el relato.

 

Prefieren dejar los recuerdos abiertos, para que en ellos pueda caber una nueva ilusión.

 

Seis dioses juegan a la baraja. Sabiéndose todos los trucos, con la esperanza de sentir un soplo de magia, para llevarse un recuerdo inacabado. Uno que no pueda explicarse. Uno que no alcance a terminar nunca.

 

Por el momento, llevan a cabo esta reunión de todos los miércoles de lluvia, celebrando un ritual, que es algo así como una imitación a pulso de la eternidad.

 

 

MURABIO

 

Esa vez las primeras cartas las jugó Murabio. Y eran cuatro cartas blancas, como no podía ser de otra forma. Blancas de cara y de dorso. Toda una declaración de posibilidad.

 

Murabio recorrió las miradas del resto de los dioses y las diosas que estaban allí, y halló que también sus ojos estaban en blanco.

 

Mundos a la espera. Creación en expectativa. Escena sin iluminación. Como cuando el set se abandona, o cuando todavía no ha llegado nadie a conocerlo.

Mundos secretos, escondidos. O mundos relegados. Ni siquiera advertidos como para hacer de segundo plano.

 

Javierio sorbó un poco de su té y eso fue todo lo que sucedió en la superficie. Creación en paréntesis. Que solo pudiera deshacerse a través de una trama conversatoria.

 

Nurma: “Cuatro cartas blancas, de cara y de dorso. ¿Puede hablarse de cara y de dorso?. Son cuatro cartas de la ausencia, de la falta de otro, cartas en reemplazo o en sustitución de otro. Lugares que aún no han sido visitados. Sitios que tampoco pueden verte.”

 

Murabio (tomando la sal y echando una buena cantidad sobre sus papas fritas): “Y sin embargo deben ser cartas negras o cartas rojas, pares o impares, números o figuras, corazones, picas, tréboles o diamantes. Aún siendo blancas, no pueden dejar de representar esos límites.”

 

Diallias (cortando una rodaja de limón en forma de estrella): “Por eso la verdadera libertad está en los dorsos. Los dorsos sí pueden ser incluso blancos. Incluso, aunque no lo sean. Las cartas blancas sobre la mesa, Murabio, ¿son dorso y  cara? ¿son doble dorso? ¿son doble cara?”

 

Javierio hizo una mueca de infinita sapiencia: “Doble dorso, como una Luna con dos caras ocultas. Lo hemos hecho. Un modo fantástico de ocultar un enorme cuerpo celeste en el Espacio… Y doble cara, para construir un objeto tridimensional a partir de otro bidimensional. Un objeto que sólo tenga luz y sombra, darle aires de materia. Quizás, Nurma, ¿has hecho algo así?”

 

Nurma (jugando con una aceituna entre sus largos dedos): “No con la luz, pero sí con el susurro. La constelación de Gortz, por allí arriba, está hecha sólo de vibraciones. De sonidos extraídos de las notas que quedan resonando entre las paredes de una habitación, o al interior del  alma de un pequeño violín, o entre las maderas gastadas de un piano en desuso.”

 

Solden hizo trampa: dio vuelta la primera de las cartas y vio que era un seis de picas.

 

Murabio, observándolo, dio vuelta las otras tres y remató: “Son todas seis de picas… de dorso.” – Y estirándose encima de las barajas se puso a darlas vuelta nuevamente: – “en cambio, de cara son el seis de picas, pero también el seis de trébol, el seis de corazones y el seis de diamantes. Así, el seis de picas es a la vez un doble dorso y un doble cara. Tiene de dorso una cara, y una cara de dorso. Como una galaxia que sólo sea espejo de otra, que no está allí donde la miras. Y que al otro lado tiene el reflejo de su espalda.”

 

Diallias tomando el doble seis de picas con la mano y dándolo vueltas para un lado y para el otro: “Un infinito metido para adentro. Un infinito del revés. Que casi coincida con un punto. Un punto de fuga que te mete más adentro todavía.”

 

Solden tragó algunos litros de agua: “Está muy bien como escenario. Pero falta la historia. Quiénes son esos seis? Qué hacen ahí? Qué buscan? Acaban de reemplazar al vacío, pero no tienen nada para decir?. A mí me ha pasado con creaciones que luego quedan a la deriva, descuidadas, como al boleo. Y que si no tienen la chispa o la audacia o el motivo suficiente, se adelgazan y quedan luego convertidas en hilachas, y de hilachas en polvo.”

 

Diallias, jugando a dar vueltas con el seis en la mano izquierda, hizo aparecer otras cinco cartas en sus dedos.

 

Murabio hizo lo mismo con las que le quedaban. Y siempre otras cinco cartas aparecían. Y todas las veces eran cinco seises. Se deshacía de ellos, que volcaba sobre la mesa, y otra vez aparecían otros cinco.

 

Con ese procedimiento, el centro de la mesa se fue llenando de una misma baraja, al que Murabio, con un chasquido de sus dedos, convirtía en ases de picas, con el dorso igual, exactamente igual a la veta y el color del recorte de la mesa donde tocaban.

 

Javierio dijo (mirando a todos): “Dorsos de realidad?. Dorsos que no están en la baraja, sino en aquello que la baraja toca.”

 

Nurma lo miró, con el rostro extrañamente grave y contestó: “¿Y por qué no caras de realidad? Caras que tomen el reflejo de lo que ven enfrente suyo. Y que el más suave e imperceptible movimiento, las cambien, las muten, las traspasen.”

 

Dialia agregó con cierto entusiasmo: “Y que esos movimientos, esas suaves e imperceptibles mutaciones sean el sentido, el rumbo, o el carácter que cada una de esas caras busca de sí y para sí?.”

 

Solden atravesó la conversación levantando un par de dedos en el aire: “Un mundo de espejos rotos. ¿Están seguras?”

 

Lemia: “Pero algo más va implícito en ese movimiento: Un hilván. Un tejido. Una red. Una costura que una cada cara a la siguiente, de la misma baraja, y cada baraja al resto de las barajas. Único modo de establecer dorso y cintura, manos y piernas, de encontrar en la sutura ese elemento fundador, único sensible y creativo al mismo tiempo, que es la piel.”

 

Como los ases de pica se seguían acumulando en el centro de la mesa, Murabio los dio vuelta, y como el dorso reflejaba el punto exacto en el que descansaban sobre la mesa, de inmediato, para toda percepción, desaparecieron.

 

Solden aprovechó para hacer venir a Kantonio, pedirle que desparramara 11.972,35 granos de sal en su plato, y que trajera una nueva canasta de variedades de pan.

 

Javierio se acercó a Lemia para decirle: “Y de qué estaría hecha esa costura? Sólo tenemos la trama de la tela de la baraja.”

 

Lemia se limitó a mirar por la ventana, a través de la cual todavía la lluvia de miércoles caía como una constante sorpresa.

 

Sobre qué mirada caerá la última gota ese miércoles? Hay acaso una última gota? No ya el reflejo de las anteriores? No es ya su reflejo en la mirada?.

 

Gotas de dorso y de cara. Jugando una jugada imposible a permanecer detenidas y arrojadas al mismo tiempo.

 

La gota como el recuerdo multiplicado de la gota. La gota sin número, sólo reflejo de la mirada.

 

Murabio pasó el mazo de cartas a Javierio.

 

 

JAVIERIO

 

Javiero tomó la baraja entre sus dedos nerviosos. Como todo omnisciente, tenía miedo de todo, de cuál estaba abajo, de cuál estaba arriba, de cuál saldría primero, de cuál saldría después. Miedo de la mezcla y de los cortes, miedo de que saliera exactamente la carta que debía salir.

 

Abrumado entre todas las posibilidades, murmuró, casi para sí mismo: “7 de trébol.” – Y el 7 de trébol salió desde algún lugar por el medio de la baraja. Luego: “9 de picas” – Y el 9 de picas salió desde algún lugar más cerca del fondo de la baraja. Luego: “4 de corazones” – Y el 4 de corazones salió de arriba de todo. Y luego: “5 de diamantes, 3 de corazones, 8 de picas, 9 de trébol, 2 de corazones, J de diamantes, reina de corazones” – Y efectivamente, fueron saliendo una a una, una después de otra, todas las cartas que iba nombrando, las sacara él mismo o las sacara otro u otra, estuvieran juntas o separadas.

 

Lemia lo detuvo, poniendo su mano sobre su brazo, en el momento en que iba a continuar la liturgia de adivinaciones. Le dijo: “Ahora, quiero saber si la predicción modifica la carta, o la carta impone la predicción. He puesto una carta en la parte de arriba. Es el cuatro de trébol. Ahora es tu turno. Indica qué carta saldrá desde arriba, nombrando cualquiera, cualquiera excepto el cuatro de trébol. Y entonces sabremos.

 

Javierio hizo un gesto de desdén y pronunció: “ocho de corazones”.

Lemia levantó el que hasta ese momento había sido el cuatro de trébol y cuando lo dio vuelta ya era el ocho de corazones.

 

Pero, ¿en qué momento? – pensó Lemia, y estaba dispuesta a dar vuelta la próxima carta, antes de que Javierio termine de pronunciarla, para ver si existía algo así como un estado intermedio, entre la transformación y la no transformación. Entre el seguir siendo lo mismo y el ya ser otra cosa.

 

Como esos mundos sin terminar, pero que ya están terminados, en cumplimiento del olvido o del descuido o de la desinteligencia. Fragmentos de un hacer que por algún desliz o alguna distracción, no hallarán ya la pieza que los complete. Ni roto ni restaurado: necesitado.

 

Lemia colocó nuevamente el 4 de trébol sobre todas las otras y es esa carta la que se dispone a sacar. Le hace el mismo desafío a Javierio: Que diga cualquier otra carta en lugar de esa. Pero que esta vez lo diga lenta, muy lentamente. Y que sea roja.

 

Así, mientras Javierio pronuncia su “Seis de Picas”, con una mirada insegura, Lemia la está dando vuelta, y efectivamente, la carta ya está completamente mutada al seis de picas, con la variante de que en este único caso, las picas son rojas.

 

“¿Sabe cuál es el problema?” – intervino entonces Solden, reacomodándose de nuevo en la silla, lo que provocaba que todo el salón se desplazara hacia un costado o al otro – “El problema es que lo que usted hace no es una predicción, sino una trasposición. Fíjese, doña, si en el resto de la baraja hay otro seis de picas. En el caso de que lo hubiera, entonces tampoco sería una transposición, sino lisa y llanamente una aparición. Aunque bien podría ser las dos cosas: Una transposición por transformación de las dos cartas. Y hasta las tres cosas a la vez: Una transposición por transformación, y una transformación por aparición de unos signos en lugar de los otros.”

 

Javierio reconoció no saber lo que hacía, precisamente porque sabía exactamente lo que hacía, a pesar de él.

 

Sublime ignorancia la del omnisciente. Que sabe todos los qué pero ningún cómo. O que sabe todos los cómo pero ningún por qué.

 

Javierio dejó entonces el raro seis de picas rojo como única carta, apartando el resto de las barajas, que entregó a Lemia.

 

Javierio entonces dijo: “Nueve de corazones”, dio vuelta el seis de picas rojo y ya era un nueve de corazones. “Diez de diamantes”, y sin otro motivo, ante el sólo pronunciamiento, el nueve de corazones cambiaba al diez de diamantes.

 

Lemia revisó la baraja y no pudo sino dejar escapar un grito de horror: El resto de la baraja estaba en blanco, o con figuras y colores difusos y desteñidos.

 

Acababan de descubrir el principio de incertidumbre: Donde se conoce con extrema exactitud cualquier porción del Universo, el resto queda en la penumbra. Abandonada. Como si no conocerlo equivaliera a su inexistencia.

 

Así han de ser los corazones humanos – pensó por un momento Diallias – que nunca alcanzamos a conocer, porque casi siempre se desarrollan sobre una raíz de preciosas e inextricables contradicciones.

 

Javierio entregó el mazo a Lemia.

 

 

LEMIA

 

Lemia tomó las cartas con cierto desdén. Realizó una cascada lenta, misteriosa y exasperantemente lenta, que aprovechó para extraer con apenas un par de uñas, las cuatro reinas.

 

Las cuatro reinas. Corazones, Tréboles, Picas, Diamantes.

 

Colocó a las cuatro delicadamente en “top”, en la parte superior de la baraja, y con singularísima destreza se puso a mezclar todo el mazo, sin tocarlas. Tan sin tocarlas, que las cuatro reinas se independizaron del mazo, pasando a una suerte de intangibilidad, primero, posteriormente a una clase de independencia, y finalmente, a una suave levitación que poco a poco fue poniendo a cada una de las reinas en órbita alrededor del mazo que continuaba mezclándose entre ambas manos.

 

“Cuatro lunas para un solo planeta” – contaba Lemia. Sustituyendo lo principal por lo accesorio, lo central por lo periférico, lo sustancial por lo volátil.

 

Lemia soltó el mazo y rodeó con movimientos circulares de sus brazos a las cuatro reinas. Las cuatro reinas, trastocadas en lunas, se movían en círculos y ellas eran las que transportaban y hacían moverse y girarse al mazo completo, que por otra parte, se organizaba y reorganizaba entre rojas y negras, pares e impares, números y figuras.

 

Existen mundos (historias) así, en los que un accidente o una casualidad determinan el curso de los acontecimientos de forma más fuerte que cualquiera de las leyes de la física o de las causalidades. Mundos donde las excepciones mandan. En los que la regla no tiene más remedio que someterse al orden de la sorpresa necesaria. Mundos muchas veces desechados, que las manos de Lemia reconvertían. Mundos en los que una mirada podía incautar todas las sombras, o un parpadeo distribuir colores en el paisaje, o una salpicadura modificar el curso de una corriente oceánica, o un gesto imperceptible cambiar el sentido del movimiento de rotación planetario.

 

Lemia recogió una aceituna y la arrojó al interior de una copa. El pequeño sistema planetario se disipó en el aire y las cuatro reinas aparecieron dentro de la copa.

 

La triviliadad del ser y el no ser. Como morirse atragantado por el vuelo de una luciérnaga. Como las cuatro reinas, introducidas en la aceituna. Dentro de una copa de cartas, que ha perdido toda transparencia.

 

Lemia deshace la copa carta por carta, con una mayestática y cruel delicadeza. Hasta que finalmente queda desnuda la aceituna, descubierta en el medio, la aceituna que vuelve a tomar entre sus dedos, la estrella contra la mesa y desaparece. Aunque no desaparece, porque al modo de una semilla introducida en las vetas de la madera de la mesa, hace crecer desde el punto exacto de su desaparición, un tallo formado por un hilo, por otro hilo, por otro hilo, que se enredan y desenredan formando la trama de cuatro barajas, cuatro barajas como hojas de una hiera, que luego, arrancadas serán las cuatro reinas.

 

Mundos así, que nacen de nuevo a la conciencia, por la inconciencia de haber muerto. Otra vez la trivialidad del ser y el no ser, como características imperceptibles de las cosas. Como modos fútiles o extravagantes de un pliegue de la eternidad. Un pliegue de la eternidad que permita contar una historia:

 

“Eran cuatro reinas de cuatro reinos distintos.

Eran cuatro reinas de cuatro reinos lejanos.

Se encontraron una noche en el límite de sus dominios.

Se encontraron una noche en la frontera de sus pasos.

¿Esto era entonces todo? – se decían –

¿Todo esto aquí acababa?

Y se miraban de reojo y de reojo refulgían

Pero en gestos diminutos y perfectos danzaban.

“Podemos ser reinas de los cuatro reinos.

Cuando llegamos al límite alternamos.”

 

Lemia ilustraba esta pequeña e imperfecta rima moviendo a las reinas en sutiles coreografías. Las alejaba, las acercaba, las removía, dejaba muy claramente una carta en cada lado. Pero al rato al darlas vuelta ya no eran las mismas, y por otras reinas ellas habían cambiado.

 

Nurma sonreía y Javierio embelesaba.

 

Pero Murabio dudó: – “Se trata de una candorosa alegría – les dijo – De una alegría basada en la ignorancia. Por más que puedan transitar por los cuatro reinos, como si fueran reinas de cada uno, desconocen otros tantos territorios y reinos, tantos poblados, tantas extensiones… El de ellas es un falso infinito. ¿Y un falso infinito las consuela?. Aún cuando fueran enormes los cuatro reinos, que nadie pudiera recorrerlos en lo que dure una vida, aún así habría siempre otros cuantos más allá, que les serán ajenos y extraños”.

 

Lemia lo miró muy seria, dejando en el aire suspendidas las cartas: – “El infinito – apuntó ella – el infinito no está en la extensión de los reinos. Sino en el cruce permanente de las fronteras.”

 

Luego hizo un juego sencillo: Tomó las cuatro reinas en su mano izquierda y asiendo una en el aire, apareció sin más de un suave deslizar sobre el paño de la mesa. Otra más, de la misma forma, fue a acompañarla. Otra más, sin tocar las cartas ni las manos, se juntaba con las otras con sólo que la nombraba. Y por último, la última se reunió con ellas, sin exigencia de dedos, ni pulsión de vientos, ni ley de la distancia.

 

Ilustraba lo que decía con estos versos:

“Entre el ser y el no ser van las Cuatro Reinas.

Entre el hoy y el mañana, entre el antes y el después.

No puedes verlas cambiarse, no puedes verlas,

Las Cuatro Reinas no se mueven con sus pies.

 

Para ellas no hay lejano ni cercano.

Estar aquí o estar allí, todo sitio es un tal vez.

 

Lemia le pasó la baraja a Diallias.

 

 

DIALLIAS

 

Diallias pidió a Kantonio otro mazo, con dorso de un color distinto. Y de paso le pidió otra medida de licor. Inmediatamente aparecieron el mazo y la copa, sobre la porción de la mesa que ocupaba Diallia, solícitamente servidas por el más exacto de los mozos.

 

Así, Diallias comenzó su rutina con el mazo rojo que había pasado de mano en mano hasta llegar a ella, y con un nuevo mazo azul que abrió en presencia de todos.

 

Lo primero que hizo fue dar a mezclar ambos mazos por paquetes. Luego, los hizo recomponer sobre la mesa. Uno en una punta, casi al extremo de la mesa, y el otro frente a ella, muy cerca de su pecho.

 

Diallias mostró sus dos manos, de palma y de dorso y colocó su mano derecha sobre el mazo que tenía a su alcance.  Muy despaciosamente, entonces retiró la primera carta que se encontraba en la parte superior del mazo, y a medida que la retiraba, otra carta se extraía sola del interior del mazo que tenía más alejado, de más o menos la mitad de la mitad superior.

 

Diallias dio vuelta la carta que ella misma retiraba y la carta que se había movido del otro mazo también se dio vuelta. Las dos eran nueves de pica.

 

Diallias colocó su carta sobre la mesa, y con la misma parsimonia la carta sola, suelta, del otro mazo, también se dejó deslizar sobre su parte de la mesa.

 

Diallias extrajo a continuación la baraja siguiente de su propio mazo rojo, y exactamente la misma baraja se extrajo sola de su posición en el mazo azul de enfrente. En este caso, los sietes de diamantes.

 

Finalmente, Diallias tomó todo el mazo en sus dos manos y abrió las barajas cara abajo en un pequeño abanico. Las cartas del mazo azul se abrieron y acomodaron de la misma forma. Luego, Diallias lanzó a todas las barajas rojas hacia arriba, a volar por un poco más de un segundo por el aire, y lo mismo hicieron las  azules. Al descender, todas, rojas y azules, lo hicieron de dorso, excepto una: Dos tres de trébol quedaron de cara entre todos los dorsos.

 

Diallias se levantó, tomó un sorbo de su licor y extendiéndose hacia el otro extremo de la mesa en donde estaban las cartas de dorso azul, dio vuelta el tres de trébol y lo mostró de dorso rojo. Y volviendo a su asiento, luego de sentarse y exhibir una sonrisa, dio vuelta el tres de trébol que de cara se mostraba entre los dorsos rojos, y era de dorso azul.

 

No es un problema de distancias, ni siquiera de causalidad. Como lo demuestra la tercera variación, se trata siempre de la identidad.

 

“Un Universo donde algo pueda cambiar de algo, en la medida en que ese algo pasa por lo mismo. Una suerte de empatía ontológica, por ejemplo.”

 

Como Javierio pidió explicaciones, Diallias continuó: – “Pongamos por ejemplo, un color. El color rojo, como el que vemos aquí. Que sea el color y no lo coloreado el centro de la identidad. Y que entonces, este rojo pueda estar aquí y en aquel rojo de allá, que es, precisamente, idéntico. Que pudiera participar de todas las cosas que lo portaran.

 

“…O una sensación – terció Nurma – “Una sensación que fuera adhiriéndose a quienes la sienten. E incluso a los objetos inanimados, dotándolos de expresión y sentido. Después de todo, los soportes sensitivos se desgastan, deterioran y desaparecen. Pero la sensación que puede tener hoy el señor de aquí a la vuelta, mirando un dulce de batata, tranquilamente puede ser exactamente la misma de un Ludovico Sforza en el taller de pintura de Leonardo. Así, la sensación se sobrevive.”

 

Lemia tomó los dos mazos y los acercaba y alejaba, como buscándole los hilos. Era evidente que no los había, ya que Diallias no los necesitaba. Pero qué increíble sería que un dios o una diosa que puede crear la realidad completa, necesite de fabricar una ilusión para decir algo. Sonrió disimuladamente y con un mazo en cada mano, estiró los brazos para devolverlos.

 

Diallias recibió ambos mazos en el cuenco de su mano izquierda. Pasó su mano derecha por encima del paquete, y al retirarla, los dorsos de todas las ciento cuatro cartas se habían hecho púrpura.

 

Sin mirar, Diallias colocó sus dedos índice y mayor en forma perpendicular sobre todo el montón y haciendo presión con ellos sobre el punto central del dorso de las barajas, los fue introduciendo sin agujerearlas. Los hundió hasta la primera falange, y al querer retirarlos, presentaron resistencia.  Finalmente emergieron verticalmente, sosteniendo entre las yemas una carta doblada en canutillo, que salió, atravesándolas a todas, sin daño de ninguna.

 

Diallias abrió el canutillo y por un instante, sólo por un instante, se pudo ver un par de corazones negros, que ella rápidamente extrajo, se los llevó a la boca y los tragó.

 

Para cuando el resto de las diosas y los dioses volvieron a mirar, la carta desenvuelta del canutillo extraído del interior de los mazos, ya había vuelto a ser el dos de corazones rojos. El cambio había sido imperceptible y Diallias los miraba a todos con gesto suplicante, en tanto había debido comerse a aquellos otros, para no revelar algún secreto.

 

¿Se pueden mantener Universos enteros en secreto? ¿Puede ser un Universo, un sistema galáctico, un régimen de leyes físico naturales, un subterfugio para esconderlos?

¿Puede un secreto esconder a otro?. Se habían creado mundos así. A condición de que en todos los casos siempre se dejara un atisbo.

 

Diallias redujo los dos mazos a uno solo, que volvió a ser rojo (Kantonio tomó nota de la pérdida del mazo azul), y lo entregó a Solden.

 

 

SOLDEN

 

Solden recogió el mazo de manos de Diallias, recorrió en silencio la mirada de todos y realizó una extensión circular de las barajas. Parecía que todas las cartas sonreían. Entonces las recogió de nuevo en su mano derecha y entonces realizó una extensión en el aire, de trescientos sesenta grados. Un círculo perfecto en el que las cartas se iban intercalando solas.

 

Entonces Solden pidió clara y rotundamente un salame picado grueso. Inmediatamente Kantonio se lo trajo, colocándoselo sobre una tablita de madera.

 

Cuando cayeron las barajas sobre el salame y la tablita, Solden tomó el cuchillo y cortó la primera rodaja. Era rápido para cortar. Muy rápido, Y las barajas se corrían de un lado a otro a medida que avanzaba en los cortes. Cortes completos, finitos, impecables. Todo un desafío para el filo y para el pulso y la muñeca.

 

Una vez cortado en fetas todo el fiambre, Solden (con la censura de Javierio, por ejemplo, que intentó evitarlo, y con el desagrado de Lemia que dio vuelta la cara con un gesto de repulsión), armó unos sándwiches de baraja y salame, engrasando de esa manera cara y dorso, volviendo a cada carta más correosa e imposible para los dedos de cualquier experto.

 

Entonces Solden invitó a Murabio a elegir una feta de salame, morderla solo cortésmente, nada más que para poder identificarla, y luego perderla entre las otras fetas y barajas.

 

Solden abrió un pedazo de pan (media baguette) y colocó en su interior las barajas y las fetas. Las embadurnó con una lengua de mayonesa y otra de mostaza, y salpimentó a gusto. Cerró el preparado con la otra mitad del pan y chasqueó los dedos.

 

Cuando levantó el pan, el salame se había recompuesto completamente, con la única excepción del sitio de donde había salido la feta elegida, en cuyo lugar ahora se encontraba una baraja mordida.

 

Solden levantó con las dos manos el sándwich y debajo de él estaba la feta faltante, que hizo ver a Murabio, quien la reconoció afirmativamente. Solden continuó exhibiéndola un rato más, y acabó por comérsela. Posteriormente levantó un vaso de vino “a la salud de todos” y se secó la boca con la servilleta.

 

Algunos comenzaron a aplaudir, sobre todo Lemia, que al tocar la baraja notó que en ella no había rasgo de pringue, lo que consideró el mayor hallazgo del juego que se acababa de realizar. Pero Solden los detuvo con su mano derecha, abierta en señal de “pare”, y con las palabras – “Atenti, que faltaba el queso” – desplegó la servilleta sobre la mesa, dejando descubrir en su interior un pategrás de un cuarto de kilo más o menos, cortado en cubos, seis de ellos con un escarbadiente clavado en diagonal, uno para cada uno de los comensales, que colocó en el centro de la mesa, para que todos se sirvieran.

 

Universos así, existen. Cálidos y habitables. Rústicos y alegres. Con corteza de pan y migas polvorientas. Existen todavía. Son casi de generación espontánea, formados sobre aquellas creaciones descuidadas, que no acabaron su diseño en la cabeza, y que se fueron arcillando con las manos. Las manos, protagonistas de la magia. Las manos, como únicas artífices de toda realidad.

 

Las manos que construyeron el Verbo.

 

No hay compromiso sin las manos, o los muñones, o los brazos. Extremidades que prescinden del centro.

 

Sólo los bordes aproximan. Sólo las puntas se atan y desatan. Sólo las orillas se acercan, se entienden, se expanden, frente al abismo del mar. Sólo a las orillas se llega después de siglos de navegantes.

 

Solden se echó para atrás con una sonrisa de satisfacción. Luego se reincorporó a la mesa y pidió un brindis por las manos, al que Murabio, Javierio, Nurma, Lemia y Diallias respondieron alzando sus vasos al mismo tiempo.

 

Allí los dejaron por un rato, en el aire, suspendidos, retirando las manos con las que los habían levantado. A un gesto de Solden, como el de una invitación al baile, los vasos hicieron una ronda y una vez completa la vuelta entera volvieron a sus lugares de inicio. Allí cada uno y cada una volvió a tomarlos, y bebieron.

 

Mundos imperfectos. Sólo en los mundos imperfectos es posible la alegría.

 

Porque una baraja seguiría siendo parte del salame, el juego quedaba incompleto.

 

Solden le guiñó un ojo a Nurma y le pasó a ella el mazo de cartas.

 

 

 

 

 

 

 

 

NURMA

 

Nurma tomó la baraja, casi como si estuviera recibiendo algo innombrable. Y separó una carta, que dejó a un costado, cara abajo.

 

Nurma se llevó el mazo contra el pecho y mirando levemente de costado preguntó la identidad de esa carta separada.

 

Los dioses, las diosas, los dioses diosas, fueron nombrando cartas. Y a medida que se nombraban, Nurma la sacaba del mazo que tenía contra el pecho. Así pasaron las cincuenta y una, y Nurma quedó sin cartas. Entonces dio vuelta la baraja separada y allí estaba la única que no había sido nombrada por nadie.

 

Hacer lo que nadie espera. Invertir la regla de las adivinanzas. Decir de algo justo aquello que no es. Mostrar lo que de otro modo no se vería.

 

Javierio había construido mundos en los que guardó secretos para ser hallados. Secretos que seguían la lógica de una “búsqueda del tesoro”, con pistas volcadas en diferentes sitios, y con un orden correlativo de deducciones y descubrimientos.

 

Murabio había dejado sombras superpuestas, con las que a veces retozaba, o a las que enviaba a iluminar aquello que nunca realizaría.

 

Diallias tejía universos que a veces refractaban a otros universos. Unos a otros secretos e idénticos. Pero entre los que cabían interrelaciones.

 

Solden había soltado piezas de un rompecabezas para que en algún momento se juntaran, previendo el encuentro de las piezas como una pieza más, que las complete.

 

Lemia había diseñado mundos en los que había escondido un color, o un sonido, o una frase, y en cuanto ese color era recreado, ese sonido sonado o esa frase pronunciada, todo en esos mundos cambiaba de orden y lugar. Y ese color, ese sonido, o esa frase, eran reemplazados por otros.

 

Pero sólo Nurma podía esconder un secreto a la vista. Esconder un secreto precisamente allí adonde se estuviera vigilando.

 

¿Cómo hacer escapar a un Universo de la mirada de quienes lo habitan?. Nurma se avergonzaba a veces de retacear recuerdos, de modificarlos, y hasta de removerlos. Porque hay mundos que sólo ocurren en el pasado. Pero el pasado ha dejado de ocurrir y ya no presenta misterio.

 

¿Cómo esconder el mazo al interior de una baraja?. Sólo dando a la baraja las dimensiones del mazo. Y que ya no haya adentro ni afuera, sino sólo espacio. El espacio mismo que se acerca o que se aleja.

 

El espacio que se teje alrededor de las esperas, de los silencios, de los abrazos. El espacio que es tejido en las esperas, en los silencios, en los abrazos.

 

Nurma pidió que tomaran asiento. El día atardecía y era el momento delicado en el que la noche y el día ya no se sostienen en sus determinaciones, sino que fluctúan y confunden, pudiéndose perder una en la otra.

 

Se sentaron. Murabio, Javierio, Lemia, Diallias, Solden. Con esa especie de arrepentimiento que trasunta ese momento del día. Momento del día en el que todo podía ser distinto.

 

Nurma tomó las barajas en la mano derecha y con un sutil cabeceo hizo que las cartas se levantaran del mazo, formaran una cascada hacia arriba, hicieran un arco sobre su cabeza y luego cayeran una a una sobre la otra mano.

 

Nurma no miraba las cartas mientras lo hacía. En su lugar, cerró sus ojos bajo los párpados, y los deslizó entre quienes las estaban mirando.

 

Al acabar de caer las barajas, a cada uno le había tocado un cambio, una modificación, una diferencia. Un nuevo lunar, un gesto nuevo, un tono distinto en algún punto de la voz, un cabello de un sabor distinto… Cambios todos ellos imperceptibles. Pero del que todos daban perfecta cuenta.

 

Alguna suerte de transformación había ocurrido. Eran conscientes de eso, a pesar de no conocer cuál era esa transformación exactamente.

 

Nurma abría de nuevo sus ojos y el aire se teñía de ellos. Aunque sólo durara un siglo, o una semana. Hasta el próximo miércoles, en el que volverían.

 

 

 

 

 

 

 

KANTONIO

 

Mundos ocultos, presentes, absurdos o perfectos. Mundos por hacer o mundos acabados. Dioses sensibles. Dioses poderosos. Dioses indolentes. Dioses generosos. Dioses mentirosos. Dioses tristes. Dioses alegres.

 

Kantonio no los vio marcharse. Nunca había podido. Era precisamente un recuerdo que no tendría.

 

Se iban, nada más, sin dejar propinas, y luego él debía recoger los deshechos, limpiar la mesa, y sobre todo, guardar la baraja en el lugar de costumbre.

 

Kantonio era inmortal, ya lo sabíamos. Y estaba atado a la exactitud de los recuerdos.

 

Él sólo era el mozo del ritual de los miércoles. Sólo un ritual, en el que dioses, diosas, dioses diosas, volvían cada miércoles a encontrarse.

 

Un ritual en el que intentaban imitar a los magos, esas criaturas improbables e imprevistas, sólo concebibles entre seres imperfectos, vulnerables, incompletos y mortales. Humanos. Los que entre los objetos más mundanos y triviales, dejan deslizarse, sólo deslizarse, sin permanecerse, a otros tantos Universos. Maestros de la Ignotomancia y de la Adynatología.

 

Ignotomancia: Predecir lo que no sabrás. O predecir lo que nadie sabe.

 

Adynatología: Explicación del mundo a través de lo imposible. Lo real como lo imposible que se realiza: Respirar es imposible, luego, es real. No es real, por ejemplo, la piedra de la cual no mane el agua. Es real el átomo que sueña, la flor que vuela, el odio que perdona.

 

Empezamos a ser reales en cuanto nos volvemos, al menos, inverosímiles.

 

Ni mentira ni milagro: Sólo es necesaria la insensata fe en una ilusión.

 

 

 


LAS-TACITURNAS-Primera-Novela-de-Papeles

Semillas que crecen en Vocerrante


VOCERRANTE (63)

Un beso

 

 

Apertura (Sobre “White Man Sleeps II”, por Kronos Quartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

Raúl

Este es el Sexagésimo tercer programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

 

Paola

Desprendida de la boca,

de los huesos, de la frágil y nudosa carne,

de la tibieza de la lengua…

Desasida, retirada, vago por penumbras de aires,

entre vientos que me ovillan y desovillan,

estiran y desgarran, tensan y aligeran mis sonidos…

Soy una voz.

Una voz que vaga entre la arena. Una voz que se desliza entre la arena. Que repta entre la arena, como una sombra. Como una sombra que ilumina la huella de quien me pronunciara.

Arrojada de quien quizás ya polvo sea, descuidada o desenterrada, ahora vibro como la espuma del mar en la orilla. O el aleteo de algas deliciosas que lánguida y lentamente arrastra la marea.

 

                                                                                                                                 Raúl

¿Estás                                             ahí?

 

Paola

Soy un entonces, no un aquí. Un momento, no un lugar. Una voz, no una palabra. El hálito de la voz. O mejor, el aire deshabitado por el hálito de esa voz. Pero en el instante mismo de ser atravesado por ella. Y por ella y por mí, habito la soledad sin miedo. El rito del no volver. El doblez del porvenir.

 

Raúl

            Estás. O mejor. Eres.

Antes creía ser parte del aire de la montaña.

Un eco insensible que replicaba sobre la roca.

Pero luego una grieta profunda abrió una herida en un nervio lejanísimo… y fui descendiendo tranco a tranco como si fuera agua, brezo, lezna, lluvia, ruego, cobijo… Y llegué a temblar cuando alcanzaron a mi hundimiento tus reverberaciones.

 

Paola

Antes creía ser. Ahora nada más antes.

Una lluvia sin sonido nace en mí, como ese risco al que nadie llega.

 

Raúl

Un después llevaba amarrado. Un después heroico y condenable.

Ahora sólo unas amarras.

Unas amarras que tiran de mí en lugar de protegerme.

 

Paola

En el hueco de lo que nadie espera,

Algo se mueve.

La cuerda del ancla suena su cuerda.

 

Primer Tema: Ancient Greek Sacred Music – Nektaria Karantzi (01:39)

 

Paola

            Ni el canto de las sirenas, ni el sonido del mar. Sino voces perdidas en los extremos.

Voces desgajadas en las orillas, arrancadas por los brazos de las ramas, refugiadas en las pequeñas grutas, atravesando flores, desiertos y naufragios, secretas y extensas, repartiéndose, agotándose, desandándose…

Venas del mar en el agua. Cenizas de viento en el viento. Verbo esparcido en el verbo. Jirones de sombra en la noche.

 

Raúl

Ahora. Ahora nos entrelazamos

Y la danza tiene la ansiedad de los pies sobre la huella. Y la ternura de la huella alrededor de los pies.

La huella moldea y acaricia. Y luego los pies se forman. Pies que pueden sostener una columna o un árbol, una mujer, un niño, un sileno o un hombre.

 

Paola

Pies para fingir un horizonte. Pies para ensayar todos los caminos, pero paso a paso. Sin tromba ni ajuste. Ni llanura ni acantilado. Pies para fundar la ruptura del entonces.

 

                                                                                                                                 Raúl

Que sea nuestro sueño más corto

Que el del ave de voz sonora

 

 

Paola

Ahora con mis pies. Tus pies entre los míos, apenas carnadura, apenas sustento, somos destino.

 

Raúl

            Amazona blanda, o guerrero vencido.

Somos voces desarmadas de un inmenso griterío.

De todos los misterios, las fiestas, las guerras, las honras de Homero, de Safo, de Píndaro y Tucídides.

 

Paola

            Caballero, semidiós, esclavo.

Ama, sierva, pitonisa o consagrada.

Cinco dedos y un empeine.

Cinco dedos y una planta.

 

Raúl

            Cinco dedos y un empeine.

Cinco dedos y una planta.

La huella en tu huella.

Mi huella en tu huella

 

Paola

            La huella en tu huella.

            Mi huella en tu huella.

            Las dos como aroma de una firme letanía.

 

Raúl

Las dos como contacto de una suave cadencia.

 

                                                                                                                      Paola

            Eros me sacudió el alma

Como un viento que en la montaña sacude los árboles.

 

                                                                                                                      Raúl

Las estrellas y los ríos

Y las olas

Te llaman de regreso

           

Raúl

Crece entonces este breve remolino. Seguro lo sientes crecer por detrás de tus tobillos. Acariciándote y al mismo tiempo cincelándote las venas que corren por encima y por debajo de tus pies.

 

Paola

            Por encima y por debajo de la piel de tus pies.

Sugiriendo enredarse por encima de ellos.

 

Raúl  

            Enredarse y avanzar como quieta enredadera que ascienda en enhebradas superficies, capa por capa, avanzando, horadando y conteniendo el aire en el moldeo de las piernas.

 

Segundo Tema: Savina Yannatou: “A chantar”, de Beatriz de Día.(01:40)

Paola

            Las piernas. Ahora sí. Las piernas. Ya no estamos en el mar sino en plena distancia de las formas.

Ya no en el viento sino en el cansancio de las formas.

 

Raúl

Pastores y doncellas ahora. O caballeros que no tienen punto de llegada.

Unos y otros. Unas y otras errantes en deseo o en arrojo.

Unas y otros piernas que danzan, siembran, juegan o abrazan.

 

Paola

            Que las piernas abrazan. Las piernas que no tienen detrás, salvo por tus piernas.

Que las piernas abrazan. Cuando la noche confunde arriba y abajo.

Y el fuego crece no hacia el cielo sino al horizonte.

Que las piernas abrazan.

 

                                                                                                                                 Raúl

            Hasta donde las dos piernas se juntan

Paola

Hasta donde las dos piernas se encuentran.

 

                                                                       Raúl

            Y entonces una nueva tierra de huellas desdibujan

 

Paola

            Una nueva tierra más suave húmeda y fértil.

 

                                               Raúl

Una nueva tierra más ardua y más frágil

 

                                                                                                                                 Paola

Con el mismo trabajo

Pero con más placer.

 

                                                                                                                                 Raúl

Con el mismo aroma

Del anochecer abierto como una enredadera.

 

Tercer Tema: “A chantar” de Beatriz de Día por Hesperion XXI. (06:54)

 

                                                                                                                                  Paola

            Entonces cintura. Cintura que ciñen tus brazos.

 

Raúl  

Entonces tus brazos. Tus brazos que recogen mi cintura.

 

Paola

            La cintura que me ciñe.

La cintura que me enlaza.

Me da un sitio en que esperar

Un límite, un señuelo, un valle, una morada.

 

                                                                                                                                 Raúl

La cintura, o más bien,

Una forma de morar.

Una forma de morar atravesado por ella.

 

Paola

Hasta que gima el ombligo no cejéis en vuestra lumbre.

 

Raúl

Cuando se desprenda tu nombre descendiendo desde la cumbre.

 

                                                                                                                                 Paola

            Cuando parece que duermes tu abdomen se insufla.

 

                                                                                                                                 Raúl

Cuando parece que muero tu vientre viene en mi ayuda.

 

                                                                                                                                  Paola

            Y llenando los pulmones trabajosamente,

Viene el aire a levantar los pechos

 

Raúl

            Ahora recuerdo el nacimiento, de esta voz que de la sangre tiene gusto y llamamiento.

 

Paola

            Ahora rememoro el camino que ascendido, desde el interior de los pulmones y hacia el cielo, me sumó en un éxtasis de cuerdas y abrupciones.

 

Raúl

            Todo alrededor vibraba. Y era sólo vibración mi nombre.

 

Paola

            Pero mi nombre repetido por tu cuerpo. Por el viento de tu cuerpo, consumido y alimentado del aire que generas.

 

Raúl

            Mi nombre desandado por tu cuerpo, atravesando tu cuerpo e impulsado finalmente por tus bronquios.

 

Paola

Tu nombre atravesándome, surgido de mí pero tuyo.

 

Raúl

Tu nombre abriéndome como si nada hubiera habido antes en el pecho.

 

Paola

Tu nombre horadándome, buscando una salida a través de mi sangre.

 

Raúl

Buscando la memoria de tu nombre por mis nervios.

 

Paola

            Viajándome por el musgo de tus entrañas

 

Raúl

Despeñándome hacia arriba, asiéndome de tu garganta.

 

                                                                                                                                 Paola

Estamos ahora en ciernes. Somos casi cercanos, casi alientos, casi pesebres.

 

                                                                                                                                 Raúl

Estamos ahora en la punta de los labios.

 

Paola

En la punta de la lengua, badajo del paladar.

 

Raúl

En la cuenca de la lengua, campana del ansia.

 

Paola

            Ya se acomoda la humedad de la hierba a la forma de la palabra.

 

Raúl

            Ya se asoma la palabra a la caricia.

 

Paola

            Puedo sentir los dientes ahora. Centinelas de la prisa.

 

Raúl

            Puedo asomar a mis ojos a través de tu boca. Apenas entreabierta para que entre la brisa.

 

Paola             La ventana estará despierta. Pero muy lentamente volará su cortina.

 

Raúl  

            No existe el silencio. En cada tibio rincón existe alguna lumbre.

No existe el silencio. Todo tiembla. Como en un texto de Shakespeare o de Cervantes.

 

Paola

When in the chronicle of wasted time

I see descriptions of the fairest wights

And beauty making beautiful old rhyme

In praise of ladies dead and lovely knights,

Then in the blazon of sweet beauty’s best,

Of hand, of foot, of lip, of eye, of brow,

I see their ántique pen would have expressed

Ev’n such a beauty as you master now.

So all their praises are but prophecies

Of this our time, all you prefiguring,

And for they looked but with divining eyes,

They had not skill enough your worth to sing.

For we which now behold these present days,

Have eyes to wonder, but lack tongues to praise.

 

                                                                                                          Raúl

Cuando en las crónicas de tiempos idos

veo que a los hermosos se describe

y a la Belleza embellecer la rima

que elogia a damas y señores muertos,

observo que al pintar de sus dechados

la mano, el labio, el pie, la frente, el ojo,

trataba de expresar la pluma arcaica

una belleza como la que tienes.

Así, sus alabanzas son presagios

de nuestro tiempo, que te prefiguran,

y pues no hacían más que adivinarte,

no podían cantarte cual mereces.

En cuanto a aquellos que te contemplamos

con absorta mirada, estamos mudos.

 

            Paola

            Todo vibra como un verbo sin sujeto.

Un temblor sin yo, que parte y vuelve del nosotros.

 

                                                                       Raúl

Un nosotros con dos bocas

 

                                                                       Paola

            Un nosotros con dos bocas.

 

 

                                                                                                                                 Raúl

            Para acunar al beso.

 

                                                                                                                                 Paola

            Sin siquiera mirarnos porque

Nos restregamos en la piel de la noche

Como árboles lacustres o perfiles simulacros

De un yacer que no es sino elevarse.

 

Cuarto Tema: “La rosa y el sauce” por Joel Prieto. (02:40)

 

                                                                                                                                 Raúl

            Sin siquiera mirarnos porque ya nos bebemos

Y es la sed lo que bebemos por el hilo de las bocas

Uno de la tuya, la otra de la mía.

Sólo hay un barco

Mecido por la lengua.

 

                                                                                                                                 Paola

            Y sin siquiera decirnos porque es el punto

En que saliva y palabra se cuecen y curan.

En que la piel ha hundido a todos los espejos

 

Raúl

Y el agua del fondo de todos los pozos más profundos del mundo

            Y el agua de todos los mares y todos los misterios.

Tiene tu gusto. Y se sorbe de tu boca.

 

                                                                                  (Paola y Raúl, un verso cada uno)

Sólo tu corazón caliente,

Y nada más.

Mi paraíso, un campo

Sin ruiseñor

Ni liras,

Con un río discreto

Y una fuentecilla.

Sin la espuela del viento

Sobre la fronda,

Ni la estrella que quiere

Ser hoja.

Una enorme luz

Que fuera

Luciérnaga
De otra,

En un campo de

Miradas rotas.

Un reposo claro

Y allí nuestros besos,

Lunares sonoros

Del eco,

Se abrirían muy lejos.

Y tu corazón caliente,

Nada más.

 

de

Federico (raúl)

García (paola)

Lorca (raúl)

Poeta (paola)

 

Quinto Tema: Adnan Song VIII de Gavin Bryars, por Valdine Anderson (05:23)

 

                                                                                                                                 Raúl

(De Paul Celan):

En mi mano el otoño come su hoja: somos amigos.

Extraemos el tiempo de las nueces y le enseñamos a caminar:

regresa el tiempo a la nuez.

 

En el espejo es domingo,

en el sueño se duerme,

la boca dice la verdad.

 

(…)

nos miramos,

nos decimos palabras oscuras,

nos amamos como se aman amapola y memoria,

nos dormimos como el vino en los cuencos,

como el mar en el rayo sangriento de la luna.

 

Nos mantenemos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle:

tiempo es de que se sepa,

tiempo es de que la piedra pueda florecer,

de que en la inquietud palpite un corazón.

Tiempo es de que sea tiempo.

 

Paola

Es tiempo.

 

Cierre

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por Il Giardino Armonico):

(Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

Semillas creciendo en VOCERRANTE


VOCERRANTE (46) – Programa de radio – Sábados 23:00 hs. por ARINFO.COM.AR

Charlando con las Catástrofes

 

Apertura (Sobre “White Man Sleeps II”, por KronosQuartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

 

Este es el cuadragésimo sexto programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

 

Daniel

            Hoy es noche de catástrofes. La noche de catástrofes en vivo de Vocerrante.

Y lo disfrutaremos con todos ustedes, con enviados especiales destacados en cada uno de los lugares donde en estos momentos se están produciendo eventos catastróficos llenos de espectacularidad, distinción y glamour.

Estaremos en Calitatriva, Eburdán y Malocatrame, cubriendo el lanzamiento de aguas de la represa Otaka, que está arrasando en estos momentos aldeas y poblaciones enteras.

Estaremos en el despegue de jubilables al espacio, en Socompa, cubriendo los saludos de familiares, deudores y amigos.

Confluiremos en el ataque sorpresivo extraterrestre que tendrá lugar a las 6 de la tarde (hora de Kibatari, península del Nopo), coincidente con el horario en el que nos encontramos emitiendo el presente programa.

También estaremos en las Celebraciones de la Constitución en Mora por Falta de Pago de Alquileres en Grozovia, acompañando a los oficiales de justicia que ya están llegando desde todos los juzgados del país con sus respectivas órdenes de lanzamiento.

Estaremos sin duda en las puertas de las fábricas de Logom y Mc Pyron, cuando se esté llevando a cabo la sexta temporada de Despidos Masivos de Personal.

Visitaremos el cementerio de Partassi, donde a raíz de un terrible movimiento sísmico se han confundido los huesos de los muertos de familias propias, ajenas y extrañas.

Nos encontraremos también apostados en la Elección de la Trigésima Cuarta Reina Anual de la Catástrofe en Págraba, que cuenta con el auspicio de cientos de miles de marcas de la industria textil que día a día acrecientan sus arcas con el esfuerzo denodado, permanente e incansable del trabajo esclavo.

Estaremos en la Trigésimo Cuarta Fiesta Bianual de la Erupción del Cokopa, en Lugaria, donde avistaremos hermosas y calientes imágenes de explosiones y ríos de lava descendiendo por sus laderas y petrificando los pequeños y pintorescos asentamientos de campesinos que se confiaron a su alrededor.

Así también, nos movilizaremos junto a los terratenientes cubriendo la presentación de un nuevo y potentísimo pesticida de la Compañía Nonsanta, que acabó con toda la riqueza ictícola y envenenó tres cursos de agua natural en mil noventa y dos kilómetros a la redonda.

Presenciaremos en compañía de nuestros corresponsales especializados, destacados en cada uno de los lugares en los que se está llevando a cabo el evento, celebración o encuentro catastrófico, en simultáneo, en un esfuerzo de producción sin precedentes en la radiofonía mundial.

Todo eso… Y mucho más, en esta

… Noche de Catástrofes.

En exclusiva para toda la amable audiencia radioescucha de este Cuadragésimo Sexto Programa de VOCERRANTE.

¡Tiramos el micrófono por el éter!

No se vayan…

 

Primer Tema. The day the evil, de Laurie Anderson. (04:10)

Acabamos de escuchar “The day the evil, de y por Laurie Anderson.

Daniel

¿Dónde estás Jorge en este momento?. Te escucho con cierta dificultad… ¿Hay problemas con la señal?

 

A partir de aquí va de fondo “Over the rainbow” por el Modern Jazz Quartet. (03:56)

Raúl I

Efectivamente. Qué tal Jorge. Te saludo desde el campo de batalla de Trumaiján, donde está teniendo lugar un apasionante y extraordinario asalto de las tropas fieles al dictador Pomanes contra los soldados acreditados del Corporativo de Empresas Imperiales Incorporeited.

 

Daniel

Qué bueno, Jorge.

¿En qué punto de las tratativas de paz nos encontramos en este momento?

 

Raúl I

            En el punto de libre oferta y demanda, Jorge. En este momento están midiendo fuerzas para encarecer los productos básicos de la Reverendísima Republica de Trumaiján, especialmente oro, rubíes y diamantes, y todo el conflicto tiene que ver con su colocación en el mercado exterior.

En este momento un soldado se me acerca a vender acciones en la “Trumaijan Gold Explotation Group” a valores muy atractivos para cualquier evasor, pero muy sospechosos para cualquier inversor.

Usted me dirá, Jorge, ¿qué hago?.

 

Daniel            Compre, compre. Siempre encontraremos un lugar peor para ubicarlos. Sobre todo en esta Noche de Catástrofes. Cómpreme dos o tres millones de dólares para llevar.            

 

                                                                                                                                 Raúl I

            Si compro me las sube, Jorge. ¡Me las sube!. ¿Qué hago?

 

                                                                                                                                 Daniel

            Tírele a la baja. Diga que se tiene que ir. Llórele. Diga que no consigue el capital efectivo. Que no tiene liquidez. Hágase rogar.

 

Raúl I

            Si le tiro a la baja también me la sube, Jorge. Solicito instrucciones.

 

Daniel

Entonces venda. Venda. (cantando) Dos por uno, tres por cuatro, cuatro por ocho y nueve por diez. Veinte por cero, treinta por ocho, ciento cuarenta por dieciséis.

 

Raúl II            Acá está teniendo lugar una inspección, Jorge.

 

Daniel            Tenemos comunicación con el otro bando beligerante. Desde las primeras líneas de los soldados pomanistas recibimos una nueva comunicación. Adelante, Jorge.         

 

                                                                                                                                 Raúl II

            Así es, Jorge. Muchas gracias por la habilitación. Es un esfuerzo que hacemos todos los que conformamos esta red internacional de corresponsalías simultáneas.

Te cuento. Está teniendo lugar una inspección comandada por el Tercer Cuerpo en Jefe del Ejército de la Reverendísima República de Trumaiján, de las condiciones de higiene y seguridad de las trincheras. En estos momentos están charlándose las condiciones generales en que será llevada a cabo la inspección.

 

Daniel

            Aclárenos, Jorge. ¿En qué consiste la inspección?

 

Raúl II

La idea es entregar la posición al enemigo sin derramamiento de sangre.

Y aparentemente aún no logran el foco infeccioso que necesitan para entregar la posición, Jorge. Necesitan un foco infeccioso para la colocación obligatoria de la vacuna Timetuflixoven, de laboratorios Tristán International, de comprobada recidiva, acreditada inmunodepresión y con positiva dotación de sensores, que hará a los combatientes más esbeltos, más bronceados, más corajudos, más firmes, más varoniles, inútiles… Dependientes, en una palabra, Jorge.

Mucho más dependientes de sus afeites, línea de uniformes para la batalla y los preparativos para la gloria.

 

                                                                                                                                 Daniel

            ¿Pero hay catástrofe o no hay?. En todo este tiempo no ha llegado ni un solo disparo a oídos de nuestra audiencia, Jorge I y II. Los dejo por el momento.

Sólo resta decir que durante esta catástrofe hemos escuchado “Over the Rainbow” por el Modern Jazz Quartet.

En estos momentos estamos comunicándonos con nuestra corresponsalía en Chancho Verde.

 

Raúl III

Hola, estudios. ¿Me copia?

 

                                                                                                                                 Daniel

            Lo copio mi querido Jorge. Adelante con su nota. Entiendo que está usted en estos momentos en la escalinata mayor de la Recepción del Embajador.

 

A partir de aquí va de fondo “Marte”, de Gustav Holst.

 

Raúl III

Efectivamente, Jorge. Me encuentro en la esalinata, ya que el salón se ha convertido en un verdadero caos.

Lo que comenzó siendo como un juego, acabó finalmente en tragedia.

 

Daniel

Explíquese, Jorge. Explíquenos para toda la audiencia de este programa especial de VOCERRANTE – Charlando con las Catástrofes.

 

Raúl III

            En los saladitos, Jorge. En los canapés que se ofrecían a todo lo largo del salón… En algún arrolladito, Jorge, o en alguna preparación, al cheff de la casa se le ocurrió que podía ser buena idea sustituir un leberwurst por un picadillo de carne, sin que nadie lo sepa, y jugar a quién lo descubra.

 

Daniel

            Es terrible lo que me decís, Jorge.

 

Raúl III

            Exactamente, Jorge. Pero fue más terrible aún porque los canapés con picadillo de carne finalmente se mezclaron entre los otros… Y alguien se dio cuenta.

 

                                                                                                                                 Daniel

            No!!… Me imagino el momento, Jorge.

 

Raúl III

            Momento de una tensión y una angustia, de una desesperación más que elocuente, Jorge.

A partir de dicho momento, el cheff intentó calmar los ánimos pero la explicación que dio fue aún peor. Fue explicitar el hecho. Los invitados habían consumido sin saberlo picadillo de carne, Jorge. ¡En lugar de leberwurst!.

 

Daniel

            ¡Impresionante!. ¿Y cómo está ahora la situación?

 

Raúl III

            Bueno, Jorge, te imaginarás… Decenas de personas provocándose el vómito, por encima de las mesas. Damas de la Sociedad de Beneficencia Extrema clamando por una confesión. Agregados culturales, militares, políticos y gastronómicos llorando por los pasillos. Algunos pidiendo a los mozos que les apuñalaran en el estómago, o haciéndose golpear por sus coterráneos. Representantes de las empresas locales de productos de exquisita factura comunicando su renuncia indeclinable a las casas matrices. Algunos embajadores, cónsules y protocónsules comenzaron a descender las escaleras circulares del salón principal, que van hacia el baño, al grito de haber perdido toda esperanza. Una tragedia en todos los términos, Jorge.

 

Daniel

¿Hubo algún sobreviviente Jorge?.

 

Raúl III

            Aparentemente no, Jorge. Ya que incluso ha trascendido que pudo haber paté de foie en las ensaladas.

Una verdadera carnicería.

 

                                                                                                                                 Daniel

            Lamentable. Real y verdaderamente lamentable. Lo que pedimos es conciencia. Conciencia por favor. Estas cosas no se tienen que volver a repetir. Qué le estamos dejando a nuestros hijos.

 

Aquí se escucha la publicidad de Ferrero Rocher

 

Daniel

Estamos en manos de unos locos. Locos. Locos. ¿Dónde estaba la seguridad?

 

Raúl III

            Está ingresando personal con armas, Jorge. Inmediatamente se pusieron en funcionamiento todos los servicios de seguridad contratados para el evento. Le están disparando al chancho adobado en este preciso momento. Tienen balas que efectúan control de calidad, Jorge. Le están apuntando a la pata de jamón. Parece que hasta los cup cakes contenían trazas de picadillo…

 

Daniel            No sé si podamos continuar con este programa, Jorge. Es muy fuerte todo. Está pidiendo salir al aire nuestro corresponsal en Loguevia. Manténgase en contacto Jorge.

 

Raúl III

            Ok. Aquí estaremos, Jorge. Gracias por tu comprensión.

 

Daniel

            Bien… Sólo resta decir que durante esta catástrofe se ha escuchado “Marte” del ciclo sinfónico de los Planetas, de Gustav Holst, por la Sinfónica de la BBC y el coro Elysian Singers, conducidos por Susana Mälkki.

¿Me escucha Jorge?. Jorge está en vivo desde Loguevia.

¿Me escucha?

 

Raúl IV

Un poco lejos, Jorge.

 

Daniel            ¿Y ahora?

 

Raúl IV

            Sigue lejos, Jorge. Acá está todo muy lejos. Necesitamos ayuda con urgencia. Inmediata.

 

Daniel

¿Ahora?

 

Raúl IV

            Estamos muy apartados, Jorge. Estamos pidiendo ayuda. Sigue débil la señal. Muy débil. Muy triste, Jorge.

 

Daniel

            Muy bien. Mientras arreglamos el pequeño inconveniente técnico, vamos a escuchar nuestro segundo tema musical.

 

Segundo Tema: “Baba Yaga” y “La Puerta de Kiev”, de “Cuadros de una exposición” de Modesto Moussorgsky, por la Orquesta Juvenil Simón Bolívar, con la dirección de Gustavo Dudamel. (09:23)

Acabamos de escuchar “Baba Yaga”, seguido de “La Puerta de Kiev” correspondientes al Poema Sinfónico “Cuadros de una exposición” de Modesto Moussorgsky, por la Orquesta Juvenil Simón Bolívar, con la dirección de Gustavo Dudamel.

 

Daniel

Finalmente no hemos podido contactar con Loguevia. Aparentemente no se puede hacer nada.

Estamos ahora contactados con Priequen. Adelante Jorge, lo escuchamos.

 

Raúl V

Hay una puerta acá, Jorge. Tiene una inscripción.

 

Daniel

Léala, Jorge. Léala. Lo están escuchando decenas de personas.

 

Raúl V

Te leo, Jorge. La puerta es inmensa. Imponente. Nos empequeñece. A medida que avanzo hacia ella voy quedando sin fuerzas. Te leo. Te leo.

Dice: “Por mí se va hasta la ciudad doliente, por mí se va al eterno sufrimiento, por mí se va a la gente condenada. La justicia movió a mi alto arquitecto. Hízome la divina potestad, el saber sumo y el amor primero. Antes de mí no fue cosa creada sino lo eterno y duro eternamente. Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza.”

 

Daniel

Dantesco, Jorge, realmente dantesco.

Entre nomás.

Pase, pase.

A partir de acá se escucha “Fiesta” de Raffaella Carrá.

Raúl V

Hola. Estamos acá abriendo la puerta. Es un corredor enorme. Muy iluminado. Tiene muchas ventanas. Mucho vidrio. Se ve un lago del otro lado. Más allá se escucha música. Una música alegre, festiva. Y el murmullo como de mucha mucha gente…

 

Daniel

Vaya, vaya. Pase, pase. Queremos saber qué hay allí, Jorge.

 

Raúl V

Aquí estoy atravesando un cortinado exquisito y extravagante.

Hay de todo, por acá. Revistero, guardarropa, caja de caudales, bonos a plazo, bonos sin plazo, guirnaldas, luces, guirnaldas, fidelcomisos… Dorado, plateado, lentejuela…

Todo está espléndido, Jorge.

Es evidente que algo tiene que ocurrir de un momento a otro, Jorge.

 

Daniel

Téngame al tanto, Jorge. Mientras tanto, conectamos con Pipana, donde Jorge está relevando otra catástrofe en simultáneo.

Jorge, ¿estás ahí?

 

Raúl VI

Aquí estoy, Jorge. Está todo preparado para el momento estelar de la noche. Estamos esperando al CEO de Nonsanta, que va a presentar la última flor silvestre del bosque.

 

Daniel

            Qué bueno, Jorge.

 

Raúl VI

Así es, Jorge. Fíjese que se trata de una flor tan exótica, que sólo tiene nombre en la última lengua que está por desaparecer.

 

Daniel

            Qué loco lo que me decís, Jorge. Es bárbaro!.

 

Raúl VI

            Anuncian que el CEO está un poco retrasado por el momento, Jorge. Te vuelvo a llamar en cuanto tengamos confirmación de que esté más cerca.

 

                                                                                                                                 Daniel

            No olvide de comunicarse con nosotros.

Mientras tanto, volvemos con Jorge, que se encuentra en la zona de festejos tras la puerta de Dante.

Adelante, Jorge.

 

Raúl VI          Aquí estamos, Jorge. Muchas gracias por la reconexión.

Te cuento las novedades, Jorge.

Aparentemente ha ocurrido alguna inundación, en un lugar muy lejano.

 

Daniel            Que no empañe la alegría, Jorge.

 

Raúl VI

De ninguna manera, Jorge!… Los aquí presentes precisamente están conmemorando la catástrofe. Todo, todo, todo lo que vemos aquí, los muebles de Dior, las sillas de Lancaster, los sillones de Moubois, las pinturas de Ricarcedo, las molduras de Viccenti, la ropa de Mercier, los tallarines del Volga, los encofrados de Tradelli, los tarugos de Mampatto, las arandelas de Londó, los arúspices de Piélago, los trajes de Xou Xou, los zapatos de Guernacci, los sobretodos de Casa Lulú, todo, todo, ha sido rescatado de las inundaciones… Antes de que las inundaciones tuvieran lugar. Antes de que los inundados pudieran usarlas o comprarlas. Antes incluso de que pudieran verlas.

 

Daniel

Cuánta bondad, Jorge. Acciones como esa nos hace mucho bien como país, como pueblo, como civilización, como democracia. Cuánta bondad, Jorge.

Me está llamando Jorge del bosque de Pipana. Parece que hay novedades. Se estaría acercando no uno, sino dos ejecutivos de Nonsanta. Adelante!

 

Raúl V

            Así es, Jorge. Traen la flor entre los dos. Cada uno la toma de uno de sus pétalos. La gente aquí aplaude, está contaminada pero contenta. Están en condiciones de ver uno de los fenómenos más exclusivos de la naturaleza.

Únicos los pétalos, irrepetibles.

 

Daniel

Qué loco lo que nos decís, Jorge… Qué bueno que puedas estar ahí. Ahora por favor, indicanos para toda la querida audiencia el nombre de la flor.

 

Raúl V

Ternura, Jorge. Ternura. En el lenguaje del trabajo humano.

 

Tercer Tema: “Here´s to you”, de Ennio Morricone, por Joan Baez. (03:10)

Acabamos de escuchar “Here´s to you, de Ennio Morricone, correspondiente a la película Sacco y Vanzetti, en la voz de Joan Baez.

 

Cierre           

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por Il Giardino Armonico): (Lento – Grave“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

Finales de mundo


VOCERRANTE (41)

El fin del mundo

 

Apertura (Sobre “White ManSleeps II”, por KronosQuartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

 

Este es el cuadragésimo primer programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

 

Raúl

            Cuántas veces ocurrió el fin del mundo?

El fin del mundo es un suceso viejo, ajado y recorrido.

Cuántas veces hemos estado allí?

 

Daniel

En una tabla de la antigua Asiria, de alrededor del año 2800 antes de Cristo se puede leer: «En estos últimos tiempos nuestra tierra está degenerada. Hay señales que el mundo está llegando rápidamente a su fin. El cohecho y la corrupción son comunes».

 

Raúl

            En el año 1000, según una interpretación retroactiva que se realizó sobre el Evangelio de San Juan.

 

Daniel

En el año 1260 según el cálculo realizado por Joaquín De Fiore (42, número de generaciones desde Adán a Cristo, por 30, cantidad de años correspondiente a una generación)

 

Raúl

En el año 1284, según el Papa Inocencio III, por un mal cálculo efectuado con el número 666.

 

Daniel

Entre 1843 y 1844, según los estudios bíblicos supuestamente muy cuidadosos de William Miller, un agricultor de Nueva Inglaterra.

 

Raúl

En el año 1967, en el que            los Estados Unidos serían destruidos por un ataque soviético, de acuerdo al contactado por extraterrestres George Van Tasssel.

 

Daniel

            En el año 1984 de acuerdo a las supuestas “Crónicas de Akkakor”.

 

Raúl

En el año 1996, de acuerdo a los poderes psíquicos de Sheldan Nidle.

 

Daniel

En el año 1999 de acuerdo con Nostradamus y con una profecía apocalíptica de George Washington.

 

Raúl

En el año 2000, según los numerólogos que veían en la suma de los ceros la culminación del tiempo y del espacio; según los informáticos, que anunciaban como fatalidad lo que ellos mismos habían programado.

           

Daniel

En el año 2012, de acuerdo a una falseada profecía maya.

 

            Raúl

En el año 2014, de acuerdo a una supuesta profecía vikinga.

 

Daniel

O ahora mismo.

 

Raúl

Hubo una época, aunque incierta, en la cual la fantasía de los hombres indicaba que el mundo tenía límite. Un límite físico, a partir del cual te caías en el abismo. Entonces, el fin del mundo era un lugar. Un lugar adonde se podía llegar. Caminando.

 

Raúl

Cuando el límite del mundo era un lugar en el mundo, también el Paraíso estaba en él.

 

Daniel

Ya que era el final, pero el final de qué? El final de cuáles cosas?.

El final de lo conocido o de lo desconocido?

El límite de lo absurdamente incontestable, o de lo ansiado o de lo imposible?

 

Primer Tema: “Es la hora de los magos” de Jorge de La Vega, por Federico Manuel Peralta Ramos. (01:37)

 

Daniel

            A Giordano Bruno se lo ejecutó por afirmar que la Creación era infinita. Que no había límites ciertos en ningún lugar del Cosmos.

 

Raúl

            Más tarde, con la noción del tiempo acumulativo, lineal, ascendente, el fin del mundo ya no era un lugar al que llegar, sino un momento que se advenía. Más un corte que un límite, más un cese que un alcanzar.

 

Daniel            Así, el fin del mundo pasó a tener la característica de una profecía, más que la de una descripción. Algo así como una geografía del tiempo, que indicara los signos del advenimiento del final.

 

                        Raúl

            Más parecido al mar, entonces,

Más allá del punto en el que se abrupta el acantilado,

Como una energía inminente, incontrolable, impreciso, inasible, pero inexorable.

Límite como incertidumbre. Como no continuidad. Como sitio del verdadero e inmanejable, siempre rebelde, futuro.

 

Daniel

Cuántas veces ocurrió el fin del mundo?. Cada vez que alguien se lleva consigo una lengua, una voz, una mirada.

 

Raúl

Cuántas veces ocurrió el fin del mundo?. Cada vez que cerramos los ojos al pestañear.

 

Daniel

Por eso esa central melancolía que recorta las luces durante las lluvias.

 

Raúl

De allí la brutalidad de la esperanza.

La sagrada llama del deseo.

La boca abierta, más que los ojos.

 

Daniel

Nos apoyamos en nuestra caída.

Nos hace poderosos el bastón quebrado.

Nos obliga

A levantar la espalda.

 

Raúl

De allí la exasperación de la humildad,

Los exabruptos de misericordia,

Las manos que se introducen

como semillas en la tierra sorda

para sacarle un verbo como una flor,

para hacerla oír un grito como una fruta.

 

Segundo Tema: Eduardo Galeano lee “Qué tal si deliramos un ratito? (05:42)

Acabamos de escuchar…

 

Raúl

Jorge, estás ahí, en el lugar. Podés comentarnos lo que está sucediendo.

 

Daniel

            Sí, efectivamente, estamos en el fin del mundo. La teoría de la Tierra Plana era correcta, Jorge. Aquí si seguimos avanzando nos caeríamos en un vacío interminable.

 

Raúl

            Qué dice la gente del lugar? Cómo es que logran vivir en un sitio así, de esa naturaleza, tan riesgosa?

 

Daniel

            La gente está tranquila, Jorge. Aseguran que es así todo el tiempo. Que cada paso que damos en la vida es un nuevo abismo.

 

Raúl  

            Pero en ese caso ese abismo es literal, Jorge!

 

Daniel

            Así es, pero no acusan preocupación alguna por el hecho. Dicen que es como vivir a la vera del ferrocarril. Llega un momento en que ya no se escucha su paso. Lo mismo, aducen, ocurre con el abismo que se abre aquí nomás, a unos centímetros de donde estoy.

Raúl

            Te podés asomar, Jorge?

 

Daniel

Ahora está pasando la gente al lado mío, y algunos desprevenidos van cayendo en forma sucesiva uno tras otro, liviana y exitosamente.

 

Raúl

            ¿Cómo es eso? ¿Nadie evita la caída?

 

Daniel

            No. Algunos la orillean. Llegan hasta el punto del abismo, meten la pata y con una sonrisa de disculpa vuelven para atrás. Pero no hay carteles ni advertencias. Todo se maneja de una forma muy natural, casi al descuido.

 

Raúl

            Tenemos conexión con otra situación de fin del mundo. Adelante Jorge.

 

Daniel

            Así es, Jorge. Aquí también, se están viviendo momentos de fin de mundo. Estamos en Maravillas.

 

Raúl

            En exclusiva, y para todo el país estamos transmitiendo en directo, dos fines del mundo simultáneo. Son las cosas que nos permite la tecnología de la conexión digital.

¿Y cómo se vive ahí el fin del mundo, Jorge?.

 

Daniel

            Aquí todas las princesas se han casado con el príncipe, y el mundo acabó de golpe. Ninguna de ellas tiene ya nada que hacer.

Los príncipes por su parte, ya han liquidado a todos los malvados y por su parte, sólo engordan y mandan, apoltronados en sus tronos.

 

Raúl (de lejos)

            Atención atención, tenemos el fin del mundo en Brindstom!

 

Raúl

Otro fin del mundo que se reporta. Estamos en directo, señores.

¿Jorge? ¿Estás en Brindstom? Contame.

 

Daniel

Jorge acaba de desaparecer, Jorge. Te habla Jorge. Estamos en Brindstom cubriendo el fin del mundo local.

 

Raúl

Cómo lo están viviendo por allí, Jorge?

 

Daniel

Muy bien. Están todos con sus mejores galas, intentando dar la mejor imagen de sí mismos antes de desaparecer en una corriente espiralada que se los va chupando, Jorge. Vienen te digo de todas partes. Nadie quiere quedarse afuera.

 

Raúl

Qué notable lo que contás, Jorge. Qué bueno que podamos estar ahí brindando en exclusiva este testimonio del fin del mundo.

 

Daniel

Atención estudios. Atención. Pido salir al aire, por favor…

 

Raúl

Un mensaje desesperado de nuestro compañero Jorge. ¿Dónde te encontrás en este momento? ¿Qué está sucediendo allí?

 

Daniel

Estoy en el fin del mundo, Jorge.

 

Raúl

Pero dónde Jorge, aclaranos. Hemos estado recibiendo reportes del fin del mundo desde distintos puntos del Universo.

 

Daniel

Poco importa eso ahora, Jorge. Estamos en lo que era la intersección de las avenidas 93 y 94, en la ciudad de Kodak.

 

Raúl

Contanos, entonces, Jorge, cómo se está viviendo el fin del mundo en Kodak.

 

Daniel 

Bueno, aquí, todo está ocurriendo muy rápido. Casi en forma instantánea. Hemos tenido que refugiarnos con el equipo de transmisión en una garita, ya que la fuerza entrópica es aplastante. Efectiva y aplastante, Jorge.

 

Raúl

¿Cómo es eso de la fuerza entrópica, Jorge? Así le explicamos a nuestros oyentes.

 

Daniel

Tiene la forma de una altísima música tecno. Permanente y perniciosa, cuyo ritmo viene repitiéndose incesantemente desde hace ya más de tres días.

 

Raúl

¿Hay suicidios?

 

Daniel

Es que no se diferencian aquí los suicidios de la muerte por disipación, Jorge. Todo es uno. Pero llamativamente no hay quién controle esta situación.

 

Raúl (lejano)

¿Jorge, estás ahí?

¿Jorge estás ahí?

 

Daniel

Aquí estoy Jorge. Adelante, Jorge.

 

Raúl

Esto es terrible, Jorge. Estamos en el fin del mundo. Aparentemente en la oficina N° 444 del edificio Manhattan se resguarda la última taza de café del planeta.

 

Daniel

¡No es posible!…

 

Raúl

Así es, Jorge. La última taza de café, después de la incineración de todas las plantas de café del mundo debido a un virus piromaníaco, provocado por causas desconocidas, está siendo resguardada en una pequeña oficina, a cargo de cuatro ignotos empleados, que apenas atinaron a cerrar la puerta, frente a la amenaza de cientos y cientos de personas que ya se acercan a derribarla.

Los empleados no saben qué hacer. Si tomarse la taza, si publicarla en el mercado, pedir acciones, salvoconductos o hacerla operar en bolsa.

Mientras tanto, el mundo, tal como lo conocemos, Jorge, está por desaparecer.

 

Daniel

Lamentable lo que contás, Jorge. Muy lamentable. Completo la información que nos suminstrás, Jorge. Nos acaba de llegar un cable que indicaría que según fuentes altamente confiables, también estarían escaseando los clips metálicos, por una extraña alineación magnética que ha provocado su retraimiento hacia sectores rurales, donde no reciben uso alguno.

 

Raúl

Este es Jorge. Jorge, Jorge. Estoy en vivo. En el fin del mundo

 

Daniel

Contame Jorge. Ya son nueve los fines del mundo cubiertos en vivo y en directo para todo el país. Adelante. ¿Cómo va la cosa por allá?

 

Raúl

            El ambiente es de tensa calma, Jorge. Mucha expectativa porque acaban de cumplirse nueve de las diez señales del final que profetizara John Uri Fraudman: Lluvia con Sol, diez granos de arena negra, choque múltiple, hoja de roble con forma de sauce, el 13 a la cabeza por decimotercera vez consecutiva en la quiniela de la lotería oficial, un cospel antiguo que funciona en un teléfono celular, un mate frío abandonado, y un papel de regalo envuelto en papel de regalo en el interior de una caja de primeros auxilios.

 

                                                                                                          Daniel

Contame Jorge qué está haciendo la gente, la gente Jorge, en estos momentos.

 

Raúl

Espera, Jorge. Esa fue la indicación de su líder material y espiritual, el Comodoro 64. No se puede hacer otra cosa. No se tiene que hacer otra cosa, ya que todo está sucediendo conforme a lo esperado.

 

Daniel

¿Cuál es el signo que falta, Jorge? Para completar los diez que darían cuenta del fin del mundo…

 

Raúl

Se espera por un suspiro. El último suspiro. Todos están aquí en silencio y expectantes. Se espera por un suspiro que sería el último. Hasta ahora no, repito no ha tenido lugar. Pero puede estar ocurriendo de un momento a otro. Estaremos en contacto.

 

Tercer Tema: “Down by the muddy river”, de Laurie Anderson. (03:07)

Acabamos de escuchar:

 

Daniel

Te agradezco Jorge el completísimo informe.

Y bien… El planeta está de gala. Estamos recorriendo de punta a punta, de este a oeste, a medida que el Sol se va desplazando, todos los fines del mundo que se vienen reportando desde nuestros distintos puestos de corresponsalía. En vivo, en directo. Por este dial. El mismo por donde escuchaste el recital de Brandon Marfor y viviste la entrega de premios de la Academia de Oxford.

Nos atiborran de mensajes. Desde todas partes. Pero así como llegan, se desvanecen, por lo que no podemos darle lectura.

 

Raúl

Del mismo modo en que la palabra se disipa en el aire, se pierden los contornos de las formas en la noche, se disuelven los recuerdos en una memoria antigua, así estas voces sólo pueden ser recuperadas en tu boca. Ya no en las nuestras que van quedando atrás atrás atrás atrás… en una interminable lista que persiste al infinito.

Danos finitud. Danos límite. Danos entorno, figura, trazo, materia…

Las voces añoran estar ahí, donde te quedes

Escuchando.

Las voces que quieren transformar en verbos a todas las cosas del mundo.

Y los verbos como manos. Y los verbos todos como asuntos manuales. Marcados con las manos, dibujados con las manos, amasados por las manos, construidos con las manos.

Las manos que escuchan, porque han diseñado el oído.

Las manos que dictan, porque han aprendido a escribir.

 

Daniel

            El mundo vuelve a nacer, una y otra vez, merced al trabajo, en orden al trabajo, por compromiso, vocación y sentido del trabajo. Del trabajo necesario y constante.

Los pescadores hacen los peces, el río, y el mar y la rivera. Los vigías marineros trazan ahora la franja del horizonte. Los que escriben reciben las letras de las palabras y las palabras de las voces y las voces del trabajo de las bocas y los labios.

Las gargantas abren el espacio.

Y los párpados introducen el silencio.

 

Cuarto tema: “Escrito con un nictógrafo”, de Arturo Carrera, en la voz de Alejandra Pizarnik. (03:23)

Acabamos de escuchar…

 

Raúl

            Ya pueden volver a abrir los ojos. La oscuridad ahora sólo es un eco de la noche. La noche que nos dio el calor, el fuego, la cercanía y el trabajo de los signos.

 

Daniel

            Los signos que en la órbita de nuestra esfera celeste, y en el reflejo del agua de un límpido mar, inocentemente libran las estrellas.

Las estrellas, que creen iluminar solas y únicas un Universo oculto.

Pero que sólo son expresión de nuestra ávida locura, de nuestra terrible, absurda, manifiesta aversión al vacío.

 

Raúl

“Inventar el regreso del mundo

después de su desaparición.

E inventar un regreso a ese mundo

desde nuestra desaparición.

Y reunir las dos memorias,

para juntar todos los detalles.

 

“Hay que ponerle pruebas al infinito

para ver si resiste.”

 

Roberto Juarroz, 112.

 

Cierre           

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por Il Giardino Armonico): (Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

BABELIA


Emisión N° 40 de VOCERRANTE.

 

VOCERRANTE (40)

Babelia

 

Apertura (Sobre “White ManSleeps II”, por KronosQuartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

 

Este es el cuadragésimo programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

 

Sobre la Pieza N° 9 de las 10 Piezas fáciles para piano de Zbigniew Presiner

 

Raúl

            Como en una dicción desafinada…

 

Daniel            Mi voz

 

Raúl

            Tu voz

 

Daniel

Tu voz, la voz

 

Raúl

Mi voz, tus voces

 

Daniel

Esta…

 

Raúl

…y no otra…

 

Daniel

…voz…

                                                                                                                                 Raúl

Como en una dicción desafinada oímos nuestras voces en otros…

 

Daniel

… Oímos en otras voces las nuestras…

 

Raúl

…Oímos a los otros en nuestras voces…

 

Daniel

… Nuestras voces los oyen…

 

Raúl

… Las voces de los otros oyen nuestras voces…

 

Daniel

Podemos saber del crepitar de la palabra

Del mate de la palabra,

De mano en mano, de boca en boca, de noche a noche…

 

Raúl

La palabra como un río que nos atraviesa, desnudando, sorprendiendo, entrelazando todos los silencios.

Como en una dicción desafinada, otras palabras suenan a nuestras palabras, o dicen lo que en ellas queremos que se escuche.

Heredera de toda vibración, de todo ritmo, de todo grito, la articulación verbal es obra de las vértebras, tan manual como la confección del fuego, o la molienda de la harina o el amasado del pan.

 

Daniel

Cada voz tiene todos los significados del mundo. Pero sólo uno que se quiere decir.

La confusión ocurre cuando todos quieren decir LO MISMO. Y allí surge entonces el sentido amonedado.

 

Raúl

            La confusión ocurre cuando ya no hay voces. Sólo un friso.

 

                                                                                                                                 Daniel

            Cuando lo dicho se independiza del sonido, de la vibración, del cuerpo, de la boca.

            Cuando el decir ya no es un verbo, sino una etiqueta, un rótulo, o una marca.

 

Raúl

            Al principio fue el ritmo.

Luego el baile.

Luego las canciones.

… Y entonces la prosa.

Para recordarlos. Para retenerlos. Para fijarlos, transmitirlos, para llevarlos de un lado al otro.

Al principio fue la poesía. Llena de sentidos, gritos, mediasombras, apostillas, gestos y súplicas, luz, morada y calor.

Las voces desprendidas al mismo tiempo de la lengua y de las cosas.

 

Daniel

            Hasta que se impuso la Torre.

 

Raúl

Atención Jorge… Periodistas acreditados en el lugar informan de un inminente hallazgo arqueológico en Auvernia. Se han detectado varios túmulos superpuestos que corresponderían a las capas de una inmensa torre, ejecutada en forma escalonada como los tradicionales zigurats, pero en sucesivas épocas.

 

Daniel

Así es Jorge, testimonios indubitables señalan que aquí habría estado asentada la legendaria Torre de Babel. Escuchemos los relatos.

 

Raúl

Todo empezó con las piedras. El estrato inferior, o Primer Estrato, está completamente formado de piedras. Piedras de todo color, procedencia y textura. Piedras de bajo el mar, de la cima de la montaña, del fondo de las cuevas, del lecho de los ríos. Una piedra blanca, otra gris, otra verde, otra azul, otra amarilla… Sostenían y se sostenían agrupándose, amontonándose, ocupando los intersticios del espacio espalda con espalda.

Cada piedra de cada sitio, de cada lugar, de cada camino.

Era una fiesta la llegada de una nueva piedra. Todas distintas, todas llenas de rarezas, de impurezas, de delicadas junturas y complicado encastre.

Iban circulando de mano en mano y la última mano la colocaba. Toda piedra era dispuesta entre las otras, como otra piedra fundamental.

Luego, sobre las piedras fueron colocando ladrillos. Ladrillos que eran largamente trabajados con el barro modelado bajo todos los soles de los páramos.

 

Daniel

            En efecto, Jorge, de acuerdo a los arqueólogos, cada estrato marca una época en la construcción de la Torre, así como en las condiciones sociales de sus constructores.

 

Raúl

Así, por ejemplo, el Quinto Estrato está formado de maderas, coincidente con la etapa de colonización de los bosques colindantes.

El Décimo Estrato está formado de armas de hierro, yuxtapuestas y trabadas, coincidente con el final de la Edad del Bronce y el principio de los dominios unilaterales.

El Decimocuarto Estrado está formado de huesos. Sólo huesos, unos sobre otros, engarzados, unos contra otros, coincidentes con la época de las grandes masacres.

El Decimoquinto Estrato está formado de maíces. Diversos colores, tamaños y textura de maíces. Coincidentes con el Saqueo de América.

El Decimonoveno Estrato está formado de plomo. Grandes y pesadas capas de plomo, coincidentes con el aprovechamiento del combustible fósil.

 

Daniel

            A medida que se sucedían los estratos, llevaba menos tiempo su construcción. Menos personas. Y menos materiales.

Se buscaba alcanzar la lengua perfecta.

La lengua que no necesite desambiguación.

Aquella que resulte exacta, precisa, transparente.

Inexorable como la guadaña.

 

Raúl

            La lengua perfecta, logicizable, cuantificable, clasificante.

Que ponga a cada cosa en su lugar, sin salirse de sus márgenes.

Que prescinda de los caprichos de la sátira, los meandros del humor, los sigilos de la seducción, las extensiones de la polisemia.

Que prescinda de accidentes de la historia, de intenciones, de género, de número, de tiempo…

Que prescinda del verbo, a fin de desadmitir todas las transformaciones, cualquiera de los movimientos.

La lengua perfecta, inhumana, insensible. La lengua de azulejos blancos. Pura, inmaculada, sin voces ni lenguas, sólo datos.

 

                                                                                                                                 Daniel

El Vigésimo Tercer Estrato está formado de papeles. Papel, pulpa de papel, fibra de papel. Tan sólo y nada más que papeles. Coincidentes con el fetichismo de las normas.

El Vigésimo Séptimo Estrato está formado de pieles. Coincidente con el deshollamiento del silencio.

El Trigésimo Estrato, de alas de coleópteros y de mariposas. Coindicentes con la persecución de cualquier deseo.

El Trigésimo Cuarto Estrato, de vientos y llamas superpuestas y encadenadas. Coincidentes con la desaparición de las voces.

El Trigésimo Séptimo Estrato, de superficies pulidas hasta el extremo del espejo. Como una ilusión de la existencia.

 

Raúl

Los Estratos se están develando por primera vez al mundo desde las excavaciones de Auvernia, que comenzaron hace apenas unos meses. El sitio de emplazamiento de la Torre de Babel siempre había sido una incógnita no rebelada, que finalmente aparecería a la luz a raíz de esta llamativa estructura de Treinta y Nueve superficies, cada una de las cuales supone un punto de abstracción respecto de las anteriores. Y por consiguiente pérdida de significado.

 

Daniel

Cuando alcanzamos el último estrato, éramos apenas poleas y palancas. Te volví a buscar entre las multitudes que atravesaban muy rápidamente a través de los reflejos, los haces de luz, y las pulsiones de una belleza normada, recortada, única, correcta… Y buscaba tu nombre entre todas las tarjetas, los diarios, los letreros, los zócalos de televisión, los subtítulos, las redes sociales de internet, los registros policiales, judiciales, escolares, palaciegos…

Y sin embargo no, no podía dar contigo.

Hasta que dejé de buscar tu nombre, y escuché, allí, mezclada, compartida, precisa y sonoramente, tu voz. Tu voz volvía a encontrarse con toda la serie de mis recuerdos. Y allí estabas pronunciando, con esa voz, nada menos que el apelativo en el que entonces nos llamábamos.

 

                                                                                                                                 Daniel

De Alejandra Pizarnick:

“¿Cómo se llama el nombre?

Un color como un ataúd, una transparencia que no atravesarás.

¿Y cómo es posible no saber tanto?”

 

 

Raúl

Seguiremos en contacto, Jorge.

Mientras tanto, escuchemos, de Bobby McFerrin y Roger Treece, “Messages”, cuyo texto está escrito en latín, italiano, sánscrito, zulú, español, ruso, hebreo, portugués, mandarín, japonés, francés, árabe, alemán, inglés, gaélico y un idioma artificial ad-hoc inventado por el propio McFerrin.

 

Primer Tema: “Messages” (11:00)

Acabamos de escuchar, de Bobby McFerrin y Roger Treece, “Messages”, con las voces de sus creadores, más Lisa Fischer; Joey Blake; Kim Nazarian: LaTanya Hall: vocals; Luciana Souza: Albert Hera; Peter Eldridge; Alexandra Montano; Andrea Figallo: Katie Campbell; Kristina Boerger; Amelia Watkins; Aubrey Johnson; David Root; Fletcher Sheridan; Mark Johnson; Michele Eaton;  Michelle Mailhot Vines; Ryland Angel; Elizabeth Farnum; Gayla Morgan; Michael Steinburger; Michele Weir; Richard; Theo Bleckmann:; Thom Baker; más Alex Acuna en percusión; Donny McCaslin en saxophone; y Pedro Eustache en flautas.

 

                                                                                                         

Daniel

            La palabra es criatura viva, naciendo, ramificándose, multiplicándose, diversificándose, mezclándose, apareándose, aunándose, derramándose, fructificándose. Dentro y afuera de todas las bocas.

 

Raúl

En todo el mundo, de acuerdo a un informe de la Unesco, se encuentran en peligro de extinción más de seis mil lenguas. Más de seis mil modos de decir, de vivir, de narrar la vida. Más de seis mil modos de contar y de saber la historia. Más de seis mil modos de ser en el decir, de decirse y significar al Universo.

 

En Argentina, se han identificado dieciocho en peligro de extinción. Así, el kutza, el avá guaraní, el chaná, el chorote, el guaraní boliviano, el puelche, el manjui, el mapuche argentino, el guaraní mbyá, el mocoví, el ona, el pilagá, el quechua de Santiago, el tapieté, el tehuelche, el toba, el vilela y el wichí.

 

Daniel

“Verdad” en idioma kutza suena “Kéltchar”. Y “Vida” en kutza suena “Kausama”.

 

Raúl

En el idioma “avá guaraní” estar de pie es es sencillamente “A”.

 

Daniel

En el idioma chaná, “Yogüin” es el fuego. Al humo se lo llama “vanatí yogüin”, “el hijo del fuego que hacía llorar al que quemaba”

 

            Raúl

En idioma chorote “vida” se dice “Ji wasankiye”, y “verdad”, ”ijiatki”. “Si lijwas” quiere decir “los que hablan nuestro idioma”.

 

Daniel

En el idioma guaraní de Bolivia, al hombre blanco se le dice “karái”.

 

Raúl

            En idioma puelche hay una palabra para el viento del este: “ga’ na aiyu”. Y la expresión “voy a cantar” se dice de una sola vez: “tshikumüléuak”

 

Daniel

            En idioma manjui hay una palabra para la canción del amanecer: “Ilhumane”

 

Raúl

En el idioma mapuche de nuestro sur hay una palabra para “abrir los ojos”. Se dice “lelikelen”. Y nuestra Vía Láctea se llama “Repuapew”.

 

                                                                                                          Daniel

En el idioma mbya guaraní, la palabra “rojerovia” es “depositar la confianza”, “vida” y “costumbre” se llaman con la misma voz “teko”.

 

Raúl

En idioma mocoví, “verdad” es “ilic”; y “caoc” es el nombre de la mentira y de lo incorrecto. Y el viento del norte se llama   “huaquiaxaic”.

 

Daniel

En idioma selknam, u ona, el Sol es “Kre”, y la Luna, “Kren”.

 

Raúl

El verbo vilela presenta siete categorías flexionales: persona, modo, tiempo, aspecto, negación, número e interrogación”.

 

Daniel

Con la voz “Ujtais” se dan las gracias en idioma wichí. Y con la voz “chiwolla” se dan los buenos días.

 

Raúl

En la gramática pilagá, hay cuatro diferencias en orden al número: singular, dual, de varios, y colectivo. La palabra pilagá para nuestro mismo Sol, “katena”; y para nuestra misma Luna, “aworoik”, no poseen género gramatical. Sin embargo, al sol se lo personifica como a una mujer y a la luna como a un hombre.

Daniel

En el idioma quichua de Santiago del Estero, “Llantuyai” es el verbo de la sombra.

Ilusión en este idioma es “Llachi”. Pero esta expresión ha caído en desuso por sus hablantes.

 

Raúl 

“Shi-manino-re a-mbo’e  a-ï he(se) kwep”, en idioma tapieté es “A mis nietos les estoy enseñando siempre”

 

Daniel

En tehuelche “Shogel” es la palabra para “Verdad”. Y hay un nombre para la noche común, “ensken”, y otro para la noche oscura: “ktenon”.

 

Raúl

En idioma toba, “nakaltawek” alude a la persona viva. Al viviente. “Nowet”, en ese mismo idioma, son los “espíritus auxiliares”.

 

Daniel

Quienes guardan en ellos una lengua, una palabra, una cita, un sabor, un idioma, tienen un mundo dentro.

 

Raúl

“Habla también tú, aunque fueras el último que hablase” – Paul Celan.

 

Daniel

“Los chaná fueron un pueblo que habitó las costas de los ríos Uruguay y Paraná desde hace unos 2000 años (…) hasta la llegada de los españoles.

“Don Blas asegura ser heredero de la familia de los “hombres superiores” de los chaná, aquellos que por condición de nacimiento estaban habilitados para ejercer el cacicazgo de su pueblo, algo muy similar a los criterios de nobleza. Tan es así que, asegura, los españoles respetaron la vida de sus familiares, pero se produjo una fuerte censura hacia las costumbres chaná acuñadas durante miles de años. “A los chicos que hablaban chaná les cortaban la lengua o les pinchaban un ojo, así que en poco tiempo ya nadie escuchó hablar esta lengua”, dice. Sin embargo, las mujeres chaná establecieron durante cientos de años un pacto secreto: le enseñarían a sus hijas la lengua y las costumbres con el objetivo de que no se perdieran, pero debían mantenerlas en absoluto silencio. Jaime accedió a tal tesoro cultural porque todas sus hermanas murieron y durante casi 15 años su madre lo adiestró en esa cultura con lecciones y exámenes nocturnos.

Don Blas creía (…) que no era el único depositario de la lengua, y que en el momento de decidir hacerlo público, habría muchos descendientes que sacarían su conocimiento del letargo. Hace unos diez años –al cumplir 70, cuando decidió dar a conocer su secreto–, se encontró con que esa lengua estaba dada por perdida por antropólogos y lingüistas. (…) Hasta el momento, y pese a los enormes esfuerzos institucionales, no apareció otro hablante chaná.”

(Historia de Blas Jaime, “El último hablante de la lengua chaná”, nota de Roy Villani, publicada en Tiempo Argentino, el 20 de abril de 2014).

 

Raúl

“Cristina Calderón es de las pocas personas que en este mundo tienen el carácter de Tesoro Humano Vivo, denominación otorgada por la Unesco en el año 2003. Esto porque es la última habitante nacida y criada según las costumbres ancestrales y que tuvo contacto directo con sus antepasados antes de que desaparecieran y porque además habla el idioma de ellos, a la vez que se ha esmerado en trasmitirlo a sus descendientes.

“Cristina Calderón nació en 1928 en el sector denominado Bahía Róbalo, en la Isla Navarino, uno de los postreros bastiones en los que vivieron los yámanas o yaganes antes de su casi total extinción. Claro que hablar de yámanas puede ser un poco arbitrario porque actualmente, después de la depredación de la que fueron víctimas los aborígenes del extremo sur chileno y argentino, no queda nadie étnicamente puro. Nadie que pueda vanagloriarse de ser representante de esa raza que sobrevivió varios milenios en las condiciones más adversas que se pueda imaginar, hasta que llegó la “civilización”.

“Lo que hace diferente a Cristina es que tuvo contacto con antepasados que, de una u otra forma, fueron víctimas del holocausto y que sabe hablar el idioma, o uno de los idiomas o una mezcla de los idiomas que se hablaban en la zona antes de la aparición de los colonos, verdugos de su raza, y que ha intentado transmitir a sus siete hijos, catorce nietos e innumerables bisnietos, lo mismo que la historia de su pueblo y las costumbres.

“Con 87 años y junto a su nieta Cristina Zárraga, está trabajando en la confección de un diccionario que permita perpetuar su léxico que, entre sus curiosidades, contiene la palabra que figura en el Libro de Récords de Guinness como la más concisa del mundo, porque involucra en sí misma el más completo concepto: Mamihlapinatapai, que se traduce como “una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar”.

“También junto a su nieta publicó un libro llamado Hai Kur Mamašu Shis (Quiero contarte un cuento) con historias y leyendas de los yaganes.

“Los yaganes o yámanas poblaron la isla de Tierra del Fuego ─según la teoría más aceptada─ se calcula que desde el año 1.000 AC (otros hablan del 6.000 AC). Compartían este territorio con otras dos tribus, los selknam (onas) y los haush. La misma teoría sugiere que todos eran de origen tehuelche, que a su vez venían siendo empujados desde el norte por otras culturas descendientes de las que atravesaron a América por el Estrecho de Bering.

“Los yaganes ocupaban el extremo suroeste de ese inhóspito territorio, aledaño al Canal de Beagle, incluida la Isla Navarino y otros islotes cercanos. Los selknam, que aparentemente fueron los más numerosos, se asentaban en lo que se podría llamar la meseta central y el extremo norte, hasta el Estrecho de Magallanes, zona que en alguna época fue boscosa, mientras que los haush fueron acorralados por los selknam en el extremo oriental de la isla. Las tres tribus hablaban dialectos distintos, aunque con una raíz común. También compartían algunas costumbres, ciertas divinidades y ritos religiosos

”Lo concreto es que hasta el arribo de los invasores europeos estos aborígenes vivieron en relativa paz, adaptándose al clima endemoniado de la región y sobreviviendo de la pesca, de las ballenas que capturaban o que varaban en la costa y de los lobos marinos que proporcionaban alimento, ropaje y el calor de su grasa. Se supone que durante el primer período de poblamiento también cazaban guanacos que vivían entre los bosques, así como otros animales terrestres. Pero aparentemente la sobreexplotación pronto causó el exterminio de flora y fauna. Nunca supieron de agricultura y las embarcaciones de fibras vegetales entrelazadas que fabricaban no tenían la resistencia necesaria para largas travesías en los procelosos mares australes, aunque para desplazarse por distancias mayores y para la caza de la ballena utilizaban unas canoas construidas con cortezas de árboles. Cuando el tiempo lo permitía, familias completas se movían en esas embarcaciones alcanzando grandes distancias, pero en general eran presos de su entorno.

“Los intentos de colonizar el estratégico Estrecho de Magallanes por parte de españoles, británicos y holandeses, durante los siglos XVI, XVII y XVIII fracasaron porque los colonos jamás se pudieron aclimatar y porque los indígenas, sintiéndose agredidos, los atacaban con sus rústicas armas. Pero con la llegada del siglo XIX aparecieron armas mejores. Además, se descubrieron en Tierra del Fuego algunos yacimientos auríferos y los ingleses vieron que el territorio era muy apto para la ganadería ovina. Con todos estos elementos, la codicia pudo más y quedó servida la mesa para el exterminio. De los cuatro mil habitantes calculados hacia 1860, a fines de siglo no quedaban más de setecientos.

“Con el ánimo de parar la matanza, unos sacerdotes salesianos, los padres Fagnano y De Agostini, solicitaron al gobierno chileno que les cediera la Isla Dawson para establecer ahí una colonia con los aborígenes sobrevivientes, pero lo que no habían hecho las armas lo hicieron las enfermedades importadas por los colonos. La viruela y la tuberculosis terminaron con ellos en veinte años.
Por supuesto y como suele ocurrir cuando se enfrenta a un enemigo común, las tres tribus originarias de la isla se fusionaron para defenderse, por lo que poco a poco el mestizaje entre ellos fue haciendo desparecer a los más débiles. Hoy, para referirse a los habitantes de esas latitudes, se habla de los “onas” y ya en el siglo XIX se utilizaba esta denominación que abarcaba no sólo a los insulares, sino que también a los habitantes del norte cercano del Estrecho de Magallanes. O sea que de los primitivos habitantes de esas tierras no quedó ni siquiera su verdadero nombre, rescatado posteriormente por investigadores, antropólogos y arqueólogos.

“Mucho se ha escrito sobre la masacre de las tribus australes y no es el ánimo de esta crónica resaltar ese doloroso tema, pero se hace necesario mencionarlo para poder evaluar mejor la importancia del esfuerzo de Cristina Calderón para perpetuar la memoria de sus antepasados.

“Desde 1960 vive en Villa Ukika, una reservación ubicada a dos kilómetros de Puerto Williams, donde se dedica a la cestería. Ahí mora en una casa de madera, junto a una cincuentena de descendientes en mayor o menor grado de los primitivos habitantes de la zona. Cerca vive Lidia, una de sus hijas, monitora en una escuela del sector, donde enseña a los niños el idioma y las costumbres de sus ancestros, conocimientos que ella recibió de su madre.

“Gracias a doña Cristina Calderón y a su familia es muy posible que se conserven para la posteridad el lenguaje y los rasgos de esta cultura prácticamente desaparecida. Esta valerosa mujer ha recibido varios honores. Además de ser Tesoro Humano Vivo, es Hija Ilustre de la Región de Magallanes y Antártica Chilena y fue seleccionada como una de las 50 mujeres representativas del Bicentenario de la República de Chile.

-Publicado en “El oregiverde”, diario de los pueblos indígenas, el primero de abril de 2016, por Fernando Lizama-Murphy. Fecha: 1/4/2016.

 

Segundo Tema: “Chapie Zuichupa”, de Doménico Zípoli. (02:24). Acabamos de escuchar, de Doménico Zípoli, “Chapie Zuichupa”, por el Ensemble Louis Berger, dirigido por Ricardo Massum. En idioma chiquitano.

 

Daniel

DER ANDERE

Tiefere Wunden als mir

schlug dir das Schweigen,

grössere Sterne

spinnen dich ein in das Netz ihrer Blicke,

weissere Asche

liegt auf dem Wort, dem du glaubtest

  • Paul Celan.

Raúl

“EL OTRO”

Heridas más profundas que a mí

te causó el silencio,

mayores estrellas

te urden en la red de sus miradas,

más blanca ceniza

yace en la palabra que tu creíste”

  • Paul Celan

 

Cierre           

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por Il Giardino Armonico):

(Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

Nada está quieto


VOCERRANTE (38)

Nada está quieto

 

Apertura (Sobre “White Man Sleeps II”, por Kronos Quartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

Raúl

Este es el trigésimo octavo programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos y bienoídas.

 

Raúl

No existe la quietud. Nada está quieto.

Porque todo vibra, tiembla, ruge.

Las paredes, los objetos, los huesos y las piedras.

Todo busca un lugar, persigue tu boca, se aviene a tus manos, se dirige a tus ojos.

 

Daniel

Acercar la voz, no el oído.

Acercar la voz para fungir de radio.

De emisora, de señal, de transmisión.

De exaltada conciencia,

De horizonte imaginado.

 

Daniel

Acercar la voz, no el oído.

Para hacer que el aire, y las cuerdas y los cuerpos vibren,

Y generar a en ese soplo conmovido, esa siembre sonora,

Al mismo tiempo

El tiempo y el espacio.

 

Raúl

            Acercar la voz, no el oído,

Como en una asamblea de ausentes,

Como en una huella permanente,

Como en un rastro inasible.

 

                                                                                                          Daniel

Acercar la voz, no el oído,

Para que todo al cabo sea verbo.

Para que todo tiemble.

Para que no halla palabra que no te toque, te sacuda, te silencie.

Y luego te sostenga mientras la pronuncias.

 

Raúl

            No hay distancias sino hitos.

No hay nada sustantivo,

Sólo verbos.

Todo pasa por el verbo que levanta los sentidos.

Todo es verbo, así la Luna como el Sol, como el destino.

 

Daniel

Ni tiempo ni distancias. Ni objetos ni sujetos. Sólo verbos en el aire, en la tierra, en el fuego y en el agua.

Es el verbo del aire el viento, el verbo de la tierra el tronar, el verbo del fuego arañar altura, el verbo del agua el mar.

 

Daniel

Existe una patología denominada “sinestesia” que consiste en la confusión, sustitución o conciliación de un estímulo sensorial en otro. Así, sonidos que se ven, tactos que se escuchan, colores que duelen, gustos que suenan.

¿Es una patología o rememora los vínculos que entre las cosas luego los análisis y las clasificaciones separan y escinden?.

Lo cierto es que se cuenta que en cierto monasterio de Pradona, durante el siglo XV, habitaba en una austera ermita un monje del que sólo sabemos que se llamaba Pietro, y que sufría de Sinestsia, al que el navegante Giancarlo Pierluiggi Stretta pidió llevar consigo en la expedición a las islas Báquicas, a fin de que trazara su cartografía.

Pietro, el sinestésico, prácticamente había perdido los dones de la vista, y de la audición, pero percibía cuada una de las señales del mundo.

Esto es, en una palabra, que captaba los verbos.

 

Daniel            Aquí, aquí… Una costa escarpada y violenta. Siento el trazo de la espada descargarse sobre la roca, y la roca multiplicarse y erguirse.

Más allá, sí, allá, allá… se va perdiendo el sonido en pequeños y caprichosos meandros. Uno es eminentemente flaco, casi pareciera el sitio sobre el que alguna vez tuvo lugar un arrepentimiento.

Aquí. Observe, Señor. Cenizas, pero no de un fuego reciente, sino de una batalla.

Allí. Quédese quieto. Esas arenas son blandas y asfixiantes. Aquí alguna vez ocurrió una traición vergonzosa.

Más allá. Hay líneas de miradas que se desvían de la atención. Como si fueran difusas contorsiones de un tembladeral. Allí aún se escuchan danzas antiguas y rituales. Ocultas y rodeadas de secretos.

Pero aquí abajo. Acérquese. Huelo raíces secretas y abrumadas. Aquí tuvo lugar una batalla, una traición o un abandono. Excave un poco. Sí. Así es. Esta raíz es de un verbo flaco y alargado. Si tironea de ella nunca nos llevará a la orilla.

 

Raúl

Pietro, el sinestésico, logró completar el mapa en el mismo tiempo que tardaron en atravesar las islas. Al mismo tiempo que iban recogiendo la historia de las islas.

Cada accidente geográfico, cada curva, cada peldaño, cada roca, gruta, acantilado o playa mínima, reverberaba aún para él con el tono de viejas acciones, de viejas canciones, de recuerdos adheridos a las paredes de las cosas.

 

Raúl

Intento de dos pequeños relatos sinestésicos:

 

Daniel

Uno.

Planeaban convertir a Samo en rey, a sus espaldas.

Sus movimientos eran turbios, ácidos y nacarados. Se anudaban a todas las asperezas, dejando largas hendijas arañadas.

Samo se escondió en un himno, a fin de confundirlos a todos.

Pero ellos lo estaban aguardando en el punto más oscuro de una absorta liturgia, que precedía a la Misa de Coronación.

Amplios, enormes, imposibles lienzos rojos se extendían por el piso, el techo y las paredes de la cueva, en una inmensa oscuridad repleta de boato. Sólo la gema de la corona brillaba, la gema que todos debían seguir. Bajo la luz de la arena mustia a fin de poder salir de ese muro, en cuanto la vibración de las trompetas comenzara a agrietarlo.

 

Raúl

Dos

Del otro lado de la montaña, del lado de la montaña que no se ve sin salpicarse, los indecibles bajaban de la alta cumbre envuelta en nubes los indecibles con una carga frágil envuelta en cuarenta kilos de paños rojos.

Cuando llegaron al Valle Sonriente, desenvolvieron los paños con mucha y ansiosa suavidad, con mucho y atolondrado cuidado. A medida que los retiraban y desplegaban, los paños se disipaban ondulantes hasta confundirse con el nuevo atardecer. Hasta que dentro de la gota de cristal dentro del capullo de silencios, se vieron unas frescas pinceladas rojas y amarillas que solamente descansaban. Entonces, limpiando un tibio lugar debajo de una sombra boscosa, fueron levantando unas raíces largas cuyos hilos cada vez más finos y delicados se tejían hasta componer una sola y extensísima tela verde, con la que los indecibles volvieron a envolver las pinceladas.

Es muy difícil mantener en secreto los secretos coloridos. Necesitan de un cuidado y atención muy especiales. Cualquier gota de agua, espejo de sombra, ojo de pájaro perdido, pueden alcanzarlo y divulgarlo, extenderlo y astillarlo hasta que no pueda volver a encontrarse. Y construir otro es un trabajo enorme, de siglos y siglos de trabajo, de cultivo en la roca.

Uno de los indecibles se acercó a único que estaba de espaldas:

“Ya falta poco, capitán”.

El que estaba de espaldas, sin moverse, cerró los ojos y sonrió.

“Sólo hay que pasar esta noche. Una patrulla salió a calmar los ecos de la montaña. Otra se introdujo por las cuevas para evitar cualquier sorpresa. Otra se volcó en el río para que sólo repita su susurro. Tenemos apostado uno de los nuestros en los doce campanarios de la aldea. Y yo personalmente estoy encargado de mantener el flujo de los vientos.”

El capitán se sentó en cuclillas y tomó en su mano un poco de tierra. Preguntó:

“¿Duermen?”.

El oficial, bajando un poco la voz le respondió:

“Aún no.”

El capitán dejó caer la tierra de sus dedos,  y por primera vez en toda la noche, se dio vuelta:

“¿Aún no?. ¡Son las once de la noche!…”

Rápidamente, el oficial se disculpó:

“Hay luces, capitán. Muchas luces. Y un ritmo frenético de luces y ruidos parlanchines y constantes.”

 

Daniel

            Lugares que son precedidos por olores. Lugares que llevan los olores de su asepsia o de su padecimiento.

Todas las cárceles huelen igual. Todas tienen los mismos colores.

Todos los pasillos de todos los tribunales tienen la misma gravedad, el mismo peso sobre la espalda.

Donde ha habido despidos, el aire se enrarece, como al interior de una chimenea. Sequedad que sólo puede despejarse con las campanas de una huelga.

La arena de la construcción es más vidriosa que la que se agita frente al mar.

Los bancos y los sanatorios tienen el mismo sabor a limón olvidado en el último rincón de la heladera.

 

Raúl

            Ya que nada está quieto, no hay color en sí, aroma en sí, textura en sí.

            Ya que nada está quieto, no hay visión en sí, olfato en sí, tacto en sí.

Todo es conjunto, simultáneo, sincrónico.

“Uno de los grandes dramas de mi vida” – decía Olivier Messiaen, el músico místico del siglo XX, -“consiste en decirle a la gente que veo colores cuando escucho música, y ellos no ven nada, nada en absoluto. Eso es terrible. Y ellos no me creen. Cuando escucho música  yo veo colores. Los acordes se expresan en términos de color para mí.”

 

Daniel

Fragmentos de una tesis de Estética y Composición de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, de Gastón Clerc Gonzalez:

”Sabido es para los filósofos que el “silencio no puede existir, porque los sonidos más armoniosos surgen sin reposo desde el propio Corazón del Mundo”.

“Partiendo de esa premisa y del hecho, claramente asentado, de que Vitruvio sólo pretendió compendiar los saberes ancestrales, es evidente que las leyes de la Música constituyen un principio inalterable que sirven “tanto para tensar las cuerdas de las ballestas, según las reglas que, a su vez, permiten la afinación de los instrumentos musicales, como para determinar el modo constructivo de las gradas de un teatro, crecientes como las ondas que deja el impacto de una piedra sobre el agua. Porque la música humana no es más que una parte imperfecta de esa otra sideral sólo comprensible cuando se reduce a nuestro canon y la encerramos en un volumen alcanzable de aire. Los instrumentos, los auditorios, los teatros o las iglesias son nuestro doméstico entorno en el que la música se expande hasta colmatar nuestros oídos”.

“En 1958, Le Corbusier, ávido de experiencias artísticas, recoge la tradicional analogía entre música y arquitectura y le da un nuevo impulso, en compañía del compositor, arquitecto y matemático, lannis Xenakis, proyectando y construyendo el Philips Pavilion para la Feria Mundial de Bruselas (Bélgica). La génesis del pabellón hay que buscarla en la interpolación de dos composiciones musicales: el Poéme électronique, de Edgard Várese (1883-1965), que tuvo un tremendo impacto en la comunidad artística de 1958, y el Concrete Hyperbolic Paraboloids o Paraboloides Hiperbólicos, que es la característica espacial del edificio, que, según algunos autores se asemeja “caprichosamente a la forma el estómago de una vaca” de lannis Xenakis. Los muros curvados, los tensores de acero, el aspecto, y los complejos desarrollos geométricos modelados, corresponden a la notación particular de Xenakis, puesta de manifiesto en el mundo físico con los sintetizadores electrónicos. Imágenes y fotografías se proyectaban en todos sus muros siguiendo una atenta sincronización con el sonido pautado. Aquí, la Arquitectura es, directamente, la correspondencia especular y edilicia de la partitura musical; y, por consiguiente, la Melodía es la que materializa el ritmo arquitectónico del pabellón: Tiempo y Espacio, Música y Arquitectura, convergen en una misma creación artística. Este poema electrónico es la primera obra arquitectónica que promueve una síntesis entre Imagen, Luz, Color, Música, Palabra y Ritmo

Esa es la idea que evoca Debussy al extasiarse escuchando el canto gregoriano interpretado en una iglesia por los Chanteurs de Saint Gervais, y que sirvió de modelo a Luigi Nono, en su anhelo por atrapar la espacialidad; la que inspiró la polifonía que Leonin y Perotin componen a la luz del Pitagorismo que inspira, a su vez, Notre-Dame de París; la de Adrián Wilaert, dialogando con los ‘cori spezzati de San Marcos de Venecia; el del juego espacial de la música electroacústica; el que acaba de acercar estéticamente a Luciano Berio y Renzo Piano, (…) el que construye salas afinables, como el Espace de Projection del Ircam o eleva casas a partir de determinadas partituras, como la Stretto House, de Steven Holl, sobre la Música para cuerda, percusión y celesta, de Bartók”; como la profecía musical de Daniel Libeskind, para su sinfónico Museo Judío de Berlín; y como tantos otros ejemplos edilicios de sobresaliente afinación. Pero, también se discute lo opuesto; ya que, “encerrado en esas decimonónicas catedrales que son las salas de concierto (que acogen con impasibe indiferencia y frialdad todo género musical, desde Machaut hasta Berio), el sonido ha acabado por convertirse en una entidad absoluta y abstracta, del todo desligada de la simbiosis, el diálogo y la resonancia con los diferentes espacios arquitectónicos y naturales”.

La conclusión, no puede ser más brillante: “el Espacio también es Música, y, como tal, objeto estético, ya sea bajo la consideración contemporánea de parámetro musical susceptible de uso por parte del compositor, ya como elemento identificador de la obra en el momento de la interpretación. Por eso, la práctica historicista de la música del pasado, {con toda su insaciable y sublime armonía, y} una vez que ha logrado asumir los usos instrumentales originales, se acerca al lugar que vio nacer cada composición v se sirve de él con el fin de recuperar el espíritu que la inspiró”. Es como si la composición musical se sometiera a la obra arquitectónica, para que la primera pudiera mostrar toda su fuerza armónica, metafísica y sensual. La Arquitectura es Música congelada.

De LA ARQUITECTURA ES MÚSICA CONGELADA. TESIS DOCTORAL DE GASTÓN CLERC GONZÁLEZ, Arquitecto

 

Raúl

Oliver Sacks en su libro “Musicofilia” expone el caso de la Sra. Sue B., quien textualmente indicaba que “Cuando oigo música, veo pequeños círculos o barras de luz verticales que se hacen más blancas o más brillantes, o más plateadas, en las notas más altas y adquieren un delicioso marrón intenso en las más bajas”.

 

Raúl

Scriabin decía poder ver, materialmente ver los colores de la música, los colores de los tonos musicales. A cada uno de los tonos de la secuencia de quintas (intervalos de quinta mayor de una nota a la siguiente, como DO – SOL, por ejemplo) le atribuía un color, caracterizando al DO con el rojo, al SOL con el naranja, al RE con el amarillo, al LA con el verde, al MI con el celeste claro, al Si, con un celeste pleno, al FA SOSTENIDO con un azul, al RE BEMOL con un rosa fuerte, al LA BEMOL con el púrpura, al MI BEMOL con el blanco, el SI BEMOL con los blancos grisáceos, finalmente, al FA, con un rojo terroso.

 

Primer Tema: 5 preludios de Alexander Scriabin, por Igor Zhukov (08:48).

Acabamos de escuchar “Cinco Preludios”, opus 16, de Alexander Scriabin, por Igor Zhukov, en piano.

 

Va “Chicos lean” sobre la percepción” y la perspectiva y el conocimiento.

Berkeley, Platón, Aristóteles, “la nieve blanca es blanca”, etc.

 

Nos ponemos serios para detectar que todas las modernas ciencias del dominio ya no están dirigidas a la percepción, sino a la intervención y el uso. Intentan clasificar, sostener, reducir y compactar: Que nada crezca, que nada se desarrolle, que nada nos sorprenda:

Al fin, se dirá:

Raúl

“Evidentemente, entonces, todo el esfuerzo del análisis está dirigido a detener el mundo. Los analíticos se quieren bajar.

Escuchemos ahora esa Música Ricercata de Gyyorgi Ligeti, que empezará en azul nocturno y acabará en rojo mediodía.”

Segundo Tema: Musica Ricercata, 1, por Pierre Laurent – Aimard, en piano. (02:40)

Acabamos de escuchar Musica Ricercata, 1, por Pierre Laurent – Aimard, en piano.

Daniel

Empezamos este programa, como todos los sábados, a las 23:00 hs. En este momento, pasados casi sesenta minutos, van a dar las tres de la tarde.

 

Cierre           

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por Il Giardino Armonico):

(Lento – Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”